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La familia de Pascual Duarte: Una novela brutal


 

"La familia de Pascual Duarte" es una novela importantísima de nuestra literatura, por su calidad y porque marcó un camino. Se la considera el referente de un estilo de novelar que dio en llamarse el tremendismo. No quiero meterme en vericuetos que tengan que ver con la crítica literaria que es un terreno difícil y sobre todo peligroso, por lo tanto me acogeré a lo que dice el DRAE para definir lo que es el tremendismo. Lo define como una “corriente literaria y artística desarrollada en España en los años cuarenta del siglo XX, caracterizada por exagerar los aspectos más crudos de la vida”.

Ciertamente los seguidores de esa tendencia utilizaban una extraordinaria crudeza, tanto en la confección de la trama, como en la creación de sus personajes. Gentes pertenecientes a la marginación, ladrones, asesinos, prostitutas, alcohólicos individuos con problemas psiquiátricos o físicos, que en sus obras utilizaban el lenguaje desgarrado que ese tipo de gente utiliza en la vida real. Creo que bautizar a ese tipo de relatos con el término de tremendismo respondía más al desagrado con el que se recibió por parte de la crítica oficialista ese tipo de relatos que a una auténtica necesidad de definir a la propia tendencia, que hubiera podido incardinarse con total normalidad en el realismo o si se quiere en el naturalismo.

El término no nació para definir a ese tipo de relatos y a sus autores, ya existía y se utilizaba en el mundo del toreo para señalar a los toreros que utilizaban un estilo basado más en la espectacularidad del riesgo que en la observancia de las reglas clásicas. Así que la aplicación del vocablo a los autores encuadrados en ese estilo literario tenía una intención claramente peyorativa. De hecho Camilo José Cela, una de las cabezas visibles de la tendencia, manifestaba en un artículo que publicó en el año 1952 que “Tremendismo es un voquible entre puritano, insulso y laborista que, como era de esperar, hizo fortuna. Se disputan su invención, a juicio de los historiadores, el poeta Zubiaurre y el crítico Vázquez Zamora”.

Aclarado lo del tremendismo tantas veces citado, vayamos al tema que hoy nos ocupa. Hay que decir en primer lugar que la novela que hoy comentamos es sin duda una de las cuatro o cinco novelas más emblemáticas de nuestra literatura. "La familia de Pascual Duarte" es el primer libro editado de Cela, se publicó allá por el año 1942, en plena posguerra, y hay que recordar que Pío Baroja, al que el autor le pidió que prologara la novela se negó, alegando que y cito: “Si usted quiere que lo lleven a la cárcel vaya solo, que para eso es joven”. Además de su calidad intrínseca y de la novedad que constituyó para la novelística de aquel tiempo hay un dato que avala la trascendencia que tuvo y tiene esta novela, es el libro más traducido junto con el Quijote del conjunto de nuestra literatura.

Camilo José Cela nos relata la vida de Pascual Duarte, un joven extremeño, condenado a muerte por el asesinato de D. Jesús González de la Riva. Pascual escribe su historia como “pública confesión” de su vida, una existencia marcada por la violencia, la desgracia y el dolor. En realidad Cela no desdeña alguna de las convenciones más usadas en la literatura y nos presenta la novela como un manuscrito hallado casualmente, con lo que el relato lo hace el propio Pascual Duarte, que describe a lo largo de la novela la verdadera orgía de violencia y sangre en la que se convierte su vida. Un conjunto trágico de sucesos que repugnará y atraerá a los lectores conducidos por la mano del maestro, que aunque joven ya apuntaba las maneras que le llevaron a ser el número uno en nuestra literatura durante mucho tiempo.

Un joven escritor de apenas veintiséis años irrumpe en mitad de desierto intelectual plagado del culto a la fanfarria victoriosa que lastraba la literatura del momento. Con "La familia de Pascual Duarte", la literatura española, maltrecha y encorsetada, tiene de repente un clásico al que poder aferrarse.

Este relato autobiográfico de un asesino a ratos casi angélico, a ratos protagonista de una violencia sin límite y a veces incluso gratuita, bebe sin duda en las tradiciones españolas como la novela picaresca o el romance de ciego. Pascual, sin embargo, a despecho de sus rasgos comunes con el Lazarillo, Guzmán de Alfarache o el Buscón - familia infame, aventuras truculentas, marginación… - se diferencia de ellos en dos aspectos esenciales: le falta el cínico ingenio que permite la supervivencia a nuestros pícaros del siglo de oro, y guarda, ahogada por la ignorancia y la brutalidad generalizada, un ansia de vida pacífica y feliz.

El protagonista del relato es un fatalista, para él el ejercicio de la violencia es tan natural como el hecho de respirar. Pascual mata tan naturalmente como respira; no conoce otra manera de defenderse que la utilización de la violencia más extrema. Su rudimentario espíritu se entrega al fatalismo, se encoge ante la intuición de una vaga culpa acrecida y concretada en su conducta asesina: “Esa fatalidad, esa mala estrella parece como complacerse en acompañarme. Las más grandes tragedias de los hombres parecen llegar como sin pensarlas, con su paso de lobo cauteloso, a asestarnos su aguijonazo repentino y taimado como el de los alacranes. Quién sabe si no sería Dios que me castigaba por lo mucho que había pecado y por lo mucho que había de pecar todavía”.

Si toda la obra de Cela se explica mediante la tensión entre crueldad y piedad, o, si se prefiere, entre el sombrío pesimismo y el anhelo de redención, en "La familia de Pascual Duarte" encontramos esa tensión convertida en hábil contrapunto, con pasajes broncos en los que la sangre ciega al protagonista, convertida en abono de su vida, y pasajes en los que el clamor de esa sangre se apacigua, para brindarle un remanso de precaria paz, un espejismo de dicha que no tarda en hacerse añicos.

Pascual Duarte podría ser el estandarte de aquellos que predican que uno es aquello a lo que la sociedad en la que se desarrolla lo ha conducido; el extremeño es un personaje víctima de la sociedad en la que vive, una víctima que ignora que ha sido prácticamente predeterminado por los terribles sucesos y carencias afectivas de una vida pobre y desesperada. Una obra impresionante que marcó el inicio y abrió el camino a seguir a la literatura de posguerra, amarga y llena de penalidades como la propia vida que el autor saca a la palestra, una crítica a la sociedad rural de aquella España que salía de una guerra civil y en la que muchos de sus ciudadanos vivían en la más absoluta de las miserias, tanto moral como personal.

Un lujo que Camilo José Cela puso a nuestro alcance y que merece una lectura para los que no hayan tenido la fortuna de conocerla y desde luego una relectura para los que sí la hayan leído. La obra sigue manteniendo su tensión e interés para el lector, como en todas las obras maestras el tiempo no ha pasado para ella. Sigue siendo igual de apasionante que en aquel lejano año 1942 cuando vio la luz por vez primera.

Hasta aquí hemos llegado, espero que si Dios quiere nos volvamos a encontrar por aquí el próximo martes. Hasta ese momento no se olviden de cuidarse mucho.

Un abrazo.

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