jueves, 16 de abril de 2020

La tierra de Caín

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"Esta epidemia está sacando lo mejor de nosotros" Una frase preciosa que ha sido utilizada profusamente por el gobierno social comunista y  su equipo de agitación y propaganda, que a la vista de la situación, desde que ésta se empezó a descontrolar y me refiero al 8M, han estado emitiendo mensajes positivos para que los ciudadanos que vivimos angustiados aceptemos agradecidos la afirmación; a todos nos resulta muy agradable sentirnos concernidos por el anuncio.

Esto de los mensajes demagógicos y populistas ha tenido siempre mucho éxito. Desde hace siglos los más listos de la clase advirtieron la debilidad que sentimos los seres humanos por las frases que nos ensalzan y se dedicaron a utilizarlas con gran éxito de público y crítica. Una de las que, desde mi punto de vista, más daño ha hecho a la Humanidad es aquella que largó Jean Jacques Rousseau, uno de los más destacados miembros de la Ilustración, ese invento francés y por lo tanto sospechoso, que proclamó urbi et orbi que "El hombre es bueno por naturaleza"

Frase que se tragó con sedal y plomo incluido, la mayoría de la humanidad europea pensante. Con la misma contundencia, pero en sentido contrario, un brillante pensador antecesor de Jean Jacques, Thomas Hobbes, un inglés considerado como uno de los filósofos que más influencia tuvo en la filosofía política moderna, afirmaba que todos los hombres somos malos. Tampoco estoy de acuerdo, probablemente Hobbes tendiera al pesimismo, no creo que seamos malos por naturaleza, aunque reconozco que  tengo muy poca fe en el género humano, una afirmación dura pero que ayuda a evitarte muchas desilusiones.

En nuestra sociedad hay  buenos y malos pero creo que la mayoría de nosotros, aunque no hayamos estado nunca en Ceuta o Melilla, tendemos a ser regulares. Puestos a hablar de pensadores, que hoy el día se me  ha metido sin querer en el terreno de lo filosófico, si me pudiera leer el Padre Sorribas MSC, que en paz descanse, mi viejo profesor de Filosofía le iba a dar un ataque de risa apoteósico. No sé cuánta fe tendría en el género humano, pero conmigo lo tenía muy claro, cero confianza en mi futuro. Decía, que puestos a hablar de pensadores, perdonen el inciso, siempre me ha llamado la atención un detalle, cuando el pensador es más antiguo que el hilo negro de coser es un filósofo y si está próximo a  nosotros en el calendario, son simplemente pensadores. 

Bueno, a lo que iba, que en cuanto me despisto me voy del tema, personalmente estoy más cerca de lo que afirmaba Ortega y Gasset que dijo en su momento eso tan conocido y utilizado de "Yo soy yo y mis circunstancias" una frase que se ha utilizado hasta la náusea y ha servido de justificación a muchísima gente, ya que vale tanto para un roto como para un descosido. Señalada la ambivalencia del pensamiento, me parece que la afirmación de Ortega equilibra las teorías de Rousseau y Hobbes, somos en potencia buenos y malos,  así nacemos y luego nosotros y la vida, decidimos lo que vamos a ser.

Así que esta epidemia saca de nosotros lo que hay, nadie puede dar lo que no tiene, la epidemia sacará de nosotros lo que encuentre en nuestro interior. Todo este rollo, o proemio, ya que hoy estamos en plan fino, viene a cuento de lo que está ocurriendo en algunas ciudades en las que inquilinos de ciertos edificios están intentando que el personal sanitario que allí habita, se vaya de su domicilio por temor al contagio.

Comprendo que la epidemia da miedo al más pintado, que el temor al contagio tiene angustiados a muchos de nosotros, muchos tenemos hijos que conviven con nosotros y abuelos que viven en nuestro domicilio y eso añade dramatismo a nuestra realidad diaria; llámenme raro pero lo primero que pensé cuando vi la fotografía que ilustra este escrito, fue que seguro que el autor del mensaje pintado en el coche de una doctora, es de los que cada día salen al balcón para aplaudir al personal sanitario por su entrega, sacrificio, heroicidad y todo lo que quieren poner, porque es muy cierto que esa gente está luchando contra el virus, sin la protección que no ha sabido darles el gobierno dizque progresista de Sánchez y tampoco soy tan raro, porque seguro que ustedes han pensado exactamente lo mismo que yo.

No sé si el autor o los autores del insulto son buenos o malos, lo que está claro es que de empatía andan mal tirando a muy mal. Pónganse en la piel de la doctora que cada día tiene que hacer frente a sus temores, a sus angustias y acudir al trabajo en el que infinidad de compañeros suyos se han infectado ya. Y cada mañanita coge su coche y se dispone a jugarse los garbanzos por sus pacientes. Cómo diablos se habrá sentido cuando haya leído lo de "Rata contagiosa" pintado en su coche, un mensaje insultante obra de alguno de sus vecinos; a lo peor el mismo que antes de la epidemia, fue a llamar a su puerta una noche a las tres de la madrugada porque el más pequeño de sus hijos se había puesto ardiendo en fiebre y ella lo atendió.

Puedo comprender el miedo al contagio, el miedo es libre cada uno cogemos la cantidad que queremos, los hay que se conforman con un puñadito y otros cargan tal cantidad que no cabe en la caja de un camión, pero lo que nadie puede justificar es el insulto. Mal está intentar echar de su casa a una profesional que se juega la vida cada día, pero llegar a lo de rata contagiosa me parece que dice a las  claras que, aunque el autor sea un padre cariñoso, amante esposo, buen hijo y magnífico profesional, cuando la vida le aprieta las clavijas se convierte en un perfecto hijo de puta.

Todos llevamos dentro a Caín y a Abel, nos puede disgustar pero es así, hay que apretar los dientes, hacer frente a nuestra angustia y procurar que sea cierto que estos sucesos están sacando lo mejor de nosotros y no lo peor como al ciudadano que pintó lo de rata contagiosa.

Ánimo que de esto saldremos, abollados como me decía una lectora, pero vamos a salir, eso sí con Caín y Abel que seguirán acompañándonos a lo largo de nuestra vida, para bien o para mal.





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