martes, 9 de febrero de 2016

Con Alberto Garzón ya tenemos al trío de la bencina

Alberto Garzón "El Taumaturgo"

Les ruego que a ser posible lo que voy a afirmar, quede entre nosotros. Esto de ser de derechas a veces resulta una carga difícil de soportar, hay que ver la diferencia que existe entre nuestro sin vivir, preocupados por lo que se nos viene encima y la exultante alegría en la que viven inmersos los votantes de la izquierda. Espíritus puros y progresistas que viven en un mundo en el que los milagros son posibles y cuando llega la hora de votar se aplican a ello con una fe, que me río yo de la del carbonero del dicho.

Hay que ver cómo han cambiado las cosas; antes lo de creer en milagros y practicar la virtud teologal de la fe, era cosa de carcas y fachas, mientras la zurda se proclamaba amante de la razón pura y aplicaba científicamente el análisis de la historia para poner coto a sus problemas y contradicciones. Pero ahora, los zurdos más zurdos, se han cambiado de bando y los de la derecha andan dándole vueltas  a la duda existencial, que como todo el mundo sabe es cosa de progres y además franceses, para que vean ustedes las vueltas que da la vida.

No digo yo que anden los de IU, proclamando a los cuatro vientos que van a multiplicar los panes y los peces, que eso está muy visto y no tiene demasiado tirón, que ni siquiera se ofrecen hamburguesas; pero ahí tienen ustedes a D. Alberto Garzón, la gran esperanza blanca de los comunistas o donde quiera que esté ahora mismo situado ideológicamente, que prometía hace bien poco tiempo, justo antes de las elecciones generales, que era capaz de crear 1.000.000 puestos de trabajo, en cuantito los votantes le dieran la oportunidad. 

Y con ese cuento, que seguro hizo revolverse en sus tumbas a los Andersen, Grimm (2), Perrault y Calleja, se sacó más de 900.000 votos de ciudadanos  que seguro profesaban una fe ciega en lo que decía el líder de IU y que demostraron de forma inequívoca que la fe igual no mueve montañas, pero lleva votos a las urnas con una eficacia envidiable.

Claro que hubo quien pensó que Garzón era un joven brillante al que le faltaba ambición. Si afirmaba ser capaz de crear un millón de puestos de trabajo, lo suyo es que hubiera propuesto una cifra redonda, cinco millones de empleos por ejemplo y  así acababa con el paro en España.  Pero como la gente es muy puñetera, dejando de lado los 900.000 que le votaron y todavía están esperando pacientemente el empleo prometido, también aparecieron incrédulos, gente de la derechona seguramente, que tuvieron el mal gusto de preguntar qué de dónde iba a sacar el de IU la pasta para tanto empleo.

Y D. Alberto desde el púlpito, ya me entienden ustedes, desde las tertulias televisivas, a pesar que lo de tratar con gente desconfiada es muy desagradable, explicó lo que había.  Miró a su cámara y sonriente afirmo que en los malos tiempos el Estado debe ser el garante del empleo y que si él proponía solamente un millón de puestos de trabajo, era porque la idea del trabajo garantizado no era suya y se había estudiado para países con una tasa de paro mucho más baja que la española, por eso él, prudentemente, se quedaba en el millón de empleos que pagaría, como es natural papá Estado, para entendernos, ustedes y yo con nuestros impuestos.

Y aunque no podía prometer trabajo para todos los parados, la fe de los ciudadanos no debía flaquear, porque a los que no les alcanzara uno de esos empleos, les prometía por la mismísima momia de Lenin, que recibirían una "renta garantizada" que IU contemplaba en el "Plan de rescate ciudadano" que había preparado.

Y como uno es de derechas y por tanto desconfía de los milagros económicos, en lugar de aplaudir  la taumaturgia de D. Alberto, se pone a mirar y resulta que para poner en marcha lo del millón de empleos, para abrir boca - antes de decir siquiera buenos días - hacen falta 15.000 millones del ala, que como todo el mundo sabe, menos la izquierda de este país, deberán salir de los bolsillos de los contribuyentes, eso sin que sepamos lo que nos costaría la renta garantizada, que  esa cuestión ya no se atrevió a tocar el líder de IU.

Y ustedes dirán ¿a cuento de qué viene lo de Alberto Garzón? pues es muy sencillo. Este orate que se atreve a hacer propuestas de ese calibre, este iluminado, este comunista utópico, resulta que es el elegido por Pablo Iglesias para ministro de Economía en ese gobierno de progreso y reformista que pretende formar con Pedro Sánchez.

Y con estos mimbres pretenden vendernos un gobierno, se ha juntado el hambre con las ganas de comer. Ahí están, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, el trío de la bencina completo. El primero apoyó con entusiasmo y su voto todas y cada una de las medidas de ZP, con los resultados que todavía sufrimos; Iglesias nos ofreció la renta básica universal y tuvo que retirar la propuesta porque le dieron los economistas serios – que también los hay - hasta en el cielo de la boca y ahora para redondear nos traen a Alberto Garzón, el del trabajo y la renta  garantizadas, no por el Estado como él predica, sino por el dinero del contribuyente.


Dios los cría y ellos se juntan… pero los paganos, como nos descuidemos, vamos a ser nosotros. 

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