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Disfruten de un buen escocés


No vayan a creer ustedes que esté promoviendo el consumo de bebidas alcohólicas, simplemente me he permitido un juego de palabras - no demasiado ingenioso, debo reconocerlo - con el lugar de nacimiento de Philip Kerr, un extraordinario novelista británico del género negro, que nació en Edimburgo el 22 de febrero de 1956 y por desgracia falleció en Londres el 23 de marzo de 2018. 

Cursó sus estudios universitarios en la universidad de Birmingham y obtuvo un máster en leyes en 1980. No debió encontrar trabajo en el ámbito jurídico y tuvo que trabajar como redactor publicitario. En 1989 decidió dedicarse plenamente a la creación literaria tras conseguir un gran éxito con “Violetas de Marzo”, obra con la que inició una trilogía de relato negro conocida como “Berlin Noir” o “Trilogía Berlinesa” que publicó entre 1989 y 1991.

Tras el éxito de la trilogía, siguió publicando, pero abandonó a Berlín y a su protagonista. Al tiempo, supongo que recordaría el éxito que cosechó en su momento,  retomó el tema y publicó entre el año 2006 y el 2018 once novelas más que completaron lo que se conoce como la serie de Bernie Gunther, nombre que toma ese conjunto de relatos negros del protagonista de estos. Entre el 2014 y el 2015 Philip Kerr publica tres novelas que conforman la serie o la trilogía de Scott Manson, unos relatos que nos trasladan al intrincado mundo del fútbol profesional y como otros autores del género publica una serie de novela juvenil compuesta por siete relatos, además de diez o doce novelas independientes de estas tres series.

Puede sorprender que un escritor escocés cree una serie cuyo escenario está situado básicamente en Berlín, aunque advierto que con  su protagonista viajaremos a lugares muy alejados de la capital alemana. Habrá que decir que a Kerr se le puede considerar un conocedor de Alemania y de “lo alemán”, de hecho nuestro autor obtuvo un máster en filosofía alemana y además, según ha afirmado en distintas ocasiones, siempre se ha interesado por el fenómeno del nazismo y su ascenso al poder.

Para explicárselo a sí mismo y a nosotros creó un personaje arquetípico para que protagonizara sus relatos. Un hombre de la calle, un policía, Bernie Gunther, un tipo duro de pelo rubio, ojos azules y nariz rota. En una época donde la imagen que se tenía de un policía se limitaba a unos nudillos de acero y un foco de luz cegando al interrogado, Bernard Gunther resultará ser un investigador honesto, aunque no sea un héroe. Decía su padre literario que uno puede ser valiente un lunes y un cobarde el miércoles, Gunther sabe que vive en un mundo desquiciado donde es normal que las personas desaparezcan y mueran, pese a ello no conoce el miedo y no respeta la autoridad; un detective de novela negra de toda la vida. Decía mi amigo Paco Camarasa, el hombre que más sabía sobre el género negro y un librero de una categoría sideral, que cuando se encontraba con algún cliente que dudaba, le decía “si a usted le gusta Marlowe, no lo dude, Bernie Gunther le va a encantar”.

Y es cierto porque las novelas de Kerr son género negro puro, su protagonista recuerda a los protagonistas de Raymond Chandler o Dashiell Hammett, eso sí convenientemente trasladado a otro escenario y con una idiosincrasia adecuada al Berlín en el que vive. Hay que señalar que el Berlín de las historias de Philip Kerr es la coprotagonista del relato, una ciudad con una personalidad tan acusada, compleja y problemática como la de Gunther.  Afirma el propio Kerr que cuando empezó a escribir la serie buscaba más conocer el carácter del berlinés que la historia de la propia ciudad. Sostiene que los berlineses, dueños de un carácter muy independiente, siempre han sido incómodos para el poder y precisamente por eso los admira. A Hitler, insiste nuestro autor, no le gustaban en absoluto y los berlineses son los mismos ahora que entonces, no han cambiado.

Hace falta mucha imaginación y un trabajo de documentación muy completo para escribir el primer libro de la serie, ambientado en el Berlín de 1936, con una perfección difícil de conseguir. Él mismo lo cuenta cuando nos dice que a tal efecto pisoteó sin descanso las calles de Berlín  al objeto de obtener el conocimiento que le permitió retratar a aquél Berlín, que la II Guerra Mundial destrozó, pero que no pudo hacer lo mismo con el carácter de sus habitantes.

La tarea de Bernie Gunther se hace más difícil con cada libro de la serie. A medida que pasa el tiempo tiene que lidiar no sólo con los nazis, sino también con los efectos de la guerra; para posteriormente sufrir la brutal ocupación del Ejército Rojo. Finalmente su trabajo y otras circunstancias lo llevan hasta Buenos Aires, La Habana y otros lugares, en los que sigue haciendo gala de ese humor especial que caracteriza a los berlineses. De su protagonista dice Kerr que "Tiene ese sentido del humor negro y frágil de Berlín que también es mi sentido del humor. Es un forastero y un cínico, contra el mundo, y tengo mucha simpatía por él."

De la serie de Scott Manson poco o nada puedo contarles, ya que no la he leído, los críticos no se ponen de acuerdo, unos la alaban y otros la hacen trizas, desde el desconocimiento creo que tiene un tono menor a la de Bernie Gunther.

Si les gusta la novela negra, si admiran a los clásicos del género, no lo duden, parafraseando a Paco Camarasa, los animo a que conozcan esta serie que a pesar de su “clasicismo” tiene un aire y un ritmo que la distingue de sus antecesores. La recomiendo con absoluta tranquilidad, es auténtica novela negra, merece la pena leerla. Como de costumbre recomiendo hacerlo siguiendo el orden cronológico en el que fue escrita, eso les permitirá seguir la evolución del personaje y disfrutarán de la creciente madurez del autor. Crean que si fían de mi consejo y se ponen a la tarea de conocer a Kerr y a Bernie Gunther, me lo van a agradecer. No van a tener problemas para localizarlas, las encontraran en RBA Serie Negra. Seguro que disfrutar de un buen escocés nos sentará bien a todos.

Hasta aquí hemos llegado. Si Dios quiere, el próximo lunes volveremos a vernos por aquí. Cuídense mucho.

Un abrazo.

 

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