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Juez Silva ¿Héroe o villano?

Elpidio Silva

Hace bien pocos días sostenía que, además de la crisis económica, sufríamos otra mucho más peligrosa y hablaba de la crisis moral que a mi parecer sufrimos como sociedad. Naturalmente  tendré que añadir aquello de sálvese quien pueda, pero en líneas generales creo firmemente que sufrimos un déficit ético muy preocupante.

Sólo una sociedad enferma puede aplaudir y apoyar a un individuo como el juez Elpidio Silva que se ha convertido en un  héroe romántico para muchos de nuestros conciudadanos que se han apresurado a transmutarlo de juez presuntamente prevaricador a inocente víctima del gobierno,  decidido a acabar con él  para evitar que  investigue el caso de Caja Madrid.

Particularmente Blesa me parece un sinvergüenza que muy probablemente terminará con sus huesos en la cárcel. Dicho esto, añadiré que Elpidio Silva me  resulta desde hace tiempo un trepa de manual. Un juez más preocupado por adquirir notoriedad que por llevar a cabo su trabajo y que metió la pata hasta el corvejón cuando mandó a la cárcel a Blesa, no una, sino dos veces, pasándose lo que dispone nuestro ordenamiento jurídico sobre la prisión preventiva por el mismísimo arco del triunfo.

Recordar a esos ciudadanos tan aficionados al ¡¡crucifícale, crucifícale!!, que los jueces de instrucción sólo pueden dictar prisión preventiva cuando se dan unos determinados supuestos, que no se daban ni de lejos en el caso Blesa. Y para esa gente que enardecida reclama cárcel inmediata para los imputados, insistir que en España no va nadie a la cárcel hasta que es condenado por sentencia firme y que la prisión preventiva no supone una pena, es una medida conducente a garantizar el buen fin de la instrucción y que sólo se puede aplicar si se cumplen una serie de requisitos.

Pero dejando aparte esta cuestión, da grima ver a un profesional de la Justicia faltando al respeto a magistrados y tribunales, observando una conducta propia del más abyecto de los picapleitos. Se me dirá que se está defendiendo y que en uso de su legítimo derecho de defensa puede hacer lo que le venga en gana, mientras observe lo que marca la ley.

Es cierto, pero también lo es que las acciones del juez Elpidio Silva, al que le faltó tiempo en cuantito lo empapelaron, para montar un partido y presentarse a unas elecciones, tienen más de maniobra torticera, fraude de ley y abuso del derecho de defensa que de medidas necesarias para demostrar su inocencia.

Que en el momento del inicio del juicio oral, Silva presente la petición de recusación de dos miembros del tribunal que le juzga - la del presidente “por falta de imparcialidad manifiesta" y la de la magistrada María Tardón, por "representar al Partido Popular" en la asamblea general de Caja Madrid - dice bien a las claras la falta de respeto que siente un profesional de la Justicia por los tribunales.

¿Falta de respeto por qué? se preguntarán algunos. Pues por la  extemporaneidad de la petición que se apoya en dos afirmaciones vacuas muy difíciles de sostener, una maniobra jurídica que solamente responde a una táctica dilatoria que  interesa a Silva por motivos políticos y nada tiene que ver con su defensa. No quiere que su juicio se produzca en el momento de la campaña electoral a las europeas en la que él es candidato. La falta de imparcialidad manifiesta, es un recurso con muy poco peso específico y lo de la magistrada es casi escandaloso, porque cierto es que representó al PP en una asamblea, pero eso sucedió en 1990 y la asamblea la componían 300 personas.

Para retrasar su juicio  intentó despedir a su abogado y el presidente del tribunal, en uso de sus atribuciones, le impidió hacerlo. Ahora, además de la petición de recusación  anuncia la presentación de una demanda civil contra ambos magistrados por la "flagrante y continuada violación" de sus derechos fundamentales, con la clara intención de crear una situación que obligue a los dos magistrados a retirarse del tribunal, al haber sido demandados por la misma persona a quien deben juzgar y conseguir así retrasar el proceso.

Una cosa es defenderse y otra muy distinta es demostrar a las claras que no siente el menor respeto por la Justicia y su administración. ¿Legal? para eso están los tribunales, pero desde luego ético no lo parece y sin embargo “el pueblo” lo aclama como héroe.

Por mí al juez Elpidio Silva y a su juicio  los pueden ir peinando, aunque sí he de decir que debiera preocuparnos a todos el hecho de que haya tanto ciudadano que en uso de su libertad, pero mostrando un  déficit ético preocupante, lo tenga por el paradigma de lo justo y benéfico.


Vamos por muy mal camino cuando un penoso chiquilicuatre es propuesto como ejemplo a seguir.


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