domingo, 16 de enero de 2011

Oído cocina, otra de controladores ¡marchando!


Aquellos de los ciudadanos españoles que creen en la teoría de la reencarnación, deben estar convencidos que en su vida anterior, mucho tienen que haber pecado, grandes males deben haber producido, para merecer reencarnarse en unos ciudadanos a los que dirige un gobierno como el actual, con unos ministros y ministras cuyas actuaciones lo cierto es que dan, no sé yo si más pena que miedo o al revés.

Pero lo curioso es que el resto de aquellos que nos honramos con el título de ciudadanos españoles, pensamos básicamente lo mismo, aún cuando carguemos el peso de la responsabilidad en nuestros propios pecados en esta vida. ¡Que habremos hecho mal para merecernos esto! es una frase que se escucha frecuentemente a lo largo de esta legislatura.

Ha finalizado, hace unas horas, el célebre estado de alarma, cuya declaración ofreció, ofrece y ofrecerá muchísimas dudas sobre su constitucionalidad. Cesa pues la supervisión que ha llevado a cabo el Ejército del Aire sobre el trabajo de los controladores, que ha sido premiado con la concesión de la Orden al Mérito Civil, por su brillante actuación.

Carme Chacón se ha congratulado de que la decisión haya garantizado la tranquilidad de los ciudadanos españoles y ha anunciado que jamás volverán a permitir que se llegue a situaciones como aquellas que acontecieron el pasado 3 de diciembre. Hay mucha gente que se quedó encantada con la declaración de un estado de excepción que recorta derechos y que se utilizó, torticeramente según la mayoría de expertos, para solucionar un asunto exclusivamente laboral. Sería muy interesante que se explicara en el Parlamento por qué destituyeron al Fiscal Militar Togado del Tribunal Supremo la noche del 3 de diciembre, ¿por su decidida oposición a la medida?

Nadie quiere ver que este precedente, va a permitir utilizar medidas tan excepcionales que no se utilizaron siquiera el 23F o el 11M, para resolver otros problemas ocasionados por asuntos de índole laboral; que parece claro, deben tener otros ámbitos de actuación para corregir las disfunciones que ocasionen en la vida cotidiana de los españoles.

Hemos vivido cuarenta y tres días bajo el estado de alarma, hemos asistido a la militarización de un servicio y pasado este plazo de tiempo, poco o nada ha cambiado. La ministra de Defensa, asegura que jamás se repetirá una situación como la que vivimos y anuncia un remedio infalible.

Manifiesta que el ministerio va a habilitar a 100 controladores militares para que puedan operar en aeropuertos civiles. Cómo puede pensar la ministra que la habilitación de 100 de los 280 controladores militares que tenemos en Defensa, pueda contribuir a evitar situaciones como la pasada espantada de los controladores, es un misterio, que me río yo del de la cuadratura del círculo.

Sabe que esta es una medida que nada contribuye a la solución del problema, y la ofrece cual bálsamo de Fierabrás o aquella medicina del médico chino que curaba milagrosamente cualquier enfermedad que el paciente sufriera. Pero algo tienen que ofrecer a la opinión pública para que ésta piense que estamos en manos eficientes.

La verdad es que el Estado de Alarma se decreta ante una situación protagonizada por una pandilla de irresponsables, pero provocada por la actitud del ministerio de Fomento, que tenía calculada la reacción al milímetro. A tal punto que ese día, 3 de diciembre de 2010, desde primera hora de la mañana, el ejército del Aire se encontraba alertado y los servicios informativos de TVE habían recibido el aviso para reforzar sus plantillas. Y AENA cierra el espacio aéreo español, cuando aún funcionaban con normalidad la mitad de las torres de control.

La decisión aplicada, resultó eficaz, al menos para atemorizar al colectivo de los controladores que se incorporaron al servicio inmediatamente. Eficaz sí, constitucional no. Eficaz sí, desproporcionada también, pero sobre todo eficaz para la intención real del gobierno, oculta tras la pantalla del pandemónium aeroportuario y los millones de españoles y extranjeros tirados en los distintos aeropuertos.

El gobierno socialista había decidió privatizar AENA, la empresa empleadora de los controladores. Para obtener un precio adecuado hacía falta privatizar el servicio que se presta en las torres del control. Imprescindible tener a un colectivo difícil, mudo y tranquilo. Se consiguió gracias a la falta de inteligencia de la cúpula del sindicato de los controladores y a las distintas maniobras del gobierno, que los ha llevado hasta donde se encuentran ahora.

Comienza la privatización de las distintas torres de control, entre ellas la de Fuerteventura, ni una palabra, ni una protesta, ni una presión por parte de los trabajadores de esas torres ¿milagro?, sí el del Estado de Alarma. ¿Eso es bueno?, pues yo creo que no, al menos para la clase trabajadora, no me refiero en este caso a los controladores.

Amordazar a la clase trabajadora ha sido el sueño de algunos plutócratas, del capital, de los empresarios, eso dicen al menos los de la izquierda y algunos, pocos, sindicalistas. Por ahora el único que lo ha conseguido durante la democracia en España, ha sido este gobierno socialista, y con la opinión pública encantada de la vida. Hábiles, seguro. Otra cosa es lo de socialista o progresista, que a mí humildemente- me parece dudoso, al menos.

No nos engañemos, como dijo aquel "todo pueblo tiene el gobierno que se merece".

























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