sábado, 20 de abril de 2013

El faisán puede cantar como un jilguero

¿Faisandé?

La opinión pública conocía ayer mismo que el Fiscal General del Estado, en uso de las atribuciones que le son propias, había ordenado al Fiscal Javier Zaragoza de la Audiencia Nacional que solicitara la condena de Pamiés y Ballesteros, los dos policías que están procesados por el feo asunto que se conoce como el caso Faisán, por la comisión del delito de  cooperación con ETA – con banda armada, dice el código – en lugar de por revelación de secreto.


A nadie se le escapa que este es un caso en el que, no la política como afirman algunos, sino algunos políticos han tenido un papel importantísimo y que, lo que son las cosas, no aparecen en los papeles que obran en poder del juez que lleva el caso. Tampoco creo que nadie  pueda ignorar que la petición fiscal de dos años para los mandos policiales que no han podido quitarse de en medio como lo han hecho otros muchos, porque a pesar de lo bien que les iría a algunos, no se puede alegar la generación espontánea como  causa de la comisión de un delito, que el puñetero código es así de incómodo y  si se descubre la comisión de un quebrantamiento de la norma, por narices hay que buscar a algún culpable; digo que la modestísima petición fiscal ponía de relieve la existencia de un pasteleo repugnante y una interpretación extremadamente laxa del papel de la Justicia en un asunto de la gravedad del Caso Faisán


Dos añitos como a la Pantoja y todo el mundo a casa que llueve y estas cosas tan desagradables mejor cerrarlas con el menor daño posible, porque estamos tratando de un asunto que tuvo que ver con el interés general y con el delicadísimo asunto de la lucha contraterrorista, que son cuestiones muy complicadas que la gente no entiende ni debe entender y además estamos hablando de dos servidores del orden que…. bla, bla, bla.


Eso pensaban algunos, pero por mucho chau chau progre que se gasten la petición de dos añitos para el tipo que advirtió a Elosúa que tuviera cuidado que los maderos, que como todo el mundo sabe son gente sin corazón y no tienen ni idea de las cuestiones que tienen que ver con la alta política, que lo iban a detener y lo hizo a través de un teléfono que le llevó el otro colega de banquillo al feliz propietario del bar Faisán que se dedicaba el angelito a llevarle la pasta a ETA, para que la banda contara con la financiación que le permitiera seguir matando a inocentes, resulta de una lenidad sorprendente.


La investigación del caso Faisán pone los pelos de punta. A los mandos de las instrucción judicial estaba el cruzado de las causas más justas del mundo mundial, el adalid de la justicia progresista y solidaria, me refiero como habrán podido imaginar al prevaricador ex juez Garzón, que se preocupó muy mucho para que el expediente criara polvo y hasta moho, escondido en un cajón en el que dormía el sueño de los injustos y que supongo estaría guardado bajo el epígrafe de “mejor no meneallo”. Apoyando e impulsando ardorosamente la investigación policial, teníamos al ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dicho esto y teniendo presente que el asunto se genera por aquello de que la detención podía entorpecer el famosísimo e inexistente “proceso de paz”, estaba cantado que este asunto, en las manos en las que  estaba, no lo iba a aclarar ni San Raimundo de Peñafort, santo patrono de la “cosa judicial”.


Pero el caso Faisán pasó a manos de Fernando Grande-Marlasca que sustituyó al ínclito Garzón cuando éste decidió irse a Nueva York para llevar a cabo unos bolos, muy bien pagados por cierto. El juez reinicia el caso e impulsa la investigación y de inmediato se produce un hecho asombroso, a Grande Marlasca se le propone, desde instancias gubernamentales, su nombramiento como juez de enlace en Londres –una perita en dulce- si congelaba el caso hasta el regreso de Garzón.


Sin embargo la investigación prosigue, por lo que Garzón abandona las delicias de Nueva York y se apresura a volver al juzgado. Torna a la investigación con la prudencia y el tiento de un  elefante en una cacharrería y ralentiza la misma, exculpa a alguno y las aguas vuelven a su cauce. Pero al final es el juez Ruz el que se hace cargo del asunto tras la suspensión que sufre Garzón.


La opinión pública se va enterando de cosas que parecen imposibles, se han manipulado las cintas de vídeo, desaparecen pruebas, etc. etc. El ambiente es tan pútrido, que la Unión de Oficiales de la Guardia Civil ya no puede aguantar más y en el año 2011 define el asunto como “uno de los más bochornosos de nuestra democracia”, poniendo en evidencia en un comunicado “el nerviosismo latente que se aprecia en las declaraciones del portavoz del Gobierno – Rubalcaba - cuando es cuestionado al respecto y que arrojan más sombras que luces sobre el caso”. De hecho la Unión solicita personarse en el asunto como acusación particular al objeto de que la imagen de las Fuerzas de Seguridad del Estado no se vea afectada.


Podríamos continuar describiendo el disparate que supuso tanto la investigación judicial como la policial, pero no merece la pena. La acción del gobierno de Zapatero y de la de su ministro del Interior está tan clara en la percepción de los ciudadanos que la condena moral no se la va a quitar nadie, aunque por ahora parecía que se iban a librar de cualquier responsabilidad penal.


Pudiera ser que no, ahora corren el riesgo de que el Faisán cante como un jilguero. Hasta ahora los dos funcionarios policiales han aguantado el tipo. El modelo es el mismo que lo del GAL, se pretende que los únicos responsables son dos funcionarios que aislados, deciden por su cuenta, ayer matar etarras y hoy evitar su detención, los dos casos coincidiendo con un gobierno socialista. Todos sabemos, porque se ha demostrado lo que les costó a los de Felipe González que  Amedo y Domínguez permanecieran callados, aunque al final cantaron.


Ahora puede pasar lo mismo, he de suponer que Pamies y Ballesteros han estado más o menos tranquilos porque la petición del fiscal les aseguraba que no irían a la cárcel ni causarían baja en la PN, entre esa tranquilidad y el “engrase” de sus conciencias la cuestión estaba más o menos controlada. Ahora las cosas cambian, se detecta un cambio, el Fiscal General del Estado actúa de acuerdo a sus competencias e insisto en el tema porque por ahí anda la zurda descompuesta y horrorizada por esa conducta, tachándola naturalmente de ilegal, decía que se percibe un cambio en este asunto, lo vemos nosotros y lo ven mucho mejor que nosotros los acusados.


Hasta ahora resultaba sencillo y hasta barato acogerse a la omertá y esperar una condena cuasi testimonial y tras el juicio y la condena, a casita a disfrutar de lo que tengan que disfrutar los dos imputados. Pero cinco tacos de talego es otra cosa. Si noventa minutos en el Bernabeu dicen que se hacen muy largos, para que les cuento lo interminables que pueden resultar cinco añitos en el penal del Puerto de Santa María.


El cambio de petición fiscal abre una puerta a la esperanza, por cierto hablando de fiscales si D. Javier Zaragoza tuviera su poquito de dignidad, tampoco hay que pedirle mucha, ante la situación en la que su superior jerárquico le enmienda la plana y le obliga a cambiar la calificación fiscal de un delito, debiera en primer lugar cumplir la orden recibida e inmediatamente dimitir. ¿Qué tampoco hay que exagerar, que con las cosas de comer no se juega? Pues no sé, pero la dimisión le iría muy bien a su presunta dignidad.


De Rubalcaba no digo nada ¿para qué? Eso se lo dejo a ustedes.

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