martes, 26 de enero de 2016

Donde las dan, las toman… (Segunda parte)

Con la cara ... pagan
Comentaba ayer lo incomprensible que resulta que alguien que está tan encantado de conocerse a sí mismo, que se da los aires que se da y se pasa la vida dando lecciones a los demás, sea capaz de ser sorprendido in puribus, dos veces en un mismo día y las dos de gravedad. Si Rajoy dejó a Pedro Sánchez, mudo, frío y absolutamente incapaz de ofrecer respuesta al recado que le había enviado, aunque fuera por vía indirecta sobre lo de la investidura, qué habrá que decir del descalabro que le hizo a la causa de Pedro Sánchez esa misma tarde Pablo Iglesias con sus declaraciones; al candidato socialista solo le faltó que  le hubiera salido un orzuelo.

La intervención de Pablo Iglesias fue de las de alivio, en ellas comunicó a todo el mundo, sin haber hablado previamente ni con el PSOE, ni con IU ni con la madre que lo parió, lo de su auto nombramiento como vicepresidente de esta nación, que no se había visto otra igual desde que Napoleón se auto coronó como emperador y eso fue en París que ya se sabe cómo son.

Una sorpresa durísima, pero ni esta circunstancia, ni  la exigencia de que se les concedieran los ministerios que ellos habían escogido, ni que se cachondeara del propio Pedro Sánchez al que afirmó que iba a hacer presidente, como quien le hace un favor a un pobre desgraciado; consiguió reacción alguna de los socialistas. Lo de Iglesias era increíble, pero lo más increíble fue el silencio atronador, si me permiten el oxímoron, observado por el candidato y  su brillante equipo ante las palabras del podemita; silentes, como si con ellos no fuera la cosa, ausentes, parecían incapaces de comprender el alcance y la gravedad de la circunstancia.

Un silencio incomprensible para cualquiera, menos para los de Pedro Sánchez que, estoy convencido, se quedaron únicamente con la parte en la que Iglesias comunicaba urbi et orbi que iba a pactar con ellos y permanecieron en un seráfico silencio, entre sorprendidos y satisfechos, mientras disfrutaban de lo que entendían como grata nueva. Se hace cuesta arriba creer una cosa así, estoy de acuerdo, pero no hay otra explicación al silencio de Pedro Sánchez y sus mariachis, silencio que acabó cuando, inopinadamente, les comenzaron a llegar las indignadas reacciones de gente del PSOE, que podrán ser socialistas, pero al menos son responsables y sobre todo entienden de que van estas cosas y  sólo entonces fue, cuando se vieron obligados a torcer el gesto y salir al quite.

La impertinente salida de Pablo Iglesias, por muy sorprendente que pudiera parecer, obligaba a una inmediata repulsa por parte del candidato socialista y ésta, insisto, no se produjo. Las huestes de Sánchez estaban disfrutando de las edulcoradas declaraciones de las gentes de Podemos, que veinticuatro horas antes afirmaban - con la boca chica y procurando que no se les viera la risa - que si por ellos era, lo del derecho a decidir lo podían aparcar,  si  es que ese detalle molestaba a la sensibilidad de los socialistas. Y sumergidos en ese ensueño fugaz en los que se veían alzándose con el santo y la limosna y presentando ese trágala, del que hablaba el otro día,  a los del Comité Federal,  sólo se les ocurrió que lo que decía Iglesias les favorecía.

Que unos tipos que pretenden gobernar nuestros destinos, no entendieran a la primera de cambio que lo de Pablo Iglesias era una puñalada trapera a su candidatura, explica muchas cosas. Será para mingitar y no echar gota, pero a los de Sánchez la presentación de Pablo Iglesias dejando claro que era él y no Pedro, el macho alfa del contubernio entre podemitas y socialistas, su auto nombramiento como vicepresidente del gobierno y la exigencia de que se le entregaran nada más y nada menos que los ministerios de Economía, Educación, Sanidad, Servicios Sociales, Defensa e Interior les importó un bledo. 

Si por ellos hubiera sido se hubieran tragado ipso facto el pacto con lacito morado y todo y aunque les duela ahora, entonces ni siquiera se ofendieron por el retorcido detalle de que Pablo Iglesias contara sus proyectos sobre el gobierno que estaba montando, en primer lugar al Rey, luego a la opinión pública y ya con calma y  por aquello del recochineo, se lo comunicara al PSOE ¡mediante un mensaje de texto!

Que lo Iglesias era una burla completa para los socialistas lo demuestra el invento, que a modo de estrambote se sacó de la manga el de Podemos con lo del “ministerio de la plurinacionalidad” y la exigencia de que en el pacto  figurara IU a los que la generosidad de Iglesias les concedía un ministerio y no añadió lo de los dos huevos duros, porque como son muy modernos, la frase no les sonaría.

Resulta aterrador que a pesar de la cornada de tres trayectorias que le infirieron a Pedro Sánchez, a pesar del desprecio público, de la mofa y la befa podemita, los de Sánchez estuvieran dispuestos a pactar y lo que hiciera falta. Y para los incrédulos ahí los tienen desde ayer, preparando el terreno por si pudieran cerrar el pacto con los de Iglesias.

Me importa un pimiento si aceptan la triste condición que supone  ser cornudo y apaleado y la aceptan de buen grado; me da lo mismo si los populistas les orinan y ellos pretenden hacernos creer, que lo que les moja es una fina lluvia primaveral,  allá ellos. El verdadero problema reside en que al final, los trastos rotos los vamos a pagar los de siempre, los ciudadanos y eso sí que me preocupa.

Aunque por desgracia la historia continua, mañana más… Si ustedes así lo desean, naturalmente.

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