jueves, 9 de abril de 2020

Diario de un confinado

La piloto


El confinamiento me pilló bastante entrenado, normalmente salgo poco de casa y salvo la caminata diaria de seis kilómetros que ahora no puedo hacer, poco ha cambiado mi vida tras el decreto de alarma. Aunque después de escuchar los problemas que podían afectarnos a cuenta del encierro y los procedimientos para resolverlos, decidí escuchar a los que aconsejaban que adoptáramos rutinas. 

Decidí levantarme a las nueve de la mañana, una hora muy decente, desayunar con calma y después entrar en el ordenador para publicar el artículo que todos los días escribo para mi blog. Luego leer la prensa digital y algunos artículos que me mandan mis amigos y tras pasar un rato por Facebook y Twitter, terminar sobre las doce del mediodía y a esa hora leer hasta la hora de la comida.

Siempre me ha gustado leer, tengo en casa unos cuatro mil libros, aprovechando el encierro me impuse la tarea de quitar con calma el polvo a los volúmenes y limpiar las nueve estanterías que tengo en casa, he cumplido diariamente con el trabajo. Me toca, porque mi legítima llegó un momento en el que hasta los mismísimos pelos de limpiar libros me dijo: Miguel si quieres libros los limpias tú y ya se sabe que aquí y en Tegucigalpa quién manda, manda y cartuchos al cañón.

Me cogió el decreto del Estado de Alarma terminando de leer "Fracasología. España y sus élites: De los afrancesados hasta nuestros días" de María Elvira Roca Barea, autora de "Imperofobia y Leyenda Negra" dos libros que les recomiendo si sienten interés por conocer una historia de España muy distinta de la que les contaron en el instituto.

Terminado el libro decidí escoger una lectura más ligera. Le di un repaso a una colección de novela negra que editó el País hace muchísimo tiempo, libros de una narrativa algo anticuada pero que resisten perfectamente la relectura y escogí algunos títulos. Añadí "Las aventuras de Harry Flashman" de George MacDonald Fraser, una serie de trece libros, muy divertida en la que se cuentan las aventuras de Flashman, un cobarde al que la casualidad y la fortuna convierten en héroe.

Cómo no sabía cuánto tiempo duraría el confinamiento, seleccioné "Miserias de la Guerra" de Pío Baroja, obra a la que debía una segunda lectura desde hace años; añadí la "Colección de Cuentos Completos" de Juan Madrid y como quitando el polvo me topé con un libro que había dado por perdido, una edición de "Robinsón Crusoe" de Daniel Defoe, traducida por Julio Cortázar y prologada por JM Coetzee un escritor sudafricano que siempre me ha interesado lo agregué a la selección.

Como con mi mujer y mi hijo sobre las 13,15 horas y después busco alguna película que nos interese, hoy he visto una que lleva por título Mustang, que me ha gustado y mientras tomamos el café vemos la película. A las cuatro me voy a la ducha, a las cinco meriendo y sobre las seis me pongo a escribir lo que publicaré mañana. Entre la escritura, los repasos y un paseo por Facebook y Twitter me dan las nueve de la noche, cenamos y tras la cena nos ponemos a ver alguna serie de las que ofrecen Movistar o Netflix, hasta la una de la mañana hora en la que nos vamos a la cama.

Precisamente en ese espacio dedicado a las series televisivas es cuando me he dado cuenta de que por muy entrenado que uno esté, el confinamiento te hace pagar su precio. Me explico, habitualmente escojo las series, procuro consensuar la serie, pero si he de decir verdad, vemos muchas de médicos, espías, asesinos en serie, policiacas..., vamos, que se nota la mano que empuña el mando a distancia.

Un día no sé yo qué estaría haciendo, mi mujer encontró en Netflix una serie mejicana "La Piloto", bastante malilla, con un puñado de mujeres guapas, subidas a unos tacones exagerados, vestidas con pantalones muy ceñidos, minifaldas mínimas y escotes muy generosos. La serie no estaba hecha para mí, que soy muy impaciente, resulta lenta y repetitiva. A mi mujer le estaba gustando, lo que no es raro porque está en posesión de una paciencia franciscana y esta es una afirmación fácilmente demostrable, Tina, mi mujer lleva casada conmigo cuarenta y dos años y eso sólo se puede conseguir si se tiene una paciencia a prueba de bomba.

Yo tascaba el freno esperando que la serie terminara de una vez, pero una mala noche se me ocurrió mirar cuántos capítulos me quedaban por soportar y me enteré horrorizado que la temporada 1 de La Piloto tenía ¡ochenta y dos capítulos! De inmediato decidí que aprovecharía el tiempo de tele para leer y eso hago, leo en mi sillón frente a la tele y de vez en cuando levanto la cabeza y le pregunto a mi mujer sobre lo que sucede. 

Acepté bastante bien lo de los 82 capítulos, pero lo peor no había llegado, cuando por fin acabó la temporada, mi mujer que se había apropiado del mando a distancia, encontró "La Bella y los bestias" otra serie mejicana de 86 capítulos y aún no había terminado de verla cuando los de Netflix que deben ser unos sádicos de tomo y lomo me mandaron un mail para anunciarme que ya estaba a "mi" disposición la segunda temporada de La Piloto.

Y esto no ha acabado, la Bella terminó con un final abierto que anuncia inexorable otros 86 capítulos del ala. Aprovecho para leer, que no me viene mal, pero ya he dicho que el confinamiento te hace pagar un precio. Les juro que soy de los que no creen fácilmente en las conspiraciones, pero en mis peores momentos de espectador viendo a una minifaldera con unos tacones impresionantes corriendo por la selva o contemplando a un agente de la DEA más torpe que Mortadelo o Filemón, o las escenas de los amores equivocados de las chicas, se me ha pasado por la cabeza un pensamiento siniestro, estos de Netflix y las productoras mejicanas tenían que saber que se avecinaba un confinamiento y por eso se pusieron a hacer series de más de ochenta capítulos como quien lava, para tenernos prácticamente anestesiados. 

Estoy preocupado, el producto del contubernio entre Netflix y las productoras mejicanas va a acabar conmigo, intento salvarme parapetado tras las Aventuras de Harry Flashman; tiemblo cada mañana cuando consulto el correo electrónico, esperando el día en el que los de Netflix me anuncien jubilosos que ya tengo a mi disposición la segunda temporada de La Bella y los bestias.

Pero cuando lo veía más negro, un pensamiento vino a salvarme. Imaginen ustedes, a mí me asusta hasta pensarlo, que a mi mujer además de las series mejicanas, le hubieran interesado las intervenciones televisivas de Pedro Sánchez, Fernando Simón y los ministros, creo que no hubiera podido soportarlo. Me tragué dos comparecencias de Sánchez, otras dos de Fernando Simón y una de Yolanda Díaz y antes de volver a pasar por semejante calvario estoy dispuesto a ver a pulso la tercera temporada de La Piloto y un par más de la Bella y los Bestias de propina.

Así que aquí me tienen ustedes, quitando el polvo, algo más tranquilo. Sigo instalado en mis rutinas, esperando el ansiado momento en el que liberado  del confinamiento mi amado mando a distancia vuelva por fin a mis manos.

martes, 7 de abril de 2020

No dejen que los zurdos les cuenten milongas




La izquierda miente y lo hace con un convencimiento abrumador, son capaces de mantener una cosa y la contraria con absoluta naturalidad y además presumir de coherencia. Alguien que cojeaba de la izquierda dijo hace tiempo que la mentira era un arma revolucionaria, la frasecita proporciona al zurdo una buena justificación, añadan su convencimiento de que el fin justifica los medios y la inexistente superioridad moral de la que presumen y con este equipo ideológico ya está la zurda dispuesta a mentir sin el menor empacho.


Pero esto de mentir tiene su técnica, en el PSOE lo saben y su sección de agitación y propaganda trabaja a destajo. Está la labor de planificación, hay que buscar las ideas fuerza que serán utilizadas después por sus seguidores; hay que calcular cuáles serán los argumentos del adversario para generar respuestas tipo, porque la univocidad del mensaje da la sensación a quién lo escucha que lo que se afirma es cierto. Luego viene la trasmisión de esas ideas, para ello se escribe un argumentario de difusión limitada a cargos públicos, cargos electos, periodistas y tertulianos, que lo siguen disciplinadamente.

Se crean mensajes y respuestas prefabricadas que son trasladadas al grupo que trabaja para el PSOE y se ocupa de difundirlos en las redes sociales. Se busca  la univocidad del mensaje, si todos decimos lo mismo se refuerza la veracidad de nuestro argumento, por otra parte resulta fundamental la reiteración, no importa que el mensaje resulte increíble, la reiteración lo irá haciendo más aceptable, eso ya lo tenían claro los nacionalsocialistas alemanes, cuyo ministro de propaganda afirmaba que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad.

El pobre Goebbels con todo su poder, no tendría nada que hacer hoy frente a las redes sociales, que en apenas unos minutos repiten la mentira más de un millón de veces. Por eso la izquierda analiza, evalúa y utiliza la mentira para influir en la opinión pública y lo hacen de manera consciente porque ya he dicho un poco más arriba que la zurda entiende que el fin justifica los medios, no existe reproche moral, todo se hace por el supuesto bien de la clase trabajadora. 

Vamos a tener un poquito de memoria, pero tranquilos que no vamos a hablar de la Guerra Civil. Supongo que muchos recordarán el debate en televisión de Pedro Solbes, ministro de Hacienda de ZP y Manuel Pizarro del PP. No hubo color, Pizarro explicó lo que había con un mensaje técnico irreprochable, Solbes mintió como un bellaco -al cabo de los años lo reconoció ante los medios- y el vencedor de la noche fue Pedro Solbes.  La Agit Prop de Ferraz se encargó de que Pizarro quedara como un tonto, a pesar de que su intervención fuera veraz e irreprochable.

Zapatero consiguió que  España quebrara, así de claro. Entonces vino lo de cambiar la Constitución a carajo sacado, porque ese era el ritmo que imponía Europa si queríamos que nos sostuviera; se congelaron las pensiones, se llevaron a cabo recortes muy importantes en Educación y Sanidad y aquí no hay nadie que recuerde eso, recordamos los "recortes de Rajoy". 

Eso sucede porque en Ferraz hay quien cuida de llevar el agua a su molino y si hay que mentir se miente, se hace lo que haga falta para que quede bien claro que la izquierda no se equivoca nunca, quien lo hace todo mal es la derecha que son una punta de cabrones que quieren favorecer a la banca y al capital y quitarle sus derechos a la clase trabajadora.

Y alguno puede decir: Oiga, está muy bien eso que cuenta de Ferraz, pero qué me dice usted de los del PP. Pues le diré, que lamentablemente los populares están en pañales en el manejo de la propaganda, no lo harían tan mal ni que fueran infiltrados de Podemos.

Y viene a cuento este proemio, porque me consta que hay muchas personas de bien que se sienten abrumadas. Basta que usted entre en las redes sociales y haga una crítica al gobierno, para que le caigan encima un montón de zurdos declarados, progresistas equidistantes y moderados. Los zurdos le atacan con argumentos contra el PP, los equidistantes le explican que lo que sucede no se puede hacer mejor y los moderados se encargan de tirarle de las orejas porque no les parece que éste sea el momento oportuno para criticar a Pedro Sánchez y sostienen que ya habrá tiempo para ello.

Usted acaba de decir una verdad como la copa de un pino y le tachan de crear bulos, generar odio y además le culpan de falsario, lo que usted dice es mentira porque todo lo que se diga contra la opinión de la zurda es mentira. No se preocupe ni se desanime, está usted luchando contra el aparato de propaganda más poderoso del país, que si le conviene mantendrá que el sol sale por el oeste y si usted no está de acuerdo será porque usted es un facha, un racista o las dos cosas a la vez.

Debe tener presente una cosa muy importante. El PSOE no pelea por ganar la opinión de sus afiliados y votantes, esa la tiene, son ellos los que ayudan al aparato oficial y universalizan sus mensajes, en Ferraz están peleando por ese 25% de indecisos que aparecen en todas las elecciones. Porque no se engañe, Pedro Sánchez y sus secuaces están trabajando para los próximos comicios. 

Así que no le importe expresarse con libertad y si cree, como millones de españoles, que este gobierno no ha dado una desde que en diciembre comenzó lo del coronavirus, hágalo y debata sin miedo, porque a los que hay que convencer y hay que hacerlo en defensa propia, porque este gobierno va a acabar con todos nosotros por enfermedad o ruina económica, decía que a los que hay que convencer es a ese 25% de indecisos, que lo demás se nos dará por añadidura.

Infórmese y utilice la verdad, que le garantiza la univocidad esa de la que le he hablado. Si usted dice la verdad estará diciendo lo mismo que millones de españoles y no necesitará un aparato de propaganda para conseguirlo. No se callen, sé que a veces resulta incómodo, pero no se dejen pisotear por unos mercenarios y la pandilla de borregos que les siguen. No caigan en la provocación, compórtense como es debido, procuren no insultar, el castellano es muy rico y permite decir cosas muy duras sin caer en el insulto formal.

He puesto un cartel que me encontré en Twitter, estúdienlo y verán que explica muy claramente cómo funciona la zurda para defender a este gobierno que lo está haciendo peor que mal. Y si a ustedes les parece que es un escándalo que una ministra de Trabajo no sepa explicar lo que es un ERTE, háganlo y que no les tapen la boca con milongas. Si opinan que lo de las compras de los test rápidos es un escándalo que da que pensar y pensar mal, opinen y si a los zurdos del Facebook o del Twitter no les gusta, que le echen azúcar.

Peleen, que es en defensa propia, no podemos permitir que nos tapen la boca, lo han hecho con las televisiones, pero que con nosotros no puedan. ¿Qué quiénes somos "nosotros"?, pues la gente de bien que no está de acuerdo, independientemente de su ideología o del voto que emitieron en su día, con lo que están haciendo los social-comunistas del gobierno. Hay que protestar y hay que hacerlo ahora, que después las cosas se olvidan.

Por una vez, consigamos que la verdad sea un arma, no revolucionaria, pero sí eficaz.




lunes, 6 de abril de 2020

El padre del legionario

131.646 contagiados, 12.641 fallecidos y recuperados 38.080


Nuestro país está sufriendo los embates de una epidemia que ha acabado con la vida de muchísimos españoles -me van a perdonar, pero prefiero no poner la cifra- y que ha llenado hasta el colapso los hospitales en los que nuestro personal sanitario se bate heroicamente contra el virus. 

Estamos pasando por experiencias dolorosísimas, los enfermos fallecen solos, sin el consuelo de la compañía de sus seres queridos, muchos han muerto por no poder contar con un respirador, los ataúdes se amontonan en morgues improvisadas, el miedo, por qué no decirlo con todas las letras, cunde entre los ciudadanos que confinados en sus domicilios, no saben lo que les va a suceder a ellos o a sus familias. 

A la incertidumbre que nos crea el maldito coronavirus y sus consecuencias hay que añadir la certeza que tienen millones de españoles que saben que la crisis económica va a acabar con su horizonte laboral y su seguridad. Hay gente a la que el gobierno ha dejado atrás y no saben si podrán comer el próximo mes, una incertidumbre angustiosa que oprime el ánimo al más pintado.



Las noticias son malas tirando a peor y creo que lo que hoy les voy a comentar y que seguramente algunos de ustedes ya hayan leído a través de internet, supone una bocanada de aire fresco, una inyección de optimismo que nos ayudará a afrontar mejor nuestro oscuro presente. 

Sabemos que abundan las personas que están jugándose la piel por salvar a nuestros enfermos, gente que trabaja incansable en el abastecimiento de nuestros pueblos y ciudades, personas que cuidan de la limpieza, bomberos, soldados, policías, empleados de supermercados, etc. y que lo hacen de una manera generosa y entregada, eso que quede claro.

Pero lo que quiero contarles me afecta muy directamente, soy padre y soy antiguo caballero legionario y el ejemplo de Juanjo me ha llegado al alma. Juanjo perdió a su hijo Alejandro hace más o menos un año y lo perdió en circunstancias dolorosísimas, su hijo que era caballero legionario perdió la vida en un ejercicio de fuego real en el que un proyectil le atravesó el corazón. La versión oficial decía que había sido un desgraciado accidente, un caso de mala suerte, un rebote. 

Sin embargo, en el Ejército estas cosas no se tapan, la investigación de la Guardia Civil desmontó la versión, no era un asunto de mala suerte, presuntamente había gente que había mentido, quizás por evadir la responsabilidad que les cupiera en la muerte de Alejandro, como es natural el asunto pasó al juzgado. 

No puedo ponerme en la piel de Juanjo, porque perder a un hijo es una experiencia que sólo pueden entender los que han sufrido esa desgracia; pero el que haya tenido que añadir a la pérdida, el convencimiento de que la muerte probablemente hubiera podido evitarse y que compañeros de su hijo y algún superior mintieran para que no se depuraran las responsabilidades que les atañían, tiene que ser una experiencia durísima.

Juanjo como es lógico ha estado muy pendiente de la investigación y la instrucción judicial, no creo que nadie le pudiera reprochar si hubiera desarrollado una profunda animadversión contra La Legión y los legionarios. Pero la vida nos sorprende, casi siempre para mal y en ocasiones como esta, para bien. 

Cuenta Juanjo que "Un día noté en mi interior que mi hijo de alguna manera me decía algo", "La Legión ha salido a la calle a ayudar a los ciudadanos, a colaborar, a mantener la seguridad en el estado de alarma. Si él hubiera estado vivo, si una bala maldita no me lo hubiera robado, seguro que habría querido salir el primero".

Juanjo entendía que uno de los problemas a los que se enfrentaban los compañeros de su hijo era la escasez de mascarillas, guantes, etcétera, se puso en marcha y compró a un operador internacional 500 mascarillas FPP2 homologadas y las pagó de su bolsillo. 

Dicen y es verdad, que Dios ayuda a quien se ayuda y comentando a un conocido, natural del pueblo de Bornos, sus gestiones y el interés que tenía en proteger a los legías, éste le dijo “No te preocupes, te voy a ayudar. Puedo conseguirte aproximadamente 10.000 mascarillas de uso quirúrgico". Y así fue, porque en ese pueblo gaditano un grupo de mujeres altruistas y solidarias trabajan todo el día, cosiendo mascarillas en sus máquinas de coser.

A Juanjo le faltó tiempo para hablar con un responsable de La Legión, le explicó que quería donar esas mascarillas para que los compañeros de su hijo ayudaran a los ciudadanos con la protección adecuada. De hecho pidió que las 500 mascarillas FPP2, que son de las buenas como él mismo dice, se les facilitaran a los legías que estuvieran más expuestos.

Alejandro era un buen legionario, así nos lo dicen sus compañeros; no me cabe duda de que  si hubiera tenido tiempo para madurar, habría sido un legionario ejemplar. Dice el refrán que de tal palo tal astilla y ahí tienen ustedes a su padre que me parece todo un ejemplo. La Providencia se lo llevó, causó alta en la Lista de Revista del V Tercio muy pronto y allí nos espera a todos los legionarios, junto a nuestro protector el Cristo de la Buena Muerte.

Mientras aquí, su padre nos da ejemplo; hay que tener un corazón de los que no caben en el pecho y una bondad espectacular para saber separar a La Legión de aquellos, que sirviendo en sus filas, presuntamente no supieron estar a la altura de las circunstancias. Un padre ejemplar que homenajea el recuerdo de su hijo ayudando a sus compañeros. 

Y aquí y ahora, ausente su hijo Alejandro, Juanjo ha cumplido con el espíritu de compañerismo del Credo legionario que dice "Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos", demostrando con hechos hasta dónde puede llegar el amor de un padre por su hijo.

Esta es la historia que les quería contar, a mí me ha emocionado. Creo que es de las que te reconcilian con el género humano.






domingo, 5 de abril de 2020

Pedro Sánchez, sí se lava las manos.

 124.736 contagiados, 11.744 muertos y 34.219 recuperados

Ayer tomé la determinación de no ver la comparecencia y supuesta rueda de prensa de Pedro Sánchez, que como me temía consumió más de una hora frente a las cámaras de televisión - el segundo juguete preferido de Pedro después del Falcon - cuando la comparecencia daba para quince minutos a todo tirar. 

Hoy quería hablarles del fin del confinamiento y ante la demostrada incapacidad de Pedro Sánchez y sus ministros, que en el comienzo de la epidemia se negaron a reconocer que lo que se nos venía encima era muy peligroso e ignoraron las advertencias de Europa y las alertas de la OMS, siento el temor de que, preocupados por la tensión social y sobre todo por la repercusión electoral de la epidemia y el confinamiento, tomen medidas precipitadas.

Hoy Sánchez ha anunciado el levantamiento del permiso retribuido. El día 10 de abril volverán a sus puestos de trabajo aquellos a los que se les aplicó la medida, cuando el gobierno, bueno el gobierno y los números, decidieron que el confinamiento que decretó en un primer momento era insuficiente. Parece que las cifras han evolucionado favorablemente y de un crecimiento de los contagios estimado en un 20%, estamos en un 6%, lo que está muy bien y demuestra que el segundo confinamiento ha tenido su efecto. 

Repito, los números son favorables, pero tengo una duda que me gustaría que alguien me aclarara. A partir del día 10 ponemos en la calle a millones de ciudadanos, si cuando los enviamos a sus domicilios la tasa de contagios bajó notablemente, por qué ahora que los reactivamos no estamos expuestos a un repunte de la tasa de infección. 

De corazón, ojalá me equivoque, pero creo que el número de nuevos infectados remontará y lo hará porque entre los millones de trabajadores que vuelven a sus tareas se encuentran un número muy alto de infectados, es una cuestión estadística, entre los que se encontrarán los que estarán incubando el virus y desarrollarán síntomas y otros que estando en el mismo proceso lo harán manera asintomática, pero unos y otros seguirán contagiando y la tasa de infectados, me temo que crecerá.

Comprendo que ante la expansión de la epidemia se imponía este confinamiento extra que ha tenido un coste altísimo que no podremos afrontar. Las medidas económicas del gobierno han ocasionado un desastre brutal al paralizar gran parte de nuestra actividad económica, pretendiendo que las pérdidas las asuman los empresarios, a los que se les ha ofrecido como única compensación unos créditos que deberán devolver. La misma jugada que a los autónomos a los que se obligó cerrar y a pesar de ello tuvieron y tendrán que pagar sus cuotas, porque, lo dijo la ministra de Economía, tenían que pagar porque el Estado tiene sus gastos.

El segundo confinamiento, permiso retribuido según el gobierno, ha sido una medida desesperada que no se podía prorrogar y no estoy justificando a Pedro Sánchez, porque si hubiera hecho caso a las autoridades sanitarias europeas y a la OMS, si se hubieran provisto de test, respiradores, EPI,s, etc. etc., hubieran podido hacer lo que hizo Corea, a los coreanos les bastó hacerles test, desde el minuto uno, hasta las estatuas de los parques y monitorizar a los positivos a los que medicaban durante su obligada cuarentena.  No han tenido necesitar de confinar a sus ciudadanos y han conseguido vencer a la epidemia. 

Nosotros tuvimos y tenemos que sufrir el confinamiento, porque a cuenta de la imprevisión de Pedro Sánchez y compañía, no se tomaron las medidas apropiadas en el momento oportuno y así estamos como estamos. Es por eso por lo que temía y temo que el gobierno ceda a la tensión social y a su mala conciencia - porque los social-comunistas contarán lo que quieran contar, pero saben perfectamente que se equivocaron de plano y que la gestión de la crisis sanitaria ha sido un auténtico desastre a causa de su imprevisión - y tiendan a abrir la mano a destiempo.

Veremos qué efecto tiene la vuelta a la calle de los ciudadanos que retornan a su puesto de trabajo - el que lo tenga, porque muchos se van a encontrar con la empresa cerrada y ellos en un limbo administrativo - decía que en pocos días veremos si el cese del segundo confinamiento produce un repunte en la tasa de infectados, espero y deseo que el gobierno tome buena nota de lo que suceda y el levantamiento del confinamiento general se haga gradualmente, tal y como ha anunciado hoy el presidente, pero que se haga sin prisas y si tienen dudas al respecto, más vale que tomen la decisión con retraso, que en eso son especialistas. Ni la sanidad ni la economía  pueden soportar un repunte del Covid19.

Hay quien me acusa de haber desarrollado una fobia a cuenta de Pedro Sánchez, pero lo cierto es que el presidente hace lo imposible por caer en el ridículo; entiendo que como se lía a hablar y no tiene gran cosa que decir, se le escapen tonterías. La de hoy, antológica, se la ha dedicado a la infancia; por lo visto el presidente tiene la impresión de que los niños españoles eran unos guarros que no se lavaban las manos y ahora, gracias a nuestro líder carismático de figura inmarcesible, han aprendido a hacerlo. Que sienta la irresistible necesidad de lanzar sandeces de este calibre lo define. 

Se lo dije cuando parafraseó a Churchill y se lo digo hoy, que lo ha hecho con Kennedy, da vergüenza ajena el empeño que tiene en ponerse al nivel de estadistas de talla mundial que tienen un lugar destacado en la Historia.

Presidente recuerde: "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda", hágame caso y ahórrese el ridículo.


NOTA: Éste escrito se publica también en el digital El Diestro. Aquí les dejo el enlace a ese medio, que merece la pena leer.


https://www.eldiestro.es/