lunes, 30 de noviembre de 2020

Si hablamos de novela negra sueca, hablemos de Maj Sjöwall y Per Wahlöö

 
Maj Sjöwall y Per Wahlöö

Lo repito con frecuencia y volveré a hacerlo, vaya por delante la afirmación de que no soy un experto en novela negra, simplemente soy un aficionado al género y desde esa perspectiva es desde la que me atrevo a comentar para ustedes algunas cosas que se me ocurren sobre este apasionante tema. Ya saben los que tienen la paciencia de seguirme que estoy en la tesitura de publicar una novela negra y es a cuenta de esa posibilidad que comencé a escribir en este blog una serie de entradas sobre el género negro.

Hace un par de días publicaba un comentario sobre Henning Mankell, un auténtico maestro de la novela negra nórdica en general y de la sueca en particular, pero si tenemos que hablar de novela negra sueca, obligatoriamente deberemos hablar de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, una pareja de escritores suecos, que formaron pareja sentimental, dueños de una mágica capacidad para escribir sus obras a cuatro manos, que en el año 1965  comenzaron a publicar una serie de diez novelas que los harían famosos.

Desde mi modesto punto de vista Maj Sjöwall y Per Wahlöö, fueron los auténticos pioneros del relato negro en Suecia, por eso son importantes y por la calidad literaria de los diez relatos que escribieron al alimón, uno por año, hasta que la temprana muerte de Per rompió ese fantástico equipo de trabajo. Por otro lado fueron los padres literarios de un personaje, el inspector Martín Beck, que fue el protagonista de sus historias, al que tuvieron la habilidad de acompañar con una serie de personajes secundarios que colaboraron a enriquecer sus aventuras y desventuras.

La sociedad nórdica siempre nos ha dado una imagen de sociedad socialmente muy avanzada, quizás sea por eso por lo que haya sido terreno abonado para el crecimiento del género negro, que lleva a la crítica social en su raíz más primigenia. Tanto Sjöwall como Wahlöö, tenían una mentalidad claramente marxista, por eso sus relatos contienen una acerba crítica a la sociedad sueca. Los dos tuvieron el mérito de abrir el camino al resto de  los autores suecos de relato negro empezando por los Henning Mankell, Camilla Läckberg, Kjell Eriksson o Åsa Larsson, etc. etc.

Pero además de esas dos cuestiones es importante señalar que pretendían que sus relatos constituyeran una contundente denuncia de las injusticias sociales que se vivían en aquella Suecia socialdemócrata, inventora del Estado del Bienestar y eso hicieron, sin que olvidaran la importancia de las tramas policiacas que desarrollaron con una habilidad sorprendente. 

Así que esa pareja sentimental y literaria escribió una serie con una carga importante de crítica social y con una trama policiaca cuidada hasta el extremo, pero a eso hay que añadir la importancia de los personajes secundarios que fueron creciendo a lo largo de la serie, de tal manera que no creo que haya un lector de Maj Sjöwall y Per Wahlöö  que puedan olvidar a Melander, Koellberg o Rönn personajes que acompañaron a Beck a lo largo de sus relatos, a lo que hay que añadir el sentido del humor que utilizaron con muchísimo acierto.

Maj Sjöwall y Per Wahlöö fueron profetas en su tierra pero consiguieron el éxito internacional, sus obras cruzaron el Atlántico, esta vez en sentido contrario, y fueron editadas en los Estados Unidos.  En 1971 se les concedió el Premio Edgar Allan Poe de novela negra por su cuarta novela "El policía que ríe", fue la primera vez que ese premio se otorgaba a una novela no escrita en inglés. En el año 1973  el director Stuart Rosenberg adaptó esta novela al cine, con Walter Matthau en el papel de Martin Beck, con el título de The Laughing Policeman,  que en España se estrenó como "San Francisco, ciudad desnuda".

Cuando decidieron escribir la serie, decidieron que ésta se compondría de diez títulos y así lo hicieron, comenzaron en 1965, año en el que publicaron "Roseanne" y cerraron la serie en el año 1975 con "Los terroristas", poco después de publicarse, el 23 de junio de ese mismo año, un cáncer de páncreas se llevó al otro mundo a Per Wahlöö.

Las diez novelas que conforman la serie protagonizada por Martin Beck se han publicado en España en la excelente colección de novela negra que edita RBA que en el año 2015 terminaba de hacerlo con "Los terroristas" el último libro que firmó la pareja sueca.

Si no conocen la obra de estos auténticos pioneros de la novela negra, se la recomiendo, no es imprescindible, pero lo mejor sería leer los diez relatos en el orden cronológico en el que fueron publicados, las historias son absolutamente independientes, pero el hecho de respetar ese orden ayuda a percibir el crecimiento personal y la evolución psicológica de Martín Beck y sus compañeros. Háganme caso y disfrutarán con el descubrimiento.

¿Qué cuáles con las mejores?, tengo tres favoritas, pero será mejor que eso lo decidan ustedes después de que lean la serie de Martín Beck.

Aquí les dejo la lista de novelas que componen la serie:

 1.- Roseanne (1965)
 2.- El hombre que se esfumó (1966)
 3.- “El hombre del balcón (1967)
 4.- El policía que ríe (1968)
 5.- El coche de bomberos que desapareció (1969)
 6.- Asesinato en el Savoy (1970)
 7.- El abominable hombre de Säffle (1971)
 8.- La habitación cerrada (1972)
 9.- El asesino de policías (1974)
10.- Los terroristas (1975)

Volveremos a encontrarnos aquí, si Dios quiere, el próximo miércoles. Hasta entonces cuídense mucho.
Un abrazo.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Henning Mankell, un maestro de la novela negra nórdica

Henning Mankell


Hace unos días una amiga, María Isabel, me escribía para comentarme que alguien le había hecho llegar un ejemplar de “El Cortafuegos”, un relato negro que firmó hace ya muchos años Henning Mankell. Me alegré por María Isabel porque a través de la lectura de esa novela iba a entrar en contacto con uno de los maestros del género negro. Soy un rendido admirador de Mankell, desde el año 2.000, fecha en que Tusquets comenzó a publicar la obra de este autor, que devoré conforme llegaba a las estanterías de las librerías. Así se lo comuniqué, más tarde recordé que había comentado precisamente esa novela en un programa que sobre lectura presentaba en una televisión de Fuerteventura, así que rebusqué en mis archivos y he recuperado las notas que utilicé para la presentación.

He pensado que igual era buena idea publicar en el blog una nota sobre Mankell - que falleció en Gotemburgo en el año 2015 - y su obra, porque entiendo que sería interesante recordar al autor y a su personaje, el inspector Wallander, para aquellos de los lectores que lo conozcan y sobre todo para aquellos aficionados al género negro que no hayan tenido la oportunidad de conocer su obra.

Y aquí me tienen en ese empeño, veamos que les cuento de Mankell en general y de “El cortafuegos” en particular. Los comienzos de Henning Mankell, que nació en Estocolmo en el año 1948, estuvieron ligados al teatro, ámbito en el que comenzó a trabajar a finales de los años sesenta destacando como dramaturgo y director. Años después, en 1972, Mankell viajó a África, él mismo reconoce que desde el momento en que llegó a tierras africanas se sintió como en casa. Fue allí donde intensificó su trabajo como autor teatral y como director de compañías especialmente en Mozambique, donde se convirtió en el director del Teatro Avenida de Maputo, una labor que desarrolló durante muchos años. Autor de más de veinte novelas, Mankell dio vida al detective Kurt Wallander y a sus especiales circunstancias en 1991, convirtiéndose con ese personaje en un autor de culto con un gran éxito en ventas.

Esas novelas protagonizadas por el inspector Kurt Wallander lo convirtieron en un escritor de fama mundial, traducidas a treinta y siete idiomas, aclamadas por el público lector y adaptadas al cine y la televisión. Tusquets Editores publicó la serie completa, compuesta por los nueve títulos siguientes: Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente, La falsa pista, La quinta mujer, Pisando los talones, Cortafuegos y La pirámide. A ellas les siguen El retorno del profesor de baile, protagonizada por el agente de policía Stefan Lindman, y Antes de que hiele, donde Linda Wallander, hija de Kurt Wallander, se las verá con un fenómeno preocupante, frecuente en nuestros días: el del fanatismo religioso llevado hasta sus últimas consecuencias.

Mankell fue ganando más y más adeptos con cada uno de los episodios de esta saga, una saga tan extraña como su protagonista y los paisajes que lo rodean. Antes de Wallander era difícil imaginar que la tranquila y moderna Suecia se pudiera convertir en escenario perfecto de crímenes e historias de misterio. Pero así ha sido. Y la calmada ciudad de Ystad ha quedado ya incluida para siempre en el mapa literario de los crímenes resueltos.

Unas novelas atípicas para nosotros por los personajes, el paisaje, el clima, sobre todo el clima, en fin por el entorno y los personajes que al menos a mí siempre me resultaron exóticos, aunque emplear este adjetivo hablando de escandinavos, más concretamente de suecos, me parezca algo raro; pero en definitiva unas buenísimas novelas dentro del género de novela negra.

En “El cortafuegos” encontramos al inspector Kurt Wallander, solitario como es costumbre, con ese peculiar problema que le causa la incomunicación, o mejor dicho su problema de incomunicación con el resto de las personas que lo rodean. Una especie de pudor que utiliza como coraza para evitar que nadie entre en la verdadera intimidad de su vida.

Kurt Wallander se enfrenta a un misterio complicado, en el que se unen la muerte presuntamente natural de un individuo, con el asesinato de un taxista por dos chicas jóvenes, la muerte de una de ellas y una serie de misterios que poco a poco se nos irán desvelando a través de las páginas de esta novela. El policía se va a enfrentar a un misterio que tiene mucho que ver con la tecnología informática lo que añade dificultades a su investigación, ya que nuestro amigo Wallander es un absoluto neófito en lo que hace referencia al mundo de los ordenadores y de internet.

Paralelamente a los problemas profesionales y de salud, en esta novela acaban de diagnosticarle diabetes, nuestro protagonista se debe enfrentar a sus problemas personales. Una sensación angustiosa de soledad que no puede romper le hace atravesar una época en la que se plantea abandonar la policía. Las carencias afectivas lo hunden en un estado pesimista al que no ayuda nada las dificultades de la investigación y a las que se une la sospecha que le persigue y atormenta, la presunta  traición dentro del equipo policial que le ayuda en las investigaciones.

Una buena novela policiaca que recomiendo desde aquí. A los que conocen a Henning Mankell y a Kurt Wallander no habrá que animarlos demasiado, pero a los que no conozcan ninguna obra de este autor los animo a leerla, porque la verdad es que como novela negra no les va a defraudar, es más, probablemente se animen a leer la serie completa.

Que conste no es un mal consejo. Aquí les dejo hasta el lunes si Dios quiere, cuídense.

Un abrazo.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Hoy quiero hablar de "Legionario en Bosnia 1993"



Llevaba unos días hablando del género negro, hoy me van a permitir ustedes que imite a Paco Umbral cuando dijo en aquel programa "Yo he venido aquí a hablar de mi libro". Hoy voy a abandonar la promoción que intento hacer de "Al madero no le gusta la ropa vieja" y mientras las principales editoriales de este país se pelean por conseguir los derechos de mi relato, me van a permitir que les hable de la segunda edición de mi libro "Legionario en Bosnia 1993". 

Un libro cuyo texto nació en este blog y que relata algunos sucesos ocurridos durante los seis meses de mi estancia en Bosnia, que comenzaron en aquel ya lejanísimo mes de abril de 1993, en el que integrado en la AGT Canarias participé como casco azul en las misiones humanitarias y de pacificación bajo bandera de la ONU. Seis meses que dieron para mucho, incluso para nutrir de contenido a un texto, el de Legionario en Bosnia 1993, que se subtitula "Quince relatos cortos de una guerra larga".

Unos relatos que cuentan lo que sucedió en la torturada Bosnia Herzegovina desde el punto de vista de aquellos a los que nos tocó interponernos entre los contendientes y auxiliar a la población civil que sufrió lo que no está escrito, a cuenta de la brutalidad de un conflicto en la que los civiles se convirtieron en el objetivo de la barbarie más cruel, simplemente por pertenecer a la etnia equivocada y/o encontrarse en el momento y lugar equivocado.  

¿Y qué es lo que explico a lo largo del libro? Pues lisa y llanamente los recuerdos que guardo de una serie de anécdotas que nos tocó en suerte vivir a los componentes de la II sección de la Cía. Austria que como ya he dicho estábamos desplegados en Bosnia con la AGT Canarias. 

Es un libro que trata de una guerra, pero por eso no vayan a creer que es un libro escrito para militares, yo diría que en ese sentido “Legionario en Bosnia 1993” es un libro "apto para todos los públicos". Escrito con el suficiente distanciamiento, relatado desde el humor y la ironía, contado desde la proximidad, escrito a ras de tierra como lo calificó alguno, en el que encontraran, alegrías, tragedias, aventuras, tensión y sobre todo el testimonio del durísimo trabajo que nos tocó llevar a cabo.  

Creo firmemente que el libro pone al alcance de sus lectores, la comprensión de una situación, desde el punto de vista de los ejecutantes más próximos al adversario o al problema. Y desde luego da una visión muy clara de la especial idiosincrasia de las unidades legionarias y de los hombres que las conforman. El texto de Legionario en Bosnia 1993 permitirá a aquellos que no conocen a los legionarios, comprender mejor a los que por desgracia siempre hemos sufrido el estar encuadrados en un estereotipo que nada tiene que ver con nuestra realidad.


La primera edición, lo digo con satisfacción, se vendió francamente bien, es por lo que la Fundación Tercio de Extranjeros, una fundación asistencial sin ánimo de lucro que se ocupa de remediar las miserias de aquellos que se encuentran en mala situación tras haber servido en las filas legionarias y también las de sus familias, ha decidido editar y publicar esta segunda edición; la Fundación pretende recaudar fondos con la venta de esta edición.

Aprovechando el esfuerzo que estoy haciendo para que se conozca "Al madero no le gusta la ropa vieja", en tanto en cuando alguna editorial la publica, les animo a adquirirlo, creo que el libro les va a gustar y además van a colaborar con una finalidad solidaria. Y a los que ya adquirieron un ejemplar de la primera edición, les ruego que compren otro de esta segunda edición que ha sido corregida y mejorada con fotografías en blanco y negro y color, unos mapas de situación y un glosario de términos que facilita la comprensión de lo que se relata.

Espero que comprendan que no podía dejar pasar la oportunidad de promover la venta de este libro, la finalidad lo merece.

Volveremos a encontrarnos aquí, si Dios quiere, el próximo viernes.

Un abrazo.






Muchas gracias.










martes, 24 de noviembre de 2020

Hammett, Chandler y Macdonald, tres grandes de la novela negra



Llevaba unos días dándole vueltas a la cabeza con el tema de hoy, la verdad es que decidir quiénes entre todos los autores consagrados de novela negra merecen encabezar una relación como elementos distinguidos no resulta sencillo, de todas maneras tampoco me ha resultado tan complicado. Dicen, los que dicen saber de estas cosas, que si analizamos a los autores que allá en los comienzos de los años 30 del pasado siglo comenzaron a aportar relatos al género que empezaba a nacer y extendemos el análisis a lo largo de treinta años, hay tres autores que obligatoriamente deben encabezar esta relación por su importantísimo peso específico en el desarrollo del relato negro.

Muchos críticos coinciden y para una vez que estoy de acuerdo con la mayoría me apunto a la teoría que afirma que existe un trío de autores que por distintos motivos encabezan esta relación. Está claro que para gustos colores, pero en mi modestísima opinión existe ese trío de maestros del género que encabeza Dashiell Hammett y completan Raymond Chandler y Ross Macdonald.

Está muy claro cuál es el motivo por el que Dashhiell Hammet encabeza este trío de ases, se podría afirmar sin faltar a la verdad que fue el “inventor” del género, seguro que no sería el primero en escribir un relato negro, pero sí fue el precursor, el que consagró la figura arquetípica del detective privado, una de las características del género negro. Con Sam Spade, Nick y Nora Charles y el agente de la Continental introdujo esa figura que desde entonces resulta prácticamente  inseparable al relato negro.

Por otra parte conviene recordar que Hammet además de autor literario era un reconocido activista político, es fácil reconocer esa cuestión en sus textos en los que destaca la crítica social. Escritor prolífico y guionista, basta con recordar obras como El halcón maltés; Cosecha roja; El hombre delgado; La maldición de los Dain, para comprender su importancia para el desarrollo del género negro.

Le sigue Raymond Chandler, al que hay que reconocer la importancia que tuvo su obra para fijar un nuevo estilo, lo que dio en llamarse el “hardboiled” que se consagra como una variante de la novela negra y la ficción policíaca, una nueva manera de escribir que se distinguió por presentar temas relacionados con el crimen, la violencia y el sexo, bajo un argumento fantástico e irreal en el que participaban personajes relacionados con el crimen. Chandler es el creador del detective más arquetípico de la novela negra, Phillip Marlowe, un personaje del que se afirmó que era el nuevo Quijote de la literatura del siglo XX. De entre su obra habría que destacar títulos como El sueño eterno, La dama del lago o El largo adiós, sin olvidar su labor en guiones como Perdición, La dalia azul o Extraños en un tren.

Y cierra este trío de maestros Ross Macdonald, que tuvo una importancia decisiva en la “modernización” del género. Macdonald percibió claramente los cambios que había experimentado la sociedad norteamericana desde finales de los treinta y acomodó el género negro a esa nueva realidad social. Creó un personaje, naturalmente un detective privado, que enriqueció sus relatos. Si Phillip Marlowe fue fundamental para Chandler, cabe decir lo mismo de Macdonald y su detective Lew Archer, que le permitió poner al día el relato negro y acomodarlo a los cambios experimentados por la sociedad americana tras la segunda guerra mundial.

Se habrán dado cuenta que los tres autores apoyaron sus relatos en la creación de un personaje inseparable al género negro, me refiero a los detectives privados, personajes que algunos críticos señalan que están inspirados en los protagonistas del género western que tanto éxito había cosechado también en las revistas pulp. Del solitario y rudo vaquero de gatillo fácil, amante del whisky y de solucionar los problemas por la vía de la violencia, al detective privado, rudo, honesto, orgulloso, hábil con los puños y con la automática o el revólver no hay más que un paso, así que probablemente tengan razón los estudiosos literarios que señalan el paralelismo que existe entre esos personajes.

De todas maneras aquí lo dejo, creo que este trío de autores merecen estar a la cabeza del género por los motivos que he pretendido explicarles. Ya me comentarán ustedes lo que opinan al respecto.

Intentaré recuperar el día de retraso y pretendo volver a publicar el miércoles. Así que si Dios quiere, espero que nos veamos aquí ese día.

Un abrazo.

 

viernes, 20 de noviembre de 2020

Hablemos de novela negra (Segunda Parte)


Hace un par de días les comentaba muy por encima , esto no da para mucho más, las características de lo que se ha dado en llamar novela negra y las diferencias que existen entre el relato negro y la novela policiaca clásica; un géneros que comenzó a publicarse a finales de los años veinte en los USA. Vaya por delante y me quito de en medio el problema, que en Estados Unidos cuando comenzaron a publicarse ese tipo de relatos se le adscribió al llamado género thriller y no es hasta el año 1945 cuando en Francia se le bautiza como negro ¿por qué?, simplemente porque la Editorial Gallimard traduce una serie de novelas americanas y las publica en una colección que se llamó Serie Noire y cuyas tapas estaban en negro

Ya sabemos que la novela negra,  propiamente dicha, surge de la evolución de la novela policiaca, se puede considerar a Edgar Allan Poe como el padre de la novela policiaca, género que nace en el siglo XIX concretamente en el Reino Unido. Existe una gran y extensa lista de nombres que suceden a Poe, entre los que destaca Arthur Conan Doyle, creador del mítico detective Sherlock Holmes y muchos otros que a lo largo de finales del XIX y comienzos del XX, contribuyeron a crear este género que comparte características con la novela gótica anglosajona, las de terror y los relatos de aventuras tipo folletín y que tuvo muchísimo éxito entre los lectores.

Los relatos pertenecientes al género thriller comienzan a publicarse en Estados Unidos en unas revistas baratas, dedicadas al gran público que han pasado a la historia como revistas Pulp, por el papel barato en las que estaban impresas.  "Pulp" es la denominación popular estadounidense que se daba a cierto tipo de revistas populares especializadas en el relato y la historieta. Debido a su bajo coste estas ediciones se hacían en papel rústico y amarillento que denota su origen como pulpa de celulosa.  Las Pulp se convirtieron en un producto de ventas de masas que publicaban multitud de géneros entre los que cabe destacar el de terror, la ciencia ficción, el western y naturalmente los thrillers.

Entre esas revistas o pasquines el más famoso e influyente sin duda fue Black Mask publicación que marcó la línea estructural de lo que sería el género negro. En ella publicaron lo más selecto de los pioneros del género; la publicación alcanzó sus mayores ventas a finales de los años treinta y dejó de publicarse en el año 1951.

De hecho el género se constituye como tal en 1926 cuando Joseph T.  Shaw se hace cargo de la dirección de Black Mask, pulp magazine fundado en 1920 por el crítico Henry L.  Mencken.  Shaw le dio a Black Mask una línea ideológica y una orientación que influyó notablemente en el desarrollo del relato negro, allí publicaron todos los grandes, Dashiell Hammett, Horace McCoy, William Burnett, Raoul Whitfield, James Cain, Raymond Chandler, todos ellos publicaron sus primeros relatos en la revista, creo que eso da una idea de la importancia de la publicación.

La línea impuesta desde la dirección de la revista orientó la producción literaria de sus colaboradores, todos servían a lo que deseaba Joseph T.  Shaw, quien al definir la función de Black Mask señalaba que el negocio del delito organizado tenía aliados políticos y que era su deber revelar las conexiones entre el crimen, los jueces y la policía.  En 1931 declaró: "Creemos estar prestando un servicio público al publicar las historias realistas, fieles a la verdad y aleccionadoras sobre el crimen moderno, de autores como Dashiell Hammett, Burnett y Whitfield".

Para valorar la impronta que produjo en la sociedad americana hay que señalar que Black Mask fue la revista que en 1994 inspiró a Quentin Tarantino a crear la película Pulp Fiction. Originalmente, el título de la película tenía que ser Black Mask, aunque luego la producción decidió cambiarlo.

He pretendido darles una idea de cómo fue el nacimiento del género negro en los Estados Unidos. Cuando el thriller saltó el “charco”, el éxito de la novela negra se hizo universal, ayudado en ese empeño por el cine norteamericano que utilizó los relatos thriller para crear películas “negras”, que, aunque la mayoría fueran de serie B, ayudaron a multiplicar y popularizar el éxito de la novela negra.

Creo que por hoy es suficiente, el lunes, si Dios quiere y ustedes lo desean, volveremos a encontrarnos aquí otra vez.

Hasta entonces les mando un abrazo. Cuídense mucho.

 

 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Hablemos de novela negra (Primera Parte)


Teniendo presente que “Al madero no le gusta la ropa vieja” es un relato que creo está inscrito en el género negro, me parecía oportuno hablarles de este subgénero literario que tan popular se ha hecho últimamente en nuestro país. Nada extraño porque la novela negra ha sido desde siempre un género dirigido al gran público, literatura de consumo la han calificado peyorativamente algunos, pero en este tipo de relatos, como en el resto de los géneros que abarca la literatura, hay relatos negros muy bien escritos y otros que no.

La inmensa mayoría de nosotros sabemos en términos generales de qué estamos hablando cuando alguien se refiere a la novela negra, pero creo que muchos nos limitamos a tener un conocimiento difuso de lo que representa este género tan importante. No soy un experto, eso vaya por delante, pero desde los quince años he leído toda la literatura negra ha caído en mis manos, soy simplemente un lector medio aficionado al género, desde ese punto de vista quiero dejarles algunos datos que creo les resultarán interesantes.

Decía Carlos Ruiz Zafón, cuando fue comisario de Barcelona Negra que “la novela negra es Galdós con un par de hostias”. Me parece una definición un tanto simplista aunque provenga de mi admirado Ruiz Zafón que en paz descanse. De todas maneras el género negro se desarrolla dentro del realismo social más profundo y ahí puede caber la referencia a D. Benito. La novela negra retrata la sociedad en la que se producen los hechos que describe, tiene forzosamente que tener una carga de crítica social, en su gran mayoría suceden en un ambiente urbano, relativiza el bien y el mal y denuncia la corrupción de la clase política.

Ya les he dado una definición, veamos que decía sobre el género Raymond Chandler en su clásico “El arte de matar”, el maestro definía al relato negro como “la novela del mundo profesional del crimen”. No está mal pero a pesar del respeto que siento por Chandler me parece más clara y sobre todo más académica la que nos dice que: “La novela negra es la denominación que se aplica a un subgénero narrativo (relacionado con la novela policiaca), que surge en Norteamérica a comienzos de los años veinte, y en el que sus autores tratan de reflejar, desde una conciencia crítica, el mundo del gansterismo y de la criminalidad organizada, producto de la violencia y corrupción de la sociedad capitalista de esa época”

Supongo que habrá muchísimas definiciones más, pero ésta me parece que deja las cosas claras y sin meterse en demasiadas honduras define perfectamente al género. Conviene señalar que lo que une a los relatos de la serie negra y los diferencia de la obra policiaca clásica es un trabajo absolutamente distinto en el tratamiento y descripción del delito, sus causas o motivos.

En las narraciones policiacas el delito estaba aislado de cualquier tipo de motivación social, para sus autores el crimen no era otra cosa que un hecho excepcional en la vida de la sociedad en la que se producía. En cambio los relatos de la serie negra nos definen al delito como una expresión nacida del ambiente social que describen. El delito no es un hecho aislado, que nada tiene que ver con la realidad social, por el contrario es el reflejo de una sociedad decadente y corrompida, que así es como veían los primeros autores del género a la sociedad estadounidense en particular y a la capitalista en general, de tal manera que todos sus miembros eran delincuentes en potencia.

Naturalmente que esa reacción se debe a la pavorosa situación social que vivían los Estados Unidos a finales de los años 20. La ciudadanía yanqui había soportado el colapso de la Bolsa, la quiebra de los bancos, el cierre de gran parte de la industria, las huelgas, el paro, la Gran Depresión, el hambre y conviviendo con esa terrible realidad, estaba la Ley Seca, los gánsters y los policías y políticos corruptos que los protegían. A la quiebra económica había que añadir la quiebra ética de una sociedad que los novelistas americanos se apresuraron a retratar en sus obras aplicándose a su crítica y para ello inventaron ese género nuevo que ponía de relieve la implicación de las clases dirigentes con el crimen organizado.

Pues hasta aquí hemos llegado, he intentado aclarar un poco que es la novela negra, ahora que lo tenemos algo más claro, dejaremos para el viernes explicar cómo nace físicamente ese fenómeno. Hasta entonces, cuídense mucho.

Un abrazo.

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Viernes 13


Me van a perdonar que aproveche el blog para hablar de un tema que nada tiene que ver con mi novela tal y como estaba haciendo últimamente, quisiera comentarles una experiencia que he vivido durante este fin de semana. El asunto comenzó el pasado viernes, día 13 de noviembre; en España lo del viernes 13, no nos dice gran cosa, porque en nuestra cultura los días malditos son aquellos en que coinciden el 13 y los martes, sin embargo en el resto del mundo se consideran de mal agüero los viernes 13. La maldición tiene que ver con una fecha muy lejana, concretamente con el viernes 13 de octubre del año 1307, día en el que el monarca francés Felipe VI, junto con el Papa Clemente V, decidieron acabar con la Orden de los Caballeros Templarios.

El rey consiguió que el papa los declarara herejes, parece que al monarca le preocupaban mucho más las riquezas que atesoraba la orden que las supuestas herejías. Una vez que Roma los declaró herejes, fueron condenados a morir en la hoguera. El gran maestre de la orden, Jacques de Molay, antes de morir emplazó al rey y al papa ante el tribunal de Dios y les advirtió que iban a morir. Dijo:  A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año... " y la maldición se cumplió,  desde entonces la fecha se ganó la fama de maldita.

Todo esto viene a cuento porque el pasado viernes recibí una llamada en la que una señorita muy amable me informó que hablaba desde el Centro Covid para comunicarme que al haber estado en contacto estrecho con una persona que había dado positivo en Covid 19, debería hacerme los análisis correspondientes y ponerme en cuarentena de inmediato. Tras darme la información me pasó con el equipo de “rastreadores”, que me preguntaron con todo detalle sobre mi contacto. Eran sobre las 13,45 horas y me dieron cita para hacerme los análisis, el PCR y el serológico, a las 15,30 horas.

Cuando menos se piensa salta la liebre, una simple llamada había bastado para mandar al infierno la falsa seguridad en la que vivía. Las cifras de contagio en Fuerteventura son más que aceptables y yo estaba muy tranquilo porque apenas salgo de casa. En un momento, no diré que se me viniera el mundo encima, pero tampoco es que le faltara mucho, pero no tuve demasiado tiempo para compadecerme porque debía solucionar el problema de la cuarentena, me comunicaron que debería permanecer aislado en todo momento. Tengo un nieto de tres meses que viene todos los días a casa, la verdad es que solo de pensar en la posibilidad de que hubiera contagiado a alguien de mi familia, especialmente a mi nieto, me ponía los pelos de punta.

En unos minutos solucionamos el problema, mi mujer se fue a vivir a casa de mi hija y mi hijo me dijo textualmente que no me preocupara que “él se buscaría la vida”, así que en menos tiempo que se persigna un cura loco me había quedado solo en casa, en la buena compañía de mi perro. Fui a hacerme los análisis y mientras esperaba que me tocara el turno pasé un momento bastante depresivo. Me tomaron las muestras y me extrajeron la sangre un equipo de enfermeras eficaces, amables y simpáticas, que con su atención me permitieron recuperar una buena dosis de optimismo, y con la tirita en el brazo volví a mi domicilio

Llegué, me senté en el sillón que ocupo siempre y me obligué a racionalizar la situación, tenía un problema, eso no lo podía negar, pero tenía que colocarlo en su escala real, no ganaba nada poniéndome en lo peor. Estuve reflexionando sobre el tema y lo cierto es que me quedé bastante más tranquilo, estaba a la espera de los resultados, el del PCR lo tendría el sábado y el serológico el lunes. Cené con apetito y dormí bien, el sábado por la tarde me llamaron para decirme que había dado negativo en el PCR. Que el lunes tendría el serológico y me dieron fecha y hora para hacerme el segundo PCR que marca el protocolo.

Y aquí me tienen, contento porque parece que de ésta me he librado, aunque no pueda estar tranquilo al 100% hasta el sábado 21, día en el que tendré los resultados definitivos del segundo análisis. Hasta aquí una anécdota sin importancia, pero que a título personal me ha hecho reflexionar mucho. Parece mentira pero en un segundo, tu vida, la de tu familia y amigos puede saltar por los aires, todos recibimos infinidad de informaciones sobre el Covid 19 y sus efectos, pero francamente hasta que no te toca de cerca, al menos en mi caso, no te das cuenta de la inmensidad del peligro que nos acecha a todos.

Por eso los animo a ser todavía más cautos y responsables en lo que se refiere a las precauciones a adoptar para defendernos del contagio, les aseguro que si hubieran pasado por el mal trago que me ha tocado vivir, lo tendrían clarísimo. Hay que tomar todas las precauciones a nuestro alcance, procuren moverse lo menos posible, lo indispensable diría yo,  el movimiento facilita los contagios, sé que lo de la mascarilla, la “distancia social” y lo de lavarse las manos parecen poca cosa, pero apliquemos esas medidas con todo cuidado, no se fíen, no vaya a ser que les toque decir o pensar esa frase que yo pensé en la puerta del lugar en el que me iban a hacer el análisis ¿Por qué me ha tenido que tocar a mí? La respuesta es muy simple. ¿Y por qué no?, todos estamos expuestos.

Debo agradecer a la Providencia, mi negativo, y la buena noticia de que el amigo que dio positivo y su familia se encuentran razonablemente bien, prácticamente asintomáticos.

Espero que me perdonen por darles la tabarra con mis problemas personales, pero creo que debía, desde la posición de presunto positivo, animarles a que sean extremadamente prudentes; con el bicho no se juega.

Nos encontraremos aquí, si Dios quiere, el próximo miércoles. Un abrazo amigos míos y cuídense mucho.

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Lo biográfico y lo autobiográfico en mi novela


Supongo que muchos de ustedes les sonará una pregunta que hace algún tiempo, por lo repetida, parecía que resultaba obligatoria. No fallaba, estaban un periodista y un escritor en mitad de una de esas entrevistas que se hacen cuando hay que promocionar una nueva novela y cuando menos te lo esperabas el plumilla preguntaba muy serio ¿Hay algo de autobiográfico en esta obra? Naturalmente el autor con una sonrisa comprensiva se apresuraba a asegurar que no.

Siempre me pareció que la pregunta rondaba la estupidez, porque si partimos de la base que la novela es un género de ficción, poca autobiografía del autor puede caber en una obra encuadrada en ese género literario. Cosa distinta es lo que todos sabemos, en cualquier obra, por muy de ficción que sea, se le cuelan al autor cuestiones, unas veces queriendo y otras sin querer, que tienen que ver con su vida. 

Los novelistas cuando escriben lo hacen basándose en su experiencia vital, escriben de lo que saben y si el tema escapa a su conocimiento se ven obligados a documentarse, claro que hay autores que escriben de lo que les da la gana sin saber nada del asunto, pero eso probablemente se deba al fenómeno que definía Rafael “El Gallo” con una frase magistral. Decía el maestro cuando le sorprendía algo de una persona. “Es que hay gente p’a tó”.

Y es una gran verdad. Todavía no me he recuperado del sobresalto que sufrí cuando viendo una serie de televisión, creo que colombiana, que estaba ambientada en el siglo XVI, uno de los personajes preguntaba por su hermano y su interlocutor muy serio le contestaba: Está en el bar.

Anda que se preocupó mucho el guionista de la maldita serie en averiguar que nombre tenían en aquella época los establecimientos que sirvieran bebidas y comidas. No creo que hubiera sido un trabajo muy duro, a vuelapluma me vienen a la cabeza mesón, taberna, figón, bodega, venta; pero seguro que nadie del equipo productor de la serie perdió ni un segundo de sueño a cuenta del clamoroso fallo.

Creo que la gran mayoría de autores llevan a cabo un minucioso trabajo de documentación cuando sus experiencias no les aportan la información suficiente. No es que yo sea un experto, que conste, pero si fío de mi experiencia, debo decir que en “Al madero no le gusta la ropa vieja” aparecen cuestiones que tienen que ver directamente con mi biografía. Por poner un ejemplo, que no revela nada importante sobre el relato, el juez de instrucción que aparece en la novela lleva los apellidos de un compañero que tuve en la Facultad de Derecho. ¿Por qué? Pues sencillamente porque en el momento de decidir como lo llamaba se me ocurrió apellidarlo como ese amigo mío. Lo mismo sucede con el apellido de uno de los miembros del Grupo de la Policía Judicial de Puerto Rosario al que le coloqué el de un compañero de bachillerato con el que jugaba al pimpón.

Pero a veces a uno se le cuela algo que tiene que ver con su vida y no se entera. Hablaba hace ya unos años con mi buen amigo Manolo Molina, conversábamos sobre la novela que estaba intentando escribir y que no arrancaba ni a tiros, concretamente comentaba con Manolo lo que le habían parecido unos folios que le había mandado, cuando por sorpresa me dijo — El protagonista de tu novela está basado en tu persona, ha sido legionario, iba a estudiar derecho y tiene las mismas iniciales que tú.

Me dejó disconforme y asombrado, porque cuando comencé a construir la figura de Marc, ni por un momento se me ocurrió basarla en mi persona. Efectivamente mi personaje sirvió en La Legión y su padre quería que estudiara derecho, pero cuando lo describí no creí que por eso tuviera relación conmigo, aunque un servidor haya servido en La Legión toda una vida y estudiado derecho en Barcelona. Pero lo que me dejó patidifuso fue lo de las iniciales que efectivamente eran y son las mismas, mi protagonista se llama Marc Rodríguez Blanco y un servidor Miguel Rives Bernadas, MRB en los dos casos. ¿Me pudo el inconsciente o fue simplemente una casualidad? No lo sé, pero si les digo la verdad estuve a punto de cambiarle los apellidos al pobre Marc, aunque después de pensarlo, decidí que con ese nombre había nacido al mundo de la ficción y no lo iba a bautizar de nuevo.

Así que si me publican la novela y tengo la suerte de que me hagan alguna entrevista, si al periodista se le ocurre preguntarme si hay algo de autobiográfico en el relato, le diré que no tengo ni idea, no vaya a ser que le diga rotundamente que no y me salga por sorpresa otro fino analista como mi buen amigo Manolo y me lave la cara.

Volveremos a encontramos aquí, si así lo desean ustedes, el próximo lunes. Hasta entonces reciban un fuerte abrazo y cuídense mucho.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Curiosidades sobre la preparación de mi novela (Segunda parte)

Pármenides de Elea y Heráclito de Éfeso


Les dejaba el otro día cuando me disponía a iniciar el estudio del manual de Patología Forense, tarea que me costó bastante más esfuerzo del que suponía y muchísimo tiempo. Tengo que reconocer que el esfuerzo no fue baldío, además de aprender muchísimo sobre el tema, lo cierto es que la idea de cómo apiolar a mi víctima, surgió del estudio de esa publicación. Visto desde la perspectiva que me proporciona el tiempo que ha transcurrido, me da la impresión que lo de llevar a cabo el estudio de las trescientas cincuenta y ocho páginas del puñetero manual me preparó para los trabajos de estudio y documentación que fui llevando a cabo antes de comenzar a escribir la novela y también los que me tocó afrontar durante el proceso de creación. No diré que me aficionara a la patología forense, porque no sería cierto, pero me pico el gusanillo y busqué documentación sobre fenómenos tales como el rigor mortis, la putrefacción cadavérica o la hemorragia subgaleal.

¿Me fueron útiles todo esos conocimientos? Pues unos sí y otros no, la verdad es que me harté de buscar documentación sobre asuntos que pensé podrían serme útiles y una gran parte de ellos se han quedado en el disco duro de mi ordenador, espero que para mejor ocasión. Por poner un ejemplo, toda la información, que fue mucha, que recabé, ordené y estudié sobre los delitos preterintencionales (1), al final no me hizo ninguna falta.

Creía hasta hace unos días que ese exceso de búsquedas  se debía a mi bisoñez como novelista, probablemente la causa que haya una parte de ese cúmulo de informaciones que me empeñé en recopilar y que están en  el limbo de mis archivos se deba a mi inexperiencia, pero ya ven lo que son las cosas, el otro día en el grupo de Facebook “Al madero no le gusta la ropa vieja” leí la intervención de una amiga Gaby Taylor que es escritora y ha publicado unas cuantas novelas que decía  -espero que me perdone por citarla sin pedirle permiso – “…Si se es medianamente serio y quieres de verdad presentar un buen trabajo lo mínimo es que se tenga otra novela solo de la documentación y datos que localizas y que luego no se usan al completo…” afirmación que sin duda me confortó, al ver que a Gaby, escritora reconocida y con experiencia, le sucede el mismo fenómeno, por el que tuve que pasar.

Cuando me planteé, en el terreno de lo puramente hipotético, como debería producirse el desarrollo de la investigación, cuando empezara a escribirla, reflexioné sobre el trabajo de análisis que realizan los investigadores para determinar que cuestiones son ciertas y cuáles no lo son. A cuenta de esa duda, me lie a darle vueltas a lo que opinaban Parménides, Heráclito y Platón sobre la apariencia y la realidad. Alguno de ustedes se preguntará que relación me unía con esos caballeros, debo decir que era prácticamente nula, si dejamos de lado mis estudios de Filosofía de mi casi prehistórico sexto curso de bachillerato, pero la tecnología tiene sus cosas y en cuanto puse apariencia y realidad en Google surgieron, gracias a la magia de Internet, estos tres ciudadanos.

No voy a castigarles explicándole a ustedes que opinaba cada uno de los pensadores sobre estas cuestiones, pero por si a alguno de ustedes le pica la curiosidad, les dejó aquí un esquema que tenía archivado de lo que opinaba Parménides, que es el que más me convenció. He traído a colación al trío de helenos para que se den cuenta de cómo funcionaba mi cerebro, ¡antes! de comenzar a escribir la novela.  Quisiera expresar mi agradecimiento a Platón, Parménides y Heráclito, porque la lectura de sus opiniones me sirvió, una vez que comencé a escribir mi relato, para definir el procedimiento de investigación y análisis de los hechos, con el que se manejaron los dos guardias civiles protagonistas de las pesquisas que pusieron en claro el homicidio.

Hasta aquí hemos llegado, no sé si los estaré aburriendo, si es así háganmelo saber, a mí, que quizás soy demasiado optimista, me parece que conocer cómo se gestó mi novela puede resultar si no interesante al menos curioso. Les dejo hasta el viernes, día en el que si Dios quiere, volveré a publicar en este blog, un comentario que tenga que ver con el proceso de creación de “Al madero no le gusta la ropa vieja”.

Un abrazo muy fuerte para todos y cuídense.

 

       (1) El artículo 24 del Código Penal define la conducta preterintencional como aquella "cuando su resultado, siendo previsible, excede la intención del agente". Hay delito preterintencional o ultra intencional cuando el resultado antijurídico de la conducta va más allá de la intención del agente.


lunes, 9 de noviembre de 2020

Curiosidades sobre la preparación de mi novela (Primera parte)


Tomé la decisión de escribir "Al madero no le gusta la ropa vieja" sin que mediara espacio para la reflexión. Un día del año 2013, me encontraba en casa sentado tranquilamente  en el sillón que acostumbro y sin que saber cómo, tuve esa idea, en ese mismo momento  decidí que era un buen proyecto. No me pregunten cuáles eran los motivos porque no los sé; sin saber a cuento de qué, había decidido escribir una novela y eso era todo lo que tenía claro, el resto no eran más que dudas y confusión. Pasaron los días y poco a poco fui tratando de madurar la idea. Pensé, creo que con buen criterio, que en primer lugar debía decidir qué clase de novela quería escribir. Me incliné por el género negro; no es que hubiera adelantado demasiado en el proyecto, pero al menos había decidido el género literario en el que me quería mover.

No tenía ni idea del argumento, no sabía en que escenario iba a desarrollar la narración, ignoraba en la fecha en la que iba a situar el relato; eso sí, sabía que quería escribir una novela negra. Pensé situar el relato en Barcelona, por aquello de que nací allí y porqué tenía la impresión de que una gran ciudad me daría muchas posibilidades; pero aunque sea barcelonés, lo cierto es que “mi” Barcelona, la ciudad que yo conocía, había desaparecido, de tal manera que, estando de visita, a veces he sentido la desagradable sensación de ser un forastero en mi propia ciudad. Eliminé por tanto Barcelona y a falta de mejor opción pensé que Fuerteventura podía ser un buen escenario. Conozco la isla, vivo en la capital, llevo muchos años aquí, así que decidí que lo que fuera que escribiera, sucedería en la isla.

Ya tenía decidido el escenario y el género, no es que hubiera adelantado gran cosa, pero la decisión estaba tomada, escribiría una novela negra que tendría como escenario Puerto Rosario. Tomadas esas dos decisiones, me asusté cuando me di cuenta de que la novela era un proyecto que irremediablemente iba a producirse. Me conozco y tenía muy claro que aunque me enfrentaba a un problema muy difícil, iba a escribir el maldito relato. Soy un cabezota de manual, por eso sabía que iba a escribir el relato así se acabara el mundo. 

No tenía ni idea – tampoco es que esté muy seguro de saberlo ahora - de cómo se escribía una novela, toda creación humana exige un oficio y yo ignoraba totalmente que es lo que había que hacer para escribir una novela. Tenía resuelto lo del escenario pero no tenía ni argumento, ni personajes, ni trama; en realidad no tenía nada de nada. Debía decidir en qué fecha iba a producirse el homicidio que me iba a servir para instrumentar la investigación que sería la columna vertebral del relato. No podía ser una fecha muy lejana al año 2013, hay que tener presente que Puerto Rosario también cambia, y  por eso me incliné por escoger el año 2005, ocho años de diferencia entra la fecha real y la del relato me daba un buen distanciamiento, pero me permitía recordar muy bien como era el Puerto Rosario de ese año.

Quería escribir un relato negro, por lo tanto debería crear el personaje de la víctima, decidí sobre la marcha que "el occiso" sería un varón, me pareció que me resultaría más sencillo “matar” a un hombre que a una mujer. Ruego de corazón a las feministas perdonen ese pensamiento que pudiera tener un ligero tufo machista. 

Entonces empecé a sudar tinta china, no pensaba con demasiada claridad y tomaba muy pocas notas, mala costumbre de la que me arrepentí a lo largo de la dura tarea que supuso escribir el relato. Probablemente estuviera equivocado, pero decidí que lo más importante en ese momento era definir la causa de la muerte de "mi víctima". Como me gusta complicarme la vida opté por buscar un procedimiento que fuera original, nada de unas raciales puñaladas, un par socorridos balazos, ni siquiera un artesanal estrangulamiento, esas cosas las dejé para los escritores facilones, como soy así de borrico me dediqué a buscar un procedimiento poco o nada corriente.

Lo encontré después de mucho tiempo y trabajo, no pueden ustedes imaginar la cantidad de horas que dediqué a encontrar un procedimiento que pudiera ser creíble y que no se hubiera utilizado en demasía. Creo que lo conseguí, lo sabremos cuando Amalia Sánchez, mi representante, consiga que la publiquen, ahora no se lo voy a contar a ustedes, ni siquiera hablaré de los métodos que deseché, por aquello de no dar ideas aunque sea por eliminación.

Mientras buscaba la manera de darle la puntilla a la víctima, me di cuenta del abismal desconocimiento que tenía sobre  las muertes violentas y buscando en San Google Bendito, encontré una publicación, “Conceptos Básicos de Patología Forense” de José Manuel Tortosa López y Santiago Crespo Alonso, que tenía muy buena pinta,  aunque para lo que yo lo quería tenía un defectillo: Trescientos cincuenta y ocho folios me contemplaban, que me tuve que calzar completitos. ¿Fue una buena decisión?, pues no lo sé, si quiero consolarme puedo acogerme al dicho ese que reza que el saber no ocupa lugar, pero les aseguro que, que al menos en mi caso, ocupó mucho tiempo y esfuerzo.

Lo cierto es que iba a tientas o por mejor decir, no tenía ni idea de lo que tenía que hacer. Quizás en ese momento hubiera sido mejor ir adelantando el esquema del argumento, las fichas de los personajes, pero el que no sabe es como el que no ve y esa era precisamente la situación en la que me encontraba yo...

Me estoy yendo largo y ceo que estoy abusando de su paciencia, así que aquí me quedo; en el arduo momento en el que me puse a estudiar los Conceptos Básicos de Patología Forense, una muy buena publicación para cualquiera que esté interesado en esa especialidad de la ciencia y dejaré para otro día la continuación de la descripción de las desdichas y trabajos que tuve que afrontar para preparar el texto de mi novela, que son muchos y variados, no vayan ustedes a creer.

Hasta entonces les mando un abrazo.

 

 

viernes, 6 de noviembre de 2020

Intentando poner orden en el jaleo de este blog

El manuscrito de mi novela

Hace unos días me preguntaba un antiguo compañero y sin embargo amigo que finalidad perseguía con mis últimas publicaciones en mi blog y me di cuenta de que muy probablemente en esta nueva etapa hubiera comenzado la casa por el tejado. Tengo la mala costumbre de, tras tener una idea, aplicarme a ponerla en marcha sin dar demasiado espacio a la reflexión y eso no es bueno. Eso es precisamente lo que me ha sucedido con el cambio de temática en “Al sol de Fuerteventura”. Si me hubiera concedido un tiempo para estudiar cómo llevar a cabo esa variación muy probablemente muchos de mis lectores tendrían hoy una idea mucho más clara de lo que ha sucedido y está sucediendo con mi blog. Me voy a acoger al contenido de la antigua conseja que afirma que nunca es tarde si la dicha es buena y con este post pretendo poner un poco de orden y algo de claridad en el proceso.

En mi decisión de abandonar, al menos por ahora, mis comentarios sobre política tienen que ver, entre otros, dos asuntos muy importantes. Por un lado está el hartazgo que me ha producido la quiebra absoluta del patriotismo, de la honestidad e incluso del sentido común entre gran parte de la clase política, sin olvidar el estomagante uso de la falacia y de la demagogia como principales argumentos para justificar una serie de hechos que a mí me resultan absolutamente inaceptables.

Por otro lado siempre he manifestado que utilizaba el blog como un mecanismo de desahogo personal, expresaba mi opinión y eso me aliviaba. Últimamente la situación política es tan preocupante que el escribir sobre ella me suponía un auténtico castigo. Fue por eso por lo que decidí dejar de escribir… Pero ustedes ya me conocen, debo reconocer que echaba en falta la actividad en el blog. Por eso es por lo que he buscado un tema sobre el que escribir y, parafraseando a Francisco Umbral, decidí hablar de mi novela que como ya saben muchos de ustedes terminé de escribir a mediados del mes de agosto del presente año.

Me encuentro en estos momentos en una tesitura muy difícil para mí que soy un impaciente patológico: Mi novela está en manos de mi agente que será la que intentará encontrar una editorial que publique mi relato, por lo tanto a mí no me queda otra que esperar, cuestión que como ya he dicho se me da fatal, es por todo eso y algunas cosas más por lo que decidí  volver a poner en marcha “Al sol de Fuerteventura” para hablar de mi relato.

Así entendía, espero no haberme equivocado, que mataba dos pájaros de un tiro, por un lado mitigaba mi impaciencia y por otro, conseguía unos lectores interesados en mi novela en particular y en la literatura en general. Pretendo ir publicando, sin demasiado orden ni control una serie de escritos que tendrán que ver con el texto de “Al madero no le gusta la ropa vieja”, pretendo explicar cómo se me ocurrió la idea de escribir una novela, los problemas que tuve que afrontar ante mi total falta de oficio para acometer semejante tarea, los procedimientos que utilicé para escribirla, hablaré del trabajo de documentación; pero también quiero hablar del género negro en el que adscribo mi novela, de los autores y obras que me parecen  importantes dentro de este subgénero literario, etc., etc.

En esa estamos todos nosotros, ustedes que ya han leído tres post del blog que tienen que ver con lo que les estoy explicando y yo que me quito el “mono bloguero” y escribo con la pretensión de publicar dos días a la semana. Espero ser capaz de despertar su atención y entretenerlos, me consta que tengo amigos que me siguen precisamente porque se sienten impelidos a hacerlo a cuenta de la relación de amistad que nos une, en esa categoría pretendo incluir a todos ustedes. Lean lo que escribo y comenten con la máxima libertad lo que les parece, si tienen dudas o siente curiosidad por algún tema no duden en hacérmelo saber. Por cierto, no se olviden de invitar a sus amigos a que formen parte de ese grupo de Facebook que lleva por nombre “Al madero no le gusta la ropa vieja”, favor por el que les estaré eternamente agradecido.

Espero haber aclarado a mi amigo las dudas que me expuso y también a ustedes, a los que supongo algo perplejos a cuenta de todos estos cambios. Dadas las explicaciones me despido hasta el próximo miércoles.

Reciban un fuerte abrazo

 


 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Marc Rodríguez vive en Las 90 Viviendas. ¿Por qué?, descubran el motivo

Calle Panamá. En la escalera 4 bis, vive Marc Rodríguez Blanco, mi protagonista

Como les prometí hoy voy a contarles cuál es el motivo que me aconsejó decidir que el protagonista de "Al madero no le gusta la ropa vieja", Marc Rodríguez, tuviera su domicilio en la barriada que se conoce en Puerto Rosario como las 90 Viviendas. Podría haber escogido cualquier otro lugar del casco urbano de la capital de Fuerteventura, pero siempre he tenido una buena relación con los vecinos de esa barriada, cuyas viviendas se entregaron a sus propietarios sobre el año 1970. En esas viviendas, en una escalera que no existe en la realidad, la 4 bis, tiene su domicilio al menos en mi relato, la madre de la pareja de Marc y por eso viven allí.

En esa barriada viví una experiencia que fue la que decidió mi elección definitiva. En las 90 Viviendas existía y existe una asociación de vecinos muy dinámica. Hace unos cuantos años  la propia Asociación con la ayuda de una serie de ciudadanos que no vivían en ellas pero mantenían unos lazos importantes con sus residentes, organizaba cursos, actos culturales y toda una serie de eventos que tenían por finalidad dinamizar la vida social de los vecinos de la barriada, gente trabajadora de no muchos posibles.

Uno de estos cooperadores, mi buen amigo Benito Reyes, me llamó para proponerme que diera una conferencia sobre novela negra. Por aquel entonces un servidor presentaba un programa de televisión de frecuencia semanal en el que hablaba de la lectura y los libros; de siempre me ha gustado muchísimo el género negro y naturalmente en el programa comentaba con cierta frecuencia obras de ese subgénero literario. Me apresuré a advertir a mi amigo que yo no tenía la categoría suficiente como para dar una conferencia, pero que si estaban dispuestos a soportarme, podría dar una charla sobre el tema.

Así se hizo y ante un auditorio amable y expectante hablé sobre la novela negra, pero realmente cuando se animó la cosa fue cuando abrí un turno de preguntas, las cuestiones empezaron a surgir con un ritmo inesperado de tal manera que no había manera de que pudiéramos dar por cerrado el evento. A cuenta de un comentario sobre la novela negra nórdica, subrayé la diferencia de culturas entre los suecos y nosotros, hablé de Camila Lackberg, una fantástica autora de genero negro,  destacada representante de la novela negra nórdica.

Comenté que curiosamente la autora siempre localizaba sus relatos en Fjällbacka, una pequeña población del sur de Suecia en el que la autora había nacido. En su pueblo estaban encantados pues recibían muchos visitantes que querían conocer el escenario de sus publicaciones. Puse un par de ejemplos más de ese fenómeno, el del inspector Wallander, creado por Henning Mankell, que había conseguido crear un turismo que acudía y todavía acude a Ystad, una pequeña población sueca muy cercana a Malmö, para conocer las calles en la que se desarrollan sus aventuras y también a Assa Larsson, autora sueca que utilizaba la ciudad en la que vivía, Kiruna, para desarrollar sus relatos.

Comentaba ese fenómeno y la aceptación que despertaba entre los vecinos de las localidades que se utilizaban como escenarios de muchas novelas negras y lo contraponía a la reacción, que suponía yo, se daría en Puerto Rosario si a alguien se le ocurriera escribir un relato sobre crímenes que acontecieran en la población. Suponía yo entonces y ahora espero haberme equivocado, que la reacción sería muy negativa, creo que afirmé que al autor “lo echarían del pueblo”.

Durante las más de dos horas que duró ese turno de preguntas, fui dando las respuestas que se me ocurrieron. Una amiga periodista me pregunto: — ¿Para cuándo una novela negra escrita por Miguel Rives? Me apresuré a contestarle que yo no era escritor, me limitaba a ser lector y por esa condición era por lo que estaba allí. Creí haber cerrado el tema, pero la pregunta de mi amiga Nuria, sembró una semilla en mi cerebro que tras muchos años germinó y consiguió - lo que son las cosas - que me decidiera escribir una novela negra.

Cuando estudiaba en qué lugar de Puerto del Rosario localizaría la vivienda del protagonista de "Al madero no le gusta la ropa vieja" recordé la charla sobre el género negro llevada a cabo precisamente en esa barriada y también la pregunta de Nuria González, y de inmediato decidí que allí vivirían Marc, Guacimara,  su pareja, y su suegra Ana Cabrera. Ahora ya saben ustedes el motivo por el que fijé el domicilio de Marc Rodríguez en la calle Panamá de las 90 Viviendas, 

MI decisión no pretende otra cosa que mostrar mi agradecimiento por aquella invitación y la generosidad con la que me recibieron sus vecinos, creo que la magnífica experiencia que viví allí, aquel día lo justifica.  Por eso hoy aclaro el motivo de la localización del domicilio de Marc, como un modestísimo homenaje a la barriada, a la Asociación  y a sus residentes.

Hasta el próximo viernes, mientras tanto reciban un fuerte abrazo.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Como nació lo de "Al madero no le gusta la ropa vieja"

Aquí se gesto el título de la novela

En la fotografía que ilustra el presente escrito se puede ver el interior del bar restaurante donde sucedió la anécdota que me permitió titular mi novela, que se llama como quizás sepan ustedes “Al madero no le gusta la ropa vieja”, un título que a mí me gusta aunque resulte un tanto sorprendente. Pero en estas cosa de la escritura las cosas suceden muchas veces por sorpresa, uno está liado pensando en cómo titular un texto y de pronto se le viene a la mente una anécdota que te ofrece la solución al problema.

Estaba sudando tinta china para encontrar el título para la novela, cuyo texto ni siquiera había comenzado a escribir. Había realizado algún trabajo de documentación, pero no había escrito ni un solo párrafo del relato. Supongo, no lo sé, porque ya les he confesado que no tenía ni idea de como se escribía una novela, que lo suyo hubiera sido ponerme a escribir y lo del puñetero título dejarlo para mejor ocasión; pero como soy un tozudo irremediable, decidí que ante todo tenía que encontrar el título y después ya seguiría con el texto de la novela.

En esas andaba cuando - Dios es grande y protege de una manera especial a los tontos y a los equivocados – por sorpresa, recordé la frase que hoy por hoy da título a mi relato y quiero explicarles la anécdota que viví con mi familia y que generó el dichoso título. 

Un día cualquiera estábamos mi mujer, mis hijos y un servidor de ustedes sentados precisamente a la mesa que se ve en la fotografía al fondo de la sala del bar. Habíamos ido a comer a ese establecimiento porque mi buen amigo Ramón, era el que lo gestionaba.

Ramón que es un tipo estupendo tuvo en su momento un restaurante magnífico, “El Sitio” se llamaba, donde se comía extraordinariamente bien y además daban un trato, amable, profesional y eficaz a los clientes. En casa salimos más bien poco a comer fuera, pero en todas y cada una de las ocasiones en que decidíamos comer en un restaurante, íbamos al Sitio, que tan bien administraban los amigos Ramón y Basi, el negocio iba muy bien hasta que la crisis del 2008 se encargó de liquidarlo.

Ante esa situación mi amigo Ramón se hizo cargo del bar del hotel que hoy se llama JM Puerto Rosario, el bar estaba abierto al público y en él se daba el desayuno a los clientes del establecimiento hotelero. Poco a poco Ramón consiguió vender un menú muy decente y confeccionó una escueta carta para aquellos que prefirieran ese sistema. Total, que allí estábamos sentados a la mesa que les he señalado; Elena y Tina, se sentaron de espaldas a la puerta y Miguel y yo en las otras dos sillas.

Rápidamente se acercó Ramón, que aquel día tenía un interés muy pronunciado por vendernos el menú del día, le pedí la carta mientras Ramón insistía que tenía una ropa vieja en el menú que era una maravilla, por fin conseguí que se diera cuenta que aunque se cayera el mundo, íbamos a comer a la carta. La trajeron, elegimos y cuando llegó la comanda nos pusimos a comer.

Mientras lo hacíamos, entraron en el bar dos jóvenes, de estatura media, delgados, con el pelo muy corto. Vestían tejanos, deportivas, unas chaquetillas y llevaban sendas riñoneras al cinto, los miré y me dio la impresión de que eran policías nacionales o guardias civiles. Se sentaron a una mesa situada en el centro de la sala cerca de la barra del bar y mientras lo hacían le pregunté a mi hijo Miguel si los conocía, mi hijo les echó un vistazo y me dijo que le resultaban desconocidos, pero que eran maderos seguro.

La cosa quedó ahí, pude oír como pedían menú, porque eso fue lo que cantó la camarera a la cocina y me olvidé de ellos. Pero al rato, el más alto de los dos, reclamó la presencia de la camarera con cierta premura, estuvieron hablando unos momentos y pude ver como la camarera retiraba un plato de ropa vieja. Miré a mi hijo y le dije “Por lo visto al madero no le gusta la ropa vieja”, nos echamos a reír los dos y la cosa terminó cuando Tina nos recomendó que fuéramos más discretos y nos ocupáramos de nuestros asuntos.

Ya saben ustedes de donde salió el título de esta novela. En el relato cuento la anécdota convenientemente retocada, el problema con la ropa vieja lo sufre el protagonista del relato, Marc Rodríguez Blanco, el guardia civil que elige Puerto Rosario como su primer destino en la Benemérita y que va a afrontar una investigación muy complicada.

Ya sé que les dije que a lo mejor publicaba todos los viernes, pero ustedes ya me conocen, así que hoy sábado no me he podido resistir a contarles lo del título y mañana, si Dios quiere, lo publicaré.

Un abrazo para todos.