viernes, 12 de junio de 2020

Pedro Sánchez legítimo en origen, deslegitimado en el ejercicio de sus funciones

Los del "autogolpe"

Presumía el otro día Pedro Sánchez en el Congreso de la legitimidad de su gobierno, no creo que sea necesario recordar el refrán, pero ahí va. De nuevo lo ha hecho bueno Sánchez, dime de qué presumes y te diré de qué careces. Este gobierno es cierto que en su origen fue legítimo, pero en esto como en tantas otras cuestiones no se puede vivir de las rentas, lo que es legítimo en el origen puede deslegitimarse a lo largo del decurso del tiempo.

Y lo cierto es que este gobierno social comunista ha ido perdiendo a jirones la capa de legitimidad que le ofrecía su origen y está quedando ante todos como un gobierno que ha convertido a la mentira en su único procedimiento de comunicación. Han mentido todos o casi todos y lo han hecho con un cinismo abrumador, sin el menor empacho y con unas mentiras tan burdas que suenan como auténticos insultos a la inteligencia de los ciudadanos. Todos los ciudadanos debemos tener presente que no es legítimo mentir; que la falsedad, la demagogia y la mentira deslegitiman la acción de cualquier gobierno que mienta de manera constante como hace el nuestro.

Este gobierno, no se dedica a gobernar, antes bien está en la tarea que se fijó como objetivo preferente Podemos, es decir acabar con el “Régimen del 78”. Probablemente las cosas no irían como van ahora o el proceso hubiera sido más lento y por lo tanto menos perceptible, si no se hubiera producido la epidemia del coronavirus. En el plano estratégico la pandemia favoreció el plan que tenían Sánchez e Iglesias para acabar con nuestro régimen parlamentario y desde luego con la monarquía.  

El Covid-19 les puso las cosas a los social comunistas tal y como cuentan le colocaban las bolas de billar a Fernando VII, la posibilidad de proclamar un Estado de Alarma y los poderes especiales que otorga esa medida al gobierno les ha permitido meter una marcha más al proyecto y acelerar en la destrucción de nuestro régimen constitucional.

Dirán algunos de ustedes que soy un exagerado, pero no soy yo el que denuncia la situación, o al menos no estoy solo en esa denuncia, el otro día el ministro de Justicia y por lo tanto Notario Mayor del Reino,  declaró que "Es peligroso que este gobierno afirme que España está en una crisis constituyente porque ni se ha consultado a los españoles para ello, ni en el programa del PSOE figura semejante aberración" y si la advertencia la hace el ministro y lo dice, no en la barra de un bar, sino en el Congreso de los Diputados, será porque aunque muchos no se hayan dado cuenta o a lo peor hayan preferido ponerse de perfil, lo cierto es que la advertencia del ministro pone de manifiesto  que existe la voluntad de dar un golpe de Estado desde el propio gobierno, es decir un autogolpe.

De todas maneras tampoco hacía mucha falta la advertencia ministerial porque se veía venir de lejos. Este gobierno en apenas cuatro meses ha borrado de la faz de la tierra los consensos que permitieron el nacimiento de nuestra democracia, a través de la polarización de la sociedad ha vuelto a poner en marcha el guerra civilismo, ha atacado sin el menor empacho a la separación de poderes, desde el propio gobierno se ha animado a los ciudadanos a que se manifestaran contra la Monarquía, han liquidado la independencia de la Fiscalía General del Estado y la utilizan políticamente a su conveniencia. Están intentando quebrar la columna vertebral de la Guardia Civil, como primer paso antes de quitarle su naturaleza militar, han puesto en marcha una economía de supervivencia que obliga a los ciudadanos a depender del Estado, generan a través de sus declaraciones el odio ideológico y sobre todas las cosas, han procurado gobernar sin que el resto de los contrapoderes del Estado pudieran controlarlos.

Así que Pedro Sánchez podrá afirmar que llegó al poder de manera legítima, pero de ahí hacia delante de poca legitimidad puede presumir. La utilización del Estado de Alarma para cuestiones que nada tenían que ver con la pandemia, dejó las cosas muy claras y el empeño en mantenerlo contra viento y marea, no tiene otra explicación que la de la libertad con la que le permite actuar, ejerciendo torticeramente los poderes especiales que confiere ese estado excepcional al Gobierno. 

Se han cometido ilegalidades graves sin el menor empacho, los acuerdos del Consejo de Ministros han sido modificados en petit comité, sin que mediara otra intervención de ese órgano colegiado tal y como exige la ley. Los Reales Decretos a través de los que está legislando obligatoriamente deben ser firmados por SM el Rey, no pueden ser publicados en el BOE sin el respaldo de la firma real y el otro día la Casa Real se quejaba de que muchos de ellos no habían sido firmados por Felipe VI, porque ni siquiera se habían molestado en llevárselos para que los firmara.

Este gobierno presume de legitimidad como presume de transparencia, cerraron el Portal de Transparencia para que nadie pudiera controlar las compras de material sanitario, ojo más de mil millones de euros que no son cáscaras de lapa, como diría un canario. Si no sabemos cuántos son los muertos por el coronavirus es por un “exceso de transparencia”, hay que ser un cínico descomunal para proclamar a este gobierno como el más transparente y a la vez negarse a identificar a los presuntos “expertos” que firman los informes que permiten o no, pasar de fase en la desescalada a las Comunidades Autónomas o suministran coartadas “científicas” a las acciones del Gobierno.

De la misma manera que, para saber lo que se nos venía encima con la pandemia, nos hubiera bastado que a primeros de marzo nuestro gobierno hubiera echado un vistazo a Italia, para lo del autogolpe, que parece que es a lo que vamos, basta que cualquiera le dé un repaso a la historia reciente de Venezuela para percibir que seguimos el mismo camino que usó en su momento el Gorila Rojo, el mismo camino, los mismos procedimientos, las mismas mentiras, las mismas denuncias sobre inexistentes golpes de estado.

Pueden echar en saco roto esta advertencia, tildarla de exagerada o demasiado imaginativa, pero cuando llegue el llanto y el crujir de dientes, no se quejen.

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