martes, 7 de julio de 2020

La intolerancia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias a la verdad


Estamos viviendo un fenómeno peligrosísimo, nuestro destino está en manos de un gobierno que es incapaz de aceptar la menor crítica y que sufren de una grave intolerancia a la verdad. Pedro Sánchez y sus cuates han decidido que no pueden permitirse la menor disensión, la existencia de la menor crítica parece que pone en peligro su continuidad en La Moncloa, tienen tantas cosas que tapar, tantas mentiras que inventar, que viven permanentemente en una situación de alarma absoluta.

Nada que se separe lo más mínimo del monolítico discurso sanchista, resulta aceptable. Por no aceptar, no son capaces de aceptar la labor de la oposición, no aceptan la independencia del Poder Judicial y le están metiendo mano a lo poco que queda de prensa independiente en este país. Están dispuestos a llegar hasta donde haga falta para que nadie ose alzar su voz para expresar una opinión que no coincida con la suya, son totalitarios en estado puro.

Empecemos por el final, no creo que haya habido ningún gobierno en la historia de España, salvando los de Francisco Franco, que haya tenido más apoyo mediático que el presente, de eso se han ocupado de una manera muy eficaz, porque cuando les conviene saben serlo. Los medios de comunicación han claudicado en su mayoría ante el dinero público que llega generoso a sus cuentas siempre y cuando no se aparten ni un milímetro de la versión oficial que les llega a diario desde La Moncloa. Esa era la teoría que testó Tezanos en su momento, había que convertir la versión oficial en la verdad única, supongo que recordarán la pregunta de la encuesta que originó en aquel momento cierto escándalo.

Pero por lo visto no es suficiente, parecería lógico que lo fuera, al fin y al cabo quedan muy pocos periodistas independientes en este país y mucho menos, medios que mantengan una línea editorial basada en la veracidad, a pesar de eso ha bastado que se alzaran algunas voces, pocas, para comentar la obscena historia de esa tarjeta de teléfono móvil que estaba en poder de Pablo Iglesias, aunque no era su propietario y que guardó mientras organizaba una causa general contra las “cloacas del estado” al objeto de sacar rédito electoral, para que Pablo Iglesias furibundo advirtiera que estaba dispuesto a llevar a esos periodistas – cuatro y el cabo – al Congreso de los Diputados para machacarlos en una comisión de investigación.

No es que me extrañe, estoy convencido que lo de la libertad de prensa es algo que no han aceptado jamás los social comunistas, nuestra historia reciente está trufada de hechos que así lo demuestran, pero de ahí a amenazar públicamente a los que en el ejercicio de su profesión, opinan distinto a ellos va un trecho muy grande. 

No se atreverán a llevarlos ante la Comisión vistiendo corozas y capirotes para que abjuren de sus pecados de lesa libertad de prensa y muestren su arrepentimiento, como les gustaría a los zurdos y también al resto de plumíferos vendidos al oro social comunista, porque de hacerlo la Unión Europea iba a intervenir sancionando a nuestro Gobierno y dependen de la buena voluntad de Bruselas para remediar la crisis económica que han creado, pero la amenaza está lanzada.

Qué decir de la incomodidad que les producen los mecanismos constitucionales que garantizan el equilibrio de poderes, han humillado en numerosas ocasiones al Poder Judicial aprovechando el Estado de Alarma y no han dudado en machacar a aquellos magistrados que osaron admitir a trámite una denuncia. Los magistrados independientes han sido acusados en los medios de comunicación y en las redes sociales de intentar derrocar al gobierno en contubernio con la Guardia Civil y la oposición. Lo de la Fiscalía General es un escándalo mayúsculo, un disparate imposible de concebir en un estado de derecho como el nuestro y supone una impudicia que nos va a marcar durante muchísimo tiempo.

Advirtieron pública y falazmente que la oposición estaba intentando dar un golpe de Estado, recortaron todo lo que pudieron el control que debe ejercer el Legislativo sobre el Ejecutivo aprovechando el Estado de Alarma y con la connivencia de Meritxell Batet - presidenta del Congreso de los Diputados - evitaron en muchísimas ocasiones ese control. Aprovecharon la pandemia y el Estado de Alarma para gobernar a decretazos sobre asuntos que nada tenían que ver con la lucha contra el virus; ahí están por ejemplo las reformas de Educación que coló por la gatera la inefable Celaá.

Bastó que una magistrada imputara al delegado del Gobierno en Madrid, para que el Gobierno intentara que la Policía Judicial de la Guardia Civil les pasara los informes a los que sólo tenía derecho a acceder la propia Magistrada. La injerencia del Ejecutivo supuso un ataque en toda regla a la independencia judicial. Como la cosa se estaba poniendo tensa Grande-Marlaska tomó por la calle de en medio y llevó a cabo una purga brutal en la cúpula de la Guardia Civil a la que dejó tiritando en apenas unos días.

Si hablamos de purgas ahí está Rosa María Mateo, administradora única de TVE, que lleva desde el año 2018 en el cargo, eso sí con carácter provisional, que ha cortado cabezas en la televisión pública hasta decir basta y que se ha cargado a profesionales porque usaban corbata, por poner un ejemplo. Mateo ha “ideologizado” a su conveniencia y a la del gobierno la televisión que debiera ser de todos.

Han implementado sistemas de control para los que disentimos, lo dijo un general de la Guardia Civil en una rueda de prensa. El ministro del Interior ha amenazado en repetidas ocasiones a los disidentes, advirtiendo de que aquellos que se opusieran activamente o sostuvieran opiniones que no gustaran al gobierno, podrían tener problemas serios. Se multa por llevar la bandera de España por la calle, se cierran vías públicas de manera permanente para que Iglesias y señora no reciban aquel jarabe democrático que tan bueno era cuando lo administraban ellos.

Así que tomen nota los toletes que están de acuerdo con este gobierno y que todavía creen que todas esas ideas y acciones liberticidas, protegen su libertad y que no saben que cuando llegue el momento, cuando en otoño la cuestión económica empeore y muchas más familias tengan que acudir a las colas del hambre para poder dar de comer a su familia y en ese triste momento quieran expresar su descontento, les van a acusar de antipatriotas, de crispar la situación  y de ser unos puñeteros fachas y entonces será cuando verán las cosas mucho más claras, pero entonces amigos míos, será tarde, muy tarde... 

Como nos descuidemos, en ese momento no habrá más verdad que la que predique el Gobierno.

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