jueves, 30 de abril de 2020

Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad



Ayer los del gobierno social comunista nos colocaron la milonga de lo del Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad, un nombre rebuscado y que suena bonito como dije, pero que no tiene un pase. No es un plan porque no fija el qué, ni el cómo, ni el cuándo, en todo caso y siendo muy generosos podríamos conceder que es una declaración de intenciones, que parece escrita con la idea que las cosas no queden muy claras  y que en nada compromete al gobierno en cuestión de fechas ni territorios, supongo que achacarán la falta de claridad y concreción a que la pandemia es un fenómeno dinámico y con esas cosas tan cambiantes no hay manera de prever nada.

No puedo menos que preguntarme si los meteorólogos tienen una bola de cristal milagrosa porque si de lo que estamos hablando es de fenómenos dinámicos, la meteorología brega con bastante éxito con una fenomenología de las más inestables que yo conozca y no los he oído quejarse de ello. 

El excusarse por el dinamismo de la pandemia es una estupidez de primera, porque en este mundo traidor casi todo se puede definir como un fenómeno dinámico, la vida sin ir más lejos lo es. Claro que puestos a buscar excusas estúpidas, ahí está la de la ministra María Jesús Montero, que se quejaba muy seria de que la epidemia “había llegado sin avisar” Ninguna de las dos supone justificación para la falta de previsión y la incapacidad del gobierno. Basta para desmontar el argumento, considerar que todos los países de este mundo traidor se han enfrentado a ese fenómeno dinámico que llega por sorpresa, que otros conocemos como pandemia y todos o la inmensa mayoría de ellos lo han hecho mucho mejor que nosotros.

El gobierno lleva desde que comenzó lo del coronavirus, buscando la manera de evitar la responsabilidad de un asunto que intuían como difícil, peligroso y capaz de llevarse por delante al gobierno que no anduviera listo. Pedro Sánchez al grito de …, no sean malos por favor. Decía que al grito de "el presidente, las mujeres y los niños primero", cogió el olivo a toda prisa, aunque le dio tiempo para nombrar a Carmen Calvo” “la desaparecida” como jefa del cotarro y colocó a Salvador Illa y Fernando Simón de parachoques, mientras el de Sanidad les colocaba el muerto a las CC.AA.

Cuando la “hábil solución” demostró que no era hábil y mucho menos solución, Pedro Sánchez tuvo que reaparecer y desde el minuto uno comenzó a buscar culpables. Lo encontró rápidamente, era de manual, la culpa era del PP de Casado y los recortes de Rajoy. La izquierda empezó a corear la consigna ¡Los culpables son los peperos!, a pesar de que Casado le mostró más lealtad y sentido de estado que sus socios de investidura dándole el apoyo parlamentario que necesitaban.

Trabajo inútil, porque a pesar del apoyo concedido, Sánchez siguió tratándolos a patadas, hasta que Casado le dijo aquello de que hasta aquí hemos llegado y que apoyaría las medidas que considerara que sirvieran al interés de la Nación y que de las demás se fuera olvidando. Lo malo es que con lo Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad, se le ha revuelto todo el mundo. ERC y el PNV han puesto pie en pared y anuncian noes para la próxima petición de apoyo para alargar el Estado de Alarma, el Partido Popular parece que se abstendrá harto de que, como si fueran socialistas, enterarse por la prensa de las propuestas para las que piden su apoyo parlamentario.

Habrá quien diga que los de derechas son así, pero lo cierto es que en la reunión con las CC.AA, los Presidentes Autonómicos le han montado a Sánchez un carajal de los de alivio; lo han hecho los presidentes de las Comunidades populares, las socialistas, las mixtas, Urkullu, Torra y así hasta el final de la lista y todos se han quejado de lo mismo que se quejaba Casado, que no se comunican ni se consultan las medidas que pretende imponer el gobierno.

Urkullu y Torras estaban que echaban las muelas por aquello de dividir el territorio por provincias que es una cosa viejuna, dijo Urkullu, y que iba contra el sentimiento de la independencia de Torra, que no aguanta que le impongan divisiones administrativas iguales al resto de los españoles porque ellos ya se han inventado otras. Otro al que lo de las provincias le sentó como una patada en el hígado fue al socialista Ximo Puig que se opuso porque "Para nosotros el marco provincial no es el idóneo, es el de los departamentos de salud". El popular Juan Manuel Moreno, criticó que el Plan era “confuso” y demasiado “complejo” para aplicarlo sin la información y claridad suficiente desde el Gobierno de la nación. Como pueden ver todo un éxito de público y crítica.

Pero lo que es para nota alta es que la misma queja se expresa en el seno del Consejo de Ministros, dónde todos andan más bien revueltos, porque se enteraron del contenido del Plan porque tuvieron la "delicadeza" de ponerles el escrito sobre la mesa del Consejo y se quejan porque una medida de esa importancia merece unas cuantas lecturas, sobre todo si se tiene presente la oscuridad del texto y su falta de concreción, para poder hacer aportaciones con sentido.

Así que no es Pablo Casado, ni los nacionalistas vascos y catalanes, ni los ministros, son todos ellos los que se quejan de lo mismo, de las maneras de dictadorzuelo de tercera de Pedro Sánchez al que la soberbia y la falta de empatía le inhabilitan para gobernar algo más allá de una república bananera y de las pequeñas.

Pero les digo una cosa, me tiene preocupado lo de la “nueva normalidad”, porque Pedro Sánchez será muy torpe para gobernar como la democracia y Dios mandan, pero no da puntada sin hilo y a mí lo de la “nueva normalidad” se me atravesó desde el primer momento. No porque sea un concepto que pueda parecer peligroso, pero esa inconcreción y eso de adjetivar a la normalidad me da el mismo miedo que cuando alguien le añade un adjetivo a la  democracia, porque cuando eso sucede la democracia no es tal y lo mismo nos puede suceder con lo de la normalidad. 

Me echo a temblar pensando en lo que pueda significar nueva normalidad para Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Mientras tanto el número de contagiados vuelve a subir 2.144 nuevos casos en 24 horas y las muertes “oficiales” suman 325 en el mismo plazo.

Que Dios nos coja confesados estemos en la fase que estemos.

miércoles, 29 de abril de 2020

Pedro Sánchez juega a la ruleta rusa con la desescalada




El lunes Pedro Sánchez anunciaba que iba a proponer un Decreto de Estado de Alarma “rebajada”, es de suponer después de escucharlo este martes que se refería a adoptar una serie de medidas para la desescalada que, lo que son las cosas de la utilización de la semántica para vestir al santo, hoy se llama “Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad”, un nombre más largo que un día de confinamiento sin Internet ni televisión y es que a este gobierno le encantan los títulos rimbombantes y son más cursis que una perdiz con ligas.

En ese plan para la transición hacia una nueva normalidad el gobierno ha decidido, como no podía ser de otra manera, que la desescalada sea gradual, asimétrica y coordinada, que está muy bien porque es lo lógico. La han organizado en cuatro fases, lo que crea  dudas sobre su duración, porque una fase ¿Cuánto dura? una semana, un mes, un año, parece que no saben qué es lo que va a pasar, ni cuánto tiempo exactamente pueden durar cada una de esas  fases.

Independientemente de esa duda, tenemos un problema bastante más grave con el asunto del desconfinamiento. Decía en el título que Pedro Sánchez estaba jugando a la ruleta rusa con la desescalada y es muy cierto, porque por mucho que intenten vestir al santo, lo cierto es que la decisión de abrir la mano se toma por las presiones sociales y económicas que sufre el gobierno y no por criterios científicos. 

El gobierno no sabe cuál va a ser la respuesta de la epidemia ante la desescalada; por mucho que se empeñen los social comunistas del gobierno en sostener que ellos toman las medidas apoyados en criterios científicos, eso resulta imposible. En este momento no hay nadie que pueda hacer esos cálculos con un mínimo de rigor, simplemente porque faltan datos para poder resolver la ecuación.

Los epidemiólogos que no están a sueldo del gobierno han explicado cuáles son los motivos por los que no se puede saber, si como consecuencia de la transición a la nueva normalidad se va a producir o no un repunte de la epidemia. No hicimos test masivos en su momento, no pudimos determinar con precisión la trazabilidad de los contagios, el estudio de la seroprevalencia – una herramienta imprescindible para conocer el mapa de la infección en España - parece que se ha puesto en marcha con retraso este lunes y en el mejor de los casos tendremos los resultados a finales de junio o julio, tal como anunció Salvador Illa. 

El gobierno prohibió hacer autopsias a los muertos por coronavirus porque en España sólo había cinco lugares en los que se podrían hacer necropsias con todas las garantías para evitar el contagio, el por qué no las hicieron en esas cinco infraestructuras es harina de otro costal, pero la consecuencia de la inacción del gobierno en este aspecto ha impedido que los patólogos estudiaran a fondo las consecuencias de la infección en los seres humanos, cuestión que habría ayudado a determinar entre otras cuestiones, que tipo de medicación había que utilizar y quizás por eso tenemos esa tasa tan exagerada de morbilidad.

Así que por muy sabios que sean los expertos del gobierno, si no tienen datos, mal pueden determinar las posibilidades de un repunte de la epidemia, conviene recordar que la epidemiología es una ciencia que utiliza las matemáticas para crear modelos y hacer sus predicciones y si se atreven a opinar, eso dice Pedro Sánchez, lo deben estar haciendo, utilizando una varita mágica o quizás una bola de cristal.

Dirán algunos de ustedes que no es posible que se atrevan a tanto, los ciudadanos ya están muy hartos y como se complicaran otra vez las cosas le iban a montar la mundial a Pedro Sánchez y sus adláteres. Lo tienen todo pensado, si por desgracia se produjera el repunte ya pueden apostar ustedes que Pedro Sánchez en una de sus inacabables homilías nos explicaría que el repunte se habría producido por la falta de responsabilidad de algunos ciudadanos que habrían incumplido las normas del desconfinamiento.

Este gobierno y sus portavoces se atreven a cualquier cosa. Por poner un ejemplo veamos cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo la opinión del ejecutivo sobre las mascarillas: Primero fue que no hacían ninguna falta y no evitaban el contagio, más tarde advirtieron que su uso podía ser contraproducente, para al poco tiempo anunciar que su uso iba a ser obligatorio y hace nada nos han dicho que no son obligatorias pero resulta aconsejable su uso.  

Ya para que les cuento el numerito que tienen montado para que nadie sepa, ni siquiera por aproximación, el número de fallecidos, ni el de infectados, cada día cambian de procedimiento ¿Científicos? Anda ya. No creo que ustedes vayan a poner mucha confianza en lo del plan de transición hacia una nueva normalidad que suena largo pero resulta bonito y es último invento de la agitación y propaganda social comunista.

Tenemos otro problema, hay mucha gente que piensa que si han abierto la mano es porque no hay peligro de contagio y lo cierto es que el peligro no ha desaparecido porque el gobierno haya decidido que se puede empezar a dejar salir la gente a la calle. Usted podrá salir a pasear, pero el riesgo de infección está ahí y las cifras de nuevos infectados así lo confirman.

Vayan con muchísimo cuidado, respeten al milímetro las normas, si salen a la calle háganlo conscientes de que no merece la pena correr riesgos con algo tan peligroso, piensen en ustedes y sus familiares más cercanos; no hace falta tener miedo para ser prudente y disciplinado.

Les puedo asegurar que no hay nada más amargo y sobre todo más inútil que ser el último muerto de una guerra.

martes, 28 de abril de 2020

El virus ideológico mata la humanidad de la izquierda

Las lagrimas son el lenguaje mudo del dolor



No hay otra explicación, además del coronavirus que nos ha matado a bastantes más de los 23.000 muertos oficiales, otro virus infecta las mentes de muchos de los componentes de la izquierda española, que se muestra incapaz de reconocer la tragedia humana que supone el pavoroso número de muertos y enfermos que estamos sufriendo los españoles.

Han decidido cerrar sus almas a la compasión, no sienten el menor dolor porque para ellos, por encima de la humanidad, de la sensibilidad, está la defensa partidista de este gobierno que incapaz de combatir con eficacia a la epidemia, ha decidido ponerse a la defensiva, ocultar el número de fallecimientos desde hace tiempo y ahora embarrar las cifras de contagiados, porque las estadísticas les perjudican y por eso ellos y sus partidarios tratan a los muertos y a los enfermos como unas cifras molestas que hay que procurar ocultar tras las cortinas de humo que lanza la agitación y propaganda social comunista.

Resulta obsceno presenciar que los mismos que lloraron por el sacrificio de un perro cuando el asunto del Ébola, ahora se escandalicen, descalifiquen o, lo que es aún peor, se burlen de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que en una misa por los fallecidos por el coronavirus, no pudo contener su emoción y se echó a llorar. Nadie puede escandalizarse si en un funeral, alguno de los allegados del difunto no puede contener las lágrimas y eso fue lo que sucedió con Díaz Ayuso. Si esta colección de desalmados se ha lanzado a las redes sociales como fieras es porque no entienden que la presidenta sienta como suyos los fallecidos y no lo entienden porque para el Gobierno y sus seguidores los fallecidos no son otra cosa que un cómputo que hay que procurar que pase lo más inadvertido posible.

En España cada vez que se comete un crimen con resultado de muerte para una mujer, los ayuntamientos españoles se apresuran a declarar días de luto oficial, colocan la bandera a media asta y se guarda un respetuoso minuto de silencio a las puertas de la institución. Me parece bien, me parecería mejor si esas ceremonias se llevaran a cabo por todas las víctimas de la violencia doméstica, pero dejando de lado ese reparo, asquea saber que muchísimas autoridades municipales se han negado a expresar públicamente el dolor del consistorio por las muertes ocasionadas por la epidemia.

Llevamos más de 23.000 fallecidos y la orden del gobierno es que no se haga ninguna ceremonia que tenga que ver con el luto;  el presidente, responsable último de la salud de los españoles no se ha puesto una corbata negra, ni se la pondrá, porque su asesor áulico le ha aconsejado dar una imagen positiva y por el mismo motivo las televisiones -poderoso caballero es Don Dinero- no lucen en su pantalla el lazo negro que en otras ocasiones y por motivos más nimios se apresuraron a colocar.

La muerte de un ser humano no es un asunto de imagen y mucho menos un asunto ideológico; resultan absolutamente repugnantes los ataques dirigidos a los que presentan sus respetos a los fallecidos acusándoles de hacer política con los muertos, cuando en realidad los que hacen política con los fallecidos son ellos procurando ocultarlos. No están dispuestos a aceptar que lo de la epidemia se les fue de las manos hace tiempo y por lo tanto son responsables de muchos contagios tal y como se recoge en las numerosas querellas que se están interponiendo contra el gobierno social comunista.

¿Realmente España no está de luto? ¿Es posible que desde el gobierno piensen que los ciudadanos españoles están dispuestos a ignorar el duelo y el consiguiente luto por las muertes ocasionadas por la pandemia? ¿Acaso desde la izquierda se piensa que todo ese dolor, la angustia, la enfermedad y la muerte de tantos compatriotas caben en una hoja de cálculo? Tantos ciudadanos muertos y enterrados en soledad, tantas familias que no han podido despedirse de sus padres, abuelos, hijos y nietos, tanto desconsuelo, tanta aflicción ¿no mueve a compasión? Hay que ser muy mal nacido para no estar de luto en estos momentos, porque insisto esos muertos son nuestros muertos y consecuentemente España debe estar de luto, del que te duele en el corazón y también de luto oficial como muestra de respeto de la Nación a sus muertos.

Cuando 23.000 muertos por una epidemia se convierten en un problema de imagen para el gobierno del país, cuando muchos ciudadanos defienden la nefasta gestión del ejecutivo que nos ha llevado a esas monstruosas cifras y lo hacen desde una posición ideológica perfectamente definida, amigos míos deberíamos preocuparnos porque nos está infectando otro virus muy peligroso que acaba con la humanidad de unas personas que sorprendentemente presumen de practicar la solidaridad como elemento fundamental de su ideología. 

Dijo Voltaire hace mucho tiempo que las lágrimas son el lenguaje mudo del dolor, quizás esa frase haga reflexionar a tanto zurdo que acusa a Díaz Ayuso de llorar con lágrimas de cocodrilo, supongo que lo harán porque cree el ladrón que todos son de su condición.

Amigos míos, se llora desde el corazón, que cada uno mire en su interior y guarde el respetuoso luto que merecen nuestros muertos.




lunes, 27 de abril de 2020

O todos moros o todos cristianos

Marlaska teme a los musulmanes

Cuesta trabajo admitir que la miseria moral de la que hace gala este gobierno crece a cada día que pasa, resulta increíble pero es así. No hay nada que no sean capaces de pisotear en aras de mantenerse en el machito, están convencidos que nada les va a perjudicar electoralmente porque sus votantes han adquirido la inmunidad del rebaño que les permite ignorar la verdad. La zurda está vacunada para resistir a cualquier cuestión que contradiga lo que afirman “los suyos”.

Hace unos días en la redes sociales muchos ciudadanos se quejaban de que la Policía había irrumpido en una iglesia y había ordenado detener una misa, acogiéndose a las normas que impone el Decreto del Estado de Alarma,  había juristas que explicaban los límites del decreto que, de acuerdo a su experta opinión, desautorizaban la actuación policial, mientras otros  expresaban su descontento porque les constaba que la policía había permitido actos religiosos públicos a ciudadanos musulmanes que habían acudido convocados por su imán y el evento se había desarrollado hasta el final, sin que la policía hiciera nada por evitarlo.

La gente reaccionó de inmediato poniendo a caer de un burro a los agentes que habían o no habían intervenido, porque aquí mucho aplaudirles y cantarles el “a por ellos”, pero en cuanto se nos rasca un poquito lo de meternos con la madera o con los picoletos nos puede y de inmediato, Facebook mediante, se arrimaron al linchamiento otros ciudadanos que aportaban comentarios sobre supuestas brutalidades o extralimitaciones llevadas a cabo por los sufridos agentes de la Policía Nacional o de la Guardia Civil. Decía yo hace unos días que éste es el país de Caín, pero me parece que además de arrastrar esa raíz cainita, la inmensa mayoría de los españoles debemos ser primos lejanos del dominico Tomás de Torquemada y se nos nota de lejos y si se trata de darle un repaso a “la poli” desde la impunidad del Facebook para que les cuento, sálvese el que pueda.

Pero en esta vida todo llega y hoy podíamos ver las órdenes de nuestro inefable Ministro del Interior advirtiendo a los agentes que de encontrarse con un acto religioso musulmán en la calle, que permitieran “finalizar el rezo en la vía pública” para “evitar alteraciones del orden” y si la ceremonia se producía en una mezquita dice la orden que “posteriormente” se identificará al imán y bla, bla, bla.

Esas son las órdenes por escrito, luego están las aportaciones de los superiores convenientemente aleccionados que ustedes pueden suponer. Ahí tienen al comisario de turno dándole la brasa a su gente: No quiero líos, eso que quede claro, ustedes dejan que terminen de rezar y luego si es necesario, que tampoco hay que ponerse muy tiquismiquis, con muchísimo cuidado y respeto, si no hay más remedio me identifican al Imán y le explican respetuosamente lo del Decreto que no quiero un Imán quejándose de abusos policiales en esta comisaría. ¿Qué dice Olmedo? Usted y yo nos conocemos desde hace tiempo, váyase con cuidado que me tiene hartito. Usted hace lo que se le ordena y aquí paz y más allá gloria y no quiero oír nada que pueda ir contra las órdenes del señor ministro.

Si esto fuera un país consecuente, con unos ciudadanos convencidos de que los políticos son empleados nuestros y tuviera un gobierno serio, supongo que Grande-Marlaska debería dar muchísimas explicaciones. No me vale eso de es que usted no sabe como es esta gente que por una cuestión religiosa como esta te montan un follón de mucho cuidado, porque muchos ciudadanos sí sabemos con quién nos jugamos los cuartos. 

El problema radica en que los musulmanes, el que sea cofrade que coja su vela, que no sé si tienen cofradías, pero sí estoy seguro de que tienen procesiones, son gente que sabe que nada debe de temer de la Policía Nacional ni de la Guardia Civil, porque nuestra policía nada tiene que ver con las que ellos sufren en sus países. Que llega un gendarmía y la gente no abre la boca aunque se estén asfixiando.

Por lo tanto saben que se pueden poner flamencos y montarles un pifostio del quince a los agentes de la dotación que haya acudido al lugar sin que nada les suceda. Que si los nuestros los trataran como lo hacen los suyos, ya verían ustedes la diferencia. ¿Qué dice usted Dª María? ¿Qué nosotros no somos iguales que ellos? tiene usted toda la razón, pero mientras esta gente no respete nuestras instituciones ni a nuestra policía o les apretamos las tuercas, respetando la ley, eso que quede claro, o se ríen de nosotros y lo que es más grave toman buena nota de nuestra estúpida debilidad para la próxima vez. Qué si el párroco al que le interrumpieron la misa se pone en plan, se lo llevan a la Comisaria con la casulla, el alba, la estola y el monaguillo debajo del brazo en menos tiempo que se persigna un cura loco y perdonen ustedes la manera de señalar.

No pido un mejor trato para la Iglesia Católica y sus fieles, me limito a pedir que nos traten con igualdad, porque si somos iguales ante la ley, seámoslo de verdad. De estos hechos se desprende que Grande- Marlaska no quiere líos y prefiere que los musulmanes incumplan la ley antes de obligarles a que la cumplan y si la incumplen se resiste a sancionarlos, como hace con cualquier católico, budista, copto o evangelista que se le cruce y eso es inadmisible.

Supongo que el señor ministro a pesar de esa esquinada manera de pensar y actuar que tiene, no puede decidir tratar a unos ciudadanos de una manera y a otros de otra, por mor del credo religioso que profesen y que esto suceda porque él opine que los musulmanes son muy “suyos” y él no ganaría nada metiéndose en el lío, porque precisamente cobra por respetar y hacer respetar la Constitución, que lo que son las cosas, consagra que todos somos iguales ante la ley.

Ah y para el que me quiera acusar de racista, explicarle que yo no hablo de razas, hablo de musulmanes que pueden ser de Basora, de Villanueva del Trabuco, de Fez o de Torredembarra. Así que aflojen, porque hay que ver lo fino que hila el PSOE con la Iglesia Católica y lo pronto que se acuerdan de que somos un estado aconfesional cuando les conviene, sería bueno que entendieran que lo de la aconfesionalidad es de aplicación a todas las religiones. 

Se les ve el plumero a kilómetros de distancia y como son unos rancios de campeonato están otra vez con lo de “arderéis como en el treinta y seis”, que ahí no les duele reconocer que los socialistas de aquel tiempo se comportaron como unos salvajes, empeñados en ganar una guerra civil que terminó en el año 1939 del pasado siglo. 

Por resumir y para que quede claro señor ministro o todos moros o todos cristianos, que ya está bien de tonterías.

domingo, 26 de abril de 2020

Rectificar es de sabios...


…Eso dicen algunos últimamente, cuando pretenden defender los bandazos y las contradicciones de este gobierno. A mí lo de que rectificar es de sabios, siempre me ha parecido una afirmación un tanto aventurada, dirigida en todo caso a aplaudir la capacidad para la rectificación. Es cierto que quien reconoce los errores propios tiene que hacer un ejercicio de autocrítica y de humildad que en ocasiones merece el elogio; pero como todo en este mundo las rectificaciones y su mérito tienen un límite. 

Una cosa es que uno se vea obligado a reconocer que ocasionalmente ha cometido  un error y otra muy distinta es que haya quien se pase la vida rectificando porque su capacidad para cometer errores es casi infinita. Por mucho que se rectifique no creo que haya nadie en sus cabales que sostenga que esa cadena de correcciones merezcan elogio alguno. Amigos míos el que se pasa la vida reconociendo errores no es un sabio, muy probablemente sea un perfecto imbécil.

Eso es lo que pensé cuando el otro día Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, ante las críticas generalizadas a su actuación en la lucha contra el coronavirus pidió “empatía” porque los bandazos que lleva protagonizando su gobierno son “rectificaciones en positivo”. Una vez más el uso torticero de la semántica para ocultar la verdad; lo de llamar “rectificaciones en positivo” a los obligados cambios que ha impuesto la realidad sale de la misma escuela, Ferraz, en la que se inventó lo del “crecimiento negativo” para explicar el descenso de las cifras económicas.

Llama la atención que un individuo como nuestro presidente que ha pecado de falta de empatía de pensamiento, palabra, obra y omisión, un individuo que no ha sido capaz de ponerse una corbata negra en señal de luto por los 23.190 muertos o los que sean, que ya nadie sabe cuántos muertos ha ocasionado el Covid-19 en España, tenga la osadía de reclamar para sí mismo la empatía de sus críticos y defina como rectificaciones en positivo, lo que no es otra cosa que el reconocimiento por la vía de los hechos de los innumerables errores de él y de su gobierno, me parece de un cinismo espectacular. 

¿Las rectificaciones en positivo convierten a Sánchez en un sabio? yo diría que no, antes bien creo que lo que señalan es justamente lo contrario, claro está que la misma soberbia que le impide ponerse una corbata negra, le impide llamar a los errores por su nombre y en una elipsis infantil los titula como rectificaciones en positivo.

Ya de paso advirtió que iba a “rectificar en muchas decisiones” no porque se hubiera equivocado, eso jamás lo hará, la culpa la tiene “la evolución de la pandemia que no responde a unos parámetros estrictos”. La culpa no puede ser de Pedro Sánchez, la culpa es de la pandemia que no se comporta como debería, eso que quede claro. Y puestos a presumir de cosas que no conoce ni de lejos, tras lo de la empatía, declaró que las rectificaciones que toman no son “síntomas de descoordinación ni de desgobierno” sino el resultado de afrontar “con humildad” las decisiones que toman por el bien de los ciudadanos.

O sea y para que nos vayamos enterando, si el gobierno hace un anuncio fijando las condiciones en las que los niños podrán salir hoy a la calle, condiciones que se supone han sido aprobadas en Consejo de Ministros y a las pocas horas el gobierno se ve obligado a rectificar y no contento con eso al rato vuelven a las andadas y rectifican lo ya rectificado, no es una señal de descoordinación ni desgobierno, eso simplemente en el lenguaje sanchista es “afrontar con humildad las decisiones que inciden en el día a día de los ciudadanos”.

El estudio de la seroprevalencia que fue calificado por María Jesús Montero como el elemento “básico”  para poder actuar con rigor en la lucha contra la epidemia y del que opinaba Salvador Illa, hace apenas unos días, que era “esencial para monitorizar la evolución de la infección en la población y saber con precisión su prevalencia”, ese estudio que tenía que haber comenzado hace ya un par de semanas y que por fin parece, sólo parece, que comenzará el próximo lunes, con problemas logísticos importantes, porque los kits de los test no han llegado a algunas CC.AA y otras como Galicia y el País Vasco, han empezado a hacerlo por su cuenta; ese elemento básico que decía la ministra o esencial que afirmaba el ministro, como son incapaces de ponerlo en marcha, resulta que tampoco es tan importante, es sólo "una medida más para la toma de decisiones". Y ese giro copernicano no es señal de desgobierno ni de descoordinación, que va, no vayan ustedes a pensar mal. Y si tienen la tentación de hacerlo, reaccionen y apliquen empatía hasta decir basta.

España entera sabe que las cifras de los fallecidos no son reales, cuesta decirlo porque lo de no respetar a los muertos tiene una carga emocional importante, pero lo cierto es que la estadística de fallecidos tiene más trampas que una película de chinos. Hoy Sanidad vuelve a la carga y la lía con el que me parece que es el sexto cambio de sistema para cuantificar a los infectados. Todo sea por cuadrar, aunque sea a martillazos, las cifras que les permitan anunciar que ya tenemos menos infectados que ciudadanos dados de alta, lo que es mentira. 

Han tenido que hacer muchas horas de “ingeniería aritmética” hasta encontrar el método para falsear la estadística. Supongo que Pedro Sánchez y sus seguidores culparán de lo sucedido a la epidemia que no sigue unos “parámetros estrictos” y así no hay manera.

El viernes pasado Fernando Simón tuvo que hacerse eco de un estudio de Sanidad que deja más que claro cristalino que la cadena de contagios comenzó en las dos últimas semanas de Febrero. Lo han negado hasta la saciedad para evitar las responsabilidades que contrajeron cuando sabiendo lo que pasaba impulsaron la manifestación del 8M. Reconocen las fechas de los contagios pero evitan relacionarlas con la concentración feminista. 

Decía Pedro Sánchez en su aciaga intervención en el Congreso de los Diputados que era necesario “hacer pedagogía y no correr a la crítica precipitada”, si realmente cree en su discurso debería estar en la tele explicando el error que cometieron el 8M. Pero la humildad, de la que se ha atrevido a presumir en alguna ocasión, es algo que nada tiene que ver con la manera de pensar y actuar del Presidente, de tal manera que ahora nos enteramos que la culpa de la expansión descontrolada de la epidemia, la tiene el turismo.

Dicen que rectificar es de sabios, si lo de rectificar por la vía de los hechos vale para los que sostienen la afirmación, a Pedro Sánchez y a su gobierno les deberían dar un Nobel y si en España no hubiera tanto fascista, un premio Princesa de Asturias o un Premio Cervantes en la categoría de mejor relato de ficción. 

Pero la derechona con su falta de empatía lamentablemente lo va a impedir. Una pena.

sábado, 25 de abril de 2020

Cuidado, Pedro Sánchez no sabe lo que hace

Los años del hambre




Mientras el gobierno impulsado por su necesidad de crear noticias “positivas” nos tiene a todos entretenidos con el desconfinamiento de los niños y la desescalada del encierro de los mayores, la realidad, que es muy tozuda, desmiente frontalmente ese clima de moderado optimismo que se pretende inocular en las conciencias de los españoles. Las cifras no son todo los buenas que cabría esperar, más de tres mil nuevos infectados al día, sigue siendo una cifra muy mala, pero Pedro Sánchez presionado por sus  errores siente la necesidad de darnos algo que nos consuele.

Los expertos están en desacuerdo con las medidas que propone el gobierno que está jugando a la ruleta rusa con nuestra salud. Nadie sabe lo que va a pasar, lo dicen los epidemiólogos, porque falta información y esa información sólo la puede dar el testado masivo de la población, que por mucho que mienta el gobierno, no se está haciendo; ni siquiera ha comenzado el estudio de seroprevalencia, una de las herramientas más necesarias para adoptar decisiones con conocimiento de causa, que el gobierno prometió que comenzaría hace aproximadamente tres semanas y sigue durmiendo en el inmenso cajón de las promesas incumplidas de Salvador Illa.

Por lo tanto las medidas que adopte el gobierno no ofrecen garantía alguna, nadie sabe cómo se comporta la epidemia y estamos jugándonos la salud pública a cara o cruz, por mucho que asuste la idea, se están tomando decisiones muy importantes, basadas en el interés político del gobierno, que sigue instalado en el intento de tapar bocas para justificar una gestión que no tiene ya otra defensa que la acción de la agitación y propaganda zurda, el silencio cómplice de muchos medios de comunicación y la defensa a ultranza que hacen muchos de sus partidarios, dispuestos a ignorar a los más de 20.000 muertos, con tal de proteger a los “suyos”.

Hay gente que cree que está a salvo de la epidemia, los hay a los que nada preocupa la hecatombe económica que tenemos entrando ya por la puerta de nuestra economía y lo que haga el gobierno les da igual, ellos creen estar a salvo. A pesar de ello me parece muy comprometido defender a un gobierno que objetivamente ha fracasado estrepitosamente en su acción contra la epidemia. 

Ahí están las cifras, ahí están las opiniones de los expertos independientes, ahí están los titulares de la prensa internacional, ahí está Europa, todos dicen lo mismo, el gobierno de Pedro Sánchez ha actuado tarde y mal. A esa fatal actuación hay que añadir la abismal incapacidad del ejecutivo para reconocer la verdad y el brutal empecinamiento demostrado por los social comunistas para maquillar la realidad o directamente mentir sobre ella.

Queda mucho zurdo que abducido por la idea de qué sólo la izquierda nos puede salvar, defienden la acción del gobierno. Llevan cuarenta años escuchando que la izquierda está en posesión de una superioridad moral que la justifica, les han dicho que la izquierda es buena y todo lo hace bien, mientras que la derecha es mala per se y hay que acabar con ella y ahí están, con parientes enfermos o fallecidos, en el paro, en un ERTE y siguen defendiendo y alabando la acción del gobierno.

Estamos en muy mala situación con un gobierno que adopta medidas decisivas sin la información necesaria, un gobierno denostado por Europa, la prensa internacional, por muchísimos de sus ciudadanos, por las estadísticas y que sigue sosteniendo que han actuado mejor que muchos y no ha reconocido ni un solo error grave en su actuación.

Viene la crisis económica que el gobierno oculta y que algunos califican como una auténtica hecatombe. Con la industria turística liquidada por la epidemia el PIB nacional va a sufrir, pero hay regiones españolas que van de cabeza al hambre. Por ejemplo, el 35% del PIB de Canarias lo produce la industria turística, no sé cuánto aportan las actividades que se generan alrededor del turismo, bares, restaurantes, tiendas, souvenirs, actividades recreativas o culturales, alquiler de coches…, pero tiene que ser un tanto por ciento muy importante porque en Canarias no hay otra industria. En Canarias y otras zonas turísticas vamos directos a la ruina más absoluta y el gobierno se está llamando andana.

El paro en España se calcula, en una estimación optimista, que estará por encima del 20% durante dos años como poco, miles de empresas quebrarán y el Gobierno ya se ha gastado el dinero que tenía, incluido el que les sacó a los autónomos y ha liquidado la capacidad de endeudamiento de España, por tanto poco o muy poco se puede esperar de las arcas del Estado. Ahí está Pedro Sánchez solicitando a la UE la creación de un fondo 1,5 billones de euros financiado con una deuda perpetua común, ignorando que las normas de la Comunidad prohíben taxativamente esa figura.

Gracias a los social comunistas hemos conseguido ser un problema para Europa, tanto en el aspecto sanitario como en el económico. En Italia se afirma que Pedro Sánchez está pidiendo el rescate europeo, hay que recordar que por mucha propaganda que se le haya hecho, la CE no es más que un pacto entre mercaderes, la creación de Europa como organización supranacional no ha sido nunca una prioridad y en cuanto seamos una carga demasiado pesada nos van a dejar caer. El resultado de la salida de la UE para España lo dejo a su imaginación.

No dejen que los engañen, las medidas del gobierno no están sostenidas por un criterio científico, los epidemiólogos no tienen los datos suficientes para resolver el problema, se toman en función de la presión que siente el gobierno, que se ha convertido en un peligro para todos nosotros, cuiden de su salud y de la de su familia y prepárense para una crisis como no han vivido nunca.

Dicen que va a ser como la crisis que sufrimos en la posguerra, que muchos de ustedes afortunadamente no han conocido, pero que para que se hagan una idea fue conocida en España como la de “los años del hambre”.

A veces, creo que tenemos - yo el primero - lo que nos merecemos.

jueves, 23 de abril de 2020

Los socialistas sólo acertaban cuando rectificaban, ahora ni eso.

En el lenguaje gestual taparse la boca significa que se está mintiendo




Este martes el gobierno rectificó dos veces en cinco horas la decisión que había tomado en Consejo de Ministros que establecía las medidas para que los menores de 14 años salieran a la calle. No sé a quién se le ocurrió la idea de que lo mejor para los niños es que acompañaran a uno de sus progenitores cuando éstos fueran a comprar a Mercadona, a la farmacia o a los bancos. Se le ocurriera al genio que se le ocurriera, lo grave es que el Consejo de Ministros aprobó el disparate. Resulta incomprensible que en ese Consejo con overbooking de ministros y vicepresidentes no hubiera alguien con dos dedos de frente que se opusiera a tal medida.

¿En manos de quién estamos? Tenemos todo un vicepresidente a cargo de las residencias geriátricas y el desastre es de tal magnitud que algunos de esos establecimientos recordaban a un campo de exterminio de la segunda Guerra Mundial y nadie se da por aludido. Desde el gobierno alegan que las residencias son competencia de las CC. AA, pero eso fue hasta que se nombró a la Autoridad Única porque a partir de ese día la responsabilidad es del gobierno progresista en general y de Pablo Iglesias en particular. Hemos visto al podemita en la tele amenazando con nacionalizaciones de empresas con la Constitución en la mano, ha hablado de la Renta Mínima Vital, del Plan de Reconstrucción, ha criticado al Rey y tocado muchos temas más, pero de las Residencias Geriátricas, de esas no ha hablado, porque salvo declararlas esenciales, para que en teoría tuvieran el mismo acceso a los equipos de protección que los establecimientos sanitarios, no ha hecho nada y  todos sabemos que esos equipos no llegaron y las residencias se convirtieron en auténticas morgues, sin que Iglesias moviera un dedo para aminorar la tragedia. 
 
Desde que esto comenzó el gobierno social comunista se ha instalado en la mentira y por eso quieren que las noticias sobre la pandemia sólo las puedan manejar fuentes oficiales, con esa medida pretenden ocultar la realidad de lo que ha sucedido. Cuenten lo que cuenten Pedro Sánchez, María Jesús Montero, Salvador Illa o Fernando Simón, nada puede tapar que pesan sobre sus conciencias - en el supuesto que la tengan - más de 25.000 muertos. No serán culpables directos de la muerte de los fallecidos, que eso tendrán que dirimirlo los tribunales, pero son responsables de esos fallecimientos, porque para eso son el gobierno de España, un gobierno que ocupa el último puesto en el tracking del CMA en lo que hace referencia al tratamiento de la lucha contra el COVID-19, Pedro Sánchez ha conseguido que España ocupe el último lugar en el mundo y todavía se atreve a gallear.

Sánchez oculta muchos fallecimientos, eso está muy claro, el gobierno ha tenido que reconocer que no saben cuántos son los muertos que ha ocasionado el coronavirus, nos oculta el número de muertos y también oculta celosamente la brutal crisis que vamos a sufrir. Los expertos de verdad - no los suyos, que por lo visto hicieron el curso de expertos en una escuela de palmeros - advierten que nuestro país sufrirá al menos dos años de una auténtica hecatombe económica, con miles de empresas - de esas que tienen prohibido despedir - quebradas, una deuda insostenible y un paro superior al 20%, pero Pedro Sánchez calla.

Hoy Pablo Casado le echaba en cara en el Congreso de los Diputados dos cuestiones muy importantes. En el Senado Italiano el Primer Ministro anunciaba que España iba a solicitar un rescate a la UE, noticia que fue incapaz de desmentir el presidente y Casado le desmontó otra de las mentiras preferidas de Sánchez, que intenta culpar de la crisis económica a la falta de solidaridad de la UE. El del PP detalló las cifras de la ayuda europea; por citar la principal pero no la única el Banco Central Europeo va a comprar 120.000 millones de euros de deuda española.

Pedro Sánchez pretende que sea Europa la que pague los errores y la falta de capacidad del gobierno español, argumenta que las medidas de la UE se toman contra España, pero realmente quién no tiene el menor crédito es Pedro Sánchez y su gobierno. Europa lo culpa de falsear las cifras del déficit de 2019, nada más y nada menos que 2.300 millones de euros de diferencia. 

El socialista se queja de Europa, pero allí no le vale ni el equipo de agitación y propaganda, ni el control de las redes sociales, ni  la prensa convenientemente engrasada y es por eso por lo que la UE ha puesto pie en pared y no le concede lo que pide, saben que tratan con un mentiroso que además es un incapaz.

Está meridianamente claro que estamos en manos de un gobierno que no sabe lo que hace. Los continuos bandazos, las mentiras flagrantes, la demagogia galopante, la división del Consejo de Ministros, el uso del Decreto de Alarma para tapar bocas a los críticos, el fracaso en la compra de material sanitario, definen la incapacidad de un gobierno al que el virus cogió por sorpresa, pese a las más de 40 advertencias de la OMS y  del Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades y que cuando se quiso dar cuenta, la epidemia ya se estaba expandiendo fuera de control y desde ese momento ha estado a la defensiva, siendo incapaz de tomar las medidas oportunas en los momentos adecuados tal y como han hecho otros gobiernos. No han sido capaz de llevar a cabo políticas preventivas, lo han reconocido, se han limitado a reaccionar ante hechos consumados y así nos luce el pelo.

Porque por mucho que mientan no son capaces de explicar las cifras, estamos mucho peor que el resto del mundo, tenemos más muertos que nadie y eso se debe solamente a la espantosa incapacidad que ha demostrado este gobierno.

España entera está de luto, su presidente no. La soberbia de Pedro Sánchez le impide decretar el luto oficial. Creo que esa falta de empatía ante la tragedia ajena le define perfectamente y lo inhabilita para gobernar a este país.

miércoles, 22 de abril de 2020

Para qué queremos a estos sindicatos

Manifestarse resulta fácil, combatir el virus es otra cosa


La crisis está sacando lo mejor de nosotros, repite incansable el gobierno y se olvida interesadamente que también saca lo peor de lo que los ciudadanos llevamos en nuestro particular almario. Para muestra bien vale un botón, en la Comunidad de Madrid los 2/3 de los liberados sindicales de la sanidad madrileña se han negado a incorporarse a su puesto de trabajo.

Ya sucedió en Andalucía, la Consejería de Sanidad mandó un escrito a los sindicatos solicitando que los liberados sindicales del sector se incorporaran a su puesto de trabajo y desde los sindicatos se contestó que no veían que hubiera una situación de urgencia que justificara tal medida.
Dos noticias que seguramente no han tenido la repercusión mediática que merecen porque se supone que los sindicatos son organizaciones de la izquierda progresista y la prensa amiga cuida mucho de no dar noticias negativas sobre cualquier cuestión que pueda molestar a la zurda política y ciudadana.

Saqué el tema en una tertulia de Radio Sintonía de Fuerteventura en la que intervengo todos los martes. Cuál no sería mi sorpresa cuando comentada la noticia, un contertulio, sindicalista él, me explicó que los liberados sindicales habían estado llevando a cabo una misión vital, habían estado luchando - lo de dónde y cuándo se desarrollaron las batallas se le olvidó explicarlo - para conseguir que a sus compañeros los equiparan convenientemente y redactaban notas de prensa denunciando la situación.

Resulta muy fácil librar batallas en tu domicilio, en pijama y pantuflas e incluso si tu espíritu sindicalista te empuja a ello puedes sacrificarte y redactar una nota de prensa reclamando los derechos de tus compañeros. Y digo que es fácil porque los sanitarios madrileños, los de verdad, estaban librando la batalla jugándose la salud y la vida en los hospitales y en cualquier otro lugar en el que el cuidado de los enfermos así lo demandare y efectivamente lo estaban haciendo sin la protección adecuada.

Comprendo que se sienta miedo ante la posibilidad del contagio, pero que eso empuje a 444 individuos a esconderse tras su condición de liberados sindicales dice muy poco de su valor personal y de su compromiso con la Sanidad Pública a la que dicen defender, porque por muy sindicalista que seas amigo mío, obras son amores y no buenas razones. El confinamiento molesta a mucha gente, sin embargo los liberados sindicales le profesan un cariño sorprendente.

Hay que tener más vergüenza y menos jindama. Un inciso, me parece injusto que cuando nos referimos a UGT y CC.OO, hablemos de los sindicatos, porque hay muchas más organizaciones sindicales, por ejemplo el CSIF que desde el primer momento ofreció a sus liberados para que apoyaran al resto de sanitarios que peleaban contra el COVID-19.  

Los sindicatos deben hacer urgentemente un profundo examen de conciencia, llevan dos crisis columpiándose una cosa mala. En la crisis del 2008, ni los sindicatos ni ninguna organización de izquierdas abrieron un solo comedor social. Lo de dar de comer al hambriento se lo dejaron a las monjitas, a Cáritas y a otras organizaciones de la Iglesia, que fueron los que dieron de comer durante años a los ciudadanos que habían mandado al paro los socialistas. 

Para más INRI cuando un trabajador iba al paro, si el sindicato le arreglaba los papeles, le cobraba la gestión en dinero contante y sonante, lo mismo sucedía con los ERES, la organización sindical arreglaba la documentación y les cobraba a los trabajadores. Más tarde nos enteramos de que además aprovecharon para incluir en la lista, para que cobraran las indemnizaciones y el paro, a familiares, amigos y correligionarios y de paso distrajeron un dinero, que era de los parados, en lo que ustedes saben...

Ahora su papel, si es que han tenido alguno, en la lucha contra la epidemia, lo protagonizan sus liberados sindicales que han chaqueteado de mala manera, han decidido que mejor un cobarde vivo, que un valiente enfermo o muerto y se han quedado en casa, que con las cosas de comer no se juega. Y estas conductas nos llevan a dos reflexiones y ninguna de las dos buena para los sindicatos.

En primer lugar la figura del liberado sindical, esos entregadísimos individuos que están exentos de ir a trabajar para emplear la jornada laboral en tareas sindicales y que cobran de sus respectivas empresas. Me pregunto y conmigo muchas personas, por qué las empresas públicas y privadas tienen que pagar el sueldo a quién trabaja para un sindicato, porque lo de representar a los trabajadores es un cuento que ya no se lo traga nadie. 

Si el sindicato decide liberar a trabajadores, que les pague de su dinero, porque al final el sueldo del liberado lo pagamos nosotros. Si el menda trabaja, es una manera de hablar, en la Sanidad Pública, su sueldo sale de nuestros impuestos y si dice que trabaja en una empresa privada, el empresario suma su sueldo a los costes de producción y lo repercute en el precio del producto, que usted paga con el sobreprecio añadido, a la salud de los sindicalistas.

Si tan importante es la figura del liberado y los sindicatos no están dispuestos a prescindir de lujosos despachos, coches de la "empresa", VISAS, comilonas y viajes a todo tren para financiarlos, que hablen con el gobierno y que éste les coloque una casilla como la que tiene la Iglesia en la declaración del IRPF y así los que crean en la figura que paguen voluntariamente su coste.

La figura del liberado está ya de más, muchísimos trabajadores conocen de su perfecta inutilidad en la defensa de sus derechos. Esa gente son los únicos que trabajan durante las huelgas, porque una de sus misiones es la de conformar los antidemocráticos piquetes de información, que tienen por misión evitar que trabaje el que quiera hacerlo. Viven sin trabajar o trabajando para el sindicato, los utilizan como rompehuelgas y matoncillos y el sueldo se lo pagamos todos los ciudadanos; creo que ha llegado el momento en que nos neguemos a mantener esa gente que, cuando hacen falta, se esconden bajo la mesa camilla de su domicilio, porque no quieren arriesgar lo que otros sí arriesgan.

La segunda pregunta es que para qué queremos unos sindicatos como los que sufrimos, herederos del sindicalismo vertical de la Dictadura, que han ido creciendo gracias a nuestro dinero y a los que nuestra paciencia les ha permitido corromperse y que les salga gratis, ahí está lo de los ERES andaluces para demostrarlo.

¿Qué los sindicatos son necesarios?, los que aquí tenemos me parece que no. Que hay sindicalistas honrados, haberlos haylos. En el Servicio Madrileño de Salud, un tercio de ellos, a la hora de la verdad, han dado un paso al frente, pero estarán de acuerdo conmigo que un 33% es una cifra más bien pobre y en la Consejería de Políticas Sociales de Madrid tuvieron peor suerte, sólo el 6,2% de lo liberados se incorporaron a su puesto de trabajo.

De todas maneras los sindicalistas honrados que no se enfaden conmigo, que lo hagan con la cúpula de su sindicato y con los vividores que arrastran por el barro el buen nombre de los verdaderos sindicalistas. Los que están acabando con las organizaciones sindicales no somos los críticos, de eso se han ocupado sobradamente los dirigentes sindicales y sus liberados.

Creo en el sindicalismo, pero me repugnan estos sindicatos corruptos e ineficaces que sufrimos.










martes, 21 de abril de 2020

Presidente tengo una noticia muy mala y otra peor ¿Cuál quiere escuchar primero?

Pedro Sánchez está sudando la gota gorda


Cuando me desperté el Presidente ya no estaba allí.

Me encontraba en un jardín sentado en un banco, Pedro Sánchez se me acercó, tenía muy mala cara y las canas que le habían teñido para su comparecencia televisada resultaban muy visibles. Me saludó, se sentó y me dijo que estaba desesperado, peleaba por mantener su imagen y nada salía bien. Bajó el tono y me dijo que estaba empezando a pensar que la amistad y cercanía de Iván Redondo y Pablo Iglesias tenían algo que ver con sus fracasos en la comunicación. 

Todavía no me explico, dijo, cómo pudo suceder que en el Congreso de los Diputados, presuma en vivo y en directo de lo que dice un informe de la Universidad de Oxford  sobre mi actuación en la lucha contra la pandemia y resulte que al parecer, un becario no se lo leyó completo o no tenía demasiado dominio del inglés y me colocó en el discurso una cita sacada de contexto de un informe que me ponía a mí y a mi gobierno a la altura del betún. Los populares al día siguiente me pusieron a caer de un burro  y además con recochineo. Que me paso el día pidiendo unidad y lealtad pero nadie me hace caso.

Estoy nervioso y enfadado, continuó explicándose, todo el mundo me da la paliza para que tenga cuidado con las expresiones de mi cara. No tienen la menor delicadeza, soy el Presidente del Gobierno y no un actor y pongo la cara que me da la gana, que si ellos tuvieran que aguantar lo que yo aguanto ya veríamos que jeta ponían. Puede usted creer que una ministra podemita se atrevió a decirme, que cada vez que me hacen una pregunta que no me gusta, pongo una cara de malo de película que echa para atrás y como le contesté, pues anda que tú, la que montaste con el monólogo cómico de los ERTES y la tipa lleva una semana que no me habla.

Lo de las ruedas de prensa me lo complicó de mala manera el facherío en general y Pablo Casado en particular, que tiene cara de niño bueno pero es una auténtica víbora. No paró hasta conseguir que el rollito que me había montado Miguel Ángel Oliver, que tenía a los periodistas más tiesos que una vela y totalmente entregados a la tarea de mi personal lucimiento, se acabó. Así no puedo trabajar, acostumbrado a que las preguntas se hicieran con antelación lo que me permitía llevar las respuestas escritas, lo de ahora es insufrible, cualquier periodista se puede descolgar con alguna pregunta incómoda, por mucho que diga García Oliver que esté tranquilo que está todo atado y bien atado. Esto es un sin vivir. 

Para que le cuento el follón que montaron los del Departamento de Imagen y Comunicación que cobran más que yo. Decidieron poner más gente en las ruedas de prensa para acompañar al pobre Fernando Simón y pese a que ya les advertí que ojito con colocar a militares, guardias civiles y policías nacionales en la alineación, dijeron que tranquilo, que quedaban muy bien en pantalla con las medallas y los uniformes y su presencia le daba a la rueda de prensa un apariencia de seriedad estupenda y con una sonrisita irónica me dijeron, no se preocupe señor presidente que van convenientemente aleccionados, esa gente es muy disciplinada y como soy buena gente y me fío de todo el mundo, me dejé convencer. Ya sabrá usted la que han liado, primero fue el de la Policía Nacional con lo de los tres meses, que a Miguel Ángel Oliver casi le da un infarto en directo y hace un par de días el general de la Guardia Civil la lio a base de bien.

Y ya en plan confidencia me comentó que el sobrado de Iván Redondo le soltó como quién no quiere la cosa: Presidente es que tienes boca de cabra, cada vez que hablas sube el pan. Me quedé boquiabierto sin poder contestarle como se merecía, estoy seguro de que esas cosas se las mete en la cabeza Pablo Iglesias, que está loco por pillar mi poltrona.

Todo son críticas, como si no se dieran cuenta que yo ya no doy abasto, el otro día sin ir más lejos, cuando le comentaba a Redondo lo difícil que resultaba contestar a las preguntas hechas en directo, me suelta el tío que mejor así, porque antes se notaba un montón que leías las respuestas a las preguntas que se suponía te hacían en ese momento y el cachondeo era mayúsculo. 

Amigo mío aunque soy un hombre de buen carácter y no se me caliente fácilmente la boca, fue tal el rebote que pillé, que le dije. Mira Iván si de impedir cachondeos se trata, mejor te compras un pegamento para el peluquín, porque las ministras se parten la caja y hacen apuestas sobre si se te va a caer o no, que siempre lo llevas medio torcido. Y el tío se ofendió y quería dimitir; lo saqué de las garras de los peperos, en la Moncloa lo tratan como un rey y así me lo paga. Hay noches que no duermo pensando en que el podemita le está comiendo la oreja a Iván con muy malas intenciones.

Aquí todo el mundo se queja y no respetan la responsabilidad de mi cargo, ahí está Fernando Simón que desde que volvió de la cuarentena no es el mismo. Creo que fue ayer que afirmó que utilizar lo que dicen en rueda de prensa para criticarles "no es algo decente". Tienen la piel muy fina, no se dan cuenta que ellos tienen que dar la cara, precisamente para que las críticas se dividan, lo mismo pasa con Salvador Illa que me parece que ya ha querido dimitir tres o cuatro veces, no entiende que siendo Ministro de Sanidad le toca dar la cara y si se la parten, le va en el sueldo y si echa de menos a Iceta como dice, que se compre un mono, que dicen que entretienen una barbaridad.

Estaba muy sorprendido, no entendía que estaba sucediendo y lo cierto es que tenía muchas ganas de comentarle en vivo y en directo cuatro cositas a Pedro Sánchez que no es santo de mi devoción; pero si les digo la verdad me dio un poco de pena, pero cómo me pregunto a qué había ido a verlo le dije. Señor Presidente tengo dos noticias para usted, una muy mala y otra peor ¿Cuál es la que quiere escuchar primero?

Me miró fijamente, agachó la cabeza y me dijo que le daba igual. Decidí darle la primera noticia. Presidente los del CMA han publicado un tracking en el que en el apartado Seguimiento de la Respuesta global al liderazgo en la crisis COVID-19, colocan a España en el puesto 95. 

¡Qué cabrones! se sobresaltó Pedro Sánchez, no serán británicos los del CMA, porque después de lo de la Universidad de Oxford es que los temo, le tranquilicé y le informé que eran australianos, lo que no pareció consolarle demasiado. Me miró y me dijo, vale esta es la noticia peor dime ahora la muy mala, tuve que sacarle del error, Presidente la noticia peor es que el tracking se llevó a cabo sobre 95 naciones, somos los últimos de la fila y no es por lo del conjunto musical.

Se levantó, hizo un ruido raro como si se ahogara, me miró de soslayo, metió las manos en los bolsillos, se fue y no hubo nada.

Dicen, los que dicen saber de estas cosas, que a veces los sueños nos anticipan la realidad. Vaya uno a saber.