viernes, 2 de septiembre de 2016

Insisto ¿Son las terceras elecciones la peor solución?

Parece estar encantado de haberse conocido.
Hemos asistido al debate de la Investidura de Rajoy que no pudo conseguir la mayoría absoluta exigida en la primera votación, hoy intentará conseguir que alguien, quien sea, se abstenga para obtener más síes que noes. No creo que lo consiga; no lo creo yo, ni lo cree la gran mayoría de las personas a las que interesa este asunto, porque, aunque les parezca imposible, las hay a las que estas cuestiones les importan un bledo.

Creo que casi todos mis lectores estarán de acuerdo que en ese debate, en el que supuestamente Rajoy solicitaba la confianza de la cámara, el juego realmente iba por otro lado. Se percibía un ambiente electoralista en las distintas intervenciones, en unas más que en otras; pero si alguien me pidiera una frase que definiera el sentido del discurso de las distintas fuerzas políticas, creo que lo de “cada loco con su tema” se ajustaría bastante a la realidad de lo que allí sucedió.

Pedro Sánchez volvió a decir que no y, por sí mismo o a través de correveidiles interpuestos, advirtió que el NO expresado, era para ese momento, para este viernes  y, si después de las elecciones vascas y gallegas, Mariano Rajoy lo intentaba de nuevo, también entonces iba a ser que no. Todos, yo entre ellos, nos hemos quejado que Sánchez se limitaba a decir que no, dejándonos en una posición de bloqueo insalvable sin tener siquiera la decencia de ofrecer una alternativa.

Pero lamentándolo mucho, porque no me hace ni pizca de gracia, me parece que Pedro Sánchez se encuentra en una posición bastante mejor que la generalidad de las gentes le atribuimos y tiene un plan diseñado milimétricamente, para llegar a la Moncloa. Es muy cierto que, insisto, todos o casi todos le hemos afeado ese  “No, es no”; de hecho hasta en el PSOE, barones y gentes de relumbrón socialista, tomando un café, unas copas o en alguna sobremesa, han afirmado no entender la postura suicida, dicen algunos de ellos, de Pedro Sánchez.

Tenemos la mala costumbre de menospreciar a nuestros adversarios, hay que tener presente que en estos niveles de la política, no hay tontos, los bobos no llegan hasta ahí, tendrán muchos defectos, pero tontos no son. Así que cuando uno observa algo que a su parecer no tiene explicación, no debe caer en la tentación de pensar que el protagonista de la afirmación o del acto es tonto del culo, lo que debe pensar es que hay una explicación, aunque no sea fácil de percibir.

Veamos a que viene esta suerte de proemio. Comprendo que sorprenda a algunos, pero habría que recordar que ese Comité Federal del PSOE, tan traído y tan llevado en su momento le impuso al candidato Pedro Sánchez dos “líneas rojas”. No pactar, ni por activa, ni por pasiva, con los partidarios del derecho a decidir, que de esa se acuerda mucha gente y la invoca una y otra vez y la segunda o la primera, como ustedes prefieran, le imponían la prohibición de pactar con el PP. Así que Pedro Sánchez puede presentar una hoja de servicios absolutamente inmaculada en lo que se refiere al cumplimiento de los mandatos impuestos por su Comité Federal, él ha dicho “No, es no” porque se lo ha mandatado su partido.

Claro que a Sánchez una línea roja le gusta más que la otra, la prohibición de pactar con el PP, impuesta por el máximo órgano de gobierno del PSOE entre Congresos, le ha venido como anillo al dedo porque satisfacía sus intenciones al milímetro. 

Existen verdugos aseados, profesionales, que llevan a cabo su labor de manera absolutamente aséptica, prácticamente sin mancharse las manos y existen otros que disfrutan una barbaridad, degollando inocentes. Éste es el caso, salvando las naturales distancias, de Pedro Sánchez al que le ha encantado cumplir con esa línea roja y lo ha hecho con una delectación que debiera haber contenido.

Ahora todo pasa por ese Comité Federal que convoca habitualmente el Secretario General, es cierto que también lo pueden convocar los miembros del mismo si un 20% de ellos lo solicitan por escrito; pero no se ha hecho nunca y por ahora no se va a hacer. En primer lugar porque los barones del PSOE le tienen miedo a Pedro Sánchez y porque están a las puertas de esas elecciones en Galicia y el País Vasco y nadie, en esta circunstancia, se atrevería a exigir la convocatoria del Comité Federal contra la voluntad del “jefe”.

Pero habrá un Comité Federal en septiembre, no después del 25 de septiembre, como algunos ingenuos pretenden, para comentar el resultado de las elecciones y ya de paso, hablar de lo que sea. En el PSOE es tradicional que todos los años en el mes de septiembre, supongo yo que a modo de apertura de curso político, se convoque un Comité Federal y será en esa reunión del órgano, convocada por Pedro Sánchez, en la que  D. Pedro haga votar a los presentes para que le autoricen a intentar la investidura si Mariano Rajoy fracasara. Nada más y nada menos, los barones le autorizarán  y a partir de ahí Sánchez habrá eliminado la resistencia interna.

Tras la autorización del Comité Federal, que no habrá levantado ninguna de las líneas rojas existentes ni marcará ninguna otra nueva, porque al que respire a destiempo se lo va a fundir Pedro Sánchez, como ya han sido convenientemente advertidos los interesados y al canguelo, hay que añadir la circunstancia que, a pesar de todos los pesares, en el ánimo de los barones estará muy presente la posibilidad de ir a unas terceras elecciones, en las que las primarias regionales, pueden brillar por su ausencia o instrumentarse bulgarizadas (con B que viene de búlgaro y no de vulgar) así que todos se encomendarán  al paradigma de la supervivencia en el seno de los partidos que queda resumido en la frase “Qué cada can, se lama su mangostán”, entonarán el si bwana y a casita que llueve.

Y tras el trágala, porque ninguno de los que asistan y voten que sí, ignorarán la continuación del cuento, D. Pedro Sánchez, Secretario general del PSOE organizará con urgencia una consulta a la militancia, a la que pedirá le dé carta blanca para formar gobierno. Y en cuanto se la den, ya no habrá ni un barón socialista que ose acordarse de las líneas rojas, ni se atreva a disentir  ni una micra de la postura de su secretario general y candidato.

Y ya está, primero intentará un pacto a la portuguesa, por taparse un poco y en cuando Ciudadanos diga que no, que otra cosa no podrá decir, a calzón quitado a gobernar con el gobierno modelo Frankenstein, con UP, sus confluencias y secesionistas de toda laya y condición.

Es por eso y por otras cuestiones por lo que me pregunto: ¿De verdad es tan malo que nos traguemos otras elecciones? Me parece que no.

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