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¡Dios mío el 2011 a la vista!

Pasada ya la tregua festiva, superados la Nochebuena, Navidad, Nochevieja y el Año Nuevo. Finalizados que están, los automatismos sociales generalizados, ya saben, todos esos deseos de felicidad, amor y prosperidad, vacíos de contenido real; ha llegado el momento de asomarnos, por encima del turrón, el cava, los matasuegras y el confeti y observar, con precaución, al desconocido 2011.

¿Qué podemos esperar de este año que ya vivimos?, eso es, en el fondo lo que nos debiera preocupar y en ese sentido se mueven la mayoría de los creadores de opinión, que escriben sobre este tema. De hecho leía yo hace bien poco, una afirmación: “La crisis no es ya económica, sino política”.

Expresado así con esta contundencia, puede resultar discutible el aserto. El autor de la afirmación sostiene que se han acabado los remedios económicos y que ya sólo quedan las acciones políticas para hacer frente a esta crisis. Y en eso si estoy completamente de acuerdo. Este año que comenzó ayer, estimo, nos va a resultar tan largo y proceloso como se anunciaba el reinado de Witiza.

Desde el principio del problema económico, hemos ido por detrás del resto del mundo. Aquí, decidimos –sálvese quien pueda- que la crisis no nos iba a salpicar. De hecho los responsables del ejecutivo socialista, hicieron un ejercicio de matización del castellano impresionante, para no pronunciar la palabra prohibida.

No es que diagnosticáramos mal el problema que nos empezaba a acuciar. No, en primer lugar negamos su existencia, y Zapatero y su equipo lo hicieron de manera reiterada y contumaz. Cuando ya no había quién tapara el pavoroso problema que señoreaba en nuestra economía, se reconoció la existencia de la dichosa crisis y nos dedicamos, con un entusiasmo digno de mejor causa, a aplicar una serie de medidas económicas que no hicieron otra cosa que maquillar la situación y empeorar, a la larga, nuestras débiles expectativas..

Algunos de los técnicos del gobierno, nos explicaron que, ante una crisis del calibre de la que sufríamos, no había mejor remedio que la inyección de dinero público para reanimar la economía, y apoyaban su aserto, en la auctoritas de Keynes, el afamado economista. Por ese camino se escaparon miles de millones de euros destinado a apoyar a las entidades bancarias y a intentar mantener con vida una serie de industrias y empresas destinadas a la muerte económica, por mucho dinero que se empleara.

Para aquellos que se sienten keynesianos, una observación. Bien está conocer a Keynes, pero mejor será conocerlo a fondo. Además de afirmar lo de inyectar dinero público en tiempos de crisis, decía nuestro economista de referencia, que se equivocaban aquellos que sostenían que se pueda hacer crecer la producción y los ingresos, aumentando la cantidad de dinero en circulación.

La demostración de que Keynes acertaba en su afirmación, la tenemos en nuestro entorno económico. En España, Zapatero se apuntó a una política suicida de endeudamiento, con el fin de mantener artificialmente una economía, que no se sostenía por sí misma y el resultado no ha podido ser peor, ni más caro.

Y en ese empeño, ha dejado España exhausta y con un nivel de endeudamiento peligroso, muy peligroso. Unamos estos datos a la desconfianza que despierta, en los mercados internacionales, la suerte de la economía española y la mala impresión que da nuestro gobierno, que es percibido como incapaz de aplicar siquiera, las medidas que le son impuestas y verán ustedes, queridos amigos, que las cosas no andan bien.

Nos sobra casi el 30% de la capacidad productiva de este país, y nos sobra porque para nada sirve producir, si no hay mercado que absorba y pague esa producción. Cuando en gran parte de Europa, parece ser que remontan el vuelo las economías de los países de la zona euro, nosotros hemos cruzado el umbral de un año, el 2011, en el que nuestra economía no va a ser capaz de crear empleo neto. Hemos destruido más de 2.000.000 de puestos de trabajo en los últimos tres años, en este no vamos a ser capaces de recuperar ni uno sólo de esos empleos destruidos.

No nos queda la posibilidad de hacer política monetarista, no tenemos margen para utilizar la política fiscal. En estas circunstancias resultaría inútil, por diversos motivos, subir o bajar impuestos. Las reformas económicas han servido para poco, cuando no para nada.

La reforma laboral, ideada para crear empleo, sólo ha conseguido que aumente el número de despidos. La reducción de los salarios de los funcionarios y la congelación de la pensiones de los jubilados, que algunos meten en el paquete de las reformas, no son otra cosa que una medida de contención del gasto, y habrá que tener presente que el ahorro producido, se lo ha tragado el aumento de los gastos de financiación de la deuda pública.

No se ha llevado a cabo la reforma de la administración pública que necesitamos como el comer. La reforma de las pensiones y el cambio de modelo de la negociación colectiva, no creo que sean capaces –cuando se lleven a cabo- de animar a los mercados a contemplarnos de manera más optimista.

Por tanto, este país no puede ya tomar medidas económicas que relancen nuestra economía, no nos queda más que ver lo que se decide hacer a nivel político. Aunque, poco o nada se va a hacer en año de elecciones locales y con la legislatura a punto de agotarse.

El 2011 va a ser un año peligroso, parecido al 2010, en el que seguiremos escuchando discursos falaces, destinados a tranquilizarnos aunque se nos engañe y con menos margen de maniobra que hasta ahora. Así lo veo yo. La crisis sigue siendo económica, pero no nos quedan medidas económicas que aplicar. Ahora sólo nos restan las decisiones políticas. ¡Qué Dios nos coja confesados!







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