sábado, 11 de abril de 2020

Tres mentirosos y un tonto muy tonto



Ha pasado un mes desde el día en el que me quejaba en este mismo blog, que en España el gobierno estaba esquivando su responsabilidad en la lucha contra el coronavirus. Denunciaba que Pedro Sánchez se encontraba desaparecido y que le había colocado el marrón a Salvador Illa, éste había hecho lo propio y había descargado su responsabilidad sobre las CC.AA. Si todo salía bien, Pedro Sánchez tornaría victorioso y Salvador Illa se colocaría las medallas correspondientes y si salía mal, las culpables serían las CC.AA.

Pero no ha sido así, el gobierno y sus expertos se han mostrado incapaces de controlar la epidemia, la opinión pública está siendo menos receptiva a los mensajes de la agitación y propaganda socialista. Pedro Sánchez y su ejecutivo están muy nerviosos, porque perciben que están empezando a perder la batalla en las redes sociales. Para más INRI, a las críticas de los ciudadanos y algunos medios nacionales, hay que sumar la avalancha de opiniones negativas de la prensa extranjera que acusan a Pedro Sánchez de imprevisión y de ignorar las advertencias de la OMS. 

De inmediato Ferraz se ha puesto en marcha. Pretenden impedir que las opiniones negativas vayan a más y para poner coto a las críticas intentan amordazar a la opinión pública a través de amenazas y paralelamente han establecido una estrategia de comunicación. Había que hacer llegar a la opinión pública el convencimiento de que el gobierno social comunista había actuado de manera impecable a pesar de la deslealtad de la oposición y señalar a los culpables de la expansión descontrolada de la epidemia, para finalmente llevar a cabo una labor pedagógica que blanqueara la acción del ejecutivo ante la prensa internacional.

Pedro Sánchez se ocupó en el Congreso de sostener que su gobierno había actuado extraordinariamente bien. Afirmó falsamente que "España fue el primer país en tomar medidas de confinamiento en todo Occidente", se olvidó, porque le convenía, de Italia. Ante el pasmo de los que le escuchamos manifestó que "Toda Europa llegó tarde, pero España actuó antes", cuando más de media Europa nos critica con razón por la tardanza del gobierno en aplicar las medidas convenientes;  se vino arriba y afirmó que "España es uno de los países con mayor número de pruebas por habitante", sabemos lo que ha sucedido con los test, que primero no había, luego llegaron tarde y mal y al final no servían. Se acordó de la Organización Mundial de la Salud e impertérrito afirmó que "El gobierno de España ha seguido siempre y volverá a seguir siempre los mandatos de la OMS" y presumió de que "España es el país que facilita más información" cuando lo cierto es que ha sido precisa la rebelión de los medios para terminar con aquellas ruedas de prensa en las que Pedro ¡leía! las respuestas a las preguntas que se le hacían y si eso no fuera suficiente ahí tienen al ministro de Sanidad, Salvador Illa, que se niega a identificar al "intermediario de confianza" que trajo los 640.000 test que no funcionaron y cuando le preguntan afirma “No hay ocultación de ningún tipo sobre la empresa a la que compramos los test, pero no vamos a dar el proveedor”. Podría seguir porque las falsedades y las manipulaciones trufaron el discurso del presidente, pero creo que sobra con las que he recogido.

 Pedro Sánchez hizo su trabajo, leyó el guion que le habían escrito sus asesores y supongo que espera que la reiteración de las falsedades en las redes y en los medios de comunicación, convenientemente engrasados con nuestro dinero, terminen por convertirlas en verdades ante la opinión pública.

Pero había que buscar culpables, de eso se ocupó en primer lugar Adriana Lastra que protagonizó una intervención incendiaria en el Congreso en la que acusó al PP de poner palos en las ruedas del gobierno, una intervención gruesa de la que Pablo Casado comentó que no les había insultado más, porque no había tenido más tiempo. 

Terminada la sesión del Congreso, saltó a la arena el hombre de confianza de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, que rompió con aquello de la exquisita y ejemplar colaboración con las CC.AA que predicaba Sánchez a las que, por cierto, felicitaba hace bien pocos días por su extraordinaria labor, para declarar que las culpables del caos sanitario son las Comunidades Autónomas, supongo que naturalmente estaría pensando en las gobernadas por el PP.

La ministra de Asuntos Exteriores dedicada al blanqueo de la acción gubernamental, declaraba a un medio extranjero, que en España seguimos el modelo surcoreano en la lucha contra la epidemia, un modelo que como todo el mundo sabe, ha dado muy buenos resultados pero que desgraciadamente nada tiene que ver con lo que ha hecho en España el gobierno de Pedro Sánchez.

Así que ya saben cómo están las cosas según el PSOE, el gobierno ha actuado de manera impecable, mejor que el resto de los gobiernos europeos, ha implementado un modelo de éxito reconocido a nivel internacional y todo eso lo ha hecho a pesar de que el PP no le ha ayudado y si desgraciadamente existe un caos sanitario es porque lo han creado las CC.AA.

Habrá quien me diga que son opiniones y por tanto respetables, lo que no es cierto, toda vez que lo respetable es el derecho a opinar. Pero si opinamos, hagámoslo todos, creo que el gobierno ha demostrado su incapacidad para hacer frente a la epidemia y ahora está intentando desesperadamente maquillar la realidad y evadir su responsabilidad. 

Las opiniones son discutibles, los datos y los hechos no lo son, hablemos pues de hechos. Un hecho es básicamente una afirmación comprobable, creo que la definición nos puede valer a todos. 

España conforme a las cifras del día 6 del presente mes, es el país del mundo que tiene la tasa más elevada de fallecidos por millón de habitantes. En España tenemos 265 fallecidos por cada millón de habitantes. Esto es un hecho, no admite discusión y es una afirmación comprobable, porque la tasa no la fija nuestro gobierno.

Ya no se trata de si llegamos los primeros o los últimos, si nuestros sanitarios estaban convenientemente equipados para luchar contra el virus o no, si los test han llegado o llegarán, si tenemos la tasa más elevada del mundo de personal sanitario infectado o no, si lo del 8M fue una imprudencia temeraria con causa de muerte o por el contrario fue una decisión legítima del gobierno.

Tenemos la tasa más elevada de muertos por millón de habitantes y ante este dato no hay opiniones que valgan, ni cortinas de humo intentando endosar la responsabilidad a quién no la tiene. Que me explique el gobierno cómo puede ser que haciéndolo tan bien, aplicando las medidas oportunas antes que nadie, siguiendo las indicaciones de la OMS al pie de la letra, hayan obtenido un resultado tan desastroso.

Y puestos a preguntar, que explique el ministro del Interior Fernando Grande Marlaska - ese ministro que todavía no ha tenido tiempo para dar el pésame a la Guardia Civil ni a la Policía Nacional por los fallecidos que han tenido en la lucha contra la epidemia - si sostiene todavía que este gobierno no tiene nada de lo que arrepentirse. Con la tasa de fallecidos por millón de habitantes más alta del planeta ¿no tienen ustedes nada de lo que arrepentirse? Me parece una afirmación miserable que descalifica al ministro para el servicio público.

Si los social comunistas del gobierno no tienen nada de qué arrepentirse, será que los más de 16.000 ciudadanos muertos no les preocupan lo más mínimo. Ante estos datos sólo cabe pensar que son unos canallas o unos incapaces. 

Aunque a lo peor puedan ser las dos cosas a la vez.













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