sábado, 6 de abril de 2013

Los escraches y la hipocresía

Verstrynge ayer se fue de escrache
Este disparate de los escraches preocupa a muchísima gente. Entre los preocupados y en un indeseado papel protagónico están los “afectados”; aquellos que ya han tenido el placer de ver cómo una pandilla de individuos cercaban su domicilio para utilizando el insulto y la “presión social” con una voluntad claramente coactiva, exigían que cambiara el sentido de su voto, en este caso, sobre asuntos que tienen que ver con las hipotecas. Cunde la natural preocupación entre los potenciales afectados, es decir el resto de parlamentarios, cargos públicos u orgánicos del PP. Y por fin se muestran, no preocupados sino indignados muy indignados los activistas a los que no les gusta a) que los tilden de violentos, b) que los jueces hayan advertido que el escrache puede ser ilegal y c) que la policía, siguiendo órdenes de la autoridad competente se atreva a identificarlos cuando ejercen sus particulares coacciones.

Pero sobre todas las cosas, los sujetos activos de esta valerosa reivindicación popular - se necesita tener mucho valor para  organizar una cuadrilla que se dedique a aporrear tus puertas, llamarte asesino y asustar a tus hijos - en uso de esa ignorancia cósmica que sufren la mayoría de ellos y de la repugnante hipocresía que utilizan sus dirigentes, están muy molestos porque las víctimas han tenido la desfachatez de molestarse e incluso algunas han llegado al criminal cinismo de acudir a una comisaría de policía a denunciar su salvífica conducta.

Hace unos días hablaba yo de este asunto y denunciaba que los escraches eran violentos, a ese objeto me permití acogerme a la auctoritas de la Wikipedia, a sabiendas de la falta de rigor de esa pretendida enciclopedia, pero me pareció apropiado hacerlo por aquello de que nadie podría acusar a sus autores de facherío intelectual.  La consulté el 24 o 25 de marzo pasado y decía así entonces, hace apenas unos días: 

“Escrache es el nombre dado en el Río de la Plata, principalmente Buenos Aires y Montevideo, a un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar. Tiene como fin que los reclamos se hagan conocidos a la opinión pública, pero en ocasiones también es utilizado como una forma de intimidación y acoso público, para lo cual se realizan diversas actividades generalmente violentas. Y así lo publiqué  en una entrada de mi blog que se titulaba “Muchos somos fascistas desquiciados”.

El martes pasado me tocaba acudir a una tertulia radiofónica y volví a consultar la enciclopedia para refrescar mi memoria, tuve suerte al no limitarme a buscar la cita en este blog porque sorprendentemente la Wikipedia  había cambiado la definición. Dice ahora que: Escrache es el nombre dado en la Argentina, Uruguay y España a un tipo de manifestación pacífica en la que un grupo de activistas de Derechos Humanos se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar. Este término nace en Argentina en 1995 y es adoptado en España en 2013.”

Mutatis mutandis decían los latinos y efectivamente alguien del progresismo intelectual se ha apresurado a hacernos la trampa correspondiente al cambiar la definición para acomodarla mejor a sus teorías. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, se decía hace tiempo en España, el sorprendente maquillaje a la definición dice bien a las claras que ésta molestaba a nuestros felices escrachadores que no pueden admitir de ninguna de las maneras, que lo que practican está incluido, para cualquiera que tenga sentido común, en el ámbito de lo violento.

Ayer le tocaba sufrir el veredicto de ese tribunal inquisidor del escrache al domicilio de la vice presidenta del gobierno. Se produjo sin demasiada violencia, pero en ese sentido resulta curioso atender a las declaraciones de Jorge Verstrynge que participó ayer en el escrache. El amigo Verstrynge hace tiempo un facha muy rarito, con el tiempo ha devenido en indignado “progre”, aunque sigue siendo muy rarito. Cada uno evoluciona hacia donde mejor le parece o puede eso que quede claro. Nuestro evolucionado amigo siempre ha sufrido de incontinencia verbal y el paso de los años no ha hecho otra cosa que empeorarla y encantado de poder salir en los medios les dio un buen titular a los de la prensa. Los políticos, dice D. Jorge, deben obedecer a lo que se le exige en los escraches o deberán atenerse a las consecuencias. Pensamiento democrático de izquierdas en estado puro, si eso no es una amenaza, que alguien me explique qué diablos es.

Puedo entender a quien se equivoca, comprendo y me solidarizo con el dolor de aquellas gentes que han perdido su casa por uno u otro motivo, estoy con los que están hasta los pelos de los bancos, pero hay algo que no puedo admitir, por una parte que se nos tome por estúpidos y por otra que se ejerza la hipocresía a calzón quitado y encima muchísima gente aplauda hasta con las orejas.

Ayer pude ver un mensaje en Twitter que decía así: Me hipotequé cuando gobernaba el PSOE. Soy víctima de una ley modificada por el PSOE. Pero la culpa es del PP. Y de sus votantes.

Me dirán, eso lo escribió algún pepero y yo digo probablemente sí, pero dice verdad y deja con su progresista culo al aire a los escrachadores. Si  los benéficos activistas de los Derechos Humanos entienden – equivocadamente - que es lícito coaccionar la voluntad de los parlamentarios, ¿por qué sólo les toca a los del PP? Y puestos a preguntar ¿Dónde andaba esta gente cuando con Zapatero se producían 350.000 desahucios sin que a nadie se le ocurriera siquiera suspirar?

Los del PSOE, con Rubalcaba de vicepresidente, crearon juzgados para acelerar los desahucios: Colau y sus colegas permanecieron mudos. El gobierno de ZP creó la figura del “desahucio exprés”: Ni el oído más fino pudo percibir el menor murmullo. El PSOE se negó a aceptar lo de la dación en pago: Silencio absoluto, Colau como aquel otro, ni estaba ni se le esperaba.

No se puede engañar más al ciudadano, las actividades de esa Plataforma están viciadas de origen por sectarias y violentas, las cosas son sólo malas cuando gobierna el PP, eso está tan claro que nadie puede negarse a verlo; ese partidismo y los procedimientos empleados ensucia su reivindicación. 

Me acusarán de sectario por escribir esto. Tengo el penoso deber de comunicarles que a lo peor los sectarios son ellos. 

Es muy fácil percibirlo, por sus hechos los conoceréis…

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