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La fe, las cuestiones cotidianas y las elecciones



Hay veces que las cosas del día a día, cuestiones sin importancia,  te conducen sin  apenas darte cuenta al terreno de la reflexión. Estamos viviendo una situación en la que todos necesitamos una gran dosis de fe para superar el presente, mientras esperamos que dentro de poco o mucho tiempo la situación mejore.

El problema no radica muchas veces en lo personal, gracias a Dios existen personas afortunadas que todavía viven bien, pero está claro que nuestra sociedad sufre profundamente las consecuencias de la crisis económica y en definitiva quien vive en sociedad, sea afortunado o no, termina sintiendo la suerte o la desgracia del colectivo al que pertenece.

El exordio viene a cuento de un suceso nimio, doméstico que he vivido estos días. El otro día me llevé una desagradable sorpresa,  la nevera de mi casa dejó de funcionar, ya saben uno de esos trastos en los que el congelador está en la parte baja. Siempre he mantenido una relación traumática con las neveras que he tenido en mi domicilio, muchas me han salido malas y casi todas, me han dejado colgado en el peor momento. Me pasó lo mismo que me pasa siempre, no fuí cápaz de encontrar  el manual de la puñetera nevera y consecuentemente tampoco pude encontrar la factura para saber si la garantía todavía estaba vigente.

Llamé al comercio donde la adquirí para pedir la dirección del servicio técnico y me dieron un número de un teléfono móvil, mal asunto pensé. Telefoneé y saltó automáticamente un contestador que me pedía los datos y una voz varonil me prometía que me atenderían, cuando pudieran.

Esta costumbre de las empresas de servicios de obligarte a hablar con máquinas me resulta francamente incómoda, además la promesa difusa de que me atenderían “cuando pudieran”, no me abría la puerta a la esperanza de una reparación rápida.

Debo confesar que como dicen por aquí, no tengo espera, soy un impaciente obsesivo de libro. Así que ahí me tienen jurando en arameo, con la nevera en paro y esperando una llamada de alguien que ni siquiera sabía quién era. Al día siguiente volví a llamar al misterioso teléfono móvil en el que fui atendido por el dichoso contestador y reiteré mi mensaje.

Al rato me llamaron por teléfono, un señor con acento gallego me empezó a preguntar sobre la nevera y me dijo que “La descongelara durante doce horas y después la pusiera en marcha y seguramente la nevera funcionaría”.

Para ser sincero debo reconocer que lo de la descongelación me sonó a cuento chino, pensé que me estaban dando largas, pero como a la fuerza ahorcan procedí a seguir el consejo de mi técnico telefónico.

Resulta casi increíble, pero aunque ustedes no se lo crean  ni yo casi tampoco, hoy a las ocho de la mañana he comprobado que la nevera funcionaba correctamente. ¿Milagro? no, he de suponer, sobre todo viendo el resultado, que el consejo tenía un motivo técnico. Me he apresurado a ponerme en contacto con el contestador por el que casi sentía ya simpatía, ya saben ustedes que el roce hace el cariño y he dejado mi mensaje comunicando la buena nueva y agradeciendo la reparación vía telefónica.

Después de desayunar, me he dado cuenta de una cosa, en esta vida la experiencia nos torna en seres desconfiados, francamente pensé que el técnico tenía trabajo y con el consejo quería ganar un día para no perder la oportunidad de cobrar la reparación.

Por suerte no ha sido así, desconfié y me equivoqué, pero en vez de buscar otro técnico que hubiera venido a mi casa y me hubiera cobrado por el viaje, tuve la fortuna de decidirme a llevar a cabo una acción confiando, aunque con reparos, en la profesionalidad del técnico.

Creo que eso es lo que hay que hacer con nuestra vida. Llegan las elecciones locales y vamos a recibir grandes ofertas de “técnicos” que se reputarán como los que mejor van a solucionar los problemas que nos acucian. Todos desconfiamos, hemos oído la misma cantinela cada cuatro años, los mismos de siempre nos van a ofrecer lo mismo de siempre, para engañarnos como siempre.

Hay que confiar en nuestro instinto, no en el corazón o los colores, para buscar la solución correcta, espero que les pase como a mí con la nevera, que elijan bien, a pesar de que el consejo, la oferta, llame la atención por nueva, como ha sido mi caso.

Hay que confiar en la profesionalidad de los técnicos…. ¿qué una cosa son los técnicos y otra muy distinta los políticos? Me consta, yo nunca he dicho que esta vida sea fácil, pero den una oportunidad a las ofertas nuevas, distintas. Yo lo hice con la nevera y el día que quieran podemos tomarnos una cerveza en mi casa, sin alcohol, pero fría, que tengo una nevera que funciona como un tiro.
































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