viernes, 4 de septiembre de 2020

El gobierno social comunista nos miente. Los datos lo demuestran.


Asusta la capacidad del gobierno social comunista para manipular la realidad. Un problema que sufrimos los españoles, pero que si sucede, es porque Pedro Sánchez y sus cuates conocen la fragilidad de la memoria de la opinión pública española. Aquí tenemos al narciso socialista, de vuelta de unas vacaciones fastuosas, con un moreno envidiable, que se lía a contarnos historias y parece que en este país no haya sucedido nada.

¿Hay alguien que se acuerde de los más de 50.000 muertos que hemos sufrido? No quiero ofender a los que hayan perdido un ser querido a cuenta del Covid-19; pero si he de ser sincero, creo que gran parte de la ciudadanía prefiere conscientemente obviar el asunto. No sé cuándo perdimos la fibra moral que de siempre caracterizaba a nuestra gente, pero nuestra sociedad padece un déficit ético, difícil de aceptar.

Muy mal el gobierno, pero mucho peor los ciudadanos, que en una cifra muy importante, se han puesto de perfil y han permitido que los social comunistas todavía no hayan informado al país de la cifra real de muertes. Y habrá quien diga: Es que la gente tiene muchos problemas y claro… ¿Tienen muchos problemas? Pues a base de enterrar la cabeza en la arena, están consiguiendo que la epidemia campe otra vez por el territorio nacional con una fuerza que advierte clarísimamente que esto se va a poner muy mal, y todos seguimos encantados de habernos conocido; de nada vale que se denuncie que las cifras que dan los portavoces oficiales suponen sólo el 50% de las cifras reales.

Nos contaron que se nos venía encima una crisis económica, pero que podíamos estar tranquilos porque la crisis sería profunda, pero corta en el tiempo y la recuperación se produciría rápidamente. Eso nos lo cuentan los mismos socialistas, que nos metieron en la crisis del 2008, cuyas consecuencias no habíamos terminado de solucionar en el 2020, y que hoy proclaman su satisfacción por los números del paro.

Agosto ha sido siempre un mal mes para el paro. Es el mes en el que terminan los contratos firmados para la temporada veraniega, por lo tanto el número de compatriotas que iban al paro era muy importante. En este mes de agosto, resulta que la cifra es la menor de la serie histórica y el gobierno presume de ello, nos cuentan que es la mejor cifra de esa serie. 

Lo que no explican es que en este verano las contrataciones han brillado por su ausencia y es por eso, por lo que tan pocos ciudadanos han terminado en el paro. No se les contrató en junio y por lo tanto no podían perder su empleo a la finalización de la temporada turística.

¿Fácil de entender?, creo que sí, el único que parece no entenderlo es el gobierno social comunista. Voy a aprovechar la ocasión, recordando que fue Lenin aquél que dijo que solo los necios discuten los hechos, poniendo a su disposición un dato que no admite discusión y que pone los pelos de punta. Sufrimos 3.802.814 desempleados, el nivel de paro más alto, en un mes de agosto, desde 2015, ya estamos muy cerca de los 4.000.000 de parados, pero de esa cifra ningún miembro de ese gobierno se va a acordar.

Y mucho menos nos recordarán, que en estos momentos, tenemos 812.438 ciudadanos, incluidos en un ERTE, personas que están en casa sin trabajar cobrando una prestación pública, pero que no se computan como parados. Aunque todo el mundo sepa que, en cuanto se acabe el dinero para mantenerlos en esa situación, la mayoría va a ir al paro de cabeza.

Pero como parece que lo del paro ha hecho callo en la sensibilidad de los españoles,  parece que nos hemos acostumbrado a la existencia de un problema que, al final, acabará con nuestra sociedad, vamos a ver otras cifras extremadamente clarificadoras, que nos van a decir cómo ven nuestra actual situación los inversores extranjeros. 

La fuga de capitales en España se acelera con el coronavirus y su gestión, alcanza la escalofriante cifra de 49.000 millones de euros que hemos perdido en el primer semestre del presente año. Aquí, no hay cuestiones políticas o ideológicas, sufrimos el abandono masivo de los inversionistas extranjeros porque, aunque se pretenda ignorar el dato, todas las estadísticas oficiales o independientes, sitúan a España como el país con peor gestión sanitaria y económica de Europa.

Eso no lo digo yo, que como estoy absolutamente en contra de este gobierno atroz, que no es capaz de alcanzar acuerdos ni siquiera en el propio Consejo de Ministros, soy un facha. Lo dice la prensa internacional, las universidades europeas más prestigiosas, lo dice la UE y lo dice sobre todo el dinero, que ya había empezado a huir de nosotros como si fuéramos apestados, pero que tras la exhibición de incapacidad manifiesta de Pedro Sánchez y sus veintitrés ministros, ha decidido evitar riesgos y buscar zonas más tranquilas.

Debiéramos tener muy claro, que aquello de que había que escoger entre la salud y la economía, fue otra de las innumerables mentiras que utilizaron desde La Moncloa para ocultar su inepcia. La mala gestión de la epidemia, y el obligado confinamiento del que tanto presume Sánchez, fue lo que acabó con nuestras esperanzas en el terreno de lo económico, basta mirar al resto de Europa para que no haya ninguna duda al respecto.

Nadia Calviño se atreve a hablar de recuperación. No se acuerda que en mayo, la mala gestión sanitaria y económica había terminado con 90.000 empresas, una carnicería que ha seguido creciendo, y junto al panorama laboral que he descrito, se olvida de mencionar el pánico que sufren los inversionistas ante nuestra realidad. Ítem más, calla otro dato, de los que ponen la piel de gallina: En el mes de junio nos habíamos gastado, entre los ERTES y los despidos, más de los 21.300 millones que Europa nos va a prestar para ayudarnos a pagar el desempleo.

¿Presupuestos, unidad, colaboración? ¿Para qué? No son capaces de resolver los problemas que nos han creado. Aprovechando nuestra inacción, los social comunistas nos  llevan al desastre. Conviene tenerlo presente, porque entonces ya no habrá solución y será el tiempo del llanto y crujir de dientes.



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