sábado, 10 de diciembre de 2011

Europa, solución y problema

UE, foto de familia... Es una manera de hablar.


Esto de Europa, otra de las trampas semánticas de éxito, porque cuando decimos Europa nos referimos a la UE, que puede resultar parecido, pero indudablemente no es lo mismo; decía que esto de Europa o la UE me recuerda algunos de los momentos más “animados” de mi vida militar. Sucede en ocasiones, que de golpe, por sorpresa, te encuentras metido en un berenjenal del quince, en la peor situación posible y justamente en el peor momento. Cuando eso sucede, inevitablemente  uno piensa aquello de “quién me mandaría a mí meterme en esto”, pero tras ese desahogo, permisible si dura unas décimas de segundo, se impone la realidad, y la realidad dice que lo  importantes es lo que está pasando y no lo que pudiera suceder y sin excusa ni pretexto hay que ponerse a la tarea de cumplimentar la misión,  de la manera más eficaz y con el menor daño posible.

Esa es la sensación que tengo yo sobre Europa, me confieso hijo de euroescéptico, recuerdo perfectamente cuando los progres de entonces, que eran gente bastante más sensata y decente que los actuales, pero progres al fin y al cabo, clamaban por nuestra entrada en el Mercado Común. Mi padre que era farmacéutico y no economista, de vez en cuando levantaba la vista de las páginas de la “Vanguardia Española” y me decía: No entiendo que empeño tienen estos en entrar en algo, que está quebrado, antes de comenzar a funcionar.

Lo cierto es que entonces, yo me encontraba en esa edad magnífica en la que uno no hace demasiado caso a su padre y cree estar en posesión de la verdad, pero después, como tantos hijos, me he acordado de lo que me decía y he lamentado no haber escuchado con más atención y detenimiento cuáles era los motivos que mi padre tenía para calificar de asunto fallido, aquel Mercado Común de nuestros amores.

Estamos en Europa hace ya ni se sabe, recibimos ingentes cantidades de dinero “europeo” que hemos derrochado sin demasiado tino; entusiasmados, vivimos muy por encima de nuestras posibilidades en todos los órdenes y ahora pintan bastos y toca mover ficha. Toca jugar sí o sí, ya es tarde para pensar en lo de “quién me mandaría meterme en esto”, hay que ir hacia adelante y si toca bailar con la más fea, pues toca, no hay más remedio que apretar los dientes y ponerse a la tarea. Y desde luego habrá que hacerlo de la manera más eficaz y con los menores daños posible. Al que duda, al que se pone a reflexionar en mitad del tiroteo,  le cascan y crean que sé de lo que les hablo.

Nos hemos despertado tras nuestra maravillosa juerga europea y nacional,  en lo más profundo de un oscuro pozo y como es natural pretendemos que se nos saque de las profundidades de la  manera cómoda y rápida. Un buen cable, un arnés y un rescatador que baje y nos saque de él sin el menor esfuerzo de nuestra parte y casi con comodidad. Pero resulta que Europa, maldita sea su estampa, nos ha dicho desde la boca del pozo que los helicópteros los tiene ocupados apagando incendios en los mercados  y que perdonemos pero que ella lleva mucha prisa, porque en este mundo traidor todos tenemos problemas, así que nos ha tirado una pala, que es lo único que tenía a mano para ayudarnos y con su puntita de coña nos ha dicho que va siendo hora de que entendamos que en esto de los rescates, la filosofía que se ha impuesto hoy por hoy en Europa, es aquella de un pensador, griego parece ser, que señaló claramente que aquí “cada can se lame su mangostán” y van a perdonar ustedes la manera de señalar, pero la frase es así de rotunda y descriptiva.

Y nos encontramos en lo más profundo del pozo, maltrechos, indignados, maldiciendo a Europa, y a su falta de generosidad para con nosotros, renegando en arameo antiguo y preguntándonos que podemos hacer con la maldita  pala. Bueno, se pueden hacer tres cosas. Una, tirar la pala a un rincón y sentarnos a ver qué pasa, mientras nos acordamos de la quinta generación de la Merkel y   Sarkozy. Dos, ponernos a cavar a ver si logramos salir por las antípodas y tres, aceptar lo que nos sucede, dejar los berrinches para mejor ocasión y ponernos a tallar una escalera en las paredes del pozo que nos permita salir de él.

¿Qué ustedes no lo ven así?, pues que quieren que les diga, está la cosa extremadamente difícil. Necesitamos pasta a raudales: para que fluya el crédito, para crear empleo, para financiar nuestros servicios esenciales, para pagar la deuda que ya tenemos. Y encima  no somos capaces de generar riqueza y además tenemos cara de malos pagadores. ¡Oiga usted, no le tolero semejante infamia!, pues no me la tolere usted D. Graciliano, pero así están las cosas y toca jugar.

Así que nos vamos a tener que tragar el cabreo, hacer caso omiso de la desagradable sensación de que nos han levantado la camisa a todos, que nos han llevado al jardín y para nada bueno y rezar para que todo salga bien; para seguidamente recoger  la pala del rincón, que además de ser de segunda mano viene sin manual de instrucciones y pensar cómo hacemos lo de la escalera, porque de aquí no nos va a sacar más que nuestro esfuerzo.

Pero es que usted hablaba de solución y problema. Pues sí eso decía, sobre el problema no merece la pena extenderse, todos lo estamos viviendo ¿Y la solución?, pues la pala, buen hombre, la pala. Con esa pala, mucho trabajo, esfuerzo e inteligencia saldremos del agujero ¿Qué le parece a usted poca solución? Pues no hay otra, ahora bien, si lo que sucede es que usted no quiere llevar a cabo el esfuerzo, si le importa más buscar culpables que soluciones, si lo que le interesa en realidad es echar las patitas por alto, no se prive. Puede dedicarse a hablar, discutir, exigir, reclamar hasta el día del Juicio Final por la tarde, que cuando llegue el día, lo encontrarán a usted en lo más profundo del pozo y en bastante peor situación que la presente.

Entonces toca eso que usted dice siempre ¿el qué? lo de paciencia y barajar hombre, pues no, ahora lo que toca es paciencia, esfuerzo y cavar. ¿Qué no ve la solución por ningún lado?, tranquilo, tampoco vio usted el problema y aquí está.

Ah y cuide usted  la pala, que el presupuesto no da para varitas mágicas.

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