martes, 12 de julio de 2016

No habrá otras elecciones...

Una frase tranquilizadora la del título, en la que curiosamente coinciden todos los líderes de los partidos políticos que se supone están metidos en la zarabanda de buscar una solución viable al problema de la gobernación de España. 

Llámenme raro, pero si soy sincero cada vez que escucho la frasecita,  se me ponen los pelos de punta. Miedo me da escuchar el mantra en boca de Pedro Sánchez, Rajoy o Rivera, porque si hago memoria cada vez que un concepto se ha compartido tan abrumadoramente por todos, los que hemos salido chamuscados de ese supuesto consenso - llegado a nosotros como la primavera de D. Antonio  - hemos sido los ciudadanos.

Cuando empezaron de manera unánime a repetir serios y compungidos que pasara lo que pasara no habría terceras elecciones, muchísima gente encontró alivio en la afirmación. Después del fracaso obtenido tras las elecciones del 20D, escuchar a todos decir lo mismo, tranquilizó a la ciudadanía que nos las tenía todas consigo y escuchaban a los agoreros vaticinar que nos íbamos a tragar otras elecciones en noviembre, sí o sí, porque España será la tierra de María Santísima, pero si tenemos presente la antigüedad del patrocinio, que ya se sabe que la veteranía es un grado, más antiguo que María Santísima es Caín y el fratricida dejó marcada su impronta de manera indeleble en esta vieja piel de toro.

Aquí lo de ponerse de acuerdo está mal visto de toda la vida, de tal manera que la búsqueda de consenso se ha tomado desde antes de los tiempos de D Rodrigo, como signo de debilidad. Conociéndonos, confiar en la capacidad de diálogo de las partes, supone que tenemos muchas ganas de auto engañarnos. 

En España lo que mola es acabar con el adversario de la manera más sangrienta posible, ya se sabe que muerto el perro se acabó la rabia, A nadie en sus cabales, siendo español, se le ocurre intentar convencer con argumentos y diálogo al contrario, eso queda para gente sin pelendengues. Aquí se trata de vencer, de arrollar, de masacrar y si las cosas no se dan demasiado bien, ya sabemos todos desde pequeños que es preferible arrancarse un ojo y quedar tuerto, a condición de que el adversario quede ciego, antes que intentar alcanzar un acuerdo.

¡Oiga pues bien que dicen los abogados que siempre es preferible un mal arreglo a un buen pleito! Es cierto que se dice, pero me parece que poco o nada se practica y que en el fondo la frase sirve de coartada para que los abogados de las dos partes se pongan de acuerdo para llevarse la tajada más grande posible del desacuerdo de sus clientes, sin que intervenga un juez. Que siendo raro, igual vas a topar con uno que sea trabajador y justo y te la lía bien liada.

Por eso lo de que “no habrá nuevas elecciones” es un cuento chino que soltaron todos porque sonaba muy bien y que además significa cosa distinta, según sea quien la diga. 

Si lo dice Rajoy, lo que está diciendo es: Mire usted he vuelto a ganar las elecciones, voy a ser presidente y el que no pacte conmigo o impida mi investidura, se va a enterar de lo que vale un peine en las próximas elecciones, en las que voy a arrasar. Así que ustedes verán, a mí ya me viene  bien que haya otras.

Si lo dice Sánchez, lo que está diciendo es: Yo tranquilo, sigo con el “no es no” a Rajoy, cargo la responsabilidad en el popular al que digo que busque apoyos en el centro y como no se va a comer un colín con Rivera, dejo que esto se pudra y al final, por evitar otras elecciones, pacto con Iglesias y me veo en la Moncloa y con la secretaría general garantizada para lo menos nueve años.

Si lo dice Rivera, no es tan sencillo. Ya saben que el naranjito es variable, así que un día puede querer decir una cosa y al otro la contraria. Pero como últimamente en la cúpula de Ciudadanos hay mucha gente que viene de UPyD que ya se cargaron un proyecto y le echan la culpa de su fracaso a Rajoy, lo que dice Albert es: Me quito de en medio, suavizo lo del veto a Rajoy, pero le digo a Mariano y al mundo que yo no soy necesario para formar gobierno, que busque apoyo en el PSOE y nosotros nos abstendremos y como no se va a comer un colín con Sánchez, iremos de cabeza a otras elecciones. 

Tendré que tener mucho cuidado de que la responsabilidad del fracaso recaiga sobre el PSOE y el PP y si me sale bien, igual en la siguiente saco más diputados y si saco menos y Rajoy vuelve a mejorar resultados, pactamos  con el PP y tal día hizo un año. De no ser así, siempre habrá ocasión para apuntarnos otra vez al gobierno del cambio y Dios dirá.


Acuérdense de Caín y vayan preparando las papeletas... O no, que diría uno que yo me sé.

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