domingo, 17 de abril de 2016

Legionario en Bosnia 1993. Cuarta parte

Tres "firmas" de mi sección. Morales, Ato y Espinosa
El otro día contaba que tengo un libro que se titula "Legionario en Bosnia 1993" y se subtitula "Quince relatos cortos de una guerra larga". Cuatrocientas setenta y tres páginas en las que relato a mi manera, una serie de anécdotas que tuve la oportunidad de vivir, junto a los hombres de la II sección de la compañía Austria, que encuadrados en la VIII bandera expedicionaria de La Legión, participamos de la misión encomendada a la AGT Canarias.

Para que se hagan una idea  les dejo unos párrafos de uno de los relatos, éste se titula concretamente  "Agrupación Táctica Espere", creo que les gustará y se animarán a adquirir el libro. Si así lo desean les basta con clicar en la imagen de la publicación que se encuentra en la columna a la derecha del texto, exactamente donde dice "Compra Legionario en Bosnia 1993, aquí" el enlace los llevará hasta la página que les permitirá comprarlo en Amazón.

Espero que sea así, aquí les dejo el texto:

...Eran algo más de las ocho de la noche, la sección comenzó a prepararse para salir otra vez de Dracevo, con la misión de entrar en Mostar por la carretera de Citluk y relevar a la sección de Farnesio que esperaba el relevo desde la mañana. Nos habían agregado el pelotón de MM que mandaba el sargento Hidalgo y como en todas las misiones, nos acompañarían un Mercurio de transmisiones y un blindado ambulancia. Recibí mis órdenes y me dirigí a la columna que se encontraba como siempre, en la cuesta que iba en dirección al cuerpo de guardia y a la carretera de Mostar.

Reuní a mis jefes de pelotón y pedí a Ascanio que fuera a buscar al sargento Hidalgo, al jefe del Mercurio y al de mayor rango que hubiera en la ambulancia. Cuando estuvieron todos allí les expliqué lo que pretendíamos hacer. Habíamos comprobado que en algunas ocasiones la vigilancia en los check points se relajaba durante la noche y había que intentar obtener beneficio de ello, íbamos a circular prácticamente en silencio radio, les recordé que todos los contendientes conocían nuestras frecuencias y que en ocasiones de la escucha de las charlas que se producían entre nosotros, tanto croatas como musulmanes, obtenían una información que les permitía ir por delante de nosotros.

Por tanto íbamos a procurar mantener la radio en silencio, a no ser que sucediera algo muy grave que resultara urgente comunicar, quizás esa medida nos ayudara a ocultar nuestras intenciones. Les expliqué el itinerario que íbamos a seguir: Saldríamos de Dracevo hasta Caplina, allí cruzaríamos el Neretva en dirección este por el puente en el que había un control, si nos preguntaban contestaríamos que nos dirigíamos al cuartel general de la AGT en Medjugorje. Desde Caplina seguiríamos hasta esa ciudad y una vez allí buscaríamos la carretera Citluk-Mostar para llegar por ella hasta nuestro destino final.

Los miré fijamente ― Ahora vamos a ver lo del silencio radio que es un tema delicado, así que atended.
― Vamos a salir de aquí, y como siempre antes pediremos permiso para hacerlo utilizando la radio y comunicaremos que nuestro destino es Medjugorje― Miré al cabo 1º de la BRIPAC que mandaba el vehículo de transmisiones ― ¿Está claro? El paraca asintió con la cabeza.
Seguí hablando mientras miraba al encargado de nuestras transmisiones ― Cuando lleguemos a Caplina y pasemos el check point, yo te pediré que des la novedad correspondiente y que preguntes a Dracevo si Medjugorje ha confirmado que tienen cena y alojamiento para la columna― ¿Entendido? ― Sí mi teniente ― cabeceó el tirilla.
― Llegados a Medjugorje, seguiremos hacia la carretera de Citluk y no nos acercaremos al cuartel general ni de lejos, a partir de ese momento no quiero oír ni una sola palabra por la radio. No quiero oír a nadie, ni se llama ni se contesta — insistí.

― Hasta que yo vuelva a hablar por radio, nadie dirá nada, Hay que mantener el contacto visual con el vehículo que llevéis delante, pero sobre todo con el que tengáis a retaguardia. Si sucede algo, os limitáis a hacer señales con las luces y si no hubiera más remedio que utilizar la radio, no utilicéis los indicativos, identificaros con el número de vuestra posición relativa en la columna. Ya sabéis yo en cabeza, detrás de mí, los MM, el Mercurio, la ambulancia, el 1º Arienza y cierra la marcha el Sgto. 1º Ávila.

Estaban muy serios, así que con una media sonrisa les advertí ― Por cierto, ir con cuidado con lo que largáis por las transmisiones, porque le corto los pelendengues al que hablando por radio para comunicar una emergencia, dé datos que faciliten nuestra localización.

Pregunté si todo estaba claro y nadie abrió la boca, ordené que todos se dirigieran a sus vehículos y pusieran los motores en marcha. Monté en mi blindado y pedí novedades por radio, las recibí. Conecté con el Mercurio y le pedí que solicitara permiso para que la columna saliera con destino a Medjugorje. A los pocos segundos el Mercurio me comunicó que tenía el permiso correspondiente. Ordené de frente en columna de a uno y nos pusimos en marcha.

Lentamente entramos en la carretera y nos dirigimos hacia el norte. Tenía que pasar por Caplina y más tarde nos moveríamos por una zona muy próxima a Citluk y no me hacía maldita la gracia. Las dos poblaciones estaban llenas de unidades del HVO y en Citluk había gente del HOS, unas unidades muy duras y bastante violentas con una ideología muy cercana a la nazi, que nos iban a hacer pasar un mal rato si por desgracia topábamos con ellos.

Oí que Guerra me decía mosqueado. ― Da la impresión que nos ha mirado un tuerto, mi teniente.
Lo miré y alzando la voz por encima del ruido del motor del BMR le pregunté por qué decía eso.
Se encogió de hombros ― Pues por esto ― señaló con la barbilla la parte delantera del BMR―, llevamos desde diana liados para ir a Mostar, nos han burreado los croatas a base de bien y ahora sin siquiera descansar ni un minuto aquí estamos en la brecha otra vez y la gente está muy cansada.

Era verdad, estábamos cansados pero era el momento de dar el do de pecho y había que hacerlo, no había otra. ― Coño Guerra tú que eres tan legionario, te vas a quejar a estas alturas. ¿Se te ha olvidado aquello de que los puestos de mayor riesgo y fatiga son los de mayor honor? 
― No me líe mi teniente― me contestó. ― Yo no olvido nada, si hay que hacer las cosas se hacen, no me quejo de eso, usted me conoce de hace mucho tiempo, haré lo que me manden. De lo que me quejo es de la distribución del honor ese del que usted habla. Siempre nos toca a los mismos.

Sonreí ― Si es lo que te digo Guerra, debemos estar satisfechos de que nos elijan, si lo hacen es porque confían en nosotros. Yo estoy muy orgulloso de que las cosas sean así y que en Medjugorje prefieran a la Austria sobre el resto de unidades.
― Joder mi teniente ― sonrió Guerra, que ya había soltado presión con la rajada ― Con usted más vale no hablar, al final siempre tiene la razón. Está hecho un auténtico piquito de oro― rezongó en tono serio.

Le iba a contestar pero estábamos llegando a Caplina, le pedí al Mercurio que diera la novedad correspondiente y me acerqué lentamente hasta el control situado al otro lado del puente. Rogué a los dioses para que todo el mundo recordara que debíamos pasarlo de uno en uno. El puente de Caplina había sido volado y se utilizaba una estructura de circunstancias. La zona del control en la que debería detenerme estaba demasiado iluminada para mi gusto y había al menos tres HVOS en la barrera, ocultos habría otros tantos. Nos acercamos y detuvimos el BMR, me volví y pude ver al blindado de Hidalgo, esperando al otro lado del río.

Se acercó uno de los centinelas, eran gente de edad más que mediana, así que no pertenecerían a unidades de primera línea. Le saludé en croata y como pude le dije que íbamos a Medjugorje. El soldado croata ignoró lo que le había dicho y me preguntó cuál era nuestro destino, le repetí dos o tres veces que íbamos al cuartel general a dormir allí. Me hizo un gesto para que esperara y se dirigió al contenedor donde tendrían el teléfono o la radio para comunicarse con sus superiores. Encendimos unos cigarrillos y esperamos. Me incliné para mirar el interior del BMR, los legionarios dormían como troncos, aunque había dos atentos a lo que pudiera suceder.

Vi venir al croata que ni siquiera se acercó al BMR, se limitó a abrir la barrera y hacernos gestos de que siguiéramos. Nos pusimos en marcha y controlé que dejaban pasar a toda la columna. No sería la primera vez que, por sorpresa, cerraran la barrera y dejaran a una columna partida en dos. Le pedí a Morales que aminorara la marcha mientras veía como pasaba el puente la ambulancia, parecía que todo iba a ir bien, por fin vi al BMR de Ávila que cruzaba el río y el control.

Me puse en contacto con el Mercurio y en tono informal le pedí que comunicara a Dracevo que habíamos pasado el check point de Caplina y que nos confirmaran que en Medjugorje la AGT tenía previsto el alojamiento y la comida para la gente. Crucé los dedos y seguimos el itinerario previsto, que pasaba por el casco urbano de Caplina y que afortunadamente a esa hora estaba desierto. Esperaba que mi truco de las transmisiones funcionara, pero lo que me había parecido un plan medio decente mientras lo explicaba en Dracevo, ahora me parecía una idea con muy pocas posibilidades de tener éxito.

Se suponía que no teníamos que topar con ningún control hasta Medjugorje, me encomendé a mi buena suerte y de golpe tuve esa sensación de verme como si estuviera fuera de mi cuerpo, ya saben, eso de las sensaciones extrasensoriales. Se me escapó una carcajada, allí estaba yo con cara de apuro mientras Guerra me miraba de reojo, empeñado en hacer invisible, a la observación de los croatas, una columna de siete blindados pintados de blanco, que hacían un ruido muy considerable, con el que rompíamos el profundo silencio que nos rodeaba y para más INRI lo estaba intentando en una noche en la que lucía una luna casi llena, lo que permitía que se nos viera desde kilómetros.

Fueron unos segundos, pero me vinieron muy bien, lo de reír nunca viene mal, procuré no mirar a Guerra que me estaba contemplando intrigado, no fuera a escapárseme otra carcajada y pensara que me había vuelto loco. Esperé unos minutos y por radio le pedí al Mercurio que avisara a Dracevo que estábamos a diez minutos de Medjugorje y que comunicaran tal circunstancia a la gente del mando de la AGT. En Dracevo no habría problemas, los mensajes irían directamente a mando, que ya sabían de qué iba la milonga.

No me quería relajar, me daba la impresión de que en cuanto lo hiciera, las cosas se iban a liar, así que seguí en modo UNPROFOR sufridor, mientras nos íbamos acercando al casco urbano de la ciudad, que comparte con Lourdes y Fátima el fenómeno de unas apariciones de la Virgen a unos pastorcillos. Allí estaba refugiado el obispo de Mostar, que salió de su ciudad haciendo fu como los gatos en cuantito se puso la cosa chunga y que desde su cómodo refugio ejercía su poder espiritual y el temporal, que la iglesia croata tenía una actividad política muy importante en esta guerra. Seguro que el prelado era de los que pensaba con Napoleón, que una retirada a tiempo suponía una victoria.

Por ahora las cosas iban bien, veríamos si al final no se torcían, entramos en Medjugorje y dejamos a nuestra derecha las instalaciones del cuartel general de la AGT, seguimos de frente buscando la carretera que nos iba a llevar a Mostar. Podíamos encontrarnos un control en el cruce aunque resultaba improbable, nadie me había advertido de que estuviera montado.

Llegamos al cruce y con prudente regocijo celebré que estuviera desierto. Le indiqué a Morales que girara a la derecha y que aminorara la marcha, tenía prisa por llegar a Mostar pero tenía que controlar visualmente que no me dejaba atrás a ningún blindado. Los vi entrar en la carretera uno a uno y cuando vi el último girar le ordené a Morales que avivara la marcha, me acordé de aquello de lo del “alea iacta est”, no es que yo me pareciera ni de lejos a Julio César, ni la carretera Citluk-Mostar tenía nada que ver con el Rubicón, pero tuve esa sensación. La suerte estaba echada, habíamos hecho todo lo que podíamos hacer y ahora estábamos en manos de Fortuna, que dirían los clásicos o de la Providencia que es lo que yo creía.

La zona por la que circulábamos tenía muy mala fama. En Krusevo, es decir según se sale de Medjugorje a la derecha, le habían montado una emboscada mortal al jefe militar del HOS no hacía un año todavía. El HVO le había convocado a una reunión en Mostar y eso de celebrar reuniones en Bosnia era un deporte de alto riesgo. Ustedes ya lo saben porque les he explicado lo que le sucedió al alcalde de Celebici, que fue a reunirse con los mandos de la Armija en Konjic y nunca más se supo de él.

En este caso fue un tal Kraljevic el que imprudentemente acudió a Mostar para reunirse con Mate Boban y a la vuelta de la reunión, vista la negativa del jefe del HOS de integrarse en el HVO, le montaron una emboscada en la que liquidaron a Kraljevic y otros ocho o nueve oficiales del HOS que le acompañaban. Una barbaridad, no obstante puedo asegurarles que la emboscada fue mano de santo, en menos de quince días los mandos políticos del HOS, tragaron y se integraron en el HVO. Aunque nos habían advertido hacía unos días que en Citluk y Mostar se habían detectado unidades vestidas con el uniforme negro de los HOS.

De golpe, como pasan estas cosas, en mi cabeza comenzó a sonar una alarma interna . Muy cerca de nosotros en un lugar oscuro de la carretera, a la altura de una casa bastante grande que estaba a la izquierda de la calzada, alcancé a ver algo que se movía. Inmediatamente le grité a Morales que frenara, mi conductor debía estar en modo piloto automático, porque no hizo nada por aminorar la marcha, le volví a gritar y esta vez aplicó los frenos con toda la violencia que pudo.

El BMR se acercaba a un bosnio que en mitad de la calzada se aferraba a su AK como un náufrago a un salvavidas. A su espalda estaba montada una barrera de circunstancias. Maldije mi suerte y me acordé de las madres de todos los HVOS de este mundo, habíamos topado con un check point que no debía estar allí. Cuando Morales detuvo el blindado, no había ni tres dedos entre la proa del vehículo y el pecho del HVO. El infeliz estaba cuajado, mirándonos con unos ojos que se le salían de las órbitas.


Sabía que el susto que se había llevado lo íbamos a pagar caro, la gente cuando se asusta tiende a ponerse como una pantera hidrófoba. Le dije a Guerra que espabilara al personal, mientras oía gritar algo al centinela y de la casa a nuestro costado salía a la carrera un grupo de gente armada….

La semana que viene continuará... 

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