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El chocolate del loro


Lleva unos días Paulino Rivero liado a cuenta de la austeridad presupuestaria. La que le viene impuesta claro está, porque la voluntaria brilla por su ausencia. Para muestra bien vale un botón, no se si fue ayer o hace dos días Paulino Rivero se montó en ese helicóptero que le tiene privado del sentido, para ir a ¡inaugurar! una escuela infantil en la isla de La Palma.

Teniendo en cuenta que la hora de vuelo del helicóptero nos sale a los ciudadanos canarios por la bagatela de 6.000 euros, habría que preguntarse que clase de urgencia obliga al presidente del Ejecutivo canario para ir a un acto propagandístico y vacío de contenido al precio que nos sale el caprichito presidencial.

Paulino no se priva de volar en helicóptero y tampoco reduce otros gastos que podría ahorrarse perfectamente. Aunque si el ahorro es ajeno, ahí se mueve con la celeridad de un guepardo y la contundencia de un rinoceronte a la carrera. Ya ha ordenado que se incorporen a su trabajo un centenar de liberados sindicales, asunto necesario para que le cuadren las cuentas del Presupuesto para este año. Ahí sí que demuestra su estilo austero y no le tiembla el pulso a la hora de cerrar los cordones de la bolsa pública.

Y claro se da una paradoja, los secretarios regionales de CC.OO y UGT, que si se les preguntara, seguro que opinaban que lo del helicóptero está de más y es un mal ejemplo en un presidente que presume de austeridad personal, entienden que la aplicación de la medida sobre la incorporación de los liberados a sus lugares de trabajo, deja sin efecto normas jurídicas que están amparadas por la Constitución.

Que dicho así, resulta una tontería como la copa de un pino, toda vez que en este país todas las normas jurídicas, que están en vigor, lo hacen bajo el amparo de nuestra Constitución, que como deberían saber los dirigentes sindicalistas, es la norma fundamental en la que se basa nuestro Estado de Derecho.

Vale la anécdota, para además de ver como los Secretarios Regionales de los dos sindicatos oficialistas, no saben mucho sobre derecho constitucional, para percibir, sin espacio para la duda, que a la hora de ahorrar, todo el mundo se pone solemne y manifiesta la necesidad de administrar con cautela y eficacia los dineros públicos, siempre y cuando ese recorte, esa austeridad no le toque a ellos o a sus privilegios.

Así que Rivero ahorra a cuenta de los sindicalistas, pero a lo suyo que ni se lo toquen. Y si hay que demostrar austeridad, que no sea viajando lo justo en el medio más barato, o reduciendo los cargos de confianza, o retirando privilegios a algunos funcionarios (los del Parlamento Canario, por ejemplo), sino explicando urbi et orbe que Paulino come en un restaurante de menú.

Como si en su vida anterior, este buen hombre, natural de El Sauzal y maestro de profesión, comiera de manera habitual en los restaurantes acreditados por alguna estrella de la guía Michelin. Come, donde ha comido siempre y me parece hasta de mal gusto, subrayar la normalidad de la cuestión.

Y que nadie quiere ahorrar en el dinero que, procedente de nuestros impuestos, entregamos a los políticos para que los administren, al objeto de que sirvan de la mejor manera posible al interés general de Canarias y sus ciudadanos, lo demuestran los hechos que se suceden con una obscena naturalidad.

Veamos, hace ya unos días se hablaba de reducir el número de ayuntamientos, de inmediato los alcaldes y el órgano que agrupa a los municipios canarios, salieron a la palestra, advirtiendo que la medida era errónea y que quien debiera aplicarse a recortar de una manera contundente su gasto corriente, debía ser la administración autonómica y la central.

Bien por los alcaldes. A los pocos días desde Madrid, se advertía por boca del presidente Zapatero, que estaba dispuesto a meterle mano, financieramente hablando espero, a las comunidades que no cumplieran con los compromisos de recorte de gastos adquiridos. Otras voces se alzaron denunciando lo caro que nos resultaba a los españoles el Estado de las Autonomías.

De inmediato nuestro helicoptérico (perdonen el neologismo) presidente D. Paulino Rivero declaraba que, en todo caso, quién debía recortar gastos era el Estado y que él no estaba dispuesto a pagar los errores de Zapatero. ZP apretado por Europa y sobre todo por la Merkel, decidía eliminar la ayuda de los 420 euros a los parados y, ya de paso, pensando en las elecciones del próximo mes de mayo, se ahorraba la ayuda pero introducía una nueva, que pagaría 350 euros a los parados en formación, una ayuda que tiene una curiosa virtualidad. La pagarán las comunidades autónomas.

Ya se pueden imaginar como se han puesto los de Paulino Rivero, que en su particular huerto de los olivos, le han pedido a Zapatero que si no puede evitar que tengan que beber de ese cáliz, al menos que la aplace hasta después de las elecciones locales. Bueno, lo ha dicho en politiqués, le ha pedido un plazo de seis meses para pensar y negociar.

Queda, desgraciadamente demostrado, que todo el mundo está de acuerdo en que hay que recortar gastos, pero parafraseando aquel estéril “que inventen ellos “unamuniano, estos se apuntan a “qué ahorren ellos”.

Aunque hay una puerta abierta a la esperanza, los teletipos anuncian que en el Loro Park de Tenerife, una bandada de loros ha roto a hablar, bien es cierto que en alemán, y repiten de manera constante, que renuncian voluntariamente a su ración mensual de chocolate en pro de un mejor porvenir para la economía autonómica.

Algo es algo, musitará resignadamente algún optimista.































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