miércoles, 13 de febrero de 2013

El indulto, una medida de gracia prostituida

Tiene mano...



Llevaba algún tiempo dándole vueltas al asunto de los indultos, el del conductor kamikaze, me lo estaba pidiendo a gritos, pero la actualidad se metía por banda y lo iba aparcando. Hoy la resolución del Supremo que anula parcialmente la concesión de un indulto, me inclina a tratar el tema.

El Ministerio de Justicia define al indulto como una medida de gracia, de carácter excepcional, consistente en la remisión total o parcial de las penas de los condenados por sentencia firme, que otorga el Rey, a propuesta del Ministro de Justicia, previa deliberación del Consejo de Ministros.

Por lo tanto no puedo estar de acuerdo con la aplicación de la medida porque se está manejando con una “generosidad” que invalida una de las condiciones que justifican su existencia, que no es otro que el de su excepcionalidad.

Debe ser una medida de carácter excepcional, pero la realidad, la tozuda realidad, nos dice que en España, los distintos gobiernos de uno u otro color han indultado, entre el año 1996 y el 2012, la sorprendente cifra de 10.146 individuos, lo que nos da una media de 596,82 indultos por año o si lo prefieren 1,64 condenados al día.

Datos que aparecen en un estudio llevado a cabo por una plataforma ciudadana independiente, que han tenido que recabar los datos uno a uno, repasando pacientemente los BOE,s confirmando la opacidad con la que se maneja la aplicación de esta supuesta medida de gracia de naturaleza excepcional.

Resulta indiscutible, o a mí me lo parece, que esa supuesta medida de gracia de carácter excepcional, ha sido mal utilizada a lo largo de muchísimo tiempo y aplicada con una prodigalidad que desvirtúa gravemente a la propia medida.

Nos encontramos una vez más con la utilización del favor político, con la clara finalidad de burlar el contenido de las sentencias correspondientes y por la gatera del indulto evitar el cumplimiento de las penas impuestas a los afortunados que supieron buscar el favor político.

Hay que corregir de inmediato la cuestión, la continuada aplicación del indulto resulta una mofa a la supuesta independencia del Poder Judicial, que ve como el Ejecutivo poder ajeno a la imposición de penas, evita su cumplimiento, utilizando de forma torticera la medida de gracia.

Que el favor político resulta muy importante, cuando no decisivo para conseguir el indulto correspondiente, lo demuestra la distribución geográfica de las sentencias que dan origen a los indultos. En primer lugar se encuentran las emitidas por los juzgados de Madrid, lo que parece razonable por la existencia del Supremo y la concentración de órganos judiciales y tras Madrid, van las comunidades autónomas de Valencia, Andalucía, País Vasco y Cataluña.

Esa distribución geográfica deja bien a las claras que en la concesión del indulto prima sobremanera, por encima de cuestiones humanitarias o de justicia, la influencia y el favor políticos. Dos comunidades – Andalucía y Valencia - en las que el PP y el PSOE tienen el poder hace muchísimos años y las de Cataluña (CiU) y el País Vasco (PNV) en las que los partidos nacionalistas gozan de un peso específico muy importante.

Así que lo de carácter excepcional, se sustituye por la filosofía de que el que tiene padrinos se bautiza...” y ya tenemos una nueva herramienta para ejercer el favor de manera clientelista y burlar así a la Justicia.

No puedo estar contra el indulto, aunque en el fondo piense que la figura es un residuo, poco evolucionado, de un derecho ejercido por los poderosos y que nos acompaña desde tiempos casi inmemoriales, pero no puedo oponerme frontalmente a su existencia, por su carácter de medida de gracia, que debiera aplicarse solamente para corregir situaciones paradójicas, en las que de la recta aplicación de las leyes se derivara la aplicación de una pena objetivamente desproporcionada o una situación evidentemente injusta.

Se está aplicando muy mal una medida jurídica que busca la equidad. En esto, como en casi todo, el poder político mancha lo que toca y esta es una cuestión que habría que resolver, cuanto antes mejor.


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