lunes, 25 de mayo de 2020

Pedro Sánchez ante el dilema que le plantea Pablo Iglesias


Si por casualidad prefieren ustedes escuchar el texto del post de hoy en lugar de leerlo, lo pueden hacer en el enlace que pongo a su disposición. Ya me dirán lo que les parece y les ruego que perdonen los errores.


Hace tiempo que el plan de gobierno que pretendía aplicar Pedro Sánchez a la presente legislatura, saltó por los aires a cuenta de la pandemia y a su falta de capacidad para hacer frente tanto a la crisis sanitaria como a la económica.

Como la cigarra de la fábula, El PSOE mientras gobernaba en funciones se dedicó a malgastar miles de millones de euros en aquellos “viernes sociales” con los que nutrió su campaña electoral y endeudó más si cabe a la hacienda española y ahora cuando ha hecho falta aumentar el gasto, se han visto obligados a  liquidar la poca capacidad de endeudamiento que les quedaba, aunque siguen permitiéndose gastos injustificables como los 15 millones con los que engrasaron voluntades en las televisiones o los cien millones gastados en subvenciones en la lucha contra la violencia de género. 

Quedaron atrás aquellas afirmaciones de que a Podemos se le habían dado unos ministerios sin peso específico y que la presencia en el Consejo de Ministros de Pablo Iglesias y los suyos iba a ser puramente testimonial. Porque Pablo Iglesias sí tenía un plan desde el principio, personalmente creo que como poco tendría tres y ha aprovechado el hundimiento de Pedro Sánchez que se ha quedado paralizado y se ha dejado imponer uno a uno los puntos más importantes del programa electoral de Unidas Podemos. 

Pedro Sánchez - sin un apoyo firme en el Parlamento, habiendo gastado casi todos los cartuchos que tenía en la compra de votos para la Moción de Censura y la sesión de Investidura, sin capacidad para crear consensos, cerrada a cal y canto cualquier posibilidad de entendimiento con el Partido Popular - responde a los problemas con ocurrencias y tiene que aceptar las exigencias de Pablo Iglesias. 

Ahora se ha metido en un lío muy difícil de justificar con el pacto con Bildu, pacto que prepararon los filo etarras y los podemitas y que ya estaba escrito unos días antes de la sesión plenaria tras la que se comunicó su existencia. Pactar con los herederos de ETA, es lo mismo que pactar con la propia banda asesina. Por mucho blanqueo político y mediático que se les aplique, son los mismos perros con distintos collares y Pablo Iglesias, que aprovechó muy bien aquellas visitas a Oriol Junqueras tiene un plan, que si tiene éxito le va a permitir gobernar en un tripartito con los de Bildu en el País Vasco y en Cataluña con ERC. 

El único obstáculo que podría preocupar a Pedro Sánchez sería el PNV, pero no hay nada insalvable con los nacionalistas vascos, mientras haya dinero con el que tapar bocas. Así que para el mes de julio veremos qué pasa en las elecciones y si la aritmética de los escaños lo permite gobernarán PSOE, UP y Bildu y si no se pudiera, el PNV pactaría con el PSOE, porque otra no le quedaría, así que por ahí pocos problemas. El único problema real lo podría presentar el propio PSOE en el que hay mucha gente que no acepta bajo ningún concepto ese pacto vergonzoso con los herederos de los etarras.


Pedro Sánchez emprendió - desde que empezó a comprender que no iba a ser capaz de solucionar la expansión de la epidemia y mucho menos, encarar con garantía de éxito, la quiebra económica producida por el confinamiento - una huida hacia delante, empujado por su propio fracaso y por los apoyos interesados de Pablo Iglesias, al que le conviene muchísimo que Sánchez pierda credibilidad y con esa pérdida, capacidad para encontrar socios que lo apoyen.

El núcleo socialista del gobierno ha permitido que Iglesias impusiera las soluciones que llevaba en su programa electoral, cuestiones como las ayudas a los alquileres, la ley de libertad sexual, el impuesto a las rentas altas, la declaración del estado de alarma, el ingreso mínimo vital o, lo más reciente, la derogación íntegra de la reforma laboral pactada con Bildu, son propuestas podemitas de las que sacarán un buen rédito electoral.

Pedro Sánchez y los ministros socialistas tienen muy presente que en cuanto llegue el momento de tener que solicitar el rescate europeo, a los podemitas les va a faltar tiempo para abandonar el barco, dejando a los del PSOE soportar la carga de los recortes que van a ser brutales. 

En ese momento no creo que Sánchez sea capaz de buscar apoyos por su izquierda, sobre todo porque la CE le va a controlar al céntimo y no le va a permitir más cabriolas circenses, así que se va a ver muy exigido a la hora de aplicar esa geometría variable de la que tanto presume, supongo que llegado ese momento volveremos a escuchar sus llamamientos al sentido de Estado del Partido Popular, al que ha despreciado, cuando no injuriado, mientras ha podido.

Pero si llega el rescate europeo en plan duro, no creo que le quede otro remedio que disolver Cortes y convocar elecciones, confiando en el poder mediático que posee el PSOE y en su habilidad en la agitación y propaganda para evitar, no una derrota, que creo que de esa no le libra nadie, sino para impedir que Unidas Podemos le dé ese sorpasso que parecía tan lejano al principio de la legislatura.

Pero mientras eso llega o no, Sánchez sigue ganando tiempo y ahí está la cortina de humo que lanzó el pasado sábado con el anuncio de que vuelve la Liga, llega el turismo, se acercan las vacaciones y se va a pagar la Renta Mínima Vital. Hay cosas que nunca pasan de moda y supongo que Iván Redondo le habrá explicado la eficacia del viejo truco del panem et circenses y eso es lo que ha hecho Sánchez con Messi y compañía, que viene a ser lo mismo que anunciar una lucha entre mirmillones y tracios en la antigua Roma.

Mientras gana tiempo y Redondo busca un milagro, Sánchez observa de cerca a Pablo Iglesias que le plantea un dilema de muy difícil solución, tiene que apoyarse en la persona que le va a abandonar en cuanto crea que ha llegado el momento oportuno y haya conseguido el máximo trabajo de zapa contra el núcleo socialista del gobierno.

No es que esté ante un dilema, es que se encuentra entre la espada y la pared.

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