sábado, 2 de abril de 2016

Legionario en Bosnia 1993, segunda parte



Les contaba el otro día que tengo publicado un libro que se titula "Legionario en Bosnia 1993" y se subtitula "Quince relatos cortos de una guerra larga". Cuatrocientas setenta y tres páginas en las que relato a mi manera, una serie de anécdotas que tuve la oportunidad de vivir, junto a los hombres de la II sección de la compañía Austria, que encuadrados en la VIII bandera expedicionaria de La Legión, participamos de la misión encomendada a la AGT Canarias.

Fue allá por el año 1993 cuando tuvimos la ocasión de ir hasta Bosnia Hercegovina para actuar como fuerzas de interposición y control del alto el fuego y ayudar en la medida de nuestras posibilidades a la población civil que sufrió la brutalidad infinita de los dos bandos, que allá no hubo buenos y malos, en todo caso malos y peores.

Un libro en el que el lector puede encontrar de todo, humor, tensión, entretenimiento, dolor, que les va a acercar a una realidad muy poco conocida de la guerra de Bosnia. Les puedo asegurar que con su lectura van a vivir momentos muy emocionantes.

Hoy les dejo unos párrafos de uno de los relatos, éste se titula concretamente  "El saludo Unprofor", espero que les guste y se animen a adquirir el libro. Si así lo desean les basta con clicar en la imagen de la publicación que se encuentra a la derecha del texto, exactamente donde dice "Compra Legionario en Bosnia 1993, aquí" el enlace los llevará hasta la página que les permitirá comprarlo en Amazón. 

Espero que sea así, estoy convencido que les va a gustar, aquí les dejo el texto:

Resulta curioso el hecho de que en aquellas tierras de Bosnia, los legionarios de la AGT Canarias en general y los de la Cía. Austria en particular, estuvieran dispuestos a soportar con llamativa tranquilidad los disparos, morterazos y bombardeos, vinieran de los croatas o de los musulmanes, mientras que montaban en cólera en cuanto la cuestión pasaba a lo que ellos entendían como el terreno de lo personal. Probablemente la explicación habría que buscarla en que lo de las agresiones armadas eran percibidas por ellos como algo que tenía que ver con su condición de legionarios y por tanto las aceptaban como cuestiones inherentes a su oficio, mientras que las burlas, insultos o faltas de respeto ofendían a sus personas y eso les resultaba intolerable.

Debo confesar, que en ocasiones, resultaba muy difícil evitar caer en la tentación de tomarse las cosas que por allí sucedían a título personal. Había que tener cuidado con ello porque resultaba relativamente sencillo y era muy peligroso; cuando uno se mueve en situaciones tensas o comienzan a llover los disparos, lo aconsejable es tener la mente fría y los que se cabrean no la tienen.
Ya saben lo que es
Pero en esto como en casi todo, había gente más proclive a caer en ese problema de percepción que otros. Personalmente procuraba tomarme las cosas como lo que eran, sucesos que nada tenían que ver con mi persona y que eran consecuencia del oficio que nos había tocado en suerte ejercer, el de soldadito de UNPROFOR, aunque tengo que reconocer que en ocasiones resultaba terriblemente difícil mantener la cabeza fría y no entrar por la vereda del cabreo personal.

Pero tampoco era tan raro como pudiera parecerme, al fin y al cabo mis legionarios, dignos herederos de los Tercios de Flandes, en eso como en otras muchas cosas, tenían hábitos muy parecidos a los de sus ilustres predecesores, que como bien explicaba nada más y nada menos que Don Pedro Calderón de la Barca, parece que reaccionaban de manera parecida. Así lo explica D. Pedro:

Sufren a pie quedo
con un semblante, bien o mal pagados.
Nunca la sombra vil vieron del miedo,
y aunque soberbios son, son reportados.
Todo lo sufren en cualquier asalto;
sólo no sufren que les hablen alto.

Normalmente los civiles no combatientes, porque los había que combatían, nos trataban bien y por lo tanto no teníamos demasiado problemas con ellos, pero algunos de aquellos no combatientes, fuera por la razón que fuera, se inclinaban en ocasiones por ofender, insultar, cuando no a apedrearnos cuando pasábamos por sus pueblos. Debo decir que estas cosas sucedían generalmente cuando los combates iban mal para los suyos o se habían producido muchas bajas, en esos momentos algunos ciudadanos se inclinaban por pagar sus frustraciones con nosotros.

Personalmente comprendía lo que había y mi cerebro me decía que pasara de esas cosas que no tenían maldita la importancia, pero a veces uno también llevaba a la espaldas y repleto su particular morral de mosqueos y  costaba mucho no reaccionar.

En Bosnia cada uno de los bandos saludaba gestualmente de forma distinta, lo hacían todos, militares con y sin graduación, niños, mujeres, ancianos, etc., etc. Los croatas levantaban la mano derecha y abrían sólo dos dedos, el índice y el medio; para entendernos, el mismo gesto que usted utiliza cuando quiere decir dos por señas; ese era el saludo croata. Los serbios sacaban también la mano a relucir, pero con tres dedos abiertos, el pulgar, el índice y el medio y por fin los musulmanes que debían haber llegado tarde a la moda y les quedaban pocas combinaciones "digitales", saludaban con el mismo gesto que en España utilizamos cuando decimos cuatro por señas, todos los dedos de la mano abiertos, exceptuando el pulgar.

Cuando circulabas por esa carreteras de Dios en Bosnia, podías encontrarte con gente que te saludaba, lo normal era que lo hicieran agitando la mano tal y como hacemos todos, pero había ciudadanos que preferían demostrar con quien estaban sus preferencias. No tenía importancia, pero a veces vale mucho más la intención que el propio gesto y cuando estabas cansado o volvías de una misión en la que la habías pasado canutas porque los colegas del ciudadano que te saludaba, te habían frito a morterazos, tenías la sensibilidad a flor de piel y si encima el cabrito de turno te saludaba con la intención de mosquearte, pues te mosqueabas, que dicen que la carne es débil, pero a mí lo que me parece que es débil, es la razón, que casi siempre termina siendo vencida por el instinto.
Los viejos Tercios de Flandes

Sirva todo este proemio para explicarles una cuestión que tampoco es que sea importante pero que por cosas de la vida, al final me costó un viaje a Medjugorje para mantener una charla “constructiva” con el comandante de EM que llevaba la segunda sección de la Plana Mayor de la AGT. Canarias, y con estas cosas hay que tener todas las precauciones del mundo, porque se sabe cómo empiezan, pero nadie sabe cómo pueden acabar. Es lo que pasa cuando la gente se aburre en las oficinas de las planas y no tienen cosa mejor que hacer que andar jodiendo la paciencia al personal de las unidades tácticas que caen bajo su observación.

Les contaba lo de los distintos saludos que te podías encontrar en aquella Bosnia de nuestros pecados y sobre todo de los de sus habitantes - que nosotros poca ocasión tuvimos de pecar por allá- por centrar el tema.  Así que vamos a lo que vamos. Es muy cierto que a veces cuando iba mosqueado o cuando quién saludaba lo hacía mientras sus colegas te apedreaban o según la manera de saludar del berzas de turno, un servidor en contestación, levantaba el brazo doblado por el codo que apoyaba en uno de los sacos terreros que protegían la escotilla y correspondía al saludo con mi puño enhiesto y con el dedo medio señalando al cielo. Vamos lo que toda la vida se había llamado “hacer la peseta”, hasta que Luis Aragonés (DEP)  renombró el gesto que pasó a conocerse como “hacer una peineta”.

Conste que lo de “hacer la peseta” es costumbre ancestral y que nada tiene que ver con hacer una higa, que es un gesto que pretende espantar el mal de ojo y que se hace cerrando el puño mientras se saca el pulgar entre el dedo índice y el medio, eso que quede muy claro. Decía que lo de “hacer la peseta” es costumbre ancestral, de hecho San Isidoro de Sevilla se refería a ese gesto cuando hablaba de extender “el dedo impúdico” y yo que soy amante de las tradiciones, se lo hacía de vez en cuando a algún ciudadano bosnio que sabían lo que significaba porque se mosqueaban cosa fina.

Hacía el gesto mudo, ustedes sabrán que cuando se muestra el dedo impúdico, que decía el erudito obispo de Sevilla, a la vez se puede decir, “móntate aquí y pedalea”, que es la frase que he oído más veces, aunque otros prefieran aquella que reza “monta aquí y verás París” y también parece ser que existe otra más castiza, en la que te prometen que si te montas en el dedito de marras te llevaran a Madrid.

Bueno pues un día charlando con gente de la sección mientras tomábamos un café, salió a relucir el tema de los saludos y los legionarios se cachondeaban de los malos gestos que hacía su teniente, a pesar de lo educado y circunspecto que era. Siguiendo la broma les expliqué que estaban muy equivocados, que lo que yo hacía no era una peseta, peineta o como quieran ustedes llamar al gesto, sino que era el saludo oficial de UNPROFOR. Que la ONU, se había encontrado con todas las combinaciones ocupadas por croatas, musulmanes y serbios y por tanto había decidido lo de sacar el dedo medio como saludo para que los cascos azules pudiéramos corresponder con toda cortesía a los afectuosos saludos manuales que recibíamos.
Escarapela de la AGT. Canarias.
Nos reímos todos y la cosa no pasó de ahí, pero lo del “saludo UNPROFOR” tuvo su éxito y los legías a los que le va un montón el vacile, se dedicaron a saludar a todo el mundo con el dichoso dedo impúdico que decía San Isidoro, que él sabrá por qué se la tenía jurada al dichoso dedo y al final tanto va el cántaro a la fuente que las cosas se complicaron, porque la noticia del saludo llegó al lugar al que no debería haber llegado jamás. De tal manera que recibí una amable invitación para que en cuanto mis obligaciones me lo permitieran, me personara en la S-2 de la PLMM de la AGT. Canarias y me presentara a su jefe, que tenía mucho interés en mantener una charla conmigo.

No tenía ni idea de cuál era el motivo de la llamada y así lo expliqué en mi unidad, no sabía la razón y a pesar de haber llevado a cabo un profundo examen de conciencia no alcanzaba a barruntar qué coño habría roto yo, para que me llamaran de Medjugorje. Ya he contado en otras ocasiones que los diplomados de Estado Mayor de la AGT Canarias, eran gente encantadora, educada y normalmente se comportaban amablemente, pero será que tengo una conciencia intranquila crónica o por la razón que sea, que nunca he sabido explicármelo a mí mismo, pero lo cierto es que cuando tenía tratos con ellos más allá de los puramente "sociales" siempre tenía la impresión que a pesar de su amabilidad y cortesía eran capaces de educadamente, despellejarme en menos tiempo en el que se santigua un cura loco.

Pero como no podía hacer caso omiso a la llamada, para allí que me fui y marcialmente me presente al comandante que había requerido mi presencia. Tengo que decir que era un hombre encantador y que siempre había distinguido a la Cía. Austria y a sus miembros con su consideración y en la presente afirmación no hay ni un ápice de sarcasmo. Me hizo pasar, me ofreció asiento y me preguntó si me apetecía un café. Le dije que sí y si no era molestia un vaso grande de agua muy fría. Ya que estaba allí y no sabía lo que iba a suceder, al menos me tomaría un buen café y un vaso de agua fría de nevera que eso no lo veía todos los días. El comandante pidió los cafés y esperó a que los trajeran hablando de cosas insubstanciales, el calor, el tiempo y la familia. Cuando llegaron, esperó a que yo hubiera apurado el café y el agua y me dijo

― Rives ¿podrías explicarme que es eso del saludo UNPROFOR?
Me dejó más frío que el agua que me acababa de beber. No me lo podía creer, lo miré por si estaba de broma, pero no era así, lo preguntaba en serio. Le expliqué más o menos lo que les he contado a ustedes, aunque me ahorré lo de San Isidoro, porque pensé que igual no era el mejor momento para sacar a pasear santos. Cuando terminé, seguía serio, relajado pero serio.

― El problema no está en el saludo, que es una ordinariez, pero no vamos a entrar en eso, el problema está en que tú le has dicho a la tropa que es una decisión de la ONU.
Mentalmente maldije la ocurrencia que me había parecido tan oportuna y graciosa en su momento, reconocí que efectivamente era así, pero le signifiqué que lo había dicho en un contexto que dejaba totalmente claro que era una broma y que a nadie en su sano juicio podía pensar que yo lo dijera en serio.

Añadí ― Ya sabe cómo son los legionarios mi comandante, les haría gracia y lo han repetido.
El comandante me miraba apoyando los antebrazos en su inmaculada  mesa. ― Sobre los legionarios me voy haciendo a una idea ― lo miré pero no fui capaz de desentrañar si lo decía en serio o era simplemente un sarcasmo.
― Lo malo es que todo esto ha llegado a los oídos de las autoridades croatas que como siempre están muy molestas y hay que atajarlo inmediatamente.

Le dije que naturalmente hablaría con mi gente, pero desde luego si eso había llegado hasta donde había llegado sería bueno averiguar quien había filtrado la noticia. Incluso afirmé, que en mi opinión, habría que buscar al responsable entre los intérpretes. No conocía a ningún legía que fuera capaz de explicar todo el lío del saludo en croata.
― De hecho juraría que sé quién ha sido el que se ha ido de la lengua y me jugaría la cabeza y no la perdería a que usted también sabe quién es el que ha ido con el cuento a Capljina.
Me miró con una media sonrisa y supe que pensaba lo mismo que yo.

Hizo un gesto con la mano para que no interviniera ― Pues ya sabes Rives procura que esto se vaya olvidando, no comentes de lo que hemos hablado con nadie ― levantó el índice admonitorio ― y cuando digo nadie, es nadie. Si alguien te pregunta sobre esta reunión, te he pedido información sobre el barrio musulmán de Mostar y aquí paz y más allá gloria celestial. Gracias por venir — Se levantó y me dio la mano. Salí de allí como un tiro, llevaba prisa porque con el comandante, que era un buen tío, me había ido superior, pero prefería no forzar con mi suerte. Pasé por el cuerpo de guardia a toda prisa, aunque no tanta, que pareciera que salía huyendo, subí a mi blindado y volví a Dracevo.

En menos de cuatro días el cabrón del intérprete con el que tantas fricciones había tenido, causó baja en la AGT Canarias, de lo que me alegré infinito. Los legionarios siguieron utilizando la peineta o peseta como saludo, pero nadie volvió a recordar la maldita ocurrencia del saludo UNPROFOR.


Y sigue, espero que su lectura les anime a la compra de un ejemplar, que por pedir no quede.

1 comentario:

  1. Pedazo de libro y pedazo de autor,leer este libro es un verdadero lujo

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