domingo, 28 de noviembre de 2010

Un asunto presuntamente anticonstitucional

Hace ya unos días un grupo de importantes empresarios españoles presentaron a S.M. el Rey un manifiesto en el que ponían por escrito lo que es un clamor en la calle; la necesidad de poner en marcha una serie de medidas que consigan evitar el terrible daño que nos está procurando la débil y poco fiable política económica de nuestro gobierno.

El “puenteo” fue de los que hacen época, de todos es sabido que constitucionalmente el Rey de España, “reina pero no gobierna”, por tanto la decisión de los empresarios, del padre espiritual de la criatura -Eduardo Serra- y de la propia criatura, un escrito, un informe, con aspiraciones de manifiesto que ha tomado el nombre de la fundación de Serra, es decir Everis, digo que la decisión rechina dentro del orden natural, no diré constitucional por ahora, de las cosas.

Además la personalidad del patrón de la idea y de la Fundación añade preocupación al asunto. Es de todos sabido que Eduardo Serra, ex ministro del gobierno de España, es un hombre extraordinariamente bien relacionado con el poder económico y político de los Estados Unidos de Norteamérica, si a eso se une la conocida amistad que mantiene con el monarca, la maniobra podrá tildarse de lo que se quiera excepción hecha de inocente.

El gobierno ha contraatacado y ha organizado una reunión con los abajo firmantes del manifiesto y algunos “voluntarios” que se han apuntado al evento. Poco se puede solucionar entre cuarenta y un empresarios y los representantes del gobierno, poco o nada se puede solucionar, insisto, en tres horas y media que es lo que duró la reunión entre los poderosos y ZP, el hecho de la convocatoria es algo que a mi parecer está más cercano al terreno de lo propagandístico que al de su utilidad y eficacia.

Por otra parte Don Juan Carlos parece que le ha cogido gusto a la cosa y ha convocado a la ministra de Hacienda, Elena Salgado, a un ¿despacho? con su augusta persona, que llama la atención no por su importancia objetiva, nula o casi nula, sino por lo que significa de puenteo y abandono de la figura del presidente del gobierno que parece ya no es tan apreciado en Zarzuela como hace unas semanas.

De lo que han querido contarnos sobre lo que se dijo en la reunión entre Zapatero y los cuarenta y un empresarios, nada nuevo bajo el sol. Energía, prontitud, medidas objetivas, recuperación de la confianza, etc., etc.

Pero lo verdaderamente importante de todos estos sucesos es el run run que anda por ahí y que explica que todo esto sólo es la antesala de lo realmente importante. Parece ser que se está buscando el consenso necesario, para crear un gobierno de concentración nacional presidido por alguna persona “independiente” cuya figura sea capaz de concitar todas las voluntades que andan al retortero en este vidrioso asunto.

Porque el asunto no está en llevar a cabo una maniobra que descabalgue a Zapatero y cambiar al Presidente del Gobierno hasta las próximas elecciones generales, buscando un repuesto que permita implementar las acciones encaminadas a tranquilizar a Europa y a “los mercados”, sino algo mucho más profundo. El asunto tiene un calado, que a mí me parece extraordinariamente peligroso.

El Gobierno de concentración como ya he dicho tomaría urgentemente las medidas que intentaran resolver las cuestiones económicas más candentes, lo que conseguiría el visto bueno y el apoyo de la UE, Francia y Alemania, que eso al fin y al cabo siendo inquietante podría resultar aceptable para muchos, el problema está en que este proyecto pretende además de parar la caída de la economía española, abrir un proceso constituyente y por ahí no, por ese camino no se puede ir.

En este proceso se abordaría la reelaboración de nuestro modelo de Estado, se adelgazaría el poder autonómico y se reformaría la ley electoral con una idea “fuerza”: recuperar gran parte del poder que ha perdido a manos de las autonomías el gobierno central o el “estado” como ustedes prefieran y tras dos o tres años volverían a convocar elecciones.

Una cosa es forzar la dimisión de Zapatero, para que alguien escogido dentro de lo que nuestra constitución permite tome las riendas del gobierno socialista hasta las próximas elecciones y otra muy distinta iniciar un proyecto constituyente del que nadie sabe exactamente su contenido ni alcance.

Hay paralelismos recientes en la historia de España, el Rey tiene claramente definido su papel en la Constitución, nada ni nadie puede justificar que el monarca atraviese una línea que está claramente marcada.

Creo que pocos como yo estarán más fervientemente a favor de la desaparición de Zapatero al frente del gobierno de España, para ello no queda otra que disolver cámaras, si quieren después de Navidades. Pero lo de Juan Carlos, el informe Everis, Eduardo Serra, la UE, los USA, Alemania y Francia me parece un “golpecito de estado” la situación será muy grave, pero el fin no justifica los medios.

Y si alguno piensa que exagero les diré, por no discutir, que si lo que se propone no es un golpe ni siquiera golpecito de Estado pues no lo sé, pero si tendrán que convenir conmigo que lo propuesto es claramente anticonstitucional y ante eso no hay espacio para la opinión, la excusa o el pretexto y menos para los que han jurado o prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución como norma fundamental de nuestro estado de derecho y para todos aquellos que se reputen como demócratas.



























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