miércoles, 24 de abril de 2013

El dinero confía en España


"No están estos tiempos, amigo Sancho, para pesimistas y añorantes, así que mira al frente, espolea y cabalga..."


Esto de la economía debe ser una ciencia muy compleja y desde luego a la vista de la experiencia, bastante insegura. Me dirán algunos, sobre todos si son economistas, que la economía es una disciplina científica y por tanto muy capaz de prever los fenómenos relacionados con su campo, pero la experiencia nos dice todo lo contrario. No es que los economistas sean incapaces de saber lo que va a suceder, eso sabemos que sucede habitualmente, es que no siendo capaces de llevar a cabo previsiones sobre la evolución de la economía, lo que me parece bastante peor es que cuando llega la hora de las explicaciones, los economistas tampoco son capaces de explicarnos de manera unánime cuales han sido las causas que han motivado lo que nos ha sucedido.


Claro que lo más probable es que esa percepción se deba más a mi ignorancia que a la de los sesudos economistas, que deben saber muchísimo de los suyo, pero que son incapaces de ponerse de acuerdo en definir cuál es el procedimiento a seguir para salir de esta crisis. Dicho lo dicho vamos a hablar de lo que ayer vivimos en España.


El resumen más sencillo y probablemente el que más fácilmente pueda ser aceptado por la mayoría es el socorrido “una de cal y otra de arena”, porque ayer vivimos dos experiencias que desde la percepción ciudadana son de signos absolutamente contrapuestos y quizás haya que ponerlos en el contexto correspondiente para poder comprenderlas mejor.


Ya he dicho que la economía, rama de la ciencia que pertenece a las ciencias sociales, es una ciencia difícil y he reconocido mi ignorancia al respecto y en muchas ocasiones mi incomprensión más absoluta sobre lo que se nos dice desde ella. Pero sin embargo en nuestro país – España y yo somos así señora – que diría Marquina, aunque no sé yo si se le podrá citar por aquello de que fue poeta pero también falangista, aunque correré el riesgo y pelillos a la mar. Decía que sorprendentemente España ya no es la tierra de María Santísima y se ha transmutado en la tierra del economista de casino o red social, todos por lo visto sabemos de economía y así nos va.


Se nos había anunciado que las previsiones sobre crecimiento del gobierno había que revisarlas a la baja y que nuestra economía decrecería en el 2013 entre el 1 y el 1,5 % en lugar del 0,5% previsto. Y de inmediato los “expertos” en la materia de toda laya y condición se apresuraron a señalar lo mal que lo estaba haciendo el gobierno. De todos los fenómenos de esta crisis el único que me divierte es el que lleva a tantos ciudadanos a no dar por buenas las noticias positivas para nuestra economía y aceptar con la fe del carbonero las que son malas para nuestra situación a pesar de que provengan todas del mismo lugar. Si el FMI dice algo que pueda servir de asidero al gobierno de Rajoy se ignora o se niega su veracidad. Pero si por un casual desde ese organismo se nos advierte que pintan bastos en España, todo el mundo acepta de manera automática la veracidad de la afirmación.


Lo de la revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de la economía nacional entiendo que son frustrantes pero si nos molestamos en mirar a nuestro alrededor podremos percibir que el fenómeno no se produce exclusivamente en nuestro país.


“Mal de muchos, remedio de tontos”, dirán de inmediato los numerosísimos ciudadanos que han decidido crear una nueva clase política, la del ex votante del PP y que se dedican a negarle el pan y la sal a Rajoy con un empeño y ferocidad digna de mejor causa. Yo simplemente contemplo sin prejuicios lo que sucede y veo que nuestros vecinos los franceses tenían previsto un crecimiento del  0,8% y se les queda en el 0,1%,  el Reino Unido pasa de un 1,8% al 0,6%,  y la todopoderosa Alemania retrocede del 1,6% al 0,4%. Por lo tanto, entiendo que nuestra revisión a la baja se corresponde con la situación de la economía internacional y naturalmente es un dato negativo pero que puesto en su contexto intranquiliza bastante menos.


Pero hete aquí que mientras unos nos lamíamos las heridas y otros gozosos se apresuraban a pregonar nuestra ruina provocada, a lo que se ve, por la indemostrable incompetencia del presente gobierno, mientras todo eso sucedía, miren ustedes por donde el dinero, el capital, los inversores, los especuladores, los tiburones financieros, todos se pusieron de acuerdo y se lanzaron a comprar deuda al Tesoro y también bonos españoles en los mercados secundarios con un entusiasmo fantástico.


De tal manera que ayer por vez primera en 14 meses la dichosa prima de riesgo bajó de los 300 puntos básicos y el Tesoro logró colocar los más de 3.000 millones de su emisión en un pis pás y con rentabilidades bajísimas. De hecho, las letras del Tesoro a tres meses se colocaron  al 0,12%, el interés más bajo de nuestra historia. El flujo de dinero alcanzó también a la bolsa que disfrutó de un repunte del 3,26% en el Ibex, hasta los 8.289 puntos, la tercera mayor subida del año.


Estupendo ¿no?, pues no vayan a creer ustedes . Seguro que algunos de mis lectores, y muchísimos de los agoreros que pontifican en las RR.SS nos van a explicar que ese resultado no es más que el reflejo de lo que sucedió ayer en Europa y que no se debe a nuestros méritos sino al efecto de arrastre producido por la inversión en el ámbito internacional. Puedo aceptarlo, pero ahora me toca preguntar a mí y solicitar que se me explique cuál es el motivo por el que tengo que admitir que la revisión de nuestro crecimiento a la baja es producto de la incompetencia de Rajoy, sin que al parecer nada tenga que ver con la situación de nuestro entorno, pero el fenómeno positivo del espectacular descenso de la prima de riesgo y la rentabilidad se deban exclusivamente al proceso de arrastre de la economía internacional.


Vivimos en un mundo extraordinariamente intercomunicado, eso hace que lo que sucede a nuestro alrededor influya de manera muy importante en nuestro país. Eso es muy cierto, pero tan cierto es eso, como que el fenómeno se produce por igual cuando la economía mundial nos arrastra o nos pone el freno.


A mí me parece que los de la pasta, los que invierten, tienen más fe en nuestro porvenir que esos economistas de casino que predican la mala nueva. Cuando las noticias son malas, se congratulan y si por un casual son buenas, les amargan el día. Puedo admitir que así se comporten desde la izquierda, que no han perdonado el triunfo de Rajoy y no quieren ni pensar en que sea capaz de sacarnos del problema, pero que la misma actitud se comparta desde gente que ha votado toda su puñetera vida al PP y lo han hecho porque no había nada más a la derecha de los populares, me sorprende. No voy a hurgar más en la herida que hoy sé que están de luto económico, político y social a cuenta de lo de la prima de riesgo.



Pueden estar tranquilos, el viernes el Consejo de Ministros les alegrará el fin de semana con el anuncio de nuevos recortes, dicen que no serán  drásticos, pero les servirán de argumento y consuelo a los agoreros.



Lo que resulta sorprendente es la fruición con la que algunos celebran las malas noticias.

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