lunes, 4 de marzo de 2013

Todos lo vemos. Todos, menos algunos socialistas

Están listos de papeles...
La debilidad política del Secretario General del PSOE y su falta de liderazgo personal tiene dividido a su partido en una serie de “sensibilidades”, fracciones, familias o comoquiera que deseen llamarlas, cuya existencia hace imposible que su labor como oposición tenga credibilidad alguna. Los ciudadanos lo tienen claro, si no son capaces de resolver sus problemas internos, mucho menos serán capaces de resolver los nuestros.

A las gravísimas tensiones internas que sacuden a la organización, a su ruina económica, al fracaso cosechado como oposición en el Parlamento, hay que añadir ahora, la más que probable defección del PSC que ve como la debilidad del Secretario General socialista impide el cumplimiento de las promesas que le hizo el propio Rubalcaba a Pere Navarro a finales del 2011, tras su elección como líder de los socialistas catalanes.

In illo témpore Rubalcaba se sentía bastante más seguro que ahora y llevado de esa confianza prometió  a Navarro que llevaría, para su aprobación, a la Ejecutiva Federal del PSOE el acuerdo congresual en el que se pedía la firma de un nuevo protocolo que redefiniera  la relación entre ambas organizaciones políticas.

El texto de la propuesta proponía que el PSC tuviera grupo propio en el Congreso de los Diputados, ese grupo acataría disciplinadamente lo que decidiera el del PSOE, excepto en casos excepcionales relativos a temas de especial interés para Cataluña y su autogobierno, si no había acuerdo entre los dos grupos, los catalanes votarían lo que entendieran que era mejor para Cataluña.

Rubalcaba se las prometía muy felices, pero no contó con su oposición interna que, encabezada por los resucitados guerristas, no quería ni oír hablar de cuestiones de este tipo. De hecho Alfredo Pérez Rubalcaba no se atrevió siquiera a presentar la propuesta en la Ejecutiva Federal del PSOE con el enfado monumental de los de Pere Navarro que se encontraron por sorpresa ante la cuestión de tener que volver a presentarse a unas elecciones catalanas como un disciplinado apéndice del PSOE, asunto que pretendían evitar a cualquier precio.

De aquellos polvos estos lodos, ahora Rubalcaba se ha tropezado con la indisciplina de una serie de diputados socialistas que han votado, en contra de las instrucciones recibidas, a favor de una resolución  presentada por IV y CiU que instaba al Congreso a autorizar la celebración de un referéndum que permitiera conocer la voluntad de la ciudadanía de Cataluña sobre su futuro político, utilizando los mecanismos legales previstos.

La posición de Alfredo Pérez Rubalcaba no puede ser más incómoda. En el PSOE algunos barones territoriales le han puesto fecha de caducidad, ya no lo quieren - algunos no lo han querido nunca - como Secretario General, desamor que comparten con los del PSC, el madrileño Tomás Gómez, la vieja guardia apoyada en la figura de Felipe González que por ahora mantiene  un discreto silencio al menos en público y los activos guerristas, que se aprestan a cobrarse en las carnes de Alfredo, viejas cuentas pendientes.

Por otra parte, muchos de  los que supuestamente forman su entorno, inquietos, han comenzado a moverse. Les preocupa que no se vaya a respetar el acuerdo tácito de no convocar primarias hasta el año 2014; crecen las voces que piden, todavía no exigen, un congreso extraordinario y paralelamente a esas peticiones aumenta el nerviosismo de los  pretorianos de Rubalcaba, guardia personal que protegía a los césares romanos, pero que liquidó a unos cuantos, cuando la figura en cuestión se mostraba inoperante o incómoda...

Rubalcaba pretendía solucionar la división existente en su partido, con su más caro proyecto, el de convertir a España en un estado federal. Entendía que con esta propuesta daba solución al “problema catalán”, amansaba a los del PSC y creaba un debate generalizado que aprovecharía la debilidad del gobierno de Rajoy para imponer las propuestas socialistas de la reforma constitucional, con el apoyo de los nacionalistas y el resto de fuerzas de la izquierda parlamentaria. Unas propuestas tan distintas y opuestas a las del PP que le permitirían al PSOE y con él a Rubalcaba, una vez aprobadas recobrar el protagonismo y la iniciativa en la política española.

Ahora, tras verse en la obligación de sancionar a los diputados rebeldes presionado por su oposición interna, acuciado por su debilidad política dentro y fuera de su partido, sin fuerzas para imponer su inexistente autoridad e incapaz de concitar acuerdos, abandona por sorpresa su principal proyecto, el nuevo modelo de España y se conforma con presentar un proyecto descafeinado de reforma constitucional en la que se pretende “federalizar” a las CC.AA. Para entendernos adelgazar aún más al Estado para darle más poder a las Autonomías.

El propio Rubalcaba nos explicó a todos los españoles, que el déficit producido por las CC.AA. fue el que nos llevó a la ruina; todos lo recordamos salvo quizás los amnésicos más interesados. Estamos sumidos en la presente ruina por la acción irresponsable de las autonomías, lo dijo él y lo corearon disciplinados e inanes Elena Valenciano, López, Soraya-PSOE, Madina, Carmona y cualquiera que tuviera cierto peso específico en el PSOE.

Ahora como solución a los problemas de España, propone darles más poder a los responsables de nuestra ruina, que de acuerdo a su nuevo proyecto, podrían legislar sobre asuntos que hasta ahora sólo son competencia del Estado, tener una Hacienda propia, establecer acuerdos entre ellos, sin contar con el Estado en asuntos tan sensibles, como educación, sanidad o asuntos sociales. Para que quede claro, en los asuntos en los que se mueve la pasta de verdad, por si todavía hay quien no haya caído en cuenta.

Está claro que Rubalcaba está acabado, el socialismo español necesita imperativamente de la catarsis que todavía no ha llevado a cabo. Alfredo Pérez Rubalcaba es parte importante de los problemas que nos acucian, no aporta nada a la solución de los mismos, es más los agrava con su inseguridad y para bien de todos debe desaparecer acompañado de los “suyos”, eso si cuando le llega su hora todavía le queda alguno. España necesita en esta situación angustiosa que vivimos, de un partido socialista renovado y creíble que esté capacitado para asumir las tareas de una oposición leal y responsable.

Todos lo vemos. Todos, menos algunos del PSOE.

2 comentarios:

  1. No se como lo hizo, pero nunca debió ser secretario general, entró ya quemado y ahora se ha achicharrado con lesiones de 3º o 4º grado.
    Ojala y en breve elijan a un socialista que ademas sea buena persona, no se si eso es posible.

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  2. Buenos días anónimo, gracias por tu comentario, creo que llevas razón, tras su desastre electoral debía haber dimitido y que una gestora administrara un congreso extraordinario. Lo de la elección de otro socialista que resulte bien, me parece que no, tienen poco donde escoger y casi todo malo o medianejo. Saludos.

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