martes, 6 de septiembre de 2016

Vuelven las encuestas y algunos tiemblan


Todos los líderes políticos dicen que no nos podemos permitir otras elecciones, pero todos están muy preocupados por la fecha en que se producirían esos comicios que dicen no se van a producir, lo que dice muy a las claras que una cosa es lo que se dice y otra muy distinta la que se piensa. Le da lo mismo a Pedro Sánchez, jurar por el abrigo de Pablo Iglesias "el tipógrafo", que él no piensa encabezar propuesta alguna a una nueva investidura, lo que nada quiere decir en boca del socialista; porque mañana o después de las elecciones del 25S puede proponerse con absoluta naturalidad, como candidato para que el Rey le encargue formar gobierno.

Mientras tanto el ideólogo de cámara de Albert Rivera, el inefable Fernando de Páramo, sale a templar gaitas  populares, después de la rajada que se permitió su líder sobre Rajoy y la desconfianza que le produce; el PP y su genética corrupción y el comunicado sobre la defunción del pacto de investidura que menos ha durado de este mundo  y advierte urbi et orbi – en La Sexta para entendernos - que las propuestas de Sánchez son inviables , porque son 44 partidos los que tendrían que firmar el acuerdo que el socialista llama el pacto del cambio.  

Aunque por lo visto no se  ha enterado o no quiere darse por aludido que hace dos días, entre esas fuerzas del cambio (44 dice de Páramo) Sánchez contaba con Ciudadanos, lo que da una cifra de 45 socios en un pacto que podría ser como el camarote de los hermanos Marx, pero en desorganizado. Basta ver la que están liando, “eclesiales” errejonistas, los de IU, los de IAA y alguno más que me dejo, en el grupo parlamentario de UP, que si ni siquiera en eso son capaces de aclararse, para qué vamos a hablar de un gobierno.

Algunos sostienen que cuando una puerta se cierra, otra se abre y pudiera ser. Llegan a salvarnos las encuestas que se han publicado este fin de semana sobre la intención de voto de los ciudadanos – los votantes, no confundir con los naranjitos – en esas terceras elecciones que si uno escucha a los líderes políticos no se van a producir. Malas noticias para casi todos. A veces, sorprendentemente, parece que las encuestas responden a lo que el sentido común señala.

Por resumir, se esperan dos millones menos de votantes hartos de la tomadura de pelo. Españolitos que se dedicarán a cantar villancicos, consumir langostinos, trasegar cava y aguantar a sus cuñados, antes que acercarse a un colegio electoral.  Los votantes parece que tienen las cosas bien claras, Ciudadanos, PSOE y UP palmarán medio millón de votantes cada uno, lo que en el caso de los naranjitos es grave porque supone una pérdida de casi el 25% de sus electores.

El PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, conseguiría un 34,8 % de los votos y se colocaría a 61 escaños de distancia del PSOE. Eso quiere decir que los populares crecerían un 1,7% por encima de los resultados electorales del 26J y se colocarían en un arco entre los 142 y 146 diputados, lo que les permitiría - de continuar vigente ese pacto que no sabemos si mantienen con Ciudadanos, que se han inventado tras la “abstención técnica” y el “sí, desconfiado” el pacto modelo Guadiana: Ahora lo ves y ahora no lo ves - alcanzar la mayoría absoluta con los 30-31 diputados  que el “sacrificado” Rivera pondría al servicio de Mariano Rajoy.

Cada vez se entiende mejor el asco que sienten por Mariano Rajoy, llevan los cuatro años de la última legislatura que tuvimos gobierno, poniéndolo a parir por tierra, mar y aire. Tiene Albert Rivera callos en las cuerdas vocales de tanto exigir la ejecución inmediata de Mariano Rajoy por corrupto, Pedro Sánchez a lo de corrupto, añadió indecente y vago y resulta que, tras años de propaganda negativa, meteduras de pata populares apoteósicas, penas de telediario, autismo político ejercido incansablemente y una capacidad de comunicación penosa; Rajoy les ha dado dos revolcones electorales de alivio y va camino de lavarles la cara por tercera vez y esta vez con bandera, música, banda de guerra, y escuadra de gastadores.

Deberían dimitir y dedicarse a la vida contemplativa en alguna cueva que les cayera  a mano; Albert podría buscarla en Montserrat, para fastidiar al nacionalismo catalán y Pedro Sánchez podría buscar un rincón árido y desierto en Almería, cerca de los chiringuitos de playa en los que tanto ha pecado de gula este verano. Entiendo el odio que sienten por un personaje que ellos desprecian y que sin embargo los votantes señalan como el elegido, pero deberían dimitir por higiene social.

Doloroso sin duda, habrá que compadecerlos, pero in continenti exigir su retirada inmediata ante su inutilidad manifiesta. Al final van a tener razón esos que explican lo de las puertas que se cierran y las que se abren.

2 comentarios:

  1. Lo cierto es que no sé si hay encuestas que puedan predecir el balance entre votos atribuibles a cada partido deduciendo la renuncia, previsible, a votar de nuevo.
    No menos cierto es que, oyendo las distintas intervenciones expuestas en el último debate de investidura, un estremecimiento tras otro me recorría la columna espinal. No me reconocía entre aquella gente.
    Mi Nación.
    ¡Lástima de país!

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