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Llega el 2021


 

El año pasado cuando escribí mi comentario del 31 de diciembre no pude apuntarme al optimismo porque la realidad me lo impedía, pero no quise reflejar el pesimismo que sentía y me acogí a la auctoritas de D. Miguel de Cervantes y con él afirmé que el mal que nos aquejaba duraba tanto tiempo que muy probablemente terminaría pronto y el bien comenzaría a reinar nuestros destinos. Eso sí, advertí que el 2020 era bisiesto y recordé aquello tan viejo de “año bisiesto, año siniestro”, desgraciadamente acerté y creo que me quedé corto, porque estamos liquidando un año en el que casi todos las hemos pasado canutas, pero canutas de verdad.

Hoy lo suyo sería que deseara a todos ustedes prosperidad para el año 2021, alguno me dirá que claro que sí, que esa es la idea, que por pedir que no quede, desgraciadamente no puedo estar de acuerdo, si ustedes se han fijado en la imagen que ilustra este escrito habrán percibido en ella la abundancia de signos interrogantes, con ellos he querido significar que no sabemos lo que nos va a suceder a lo largo de estos doce meses que nos separan de la próxima reflexión que, si Dios me da vida y a ustedes paciencia, les tocará leer el 31 de diciembre de 2021.

Créanme si les digo de todo corazón que les deseo a todos, lo mejor para este año que en unas horas comenzaremos a vivir, pero si digo lo que pienso, creo que el 2021 será distinto al 2020, no hace falta ser del sindicato de los siete sabios de Grecia para saberlo, pero que sea diferente no significa que vaya a ser mejor. He estado dándole vueltas a este escrito unos cuantos días y creo que se nos viene encima un año muy duro desde todos los puntos de vista. 

En este año vamos a sufrir las consecuencias del desastre de la gestión sanitaria de nuestro gobierno ante la pandemia, que el Gobierno manifiesta que va a dominar a cuenta de la vacunación, aunque bien pudiera ser que la primavera nos encuentre especulando si vamos a ser capaces de impedir la cuarta o la quinta ola de contagios. Económica y laboralmente a lo largo de este año pagaremos las consecuencias del demencial encierro que nos impuso el gobierno ante su incapacidad para hacer frente a la epidemia y lo hizo como casi todo lo que hace, tarde y mal.

Europa con los impuestos pagados por los ciudadanos de los países miembros de la UE, incluyendo naturalmente a los españoles, intentará frenar el desastre ocasionado por el gobierno social comunista y procurará poner orden en nuestro calamitoso escenario económico, financiero y laboral, mientras nuestro gobierno, contumaz, seguirá ocupado por las cuestiones que le convenga impulsar para favorecer sus intereses; así que el panorama se me antoja largo y proceloso tal y como fue el reinado de Witiza.

Para que el 2021 sea un año próspero debería ocurrir un milagro, no es que no crea en los milagros, pero me parece que esperar que este suceda tiene tantas posibilidades de éxito como confiar en que Pedro Sánchez vea la luz y decida bajarnos los impuestos tal y como han hecho los países europeos, en lugar de terminar de arruinarnos con la creciente presión fiscal.

Ojalá me equivoque, lo digo de corazón porque mi familia y yo mismo, como todos, necesitamos perentoriamente una mejora, pero me parece que hoy lo que toca pedir en lugar de prosperidad es que la Providencia nos de el ánimo y la capacidad para hacer frente a este año que se abrirá ante nosotros dentro de unas horas y que nos ayude para que en lugar de empeorar, mejoremos en todos los aspectos, empezando por el de la salud.

Amigos míos les deseo lo mejor - como ya he dicho por pedir que no quede - y ruego al Altísimo que en el año 2021 nos proteja a todos, que falta nos va a hacer.

Que así sea.

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