miércoles, 7 de diciembre de 2011

País de chaqueteros

El fundamento legal de nuestro Estado de Derecho, por mucho que les pese a algunos


Ayer no quise hablar de la Constitución, que por lo visto se ha convertido en la “madre” de todas las desgracias que nos acucian. Me revienta el desprecio que se demuestra hacia ella y que desde hace un tiempo  a esta parte se produce de manera incesante, sobre todo por parte de unos individuos que para trincar sus más que suculentos sueldos y como condición previa, han jurado cumplirla y hacerla cumplir. Y si me dicen que es que lo han hecho por imperativo legal, pues más a mi favor, las cosas del corazón pueden ser mutantes y de muy difícil control, pero las obligatorias por ley, son sagradas, al menos en las democracias.

Porque sería bueno recordar el texto del compromiso que todos estos que se pasan la Constitución por el mismísimo arco del triunfo, recitaron, bueno leyeron porque no son capaces ni de aprendérsela para el día de su toma de posesión. Dice así: “Juro, por mi conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones de mi cargo con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como Norma Fundamental del Estado”.

Claro que a lo peor es que el problema radica que lo de poner como garantía la conciencia o el honor, resulta claramente insuficiente en unos paisanos, que han dado muestras de manera reiterada de no tener conciencia y mucho menos honor personal. Así es por lo que andamos por estos mundos de Dios,  gobernados por una pandilla de perjuros, sálvese el que pueda, y todos estamos tan contentos y felices.

Desde los magistrados del Constitucional, que hacen de su capa un sayo y, cuando el texto de la norma les molesta, hacen una “interpretación” del texto que resulte útil al amo que los ha colocado en el cargo, al objeto de seguir disfrutando de la sinecura, pasando por los cargos públicos que, a sabiendas, procuran promover, en el mejor de los casos aquello que sirva a sus intereses partidistas y en el peor, lo que sirva y enriquezca a los amigos, parientes o al mejor postor, hasta el último de los españoles, que muy sensibles al viento que sopla, se muestran indignados contra la Constitución, todos somos responsables del descrédito de nuestra norma fundamental.

Somos un país de chaqueteros, el que sea cofrade que coja su vela, y así nos luce el pelo. La Constitución que ha sido una herramienta fundamental a partir de 1978, ahora resulta obstáculo y es víctima de toda clase de críticas. Creo que hay que tener criterio, hay que ser serio y consecuente y sobre todo, antes de criticarla, quizás fuera prudente conocerla, o al menos, haberla leído un par de veces.

En este país de memos, da lo mismo decir que los políticos son todos unos corruptos, lo que afortunadamente no es cierto, que aceptar lo que digan algunos de ellos, como si de la verdad revelada se tratara, lo que resulta peligrosísimo. Y ya para que hablar de aquellos que han descubierto de golpe que el sistema no les sirve y por tanto reniegan de  él y proponen su desaparición, eso sí, sin ofrecer un modelo nuevo a cambio del que se propone derruir.

La Constitución está a falta de una reforma, lo decía ayer y lo digo hoy, pero para llevar a cabo esa reforma habría que buscar un momento, un tiempo para la reflexión. No es este el momento, primum est vívere deinde philosophari, estamos en mitad de una tormenta, la tormenta perfecta esa que nos explican y hay que centrar  nuestros esfuerzos en conseguir nuestra supervivencia económica. No es por tanto el momento, para discusiones constitucionales.

Claro que parece haya muchos interesados en intentar deslegitimar la norma fundamental de nuestro Estado de Derecho; les diré un secreto, la inmensa mayoría son gente de buena fe, llevados de la mano de aquellos que no creen realmente en nuestro modelo democrático. Ayer me “gocé” las declaraciones de Cayo Lara, para que les voy a contar, da pena que un político de su inanidad pueda dirigirse a los españoles desde la plataforma que le da el haber conseguido en las elecciones once diputados; claro que la culpa no es de Cayo, que jamás soñó en verse en una así, la culpa es de los que les han votado, porque si el jefe es así ¿cómo será el resto?

Aquí cualquier mindundi, le da duro a la Constitución, que ha jurado cumplir y hacer cumplir, y todo el mundo aplaude entusiasmado, lo que no se da cuenta Cayo Lara es que gracias precisamente a esta norma, es por lo que él está donde está y puede decir lo que dice, con la máxima libertad.

Tenemos una casta política que es una vergüenza nacional, ¿de veras? no estoy yo muy seguro ¿Es que usted cree que los políticos españoles son buenos?, no como conjunto dan terror, de lo que no estoy seguro es de lo de la vergüenza nacional. A esa gente los escogemos nosotros, de manera imperfecta pero los escogemos, no son de Marte, ni de Venus, son gente nacida en el seno de nuestra sociedad, son gente como usted y como yo, por lo tanto responden al perfil ético del pueblo español. No se ofendan, es así.

Nuestro mundo hundiéndose y los españoles de puente, eso sí quejándose de si los diputados tienen o no tienen tal o cual adminículo electrónico o disfrutan de un sueldo astronómico. A mí me parece que  ese señor del bigote y la barriga cervecera que discursea, en la barra del chiringuito playero, su escándalo ante esta situación insoportable, si fuera diputado, en febrero, votaría a favor de subirse el sueldo y saldría a los medios a dar la explicación correspondiente.

Hay que ponerse a trabajar y lo que hay que exigirle a la casta es que lo haga; que trabajen mucho y bien y si cumplen nada hay que decir del sueldo o de la línea ADSL, tienen una gran responsabilidad y por lo tanto, como en cualquier empresa, deben estar pagados decentemente. Si lo que pretendemos es tener a diputados milheuristas, déjeme pasar por favor, que yo me bajo en la próxima.

Hay que reformar la Constitución, sí, pero ahora, no. Primero pongamos orden en lo económico, laboral y financiero y sólo cuando esto marche, pongámonos a lo de la reforma constitucional, a lo de la ley de huelga, la reforma de la ley electoral  y a todo lo que hace tanta falta. Naturalmente que habrá organizaciones políticas que prefieran otra cosa, pero seguro que son, de las que necesitan el follón y el malestar ciudadano para prosperar.

Ahora nos toca trabajar muy duramente, quien no quiera colaborar, al menos que no estorbe.


3 comentarios:

  1. Me ha gustado el artículo. Lo suscribo de "pe" a "Pa". Hay mucho político que vocifera mucho y despotrica contra la Contitución, pero no ofrece alternativas, o lo que ofrece es el desorden o volver a los reinos de taifas. Quieren destruir nuestra casa común, dejándonos a la intemperie, sin haber ni siquiera diseñado los planos de otra casa. Los nacionalistas pretenden hacerse un chalet particular a su medida, adueñándose de la voluntad de todos los habitantes de su pequeño reino, a los que han ido adoctrinando durante décadas, sin que los dos grandes partidos hayan hecho otra cosa que hacer loas y honores a esta conducta a cambio de su apoyo para lograr sentarse en la poltrona, sin querer ver que estaban segando la hierba bajo sus pies y el de todos nosotros. Ahora nos encontramos que cuando más necesitamos remar juntos y fuerte, es cuando más divididos estamos como españoles.El nacionalismo es un potente veneno que hace que un hijo denuncie a su propio padre a la GESTAPO, por no ser buen alemán, o mirar para otro lado ante el crimen, como em el País Vasco, por no ser buen vasco, o se odie y desprecie al resto de españoles, como en Cataluña, ignorando que el 90% de catalanes ha nacido en otra región o alguno de sus antecesores, cosa que no sucede en Cuenca, Lugo, Jaén, etc. que todos proceden de esas tierras y sinembargo, sienten afinidad por el resto de españoles. No siguen con el mismo sentimiento una desgracia en Lorca o Hierro que en Egipto o Dinamarca.

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  2. Buenos días
    Quiza sea un poco pedante pero me siento aludido cuando Vd dice que "hasta el último de los españoles, que muy sensibles al viento que sopla, se muestran indignados contra la Constitución, todos somos responsables del descrédito de nuestra norma fundamental"
    Muchos españoles supimos en 1977 que esta constitución era una filfa, lo supimos y lo dijimos a los cuatro vientos, sopesamos los pros y los contras y llegamos a la conclusión de que había mas contras que pros, fuimos vilipendiados, perseguidos, señalados y casi asesinados civilmente, pues bien, el tiempo nos ha dado la razón, no es motivo de regocijo alguno por supuesto, pero es la verdad, el estado de las autonomías es una entelequia cara y mala, una chapuza infumable desde todo punto de vista, gracias a esa novedosa estupidez que se sacaron de la manga los llamados Padres de la Patria estamos a puntito de tener un serio disgusto, jamas en derecho político se había creado una imbecilidad mayor que el llamado estado de las autonomías,hay un precedente en la Historia, la desmembración del Califato de Córdoba y los subsiguientes Reinos de Taifas que marcaron el principio del fin del sultanato español( andalusi ), pero en aquella época no se hizo a bombo y platillo, simplemente fue una implosion del Califato, no fue algo buscado como se hizo en 1977, si alguien me dice que va a romper el Botijo para que una vez pegados sus pedazos pueda contener de mejor manera el agua, lo mando a freír espárragos y eso es exactamente lo que consagra esta loca constitución española.
    Los políticos hacen lo que mejor saben hacer, vivir sobre el país, desengáñate, no podemos vivir junto a canallas que utilizan la justicia, la ley y la Constitución para satisfacer sus aspiraciones, si estamos divididos es porque los políticos nos han dividido, han creado las circunstancias adecuadas para que eso suceda, es mas HA SIDO EL GOBIERNO DEL REINO DE ESPAÑA el que ha fomentado la secesión, la división y la destrucción del entramado que ha venido en denominarse España. Nadie puede exigir nada a nadie mientras haya en España 17 administraciones que chupan del bote a placer, nadie puede decirle a los españoles que trabajan y que SON LOS ÚNICOS que mantienen este desastre que trabajen el doble, que renuncien a días de asueto y que se partan el pecho para que esta banda siga tocando la lira.
    Porque efectivamente, estos españoles que trabajan mantienen al resto, si encima los políticos los machacan nada bueno saldrá de ese machaque.
    Vamos que me entraron ganas de romper la tele cuando vi al necio de Presidente gallego diciendo que los españoles trabajan poco,¿ sera posible tamaña desfachatez?

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  3. Me parece muy correcto el artículo desde alguien que esté conforme con el actual sistema, pero como dice más arriba Geppetto, hay otros que no nos vemos concernidos ni con la constitución ni con este sistema y venimos combatiéndola desde su origen.
    Respecto a si la constitución tiene o no la culpa del actual estado de la nación, hay que contestar que sí, independientemente del uso o abuso que de ella hayan hecho nuestros políticos, ya que muchas veces ese mal uso de la norma lo permite ella misma debido entre otras cosas a la buscada ambigüedad que planea por todo su texto, permitida por la derecha de entonces para contentar a todos los que querían y quieren la destrucción de nuestra Patria.
    Yo, como nunca la he jurado, pues tuve hasta la suerte de que en la formula de mi juramento a la Bandera todavía ni se la mencionaba, tengo la conciencia tranquila para seguir pidiendo no ya su reforma si no tu total abolición.
    En cuanto a la alternativa, los falangistas llevamos más de 70 años ofreciendo una que nada tiene tiene que ver con la falsificación de nuestras ideas y la apropiación de símbolos y terminología que hizo el Estado franquista, entre las que está la nacionalización de la banca, por ejemplo, que seguimos considerando necesaria y de la que no se habló en los famosos cuarenta años.
    Respecto a la constitución actual, le sigue siendo de aplicación lo escrito entonces para la republicana:
    "España es una unidad de destino en lo universal. Toda conspiración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos.
    La Constitución vigente, en cuanto incita a las disgregaciones, atenta contra la unidad de destino de España. Por eso exigimos su anulación fulminante."
    (Punto 2º de la Norma Programática de la Falange, de noviembre de 1934)
    C.A.F.E.

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