miércoles, 22 de abril de 2020

Para qué queremos a estos sindicatos

Manifestarse resulta fácil, combatir el virus es otra cosa


La crisis está sacando lo mejor de nosotros, repite incansable el gobierno y se olvida interesadamente que también saca lo peor de lo que los ciudadanos llevamos en nuestro particular almario. Para muestra bien vale un botón, en la Comunidad de Madrid los 2/3 de los liberados sindicales de la sanidad madrileña se han negado a incorporarse a su puesto de trabajo.

Ya sucedió en Andalucía, la Consejería de Sanidad mandó un escrito a los sindicatos solicitando que los liberados sindicales del sector se incorporaran a su puesto de trabajo y desde los sindicatos se contestó que no veían que hubiera una situación de urgencia que justificara tal medida.
Dos noticias que seguramente no han tenido la repercusión mediática que merecen porque se supone que los sindicatos son organizaciones de la izquierda progresista y la prensa amiga cuida mucho de no dar noticias negativas sobre cualquier cuestión que pueda molestar a la zurda política y ciudadana.

Saqué el tema en una tertulia de Radio Sintonía de Fuerteventura en la que intervengo todos los martes. Cuál no sería mi sorpresa cuando comentada la noticia, un contertulio, sindicalista él, me explicó que los liberados sindicales habían estado llevando a cabo una misión vital, habían estado luchando - lo de dónde y cuándo se desarrollaron las batallas se le olvidó explicarlo - para conseguir que a sus compañeros los equiparan convenientemente y redactaban notas de prensa denunciando la situación.

Resulta muy fácil librar batallas en tu domicilio, en pijama y pantuflas e incluso si tu espíritu sindicalista te empuja a ello puedes sacrificarte y redactar una nota de prensa reclamando los derechos de tus compañeros. Y digo que es fácil porque los sanitarios madrileños, los de verdad, estaban librando la batalla jugándose la salud y la vida en los hospitales y en cualquier otro lugar en el que el cuidado de los enfermos así lo demandare y efectivamente lo estaban haciendo sin la protección adecuada.

Comprendo que se sienta miedo ante la posibilidad del contagio, pero que eso empuje a 444 individuos a esconderse tras su condición de liberados sindicales dice muy poco de su valor personal y de su compromiso con la Sanidad Pública a la que dicen defender, porque por muy sindicalista que seas amigo mío, obras son amores y no buenas razones. El confinamiento molesta a mucha gente, sin embargo los liberados sindicales le profesan un cariño sorprendente.

Hay que tener más vergüenza y menos jindama. Un inciso, me parece injusto que cuando nos referimos a UGT y CC.OO, hablemos de los sindicatos, porque hay muchas más organizaciones sindicales, por ejemplo el CSIF que desde el primer momento ofreció a sus liberados para que apoyaran al resto de sanitarios que peleaban contra el COVID-19.  

Los sindicatos deben hacer urgentemente un profundo examen de conciencia, llevan dos crisis columpiándose una cosa mala. En la crisis del 2008, ni los sindicatos ni ninguna organización de izquierdas abrieron un solo comedor social. Lo de dar de comer al hambriento se lo dejaron a las monjitas, a Cáritas y a otras organizaciones de la Iglesia, que fueron los que dieron de comer durante años a los ciudadanos que habían mandado al paro los socialistas. 

Para más INRI cuando un trabajador iba al paro, si el sindicato le arreglaba los papeles, le cobraba la gestión en dinero contante y sonante, lo mismo sucedía con los ERES, la organización sindical arreglaba la documentación y les cobraba a los trabajadores. Más tarde nos enteramos de que además aprovecharon para incluir en la lista, para que cobraran las indemnizaciones y el paro, a familiares, amigos y correligionarios y de paso distrajeron un dinero, que era de los parados, en lo que ustedes saben...

Ahora su papel, si es que han tenido alguno, en la lucha contra la epidemia, lo protagonizan sus liberados sindicales que han chaqueteado de mala manera, han decidido que mejor un cobarde vivo, que un valiente enfermo o muerto y se han quedado en casa, que con las cosas de comer no se juega. Y estas conductas nos llevan a dos reflexiones y ninguna de las dos buena para los sindicatos.

En primer lugar la figura del liberado sindical, esos entregadísimos individuos que están exentos de ir a trabajar para emplear la jornada laboral en tareas sindicales y que cobran de sus respectivas empresas. Me pregunto y conmigo muchas personas, por qué las empresas públicas y privadas tienen que pagar el sueldo a quién trabaja para un sindicato, porque lo de representar a los trabajadores es un cuento que ya no se lo traga nadie. 

Si el sindicato decide liberar a trabajadores, que les pague de su dinero, porque al final el sueldo del liberado lo pagamos nosotros. Si el menda trabaja, es una manera de hablar, en la Sanidad Pública, su sueldo sale de nuestros impuestos y si dice que trabaja en una empresa privada, el empresario suma su sueldo a los costes de producción y lo repercute en el precio del producto, que usted paga con el sobreprecio añadido, a la salud de los sindicalistas.

Si tan importante es la figura del liberado y los sindicatos no están dispuestos a prescindir de lujosos despachos, coches de la "empresa", VISAS, comilonas y viajes a todo tren para financiarlos, que hablen con el gobierno y que éste les coloque una casilla como la que tiene la Iglesia en la declaración del IRPF y así los que crean en la figura que paguen voluntariamente su coste.

La figura del liberado está ya de más, muchísimos trabajadores conocen de su perfecta inutilidad en la defensa de sus derechos. Esa gente son los únicos que trabajan durante las huelgas, porque una de sus misiones es la de conformar los antidemocráticos piquetes de información, que tienen por misión evitar que trabaje el que quiera hacerlo. Viven sin trabajar o trabajando para el sindicato, los utilizan como rompehuelgas y matoncillos y el sueldo se lo pagamos todos los ciudadanos; creo que ha llegado el momento en que nos neguemos a mantener esa gente que, cuando hacen falta, se esconden bajo la mesa camilla de su domicilio, porque no quieren arriesgar lo que otros sí arriesgan.

La segunda pregunta es que para qué queremos unos sindicatos como los que sufrimos, herederos del sindicalismo vertical de la Dictadura, que han ido creciendo gracias a nuestro dinero y a los que nuestra paciencia les ha permitido corromperse y que les salga gratis, ahí está lo de los ERES andaluces para demostrarlo.

¿Qué los sindicatos son necesarios?, los que aquí tenemos me parece que no. Que hay sindicalistas honrados, haberlos haylos. En el Servicio Madrileño de Salud, un tercio de ellos, a la hora de la verdad, han dado un paso al frente, pero estarán de acuerdo conmigo que un 33% es una cifra más bien pobre y en la Consejería de Políticas Sociales de Madrid tuvieron peor suerte, sólo el 6,2% de lo liberados se incorporaron a su puesto de trabajo.

De todas maneras los sindicalistas honrados que no se enfaden conmigo, que lo hagan con la cúpula de su sindicato y con los vividores que arrastran por el barro el buen nombre de los verdaderos sindicalistas. Los que están acabando con las organizaciones sindicales no somos los críticos, de eso se han ocupado sobradamente los dirigentes sindicales y sus liberados.

Creo en el sindicalismo, pero me repugnan estos sindicatos corruptos e ineficaces que sufrimos.










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