lunes, 12 de diciembre de 2016

La Constitución y el fervor reformista de Ciudadanos y PSOE


Resulta llamativo como los dos partidos políticos que más dificultades tienen para transmitir su mensaje a la opinión pública, estén empeñados en vender la reforma de la Constitución presentándola como una demanda urgente de todos los españoles, que, por lo que dicen tanto los de Ciudadanos como los del PSOE, estamos que no vivimos pendientes de que se resuelva nuestro más grave problema, que no es el paro, ni la situación económica, ni la corrupción, lo que resulta prioritario, lo que más preocupa a los españoles si hacemos caso a socialistas y naranjitos, es la santísima reforma de la Constitución.

El hecho de que a los españoles en el fondo y en la superficie lo de la reforma constitucional les parezca un asunto absolutamente alejado de sus intereses más urgentes y que la Carta Magna y su reforma interesen al electorado tanto como el estudio de las influencias de los relatos tradicionales persas en la redacción del Quijote, no es óbice para el interés que ponen en la reforma los de Rivera y Ferraz, porque si a falta de pan, buenas son las tortas, a falta de un mensaje político coherente, con contenido y bien construido, bien vale entretener al votante con una mala historia sobre la reforma constitucional.

Asunto que sólo interesa, a los que huérfanos de mensaje que vender a los españoles hasta que lo construyan, como es el caso del PSOE y también a los de Ciudadanos, dueños y víctimas de un evanescente mensaje de centro, que está muy bien para las campañas electorales y las tertulias políticas pero que a la hora de la verdad, todo el mundo sabe que el centro político es como el agua, incoloro, inodoro e insípido y que no contentos con cargar con ese defecto de origen, los naranjitos ahora se encuentran sin posibilidad de pontificar sobre el recurrente argumento de la corrupción del PP, sobre todo porque han pactado con ellos, lo que les convertiría en cómplices de la supuesta deshonestidad pepera y para más INRI no encuentran a nadie con quien firmar un acuerdo importante o al menos  un pacto por irrelevante que éste fuera. Es por lo que se entiende perfectamente cuál es el motivo que empuja desesperadamente a socialistas y Ciudadanos a vender la reforma  constitucional como algo que resulta vital para el armónico desarrollo de la Nación.

Los del PSOE sufren una falta de autoestima que les crea un problema de inferioridad ante sus adversarios más peligrosos, los de UP y ese complejo lo  agrava la necesidad que tienen de afirmar su puesto como líderes a la oposición al PP.  “Oposición útil” la llaman, supongo que por oponerla al desastre que supone lo que hacen los de Iglesias, que han demostrado en el hemiciclo que son una calamidad para el trabajo parlamentario; pero ven empañada esa “ejecutoria” por la obligación que tienen de llegar a acuerdos con el gobierno de Rajoy en los que obtienen concesiones de los populares, lo que me parece bueno, pero ese complejo de inferioridad les obliga a algo más y ese plus lo pretenden obtener vendiendo su reforma constitucional.

Un error táctico si tenemos presente que en estos momentos en España el 65’5% de los ciudadanos parece no estar nada de acuerdo con la reforma socialista. El 37,7%  está a favor de mantener la situación tal y como se encuentra ahora mismo, un 9,7% quiere una reforma que asegure que el Estado recupere competencias que hoy son de las autonomías, el 18,5% estarían de acuerdo con que se eliminaran por completo éstas, el 9,3% no tiene muy claro lo que quiere y el 2,3% restante ni siquiera contesta. Por lo tanto vender la reforma que convertiría a España en un estado federal, como si se tratara del bálsamo de Fierabrás para nuestros problemas, choca con la voluntad de más del 65%  de los españoles, lo que sin duda embota el filo de la propuesta de Ferraz.

Ciudadanos por su parte sufre de siempre un desordenado apetito por estar en el candelero, se pirran por salir en las primeras planas y en las televisiones y si no pueden conseguirlo languidecen. Sufren, porque han perdido prácticamente toda la importancia que supuestamente tenían; para su desgracia la actitud negociadora del PSOE, ha transformado en irrelevante su apoyo. 

Lo decía el ministro de Educación y portavoz del Gobierno , Íñigo Méndez Vigo que en una entrevista explicaba el problema que están sufriendo con dolor los naranjitos: “Vamos a cumplir nuestros acuerdos. Pero hay que tener en cuenta que con Ciudadanos y con nuestros socios de investidura no tenemos la mayoría que hace falta en el Congreso para aprobar determinadas leyes, y hay que sumar a otros grupos.”

Así que sin nada de lo que poder presumir, muy perjudicados por una serie de problemas internos que empiezan a salir a la luz, que algunos justifican con el manido argumento de calificarlos como problemas de crecimiento - como si la falta de democracia interna, el personalismo de Rivera y su cúpula, la inexistencia de un mensaje más allá de los celebérrimos 150 puntos que ya de poco valen o el peligroso deslizamiento de Ciudadanos hacia el nacionalismo catalán que protagoniza Arrimadas en franca desobediencia a la voluntad de Rivera - se produjeran a cuenta de ese crecimiento del que presumen, pero que electoralmente no rinde beneficios.

Por eso están con la reforma de la Constitución, con “su” reforma, como si ellos pudieran imponerla, como si no tuvieran conciencia que los escaños que tienen no dan para nada o casi nada. Debieran reflexionar sobre la percepción que tienen los ciudadanos españoles sobre la necesidad de reformar la Constitución y ya de paso buscarse la vida y ser capaces de ofrecer algunas alternativas aceptables que se puedan aprobar en el actual Congreso de los Diputados.

Alguien tendrá que decirle al “nen Rivera”, que estas cosas las podrá hacer cuando consiga que los votantes le den una mayoría absoluta de los 3/5 de la Cámara, entonces podrá hacer lo que le dé la gana con la Constitución. Hoy por hoy lo que les toca es salir de la irrelevancia política en la que están sumidos, aportando cuestiones positivas para el interés general.


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