jueves, 11 de noviembre de 2010

La Trini se va a los puertos...

Lleva cuatro días con pasado mañana Trinidad Jiménez como responsable del Ministerio de Asuntos Exteriores y lo cierto es que a no ser que comparta con la etnia gitana aquella vieja filosofía que afirma que los gitanos no quieren hijos con buenos principios o sienta admiración por algún entrenador de fútbol de los que afirman estólidamente hasta que los echan, “esto no es como empieza sino como acaba” digo que no podrá estar muy satisfecha de cómo lleva los asuntos que le competen, aunque pudiera ser que esté convencida que “progresa adecuadamente” que por optimismo desaforado no ha de quedar.

Si además de la opinión de la propia ministra analizamos la de los administrados, la cosa va por barrios: unos están indignados, otros sienten vergüenza propia o ajena -que hay para todo el mundo- y los más se parten la caja con las cosas de nuestra dilecta amiga, dueña de una esplendorosa y amplia sonrisa, lo que no es malo para lo de las relaciones públicas, pero que habrá que reconocer que con ese único activo no se puede ir por ahí representando a España.

No ha perdido ocasión para dejar que la humillaran a ella o a los españoles en cada una de sus actuaciones. Ha defendido declaraciones infumables de los chiquilicuatres bolivarianos de Venezuela, aguantó impávida mientras su homólogo marroquí cargaba contra la prensa española y Trinidad lejos de ponerse flamenca, que tampoco le iba a costar tanto, aceptó la reprimenda e incluso apoyó la opinión del marroquí, pocos días después periodistas españoles eran agredidos por marroquíes “incontrolados” es decir marroquíes a sueldo del sátrapa alauí.

Arde el Sahara y Trini se encuentra en Ecuador y Bolivia, que como todo el mundo sabe son parte consubstancial de nuestro ser nacional; no puede alegar ignorancia o sorpresa, la prensa marroquí es decir el gobierno alauita afirma que Trinidad conocía con detalle, fecha y hora subrayan, lo que iba a suceder en el campamento organizado en los aledaños de El Aiún, asunto que ha resultado el detonante de la sangrienta rebelión que hoy se vive en la capital de lo que fue Sahara español.

Arde el Sahara y mientras Trinidad está con Evo y Correa dilectos amigos del régimen zapateril, que no de España y los españoles, su sustituto el de la vieja guardia felipista Ramón Jáuregui ministro de Presidencia, se lanza al espacio sideral y reconoce la soberanía marroquí sobre el Sahara y tras armarla, como entiende poco, pero tampoco le interesa saber, pretendió rectificar afirmando que Marruecos actúa como potencia administradora de ese territorio, ante lo que la Trini no ha tenido más remedio que rectificar, bien que in absentia, a su compañero de Consejo de Ministros.

Vamos que entre todos lo mataron y él solito se murió, pero ha quedado meridianamente claro que en el Gobierno de España de asuntos exteriores no entienden nada, salvo la “aficionada” Trinidad Jiménez, aficionada por sus escasos conocimientos y aficionada, supongo yo, por haberse presentado dos veces a la Escuela Diplomática siendo rechazada en las dos infaustas ocasiones.

Arde el Sahara pero en Bolivia Trinidad Jiménez tuvo tiempo de regalarle al compañero Evo Morales más de 300 millones de euros… y ¡un jamón! presente que le llevó cariñosa, amable, simpática la ministra al hospital. El compañero Morales correspondió galante y rendido ante las carnes… del de Guijuelo con la celebración un acto que constituyó un auténtico insulto de la A a la Z.

Arde el Sahara mientras Trinidad Jiménez asistía, en un poblado aimara, a la inauguración de un depósito de agua que había pagado la ayuda española. La recepción se celebró, es un decir, en una plaza presidida por una gigantesca estatua erigida en honor de un tal Tupaj Katari, héroe local parece ser. La figura del indígena y la plaza misma recuerdan a los habitantes del poblado y a sus visitantes el genocidio cometido por… ¿adivinan? pues sí por los malvados españoles. ¡Anda que no habrá poblados, plazas y lugares en Bolivia que no conmemoren ese inexistente genocidio! la ministra a lo suyo. Mientras exhibía su amplísima sonrisa memorizaba la frase que en aimara iba a cerrar su memorable visita a Ayo Ayo que así se llama el pueblo.

¿Es estrictamente necesario por y para el bien de España y los españoles que los Evos que en este mundo son, nos insulten mientras que los ministros del Gobierno del Reino de España aguantan a pié firme la mofa, la befa y el escarnio con una sonrisita, al tiempo que aflojamos los cordones de la bolsa y regamos con el bálsamo del euro al mamón de turno? Y si es necesario, que no creo ¿de verdad hay que regalarles además un jamón ibérico?

¡Madre de Dios bendita! que duro oficio el de ser español… sobre todo en el exterior.



















No hay comentarios:

Publicar un comentario