jueves, 25 de febrero de 2016

Cuentos de hadas y electoralismo, las bases del acuerdo PSOE-C,s



El Congreso de los Diputados fue el lugar elegido para que PSOE y Ciudadanos escenificaran la firma de un acuerdo, al que desde luego le  sobran los cuentos de hadas y le falta fundamentalmente, además de rigor y realismo, el apoyo suficiente como para poder ponerlo en marcha. El documento que firmaron al alimón Pedro Sánchez y Albert Rivera no vale siquiera lo que cuesta el papel en el que está escrito, lo saben ellos y lo sabe la mayoría de los españoles, por motivos  que están a la vista de cualquiera, con la necesaria condición de que el interesado quiera ver, que a veces eso resulta extrañamente difícil.

Si para Ciudadanos resultaba fundamental que el PSOE aceptara los cambios en la Constitución que proponía como condición ineludible para firmar el acuerdo, verdes las han segado, porque todos sabemos que para que eso ocurra necesitan el apoyo del Partido Popular que puede bloquear cualquier iniciativa de reforma de la Constitución. Por tanto la parte más importante para Albert Rivera de ese acuerdo de izquierdas tal y como lo definía ayer mismo Pedro Sánchez, no se va a poder aplicar. 

Es por eso  que Sánchez - al que le hacía falta como el aire que respira,  un papel firmado por quien fuera, para poder presentar a su militancia una propuesta de pacto para su aprobación -  a sabiendas que lo de la reforma exprés de la  Constitución era una bobada de niño pitongo de Rivera, le dijo que sí, que encantado de la vida y que había que ver que buenas ideas tenía Albert, a pesar de constarle que en el PSOE, preferirían nombrar presidente de honor del partido a Aznar antes que eliminar las  Diputaciones Provinciales.

Partiendo de la base que Albert Rivera de tonto no tiene un pelo, habrá que admitir que la función en “sede parlamentaria” que se montaron ayer en compañía de los socialistas, no tenía otra finalidad que la electoralista. Tener como "haber" en su contabilidad electoral su capacidad para el diálogo y la disposición para el sacrificio de los naranjitos en la defensa del interés general, eso y no otra cosa es lo que busca Rivera de cara a las elecciones que llegan, si Dios no lo remedia,  el próximo mes de junio. Sabe el de Ciudadanos que por muchos apoyos que consiga Pedro Sánchez, no va a llegar más allá de los 143 diputados y a estas alturas del combate no creo que por muy ilusos que sean en Ciudadanos, haya quien crea que exista alguna posibilidad de conseguir la abstención de Podemos o PP, que es lo único que podría facilitar la investidura de Pedro Sánchez.

Lo mismo cabe decir del papelón del candidato socialista que, incapaz de domesticar a las huestes populistas, se ha visto obligado a aceptar la función en compañía de Rivera, al que odia desde lo más profundo de sus entrañas, al objeto de llevar como trofeo salvífico el texto del acuerdo ante su dirección federal. En realidad Pedro Sánchez sigue empeñado en pactar con los bolivarianos, es lo que le pide el cuerpo, a pesar de que si lo consiguiera ello supondría su defunción política y probablemente la de su partido. Le importa un bledo, sabe perfectamente que o consigue la investidura o se lo calzan los del Comité Federal y está dispuesto a morir matando.

Sabe Sánchez mejor que nadie que si el día 5 de marzo se estrella en el Congreso, el PSOE intentará sustituirlo por otro candidato al objeto de que el PP haga lo mismo con Rajoy y evitar las nuevas elecciones con el pacto que, desde el comienzo de este disparate, la parte “más conservadora” de Ferraz ha pretendido. Habría que investir al PP, con el apoyo de Ciudadanos y PSOE y esperar que haya mejorado la meteorología electoral para cuando lleguen los siguientes comicios, probablemente a finales del año 2017.

Por eso Pedro Sánchez ha forzado la mano y espera que si no consigue la investidura, ante su probable desaparición, a los de Podemos se les arrugue el ombligo, le echen una mano y gobiernen con él, aunque formalmente tengan que recortar algunas cuestiones que el PSOE se niega a asumir.

De ahí que el texto del acuerdo pueda decir una cosa y la contraria en la misma página y que los dos lo firmen sin sonrojarse, están convencidos  que es papel mojado y no va a ir a ninguna parte. Son unos párrafos para pasar al museo del disparate, dicen así: “El nuevo gobierno se muestra comprometido de forma inequívoca con la estabilidad presupuestaria”. Para dos párrafos después afirmar: “Cumplir los nuevos objetivos de déficit que se negocien con las autoridades europeas, situando el déficit por debajo del 3% en 2017 (ahora es en 2016), hasta lograr unas finanzas públicas saneadas al final de la legislatura”

Se comprometen con la estabilidad presupuestaria, pero venden “nuevos objetivos de déficit” que ya se le han negado al propio Pedro Sánchez por boca del Comisario correspondiente de la CE. Y en esa mentira apoyan en gran parte su programa económico y… la totalidad del fiscal.

El acuerdo no es otra cosa que un salvavidas para Pedro Sánchez y un empujón electoral para Ciudadanos. Está tan claro, que los de Podemos han afirmado que a pesar de este supuesto acuerdo, apoyarán a Sánchez después de que se estrelle el 5 de marzo cuando fracase en su investidura. Para ser preciso, dicen los podemitas que no negociarán más con el PSOE, pero que volverán a la mesa de negociación tras “la investidura fallida” de Sánchez.

Más claro, agua. No va a haber abstención de Podemos en la investidura de Sánchez, lo que resulta lógico, porque si ahora  el socialista está en una situación difícil, el día 6 de marzo, si  el PSOE aún  no lo ha eliminado, la situación personal de Pedro Sánchez será desesperada y por lo tanto lo de negociar con él va a ser como coser y cantar para los de Iglesias.

No se alegren, al final además de cornudos, apaleados. Nos han mentido antes, durante y después de las elecciones del 20D, han malbaratado nuestros votos y por si no fuera bastante, seremos los involuntarios paganos del desastre.


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1 comentario:

  1. En Fuerteventura los podemitas tienen un economista que es una joya

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