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La infame tramoya que se adivina

La izquierda radical se pone el smoking para los titiriteros

En este teatrillo del disparate en el que han  convertido a las teóricas búsquedas de un pacto que consiga un gobierno eficaz, estable y que se dedique a servir el interés general de los ciudadanos, cada vez queda menos espacio a la esperanza. 

Para cualquiera que no esté cegado por el sectarismo, lo que se observa es una búsqueda de acuerdos que permitan la obtención del poder y con él las sinecuras correspondientes. Nadie trabaja en función de los intereses de España y sus ciudadanos, lo único que interesa realmente es el partido, los beneficios y la ganancia o pérdida del favor del votante.

Está claro que Pedro Sánchez cuando aceptó el encargo de formar gobierno no contaba con los apoyos suficientes para ello, ahora tampoco y está ganando tiempo como puede. Lleva desde el martes pasado reuniéndose con los distintos líderes de los partidos y lo cierto es que no se sabe bien de qué diablos han hablado entre ellos. En las declaraciones tras cada reunión, se limitaron a explicarnos lo que les interesaba hacernos saber, pero curiosamente las ideas, programas y soluciones han brillado por su ausencia.

El líder socialista está en una tarea que todos los que se dedican a la prestidigitación conocen perfectamente, su esfuerzo por ahora está dirigido a distraer al personal, su discurso y sus movimientos que parecen evidentes, ocultan sus verdaderas intenciones. Sánchez sabe que está en una posición muy difícil y gana tiempo para que cuando llegue el momento de la verdad, el PSOE no tenga tiempo ni espacio para decidir y entonces será aquello de: Nada por aquí, nada por allá… et voilá y Sánchez  sacará de la chistera el pacto socialpopulista, que tiene decidido desde la misma noche de las elecciones.

Mientras tanto ahí lo tenemos en el viejo ejercicio malabarista del plato chino, ese en el que se hacen girar varios platos, que hay que mantener en equilibrio sobre unos palos, lo que obliga al malabarista ir de uno a otro para mantenerlos en marcha. Y a eso es a lo que se ha dedicado esta semana el inefable líder socialista, a hacer girar los platos – las distintas fuerzas políticas - y contar en la tele lo que supuestamente estaba haciendo. No es que gane nada del ejercicio, pero así tiene embobados a los espectadores, léase ciudadanos, y le permite ganar tiempo con dos finalidades fundamentales: La primera, conseguir que la situación se vaya deteriorando a los ojos de la opinión pública ante la falta de propuestas viables y así conseguir el clima de urgencia y desasosiego que le conviene y la segunda, utilizar a sus terminales mediáticas y a Albert Rivera para que todo el mundo tenga claro que ha sido Rajoy y el PP los que le han obligado a pactar con Podemos.

En eso anda  Rivera – hay que ver lo educado que es este chico – instalado en su supuesta equidistancia,  plañiendo por los rincones. Que hasta vergüenza ajena da el rollete ese de que “quién no ha podido limpiar su casa, no puede limpiar España”, dirigido al PP, como si él, que pactó con el PSOE en la Junta, ignorara algo de los 1.000 imputados socialistas en Andalucía y de los 3.000 millones de euros “distraídos” de los fondos dedicados a los parados.

Pedro Sánchez hace malabares, mientras advierte que en la consulta sobre los pactos que llevará a cabo su militancia, entrarán a votar las Juventudes Socialistas, de las que espera el apoyo que no tiene del sector más conservador de su partido y mientras se dedica a lo de los platos chinos, va jugando la partida de póquer en la que se enfrenta, entre otros, a su Comité Federal. Le consta que va a llegar restado al final de la partida, pocas fichas tendrá el candidato sobre el tapete, quizás sólo le quede el falaz argumento de que no tiene más remedio que cerrar un pacto de gobierno con los populistas  y que va a ser eso o habrá que ir a unas nuevas elecciones.

Ante la tesitura ofrecida, pacto de gobierno con Podemos o acudir a una cita electoral a la que el PSOE teme como la vara verde y apoyándose en el soporte que haya conseguido de la militancia en esta aventura, lo del progresismo, el gobierno del cambio  y la corrupción del PP, igual consigue que surja el PSOE oportunista, timorato y suicida que no se atreva a afrontar un nuevo congreso, la elección de otro secretario general y el candidato correspondiente para la nueva cita electoral y prefiera fiar en la diosa fortuna y en lugar de afrontar el problema, cedan y den tiempo al tiempo.

Creo que sería bastante más sencillo y mucho mejor para las expectativas de los partidos constitucionalistas, entre los que no cuento naturalmente ni a IU ni a Podemos, que la investidura se produjera en la persona de Rajoy con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE y con ello tener un año por delante, antes de convocar nuevas elecciones.

Y si alguno me va a preguntar porque no puede ser que fuera Sánchez el investido con los votos del PSOE y Ciudadanos y la abstención del PP, se lo contesto ahora y así ganamos tiempo. 

Propongo que gobierne el PP, porque es el que ha ganado las elecciones, que no es un detalle menor y además ha aprobado los Presupuestos Generales del presente ejercicio, francamente me parecen dos motivos mas que suficientes y además si soy sincero prefiero que gobierne Rajoy, no porque sea el mejor, pero una cosa tengo clara, le pese a quien le pese de largo, es el menos malo de los candidatos.


Los experimentos amigos míos, como decía aquel,  con gaseosa. Que no estamos ahora mismo para experimentos... ni para gaseosas.

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