domingo, 19 de abril de 2020

Febrero de 2008, ZP a Gabilondo: Nos conviene que haya tensión. Ahora también

Nos conviene que haya tensión.



El gobierno está reorganizando su política de comunicación utilizando dos líneas de acción bien definidas. Por una parte intentan diluir la responsabilidad del PSOE y Unidas Podemos, por los errores cometidos y la falta de previsión en la lucha contra la pandemia y pretenden eludir la responsabilidad que tienen a cuenta de las ineficaces medidas que han tomado para paliar la crisis económica y laboral que se nos echa encima, utilizando para ello la participación en la negociación de los "Pactos de la Moncloa" de aquellas organizaciones políticas que  apoyaron, previo pago por sus servicios, la Moción de Censura y la Investidura de Pedro Sánchez.

Nadie sabe qué medidas va a proponer el Gobierno, probablemente porque los social comunistas no tengan todavía ni idea de lo que vayan a proponer, pero en el fondo las ideas y las medidas que se aprueben y su más que dudosa utilidad, les importan bien poco. Una vez publicadas y publicitadas ya habrá tiempo para ir cambiándolas, como lo han ido haciendo con las medidas que han ido improvisando en la lucha contra la pandemia y en la protección económica de trabajadores, autónomos y empresas.

Lo fundamental para Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no es lo que se acuerde, lo importante es excusar la acción del gobierno a través de un acuerdo con sus socios para "mutualizar" la responsabilidad; todos los participantes serán los responsables de las medidas adoptadas en esa mesa de negociación; tomarán las decisiones entre todos y por tanto la responsabilidad no será de nadie. 

El gobierno tiene muy claro que se avecinan momentos muy difíciles para los ciudadanos, de hecho se está hablando de la "reconstrucción del país" que es una manera de retorcer la semántica, para decir que tienen previsto que el país va a ser víctima de la destrucción y naturalmente no quieren aceptar esa responsabilidad.

El papel que juegue en ese contubernio Pablo Casado y el Partido Popular le interesa sobremanera a Pedro Sánchez, aunque no le preocupe demasiado lo que decidan hacer los populares al respecto. Hagan lo que hagan los del PP, Pedro Sánchez gana y Casado pierde. Si asisten, si participan, los "socios" del gobierno se los van a comer por los pies durante las negociaciones y con su presencia el gobierno conseguirá el argumento que le servirá para amordazar al principal partido de la oposición. Y si se niegan a participar, gana Sánchez y ese falaz argumento que sin embargo le va tan bien al ejecutivo, ya saben lo del PP no arrima el hombro; Pablo Casado pretende ganar votos a cuenta de los muertos, etc. etc.

Los nuevos Pactos de la Moncloa no son más que una maniobra que pretende ocultar la tremenda ineficacia que en el tema sanitario y también en lo económico ha demostrado el gobierno de Pedro Sánchez, que ha dejado claro una vez más, que una cosa es predicar - curiosamente eso lo hace muy bien la izquierda - y otra bien distinta repartir trigo, que ahí no dan una. Agitación y propaganda toda la que ustedes quieran, pero capacidad para gobernar cero pelotero.

La otra línea de acción es un clásico del PSOE, se trata de mantener en tensión a la ciudadanía. Muchos de ustedes recordarán aquel "Nos conviene que haya tensión" de ZP a Gabilondo en el año 2008, pues ya ven, ha pasado mucho mucha agua bajo el puente, pero en el equipo de agitación y propaganda del PSOE lo de la procurar que haya tensión debe ser uno de sus mandamientos permanentes. Y en eso están el gobierno de Sánchez, sus equipos que trabajan en las redes sociales y sus terminales mediáticas, todos  instalados en mantener e incluso aumentar la "polarización de la sociedad".

Esa es una batalla que ganó la izquierda hace mucho tiempo y que la derecha no ha sabido combatir, aunque parece que esta vez le están plantando cara con cierta eficacia. En España los zurdos han conseguido que lo importante no sea lo que se dice sino quién lo dice. El gobierno que pisa terreno que conoce a la perfección, pelea para tensar al máximo a la sociedad, ya de sí extremadamente polarizada y estiman que la división maniquea entre "buenos y malos", "progresistas y fascistas" "zurdos y ultraderechistas", terminará por compactar la reacción de sus seguidores, algunos de los cuales les parece que están comenzando a flaquear.

Dicen fuentes próximas al gobierno, que éste aprovecha especialmente los "exabruptos" de VOX para conseguir la respuesta visceral de los votantes socialistas. Lo dice el gobierno, insisto, porque no quiero pasarme mañana todo el día contestando a votantes de VOX cabreados. Les conviene el clima de confrontación porque así se desvía la atención de los críticos sobre los injustificables fallos del Ejecutivo en el control y la lucha contra la epidemia. La polarización y los enfrentamientos que provoca, distraen del debate sobre la ineficaz gestión de los social comunistas.

Los mismos que están intentando imponer la censura y legislan contra los creadores de bulos son la mayor máquina de creación bulos que existe, sin contar los que ponen en circulación sus elementos a sueldo que se ocupan de hacerlo en las redes sociales y los medios de comunicación.

La izquierda va ganando la batalla de la comunicación pero los esfuerzos que está llevando a cabo advierten de un cambio significativo en el escenario actual, la derecha menos organizada que la zurda está oponiendo una resistencia inesperada y los de Ferraz han detectado que existen silencios clamorosos en algunos pequeños sectores de la izquierda e incluso alguna que otra crítica.

Este es el escenario, sería deseable que la opinión pública rechace la polarización a la que nos conduce el gobierno. Los ciudadanos deberían recordar que la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero. No podemos permitir que sigan manejándonos como muñecos, está en juego nuestra salud, el porvenir económico de la nación y nuestro modelo constitucional. 

Más vale que nos pongamos en marcha, no vaya a ser que cuando nos demos cuenta de lo que sucede, sea demasiado tarde y nos sea de aplicación aquello de " Y allí será el llanto y el crujir de dientes".



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