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"La noche de los tiempos": La visión de Antonio Muñoz Molina sobre la España de 1936


 

Hoy quiero comentar para ustedes una obra de Antonio Muñoz Molina que me pareció una auténtica maravilla cuando la leí. Me refiero a “La noche de los tiempos”, un novelón - tanto por su extensión - cerca de mil páginas, como por la calidad del relato que en su momento me reconcilió con Muñoz Molina, al que siempre he tenido en alta estima, excepción hecha de un relato autobiográfico que no me gustó nada.

El autor es académico de la Real Academia de la Lengua, nacido en Úbeda en el año 1956, es uno de los escritores contemporáneos más galardonado. Entre los muchísimos premios que reconocen su calidad, señalar que consiguió en dos ocasiones el Premio Nacional de Narrativa, se hizo con el Premio Planeta y también el Príncipe de Asturias de las Letras.

En el año 2006 publica con Seix Barral la novela que hoy nos ocupa. “La noche de los tiempos” en ella nos va a narrar la particular visión de Muñoz Molina de un espacio temporal de una importancia histórica sobresaliente. Vamos a vivir a través de las vicisitudes de los múltiples personajes del relato la realidad social de una España que se acerca a pasos agigantados a la Guerra Civil, sin que nadie sea capaz de poner remedio a la tragedia. Comienza el relato en la estación de Pensilvania de Nueva York. Un hombre de mediana edad - Ignacio Abel el protagonista - tiene que tomar un tren. Muñoz Molina describe al personaje, un arquitecto huido del Madrid revolucionario del mes julio del año 1936. Ha abandonado todo, deja en España a mujer, hijos, amigos y trabajo.

Siente la inseguridad de aquel que, obligado por las circunstancias, deja atrás todos sus referentes, me van a permitir que cite un párrafo de la pág. 41 de la obra, dice el autor a través de los sentimientos de su protagonista: “Ahora sabe que la identidad personal es una torre demasiado frágil para sostenerse por sí sola, sin testigos cercanos que la certifiquen ni miradas que la reconozcan”.

Ignacio Abel en un viaje de apenas tres horas va a zambullirse de pleno en su interior y a través de sus recuerdos va a contarnos una historia compleja, pero que el autor ha sabido hilvanar con gran categoría. En ocasiones mientras leía la novela venía a mi mente la imagen de una cesta de cerezas, de la misma manera que cuando uno coge unas cerezas del cesto éstas arrastran a otras, así va hilvanando el relato el autor.

Los pensamientos de Ignacio Abel permiten a Muñoz Molina irnos presentando al resto de personajes que van a interactuar con el protagonista y que servirán para explicarnos la vida del arquitecto, pero sobre todo la realidad de una sociedad que se encamina a la peor de las tragedias, a una guerra civil. Y a través de ese recurso “La noche de los tiempos” nos va a explicar cómo eran los españoles y su sociedad en el tiempo de la II República. No pretende Antonio Muñoz Molina documentar su relato, aunque disponga de admirable, sólida y extensa información, ni hacer un ensayo sociológico o político, se limita a imaginarlo metiéndose dentro de la piel de un ciudadano de entonces.

"La noche de los tiempos" cuenta en términos dramáticos y biográficos el conflicto de una generación que creía que tenía un proyecto democratizador, de progreso, de justicia y que ve sorprendida cómo los muros de su patria se convierten en una ruina total. Además de ese estudio de la sociedad española de aquel tiempo la novela es la historia de un hombre que proviene de la clase obrera, que ha triunfado como arquitecto, que ha ascendido a través de su matrimonio en la consideración social, pero que se va a enfrentar a un amor loco, por el que va a abandonar todo.

Muchos e importantes personajes transitan por las páginas de la novela, Azaña, Moreno Villa, Negrín, Bergamín, Alberti y muchísimos más que van a interactuar con Ignacio Abel y su mujer, su familia, una familia conservadora de gente importante venida a menos, y los amigos de la americana Judhit Biely de la que se va a enamorar desesperadamente.

Como les decía la novela sigue un hilo conductor muy sencillo: los amores de ese arquitecto madrileño formado en la escuela alemana de la Bauhaus, Ignacio Abel, que en octubre de 1936 llega a Estados Unidos contratado por una universidad. A través de los pensamientos del protagonista, utilizando los abundantes saltos temporales que impone la utilización de la memoria de Abel, se reconstruye la trayectoria vital del arquitecto. Su origen humilde, el ascenso social, su ideología de izquierdas, su matrimonio y la pasión que siente por la norteamericana y a través de ese hilo conductor nos explica la complicada situación de una sociedad convulsa que se dirige indefectiblemente hacia una guerra

Esta es una labor literaria muy importante a la que hay que añadir el trabajo de recreación de los personajes; van a encontrar ustedes personajes históricos perfectamente descritos e inscritos en la historia de Ignacio Abel, el positivo de un vitalista Negrín, español abnegado y consciente; el cálido de Moreno Villa, español superado por unas circunstancias que contempla en su digno aislamiento y que terminó muriendo en Méjico, por su fidelidad a una República que no era la que él quería. El negativo de Bergamín, español intransigente, o la deleznable figura del poeta Alberti, perfectamente descrita, en definitiva una amplia galería de tipos de la época sin esquematismos reductores que, teniendo todos hondura, alcanza en bastantes gran densidad psicológica, magistral en el caso de Ignacio.

Ese ser irresoluto, lastrado por complejos de culpa, culpable también por omisión o por ceguera, encarnación viva del miedo y del antihéroe, que se mueve a instancias de un egoísmo mal engastado en su ideología y que anda entre una vorágine de sucesos, viendo y no comprendiendo. Una larga novela narrada con una maestría nada extraña en Muñoz Molina, un hombre que tiene un dominio del lenguaje y de la técnica narrativa, decididamente envidiable. Son casi mil páginas pero se leen con ganas. Según la nota que aparece en la ficha que preparé para la televisión comencé a leerla un sábado a las once de la mañana y el domingo a las dos de la tarde la había terminado.

Me parece una obra magistral que no huye de la realidad, no es una novela de buenos y malos; como en la vida, los buenos, los malos y los regulares abundan en todos los bandos; no esquiva la descripción muy real del Madrid revolucionario de julio del 36. Quisiera subrayar una frase en la que uno de los protagonistas intenta excusar la barbarie de las milicias diciendo que la culpa es de los otros por haber comenzado la guerra. Ignacio contesta que ellos tiene sus culpas y nosotros las nuestras. Una historia que clarificará a muchos como fue la España de aquellos tiempos.

La recomiendo sin ningún género de dudas, háganme caso, no se van a arrepentir. Repito, un relato magistral, pleno de contenido, hábilmente relatado, lleno de ritmo, con una gran capacidad para dibujar a los personajes y a la sociedad de su tiempo.

Hasta aquí hemos llegado. Si Dios quiere, a mí me da salud y a ustedes paciencia, les espero por aquí el próximo sábado. Hasta ese momento cuídense mucho.

Como probablemente sepan ustedes he publicado una novela negra "Al madero no le gusta la ropa vieja" cuyo escenario es Fuerteventura y su capital, Puerto del Rosario. Sus protagonistas, dos guardiaciviles que investigarán un homicidio. Por si estuvieran interesados en adquirir un ejemplar aquí les dejo el enlace que les permitirá hacerlo. ¡Feliz lectura!

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