lunes, 4 de agosto de 2014

En Brasil, indígenas topan con la civilización, en Cataluña lo hacen con la verdad


Hace bien pocos días pude leer una noticia que la prensa titulaba así: “Indígenas aislados entran en contacto con la civilización por primera vez”, es de suponer que esos indios amazónicos que se han visto obligados por la violencia ejercida contra ellos a abandonar su hábitat natural, estén sufriendo una experiencia muy  dura, a la que tendrán que adaptarse muy rápidamente o morirán.

Casi al mismo tiempo saltaba a las primeras planas de la prensa nacional la declaración de Jordi Pujol en la que reconocía haber tenido durante muchísimos años una fortuna fuera de España y por la que no había pagado impuestos. Las palabras de Pujol sorprendieron a todos, pero en Cataluña se estrellaron contra una verdad que ha provocado un cataclismo. Muchísimos de los ciudadanos que viven allí, jamás hubieran podido recelar que las sospechas y acusaciones sobre corrupción  que rodeaban a la familia Pujol Ferrusola fueran ciertas y ahora saben que es así,  no porque haya dicho la  prensa españolista sino porque lo ha reconocido el propio Pujol que libremente hizo esa declaración.

No voy a entrar en los motivos que aconsejaron al pope del catalanismo practicarse el hara kiri en público, él sabrá y los demás ya lo sabremos con el tiempo, pero hay que reconocer que para la sociedad catalana ha supuesto un revés durísimo que, como los indígenas amazónicos, tendrán que aceptar y adaptarse a la nueva realidad o será todo muchísimo peor.

Quizás a los que vivan fuera de Cataluña y no sean catalanes les cueste entender el golpe que ha supuesto para Cataluña la confesión de Jordi Pujol. Es un suceso estremecedor para una sociedad, la catalana en general y la catalanista en particular  el que un referente como él, se inculpe de la comisión de delitos y tras rasgarse el velo que protegía los secretos de su familia vayan surgiendo datos, que dicen bien a las claras que los Pujol al completo de sus efectivos, habían dedicado sus esfuerzos a robar organizadamente todo lo que pudieron, sin que sus sentimientos catalanistas les molestaran lo más mínimo para llevar a cabo esa tarea.

Difícil de aceptar para una sociedad que tenía como referentes a la Senyera, la Moreneta, el Barça y Pujol, no sé yo si en ese orden precisamente y que ahora ve cómo el padre de la patria catalana, el del som una nació, ha resultado otro “presunto”  de los cientos de corruptos que están acabando con nuestra sociedad; me refiero a la  la catalana y la del resto de España.

Hay gente en Cataluña que todavía no ha terminado de digerir esa declaración, literalmente a muchos ciudadanos se les han caído los palos del sombrajo y están todavía en estado de shock. En Cataluña, incluso entre los no nacionalistas se respetaba muchísimo a Jordi Pujol. Pero por lenta que resulte la comprensión de lo acontecido, está claro que más pronto que tarde, la sociedad catalana tendrá que aceptar que durante muchísimos años han vivido aceptando, unos de buena fe y otros porque les convenía, una monstruosa mentira.

Resulta penoso pero todavía va a ser mucho peor. Por poco que reflexionen los ciudadanos catalanes la situación va a ser todavía más grave, una realidad que les va a angustiar y a la que tendrán que poner remedio, porque así no se puede vivir. Porque si Jordi Pujol ha reconocido que es un mangante, quién  se atreve a sostener que el resto de cuestiones, que los ciudadanos de Cataluña llevan desde 1978  aceptando como verdades reveladas, son ciertas. Porque si ha mentido Pujol y quién dice Pujol, dice CDC y por lo tanto CiU, todo aquello que les ha sido predicado desde  el púlpito del nacionalismo, probablemente sea también más falso que un billete de tres euros marroquí.

Y si Pujol, CDC y CiU han mentido a boca llena, es de suponer que la prensa subvencionada haya hecho lo mismo y la televisión catalana, ídem del lienzo, al igual que todas aquellas organizaciones que viven tan bien del dinero que sacan de los bolsillos de los ciudadanos, mientras gritan Espanya ens roba y si al final resulta que todos o casi todos los que han conformado el pensamiento de la sociedad catalana han mentido, el ciudadano que haya  reflexionado aunque sólo sea un poquito se dará cuenta, horrorizado, que muy probablemente gran parte de las opiniones que sustenta, hayan nacido de las distintas falacias que los corruptos han puesto en circulación para justificar el  saqueo de esa Cataluña, a la que robaban mientras proclamaban defenderla.

Ya para qué les cuento lo que va a suceder cuando los ciudadanos, de su problema personal pasen al problema creado a la sociedad catalana y se den cuenta que Pujol, los suyos y el resto de corruptos no han hecho otra cosa, que poner en bandeja el destino de Cataluña en las manos de ERC y Podemos, que por mucha vaselina que se utilice, va a ser algo que va a doler muchísimo.

Pero como llorar no lleva a ningún sitio será cuestión que a esos ciudadanos que se les ha caído el mundo encima, a cuenta de lo de Pujol y compañía, a lo que habrá que sumar lo que vaya saliendo a la superficie de ese marasmo de podredumbre en que la corrupción política ha transformado a la sociedad catalana,  digo que a la ciudadanía no le queda otra que hacer de tripas corazón y ponerse  en marcha en demanda de la imprescindible catarsis que necesitan como sociedad y como individuos como el aire que respiran.

No pueden depositar su confianza en nadie o casi nadie; no deben ni pueden dejarse arrastrar por los caminos que llevan al enfrentamiento con el resto de España, que es truco viejo y que ya no debe convencer a nadie o casi nadie; deben hacer oídos sordos a aquellos que busquen la  justificación a lo que ha sucedido, en la corrupción ajena, porque siendo cierto que en esta España de nuestros pecados abundan los corruptos de toda laya y condición, el que otros hayan hecho mal, no les soluciona a ellos su problema.

¿Qué estoy poniendo las cosas muy difíciles? Créanme que no, las cosas están como están y desgraciadamente poco remedio le veo yo a todo este asunto. No hay repuesto creíble en Cataluña, como no lo hay en Valencia, Baleares, Andalucía o País Vasco. No hay que buscar la solución al incendio en el sindicato de pirómanos, sólo la sociedad civil será capaz de poner remedio a ello, si se atreve a quebrar la crisis moral que nos asfixia. Únicamente se puede exigir honradez desde la honradez y hay que exigir que desde lo público se observe una conducta ajustada estrictamente a la honestidad y a la ética, ya no es posible, ni siquiera aceptable seguir distinguiendo entre los corruptos de los “otros” y los propios.

Son los ciudadanos, que tenemos la responsabilidad de haber puesto a la gente equivocada en el lugar desde el que podían robarnos, los únicos capaces de solventar esta situación. No es la izquierda radical, ni la extrema derecha, ni los demagogos, ni los populistas los que nos van sacar de esto. Sólo la exigencia absoluta de honradez a aquellos que dicen servir al interés general y la persecución inmisiricorde de los corruptos y sus cómplices, pueden salvarnos de esto que hoy viven los ciudadanos de Cataluña y que mañana nos puede tocar al resto de los españoles.

Soy catalán y desde esa realidad quiero decir que estoy convencido que Jordi Pujol todavía no es consciente de todo el daño que le ha hecho a Cataluña. Si lo supiera, se hubiera pegado un tiro.



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