jueves, 19 de junio de 2014

La Armija toma el cuartel Tihomir Misic ( Cuarta entrega)

Una vista aérea de la estación de autobuses de Mostar
Acompañado por el cabo 1º Guerra, comprobé que todos los BMR tuvieran montada su propia seguridad, un centinela por vehículo hasta que amaneciera. Los blindados estaban separados y aparcados bajo la inmensa marquesina de  la estación de autobuses, una instalación bastante grande, en la que estaban preparados los aparcamientos para los autobuses, que facilitaban su utilización en tiempos de paz. Al fondo, bajo la marquesina se encontraban las taquillas, oficinas, tiendas y en el extremo más al sur, el bar en el que nos estaban asando los dos corderos.

No pude por menos que pensar que el bosnio que había aparecido de la nada con dos corderos bajo el brazo, estaba repitiendo una jugada bastante habitual. Personalmente no me había quedado nunca en la estación de autobuses de la zona musulmana a pasar la noche, pero me daba la impresión que el joven tenía montado un buen negocio – pagábamos en marcos – con las unidades que frecuentaban ese lugar. Personalmente no estaba demasiado tranquilo, me parecía una imprudencia lo de montar el numerito de la cena, pero tras analizarlo a fondo, lo del “festival del cordero asado de Bosnia”, no nos creaba un mayor riesgo para nuestra seguridad. Así que a lo hecho, pecho y después de la cena tendría que procurar que  la gente no se relajara y bajara la guardia.

Así que me tocó el ingrato papel del superior que da el indeseado discurso sobre la seguridad y la inexcusable necesidad de mantenerse alerta, que una cosa era cenar como reyes, bueno lo dejaremos en príncipes y otra muy distinta poner en peligro la seguridad de todos. Llevé a cabo la gira por los blindados y en todos encontré a la gente relajada y les solté el rollo que escucharon atentamente. Me acordé de mi capitán, que se veía obligado día a día a protagonizar el papel que hoy me tocaba a mí y le entendí mucho mejor.

En cuanto el bosnio comenzó a sacar las cazuelas del horno, cenamos. Cenamos bien, a satisfacción  de todos y con orden y concierto, el bosnio se me acercó con aire cómplice y me propuso que bebiéramos, aunque sólo fueran los jefes, unos tragos de rakia a su salud, le agradecí el detalle y le expliqué que no íbamos a beber alcohol bajo ningún concepto, para cerrar la propuesta le pagué la cuenta de la bebida, que salió baratísima.
El bloque de viviendas al lado de la estación, antes del bombardeo

El hombre se fue contento y nosotros quedamos allí satisfechos y con esa paz interior que da el haber comido una buena ración de cordero de excelente calidad y asado con maestría, claro que ahora en lugar de una tranquila tertulia, quedaba organizarse para pasar la noche. Comprobé que los dos BMR de línea cubrieran el flanco norte y sur de la instalación a la altura de la mitad de la marquesina, mientras que  la ambulancia flanqueada por los  portamorteros,  quedaba en el centro del despliegue, pero pegada al fondo de la estación muy cerca de las oficinas y el Mercurio se colocó a diez metros de mí, ligeramente retrasado  y a la izquierda de mi posición.

Repasé el modestísimo despliegue y consideré que tampoco podía hacer mucho más, así que cada mochuelo se fue a su olivo y al poco tiempo el silencio más absoluto reinaba en nuestra zona. Sin embargo yo seguía inquieto, dándole vueltas a la situación recordé que cuando salí del hospital había visto tres camionetas y un camión cargados de armijas y ese no era el procedimiento habitual que seguían para hacer los relevos nocturnos que normalmente hacían a pie y en pequeños grupos, además los armijas llevaban la cara oscurecida como para operaciones nocturnas y me habían saludado, pero en silencio.

No podía evitar pensar, que un poco más al norte de nuestra posición se encontraba un acuartelamiento que estaba en poder del HVO, aunque no creía que los musulmanes se atrevieran a preparar un ataque contra el cuartel del campo Norte como se le conocía hasta hacía bien poco  y que ahora se llamaba el Tihomir Misic. Nombre que se le había puesto en honor de un ciudadano bosnio, musulmán para más señas que estaba encuadrado en una unidad del HVO, porque durante la guerra contra los serbios, luchaban juntos, unidades del HVO en las que había musulmanes y unidades de la Armija en las que junto a los musulmanes, combatían ciudadanos croatas.

Tihomir Misic que era civil y había conseguido el grado de comandante, resultó muerto en un oscuro tiroteo, del que nadie se hizo responsable. Los croatas lo tenían por un héroe porque era su nexo de unión con la población musulmana y los musulmanes, que fueron los que se lo cargaron, por mucho que argumentaran que la muerte se había producido accidentalmente a cuenta del consabido error humano,lo consideraban un colaborador y un traidor a la causa de la Bosnia musulmana.

Aunque me parecía improbable que la Armija asaltara el cuartel con  la gente que pude ver, empecé a considerar la posibilidad de salir de allí, ante el peligro que podía suponer estar en la estación de autobuses si sucedía algo en el cuartel que estaba muy próximo a ésta, el 1º Guerra que me seguía en el paseo que me iba dando, me miraba en silencio. No estaba demasiado seguro de lo que debería hacer, por un lado estaba la seguridad de mis hombres y por otro pensaba que de ocurrir algo, si me mantenía en la estación de autobuses, iba a estar en primera fila, convertido en privilegiado observador de un incidente importante. Al final decidí quedarme allí con mi gente, tampoco era prudente moverse de noche y correr el peligro de que me tirotearan "por error" o me bloquearan en cualquier control.

Así que volví al BMR, mientras escuchaba como se producían tiroteos esporádicos y las trazadoras surcaban el aire de Mostar en ambas direcciones. Me eché en el fondo del vehículo, tenía prohibido dormir al aire libre, lo que era un coñazo, pero entendía la medida de seguridad impuesta por Romero, mi capitán y la cumplía a rajatabla, la verdad  es que no era una experiencia agradable compartir el interior de un BMR repleto de hombres con sus equipos, bueno esa noche, de hombres y una mujer, que allí estaba “Carmen”, recostada en un rincón del banco que corría a lo largo de los dos costados del BMR, abrigada con lo que parecía un poncho.
Tihomir Misic

Se habían ido sucediendo los relevos de los puestos y ya había salido dos o tres veces a darme una vuelta por los vehículos, en todos ellos el de puesto estaba despierto y atento a su labor. Pero a pesar de mi inquietud debí quedarme dormido profundamente, porque soñaba que oía ruidos, hasta que mi cerebro se libró de la narcosis producida sin duda por el cordero y me di cuenta que nos estaban sacudiendo a base de bien.

Miré el reloj, eran las 03,45 horas de la madrugada del día 30 de junio, desde la zona croata, especialmente desde el monte Hum se estaba haciendo fuego sobre la zona en la que nos encontrábamos con morteros medio y pesados, ametralladoras pesadas y un cañón antiaéreo que utilizaban para el tiro terrestre.  Por lo que pude observar abundaba el uso de munición explosiva, lo que agravaba nuestra situación. Al norte de mi posición se oían ráfagas de fusilería, fuego de ametralladoras ligeras  y explosiones de granadas de mano, que me decían que se estaba produciendo un asalto y a mi retaguardia, detrás de la estación de guaguas, más allá de la carretera que iba a Sarajevo, los musulmanes devolvían el fuego de mortero a los croatas y un poco más al sur disparaban  con lo que parecían cañones sin retroceso sobre las posiciones croatas en el monte Hum.

Me di una vuelta por los blindados, en el de línea pude ver al cabo 1º  Arienza en la escotilla, vigilando alerta, era un cabo 1º de una eficacia fantástica, siempre atento a lo que sucedía, siempre preparado a cumplir lo que se le ordenara y que manejaba a su gente de manera muy satisfactoria. Eso sí, era del modelo silencioso, hablaba muy poco – al menos conmigo - y eso en una sección en el que casi todo el mundo lo hacía hasta por los codos, llamaba la atención. Me acerqué al blindado ― ¿Qué Arienza, haciendo la digestión del cordero? ― sonrió y dio por callada la respuesta, supongo que pensaría que mi pregunta era retórica o no le hizo ni pizca de gracia el chiste.
― Ahí arriba ― dijo señalando la zona del Tihomir Misic ― hay armado un buen jaleo.
― Eso parece Arienza, vamos a ver qué hacemos, tengo que reflexionar si decido salir de aquí o nos quedamos, cuando lo tenga claro, te lo digo por radio.

Seguí la ronda con el 1º Guerra a mi lado, le había dicho que se quedara en el blindado - porque me parecía inútil que nos arriesgáramos dos en algo que podía hacer tranquilamente yo solo - pero había ignorado mi orden con total naturalidad, no quise discutir con él, al fin y al cabo en el sarao que se estaba montando peores parejas de baile me podían tocar. Las estaba pasando fatal, me parece, al menos que yo recuerde,  que esa fue la única vez en la que me pesó la responsabilidad. Siempre había preferido estar al mando en situaciones más o menos difíciles, me encontraba más a gusto decidiendo lo que había que hacer, pero esta vez tenía muy claro que cómo tomara la decisión equivocada, iba a sufrir bajas. De hecho, en aquello momentos hubiera firmado de conformidad que la cosa acabara con tres o cuatro heridos, por un instante pensé que ojalá no tuviera que decidir yo, pero no podía permitir que mis problemas me abrumaran y que el temor a equivocarme ralentizara una decisión, que como casi todas, no permitía espera.

Estuve reflexionando durante casi diez minutos, Guerra me observaba en silencio, si me movía me arriesgaba a que, teniendo presente que de noche todos los gatos son pardos; alguien fuera del bando que fuera, abriera fuego contra la columna, porque la noche estaba de gatillos fáciles. Si me quedaba, me arriesgaba a que me sacudieran los croatas que se suponía que disparaban a la montaña que tenía a mis espaldas, pero que ya habían hecho blanco varias veces en el bloque de apartamentos que estaban justo al lado de la estación y en el que ardían al menos dos viviendas.

Decidí quedarme, a pesar de que la metralla de los morteros croatas había llegado hasta el interior de la marquesina. Supongo que por esa pulsión que nos empuja a pensar que más vale malo conocido que bueno por conocer decidí quedarme y ver en vivo y en directo lo que allí estaba sucediendo.  Mientras me decidía enfrente de la estación, por la calle que iba hacia el hospital, pude ver cómo pasaba una de las furgonetas que había visto sobre las nueve de la noche. 
Vi  que transportaba unos cuerpos, supuse que transportaría heridos, porque en mitad del combate por el cuartel, no creía que a los musulmanes les diera por retirar a sus muertos , confirmando mi suposición el armija que iba en la caja levantó su pulgar derecho cuando pasó delante de mí. Entendí que lo del cuartel estaba siendo un éxito para los hombres de la Armija, no pude por menos que compadecer a los componentes del IV Bojna (batallón) del HVO que ocupaban el acuartelamiento, que como cayeran en manos de los musulmanes lo iban a pasar mal, pero mal de verdad, sobre todo si pensaba en los prisioneros musulmanes que el HVO había sacado  a centenares de Mostar esa misma mañana y que conociendo la permeabilidad de la zona en lo que hacía referencia a la información, los de la Armija debían conocer al detalle.
Estuvimos aguantando el bombardeo como pudimos, dedicados a observar lo que estaba sucediendo,  aunque he de decir que había legionarios que dormían como marmotas, “Carmen” aguantó muy bien la situación, charlamos con tranquilidad de Argentina y otras cuestiones, creo recordar que era de Rosario como mi madre, cosa que le agradó muchísimo, vaya uno a saber por qué.
Verdegay y  Morales. Detrás el Metralla jugando al Tetris

Sobre las cinco de la mañana el cañón antiaéreo que nos estaba friendo a tirios y troyanos, porque el cabrón que disparaba o veía menos que un  gato de escayola o era de los partidarios de eso tan viejo de haz bien y no mires a quién y le daba lo mismo atizar a los musulmanes que a nosotros, digo que serían  las cinco de la mañana cuando los artilleros musulmanes consiguieron un impacto directo en la zona que ocupaba el maldito cañón, que produjo una explosión muy importante seguida de otras secundarias, supuse que habrían conseguido hacer blanco sobre un lugar en el que tendrían almacenados explosivos y munición, pero fuera lo que fuera lo que sucedió tuvo la virtud de conseguir que no volvieran a hacer fuego contra nosotros desde el Hum, porque los morteros croatas estaban dedicados a disparar encarnizadamente  sobre el Tihomir Misic, lo que sin duda fue un alivio para todos los que estábamos en la estación de guaguas.

A lo largo de la noche, había ido comunicando a Dracevo lo que sucedía , poco a poco el tiroteo se fue calmando, de vez en cuando resurgía con intensidad, pero cada vez durante menos espacio de tiempo. Los musulmanes llevaron tropas de refresco hacia la zona del acuartelamiento y evacuaron a sus bajas, aunque no vi que transportaran prisioneros, cada uno de los presentes sacó las consecuencias que le parecieron más oportunas, aunque ninguna era muy optimista sobre la suerte de los croatas y ya no digo nada de los musulmanes que los de la Armija, pillaran con la escarapela del IV Bojna.

Respiré profundamente por vez primera desde las tres de la mañana, la situación se iba calmando en nuestra zona. Se acercaba la hora del amanecer y la de moverme y abandonar la dichosa marquesina. Hablé con los jefes de vehículos, iba a fraccionar otra vez la sección para evitar que nos dejaran salir de la zona musulmana y cuando intentáramos pasar a zona croata, los del HVO nos lo impidieran. No podía permitir que mi sección se quedara fuera de Mostar, zona que teníamos asignada y  que no se me había ordenado abandonar.

Por lo tanto en cuanto se hiciera de día, intentaría salir con los dos blindados de línea y el Mercurio por el sur del barrio musulmán y entrar en la zona croata por el Puente de Aviadores, si no había problema, en cuanto estuviera en el otro lado del Neretva llamaría por radio a Hidalgo para que siguiera el mismo itinerario  y se reuniera con nosotros  en zona croata.

Mientras esperaba a que amaneciera en el interior del BMR, me fijé en mi conductor, que estaba dormido apoyado en el volante, dubitativo miré a Guerra ― Ha dormido toda la noche como un  bendito, ese tío duerme como una piedra― me dijo el cabo 1º. Esa noticia tranquilizó mi conciencia, le dije al  Metralla que lo despertara  y que hiciera café para la tripulación. Morales que era un tío risueño de natural, tenía un despertar bastante atravesado, lo de hacer el café no le hizo ni pizca de gracia y mientras ponía los trebejos sobre el fuego, rezongaba por bajini recordando la instrucción que se había dado para que los conductores durmieran todo lo posible y las responsabilidades en las que incurrían los que no las cumplimentaban. Me hice el sueco, mientras le daba prisa, por el simple placer de escuchar su rajada, que soltaba en un volumen lo bastante bajo como para que me permitiera fingir que no le escuchaba.

Sin embargo me miró, se dio cuenta que lo estaba observando y  calló, la cafetera empezó a hacer el ruido correspondiente y al poco estábamos tomando café, ordené que limpiaran y pusieran en orden el interior del vehículo y repasaran los alrededores, no debía quedar nada de nuestro paso a la vista. Di la misma orden al resto de vehículos  y nos preparamos para pasar al otro lado del río.


Eso será, si Dios quiere,  mañana.

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