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Albert Rivera enseña la patita



Tras el fracaso de la fallida investidura de Pedro Sánchez, fracaso que deben aceptar conjunta y solidariamente los dos socios del pacto de marras, que ahora mismo parece que el único que fracasara fuera Sánchez,  comienzan las primeras maniobras para intentar que el líder de los naranjitos se haga con el mando del centro-derecha español. 

Para entendernos, se han iniciado las primeras jugadas, subterráneas desde luego, tendentes a conseguir la liquidación del PP como partido más a la derecha del espectro político y para que tras la caída pepera, estén ahí oportunos y eficaces  los de Ciudadanos para recoger los restos del naufragio popular y sobre todo para acoger a sus votantes, en una maniobra de libro que, llámenme raro, pero me recuerda muchísimo a la voladura controlada de la UCD de Suárez, cuando éste se puso farruco con Juan Carlos I y el rey acudió a Felipe González para que le echara una mano y le quitara de en medio al abulense.

Es lo malo de ser viejo y tener memoria, pero en cuanto el pasado viernes escuché a Rivera en su intervención parlamentaria afirmar  en tono afligido aquello de que "Rajoy ha puesto en jaque el papel institucional del rey",  me vino a la cabeza la situación de antaño, con Suárez, Felipe y Juan Carlos en los papeles protagónicos y no pude por menos que recordar las tiranteces habidas entre el actual monarca y Rajoy e incluso nebulosamente evoqué alguna noticia que hablaba del resquemor pepero  a cuenta del encargo habido para Pedro Sánchez, que hay que reconocer  que se alzó con el santo y la limosna del nombramiento con el más que dudoso mérito de contar sólo con el apoyo de los 90 diputados socialistas y desde ese momento tuve claro que como los populares no espabilaran, cuando quisieran darse cuenta se iban a encontrar vestidos con una camiseta naranja y hablando del centrismo reformista hasta por los codos.

Lo de Rivera viene de lejos y aunque nadie diera un duro por él, ya demostró en su momento su capacidad de aguante en Cataluña; allá le funcionó muy bien jugar a la contra, pero una contra amable y suave y ahora a nivel nacional le ha ido superior. Cuanto más acerbas  han sido las críticas y las descalificaciones que le han propinado desde la derecha y la izquierda, más cómodo ha estado; cuantas más faltas de respeto ha soportado con esa cara de buen chico que Dios le ha dado, mejor para él y sus encuestas y ahora llega la hora de la cosecha y con los buenos modales que le caracterizan se prepara para burlar a Rajoy y a Pedro Sánchez, que los dos andan liados  con lo suyo y quizás por eso igual los coge por sorpresa.

No tiene prisa, por ahora se dedicará a hacer de señora de compañía de Pedro (dije carabina el otro día y hubo quién mal interpretó la expresión) si le dejan sentarse a la mesa de los cuatro que por lo visto es para este miércoles y seguirá lanzando a Rajoy el mismo mensaje que Sánchez lanza contra Iglesias, acusándole de bloquear al gobierno del cambio, mientras que Alberto se encargará de espetarle a Rajoy, lo del gobierno constitucionalista y reformista y le afeará que mantenga el bloqueo a una solución tan estupenda.

He dicho que no tiene prisa, porque en primer lugar  el asunto exige que esto no se solucione por las buenas y ya cuando esté a punto de expirar el plazo y con todo el mundo acollonado por la amenaza de acudir a unas elecciones que a casi nadie convienen, surgirá la inmarcesible figura de D. Felipe VI y lo propondrá como solución novedosa y centrada. Ni la zurda ni la derecha, será el centro el que acuda a salvarnos y Albert Rivera, ruboroso, emocionado, cortés y desde luego cortesano, aceptará el mandato real e intentará meterle las cabras en el corral a los dos ganapanes de la izquierda y la derecha, en su particular beneficio.

En segundo lugar no tiene prisa, porque tal y como parecen las encuestas resulta que los votantes, que por lo visto ya están hartos de malotes y gallegos con retranca, le van a premiar por su actuación y saldría muy beneficiado electoralmente hablando. Pero si la combinación no acabara bien y no llegaran las nuevas elecciones y hubiera de pactar para gobernar, ahí están dos afirmaciones suyas bien calentitas. Ha dicho que aceptaría la abstención de Podemos, primer paso para tragar con un pacto a tres con socialistas y bolivarianos y por si acaso, que en política casi todo es posible, afirmaba el lunes que él no había pedido la cabeza de Rajoy, que hay que tener los flancos bien cubiertos, que habrá estudiado en ESADE pero se crió en la Barceloneta y eso imprime carácter.

Se le podrá acusar de muchas cosas, pero desde luego sabe lo que se hace. No doy consejos, mi madre siempre decía que “consejos ni los pedidos”, así que me acogeré a la auctoritas del refranero español. Creo que tanto Rajoy como Sánchez harían bien recordando el refrán que dice: “Del agua mansa me libre Dios, que de la brava me libro yo”


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