sábado, 21 de junio de 2014

La tradición, los usos y la costumbre

Hoy se está yendo sin parar un punto...

Hace ya unos días en la tertulia de Radio Sintonía a la que acudo cada martes, durante la intervención telefónica de un oyente se vertió un concepto que me dejó tiritando. Me sorprendió muchísimo por venir de quien venía, un hombre bien formado intelectualmente que se ha movido, tangencialmente quizás, en el mundo y los submundos de la política y cuyo consejo, tengo entendido, fue uno de los motivos más significativos en la construcción de la figura de un político local importante, aunque advierto de antemano que importante no es ni de lejos sinónimo de bueno.

Dijo el oyente que no había que aprender de la historia, que había que hacerlo del presente  y me dejó en treinta y tres. Entiendo que dijo la barbaridad que les comento porque convenía a su argumentación. No es  ésta una postura que me parezca intelectualmente honesta, pero es una maniobra a la que uno está ya acostumbrado si el que habla tiene que ver con la política.

Porque si se trata de aprender del presente, habrá que decir que eso resulta imposible y no voy a ser yo quien defienda la tesis cuando me puedo apoyar en la auctoritas de D. Francisco de Quevedo, que en uno de sus sonetos de tema amoroso eso que quede claro, decía algo sobre el presente que creo puede aportar luz a lo que pretendo explicar. Decía D. Francisco:

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado

Así que creo que queda claro que si “hoy se está yendo sin parar un punto”, bastante tiene uno con vivir ese presente que huye fugaz, cómo para poder aprender algo de él. El presente es una entelequia, toda vez que cuando uno quiere pensar en algo, ese algo está ya en el pretérito, muy reciente, de acuerdo pero pretérito al fin y al cabo. Del futuro poco sabemos, el presente realmente no existe por su fugacidad y para aprender no nos queda más que lo vivido, la historia, la intra historia y sobre todo nuestra experiencia personal.

Me he acordado de la intervención del ciudadano que expuso, lo que a mí me parece una teoría absolutamente peregrina, porque coincide con el brutal ataque que las alegres y numerosas huestes de los ágrafos, que se expresan en las redes sociales, están  llevando  a cabo contra la tradición, que es nombrársela y a pesar de presumir de agnósticos  se ponen como si vieran al mismísimo Lucifer.

Me pregunto ¿es tan mala la tradición? Pues será como todo, buena o mala según y cómo, pero para no liarnos veamos como la define el DRAE, dice así “Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos”. Si uno lee la definición de la Española de la Lengua y reflexiona sobre ella, no parece que haya nada malo o peligroso per se, en la tradición. 

Siempre he dicho y creo que ni los más empecinados podrían discutirlo, que somos lo que somos, porque fuimos lo que fuimos. Por eso es muy importante conocer nuestra historia, que es la que  nos explica de dónde venimos y nos indica  hacia dónde podemos ir.

La tradición conforma nuestros referentes, todo este camelo que lo tradicional es malo, “porque no está al día” es una chorrada como una catedral de grande. Lo que está al día es lo que conocemos como actualidad, la tradición es otra cosa y debe ser muy importante cuando los alegres ágrafos de la zurda más populista, aunque se disfrace de popular, la atacan sin descanso. Necesitamos de la tradición, los usos y la costumbre que forman parte de nuestro acervo histórico y cultural, cuyo conocimiento nos es absolutamente necesario para orientar nuestra conducta y nuestras decisiones.

En España el Rey va a Las Cortes a ser proclamado, no porque sea un rey democrático, que también, sino porque desde la Edad Media forma parte de la tradición española que los reyes de las Españas acudan a Cortes y las juren, antes de proceder a su proclamación.

¿Así que este rollo viene a cuenta de la proclamación de D. Felipe VI? Pues no exactamente, pero le es de aplicación lo que acabo de explicar. Cuando alguien les diga que algo tradicional es malo porque no está al día, desconfíen, les están timando. Lo tradicional no necesita estar al día, eso es otra cosa, lo que le interesa a la zurda es acabar con los usos, costumbres y tradiciones que nos son propias y que forman parte de nuestro patrimonio ético, con la clara finalidad de conseguir que nadie tenga referentes en los que apoyarse cuando haya que reflexionar y tomar una decisión importante.

Esa es la idea, nada debe existir para nadie pueda comparar lo que sabe por propio conocimiento o tradición con  la última idea del demagogo de turno, aquello que se nos vende como el brillante descubrimiento del bobo ilustrado de moda o del populista más feroz. De ahí el ataque a la tradición, los usos y la costumbre que nos han sido propios. Estorban, no pueden existir para que no podamos comparar y así, inermes, nos unamos al  vociferante rebaño radical que cada día descubre algo nuevo, falaz, maniqueo, populista, peligroso e inútil, pero nuevo, muy nuevo y sobre todo muy moderno.

Así que si alguien intenta convencerles de que hay que aprender del presente y no de la historia, sean amables, muestren interés por su salud, los estudios de los niños o la familia del ciudadanos de marras, pero de verdad,  no le hagan ni puñetero caso, es un farsante.


Renegar de la historia, vivir para ver.  

4 comentarios:

  1. como siempre... me encanta como escribes y sin duda lo que escribes. Felicidades...

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  2. Muchas gracias amiga mía, por ese comentario tan amable. Un beso.

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  3. ¿No ha de haber un espíritu valiente?
    ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
    ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

    Al leer tu articulo,por cierto, excelente y lo suscribo, me han venido a la memoria los versos de mi admirado Quevedo que tu ya conoces, integrantes de la EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES PRESENTES.........
    Un abrazo y sigue DICIENDO LO QUE SIENTES.

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  4. Buenas tardes logoan, te agradezco el comentario y la cita de Quevedo, que en este erial se agradece en el alma y que no por conocida, resulta menos oportuna. Un abrazo.

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