martes, 5 de mayo de 2020

Pedro Sánchez entre el chantaje y el contrato de adhesión




El otro día, estaba viendo un capítulo de The Last Kingdom una serie que me gusta y en una escena Eduardo, rey de Wessex, le plantaba cara a unos nobles de Mercia que se le estaban poniendo flamencos, afirmando que él era un rey ungido por Dios y su voluntad por tanto era sagrada y fue soltarles lo de la unción y a los mercios les faltó tiempo para achantar. De inmediato se me vino a la cabeza la figura de Pedro Sánchez, estoy convencido que piensa más o menos lo mismo que el rey, como es socialista, no se creerá ungido por Dios, pero seguro que pensará que el Destino lo ha consagrado para mandar en España y nadie puede oponerse a sus designios.

Pedro Sánchez se comporta con una agresividad y desprecio hacia la oposición como si fuera un presidente con mayoría absoluta. Ahora está que echa las muelas porque Pablo Casado ha puesto pie en pared y ha dicho que no va a apoyar otra prórroga del Estado de Alarma, lo que se veía venir porque resultaba hasta indignante que Sánchez no se dignara llamar por teléfono a Casado para explicarle lo que iba a hacer y solicitar su apoyo. Por el contrario, la gente del PSOE se ha hartado de insultar a Pablo Casado, al Partido Popular y para qué hablamos de lo que le han hecho y dicho a Díaz Ayuso.

Supongo que el narciso socialista estaba convencido de tener agarrado por dónde más duele al líder popular, para ello utilizaba el argumento de que Casado no tenía sentido de Estado, no apoyaba al gobierno en la lucha contra el virus, no era leal y hacía política con los muertos. Daba igual que los hechos demostraran exactamente lo contrario de lo que los socialistas decían, porque Casado ha apoyado en el Congreso a Pedro Sánchez más de lo que lo han hecho algunos de los socios del presidente.

El problema que sufre Pedro Sánchez nace porque desde el primer momento se vio desbordado por la pandemia y el único argumento que utilizó para defenderse fue el de atacar a la oposición, bueno realmente atacar al Partido Popular que es al que teme. Un argumento a todas luces falaz, pero que bien maquillado por la agitación y propaganda conseguía crear una idea aceptable para la mayoría de los seguidores del gobierno social comunista, que no destacan precisamente por su capacidad de análisis. Estaba claro, las cosas iban mal, no porque el gobierno no diera ni una, sino porque Pablo Casado ponía palos en las ruedas de los proyectos del gobierno y era incapaz de apoyarlo o, en su defecto, presentar alternativas mejores que las de Sánchez.

Ahora en cuanto le han visto las orejitas al lobo y no será porque Casado no les hubiera advertido, andan llorando por las televisiones explicando que o se mantiene el Estado de Alarma o se acaba el mundo. Y no se cortan ni un pelo explicando que no tienen plan B que aplicar. Es hasta ridículo que un gobierno de una nación europea, moderna, democrática y moderadamente culta diga que, ante un asunto de la gravedad de la epidemia, no tiene plan B, a eso se le conoce como incapacidad en estado puro.

Ya están cargando sobre la conciencia de Pablo Casado los presuntos muertos que dicen van a producirse, aunque el popular esté en la oposición. Lo lógico sería que Pedro Sánchez buscara los votos que le hacen falta en los escaños de sus socios de la Moción de Censura y los de la Investidura y si no los consigue, él sabrá lo que tiene que hacer, porque resulta un poco raro que ERC se niegue a apoyar al gobierno y la culpa de lo que vaya a suceder la tenga el PP.

Apoyar otra prórroga del Estado de Alarma, cuyos límites legales no ha respetado el gobierno social comunista, que ha aprovechado la pandemia para colar una serie de medidas que bordean la legalidad y otras que nada más se pueden tomar en un Estado de Excepción, desde mi punto de vista estaría más cerca de la complicidad que de ese sentido de Estado tan cacareado.

Por otra parte el Estado de Alarma y la desescalada no van unidos indisolublemente, el gobierno puede seguir controlando los movimientos de la ciudadanía, no quieren hacerlo porque perderían los poderes especiales y estarían sometidos a los controles que dispone la ley. No quieren acuerdos, consensos o pactos lo que exigen es sumisión y un cheque en blanco. Pedro Sánchez es un chantajista de primera, está demostrado, ahí queda la afirmación sanchista de que si no hay prórroga no habrá dinero para los ERTES, a pesar que ese dinero nada tiene que ver con el Estado de Alarma.

Sánchez ignora que el contrato de adhesión que es aquél cuyas cláusulas las redacta una de las partes sin la intervención de la otra, cuya libertad queda limitada a manifestar o no la aceptación de las estipulaciones y a adherirse o no al contrato, es una figura legal que nada tiene que ver con los pactos o acuerdos políticos.

Ahí está Pedro Sánchez entre el chantaje y el contrato de adhesión, tiene que ser lo que él diga y si eso no sucede rompe la baraja, porque resulta que a estas alturas no tiene Plan B, afirmación que está entre lo esperpéntico y lo irrisorio. 

Dije hace ya tiempo que el gobierno no iba bien, en realidad no tenían Plan A; ellos mismos nos lo han explicado una y otra vez, el ejecutivo se ha limitado a seguir la opinión de los científicos, luego plan no tenían y ahora que parece que se les acaba el chollo del Estado de Alarma - ayer colaron veintitrés nuevos altos cargos en el gobierno, sin control alguno y  les permitió meter por la gatera a Pablo Iglesias en el CNI y otras arbitrariedades más que han aprovechado el Estado de Alarma para ir colando - ahora resulta que nos dice el inefable Ábalos, el que todavía nos debe una explicación veraz del oscuro asunto de Barajas, que o Casado traga o será el caos, lo que no es cierto porque la Ley General de Salud Pública o la Ley Orgánica de Medidas especiales en Materia de Salud Pública, les permitiría combatir al Covid- 19 durante la desescalada, eso sí, sin los poderes especiales que les confiere el Estado de Alarma y que tan mal han utilizado.

Ustedes recordarán cómo el PSOE criticaba a Rajoy por su incapacidad para alcanzar consensos, pues ahora que se midan con la misma vara que medían en su momento a Mariano Rajoy y al Partido Popular. Ahora les tocará negociar con Pablo Casado para que el miércoles los populares al menos se abstengan.

No se puede despreciar públicamente a Casado hace apenas unos días y ahora estar llorando en los platós por ver de conseguir su apoyo.

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