lunes, 30 de mayo de 2016

Algunos candidatos complican lo que las encuestas dejan claro



Las encuestas siguen tozudamente señalando las tendencias que desde hace tres meses se mantienen. Gana el PP, pierde el PSOE con sorpasso incluido y Ciudadanos pierde lo que había ganado durante el vodevil del Pacto. Comprendo que entrar en campaña electoral izando bandera blanca no debe ser plato de gusto para nadie, resulta muy incómodo salir a dar la cara, cuando los números no te permiten la menor alegría; pero cuando uno encara un panorama electoralmente tan penoso como el que se le presenta a PSOE y Ciudadanos, lo suyo es hacer una campaña discreta.

Y lo que son las cosas, las dos organizaciones políticas que peor resultado obtienen, socialistas y naranjitos, son los que más ruido organizan. Habrá quien diga, que lo que a mí me resulta extraño es lo más natural del mundo para algunos políticos que cultivan amorosamente el paradigma que reza “cuando no hay razón, hay razones”. Llama la atención la capacidad de análisis de los votantes que le está pasando factura a los  autores de aquella procaz obra de teatro que se montaron Rivera y Sánchez a cuenta del Pacto que tuvo entretenido y engañado al personal y no sirvió para nada.

Una cuestión tan clara que a no ser que aceptemos que los dioses ciegan a quiénes quieren perder, resulta difícil comprender que Albert Rivera, que ve como está perdiendo fuelle electoral, se lance a la arena con el sorprendente lema de "Tiempo de acuerdo; tiempo de cambio". Parece que no quiere darse por enterado del castigo que le ha supuesto el fallido acuerdo y vuelve a intentar sacar ventaja del rollete del diálogo, etc., pero no contento con ello se apropia de la idea central del PSOE y define a su partido como el administrador del cambio.

Si uno escucha a Albert Rivera, que ha empezado a repartir leña a todo el mundo salvo al PSOE y analiza su lema de campaña, parecería lógico suponer que Albert ha decidido reeditar el pacto con el PSOE, lo que no puede ser porque los números no le dan para esa fiesta, a no ser que decida atravesar esa línea roja que se marcó de no pactar con Podemos, situación que parece imposible, sobre todo porque esta vez me parece que quien no querrá pactar con los de Iglesias será el PSOE, que no puede permitirse el lujo de ir a un  pacto en cuyo reparto aparezca como actor secundario.

Con Pedro Sánchez seguimos en las mismas de siempre, sabido es que el PSOE es capaz de decir una cosa y la contraria sin que les importe la contradicción, que ese es un fenómeno que por lo visto en Ferraz creen que sólo puede sufrir la derecha. Será por eso que en estos últimos días hayamos escuchado a Sánchez decir "Si ganamos, se impondrá el ala de Errejón en Podemos y podremos tender puentes" y a las pocas horas "El PSOE aspira a ganar las elecciones, y antes de decir con quién queremos ir, queremos plantear a los españoles a dónde queremos ir", para rematar en el Círculo de Economía asegurando que "Les puedo asegurar que no habrá terceras elecciones. Habrá un gobierno después del 26 de junio".

Así que no sabemos si es que va a dejar gobernar a la lista más votada tal y como pedían los empresarios, cree que puede pactar con Podemos o puestos a montárselo difícil, hacerlo con Ciudadanos y Podemos al alimón. De las tres hipótesis, teniendo presente que no va a ganar las elecciones, salvo catástrofe mediante y probablemente vaya a ser superado por Iglesias, sólo puede acometer la de dejar que gobierne Rajoy.

Vaya uno a saber, conociéndole como lo conocemos seguirá liando al personal en una maratón de propuestas y fintas, intentando evitar que el PSOE le corte la cabeza el 27J. No tiene el don de la oportunidad, pactó que el PSOE entrara en el gobierno de Ada Colau y la que tiene liada la alcaldesa y sus socios de la CUP en Barcelona, perjudica gravemente las expectativas socialistas, pero será por lo del caldo y las dos tazas, que está por la labor de que el PSOE entre a gobernar con Carmena en Madrid, lo que le garantizaría el fracaso electoral más estrepitoso el 26J.

Mientras tanto los podemitas y el PP, a lo suyo, calladitos dedicados a su  actividad electoral. Por cierto parece que el modelo de campaña del PP, más cercana a la gente, no ha gustado a la izquierda radical, ahí están los dos incidentes de Rajoy y el de Albiol para garantizar que la campaña está bien diseñada. 

Los revienta actos y piquetes de la zurda radical parece que van a tener trabajo.

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