No vayan a pensar que con esto que escribo vaya a hacer bueno eso tan español de “A moro muerto, gran lanzada”, miserable deporte al que seguro que hoy se van a dedicar con delectación de necrófagos, tantos y tantos que a este oficio de escribir se dedican. Soria ha dimitido y lo que me apena es que no lo hiciera antes, cuando tuvo ocasión para retirarse del escenario político, sin merma de su honra y sin perjudicar de mala manera al partido que lo ha sostenido siempre, a pesar... de todos los pesares. Personalmente mi particular lanzada se la asesté, cuando Soria se encontraba bien vivo y en el cénit de su particular esplendor y poder. Fue cuando aquellos turbios asuntos de la pesca del salmón, “subvencionada” por la generosa invitación de un empresario dueño de unos apartamentos de lujo en el sur de Gran Canaria, en los que veraneaba nuestro dimisionario, pagando por ello un precio sorprendente, no sé yo si pagaría el favor de otra manera aunque pueda suponerlo, que si es...
Cajón de sastre en el quiero guardar mis comentarios sobre novela negra, gastronomía, mis libros, la actualidad política y vaya uno a saber.