jueves, 3 de noviembre de 2011

Ahora la campaña… y naturalmente el debate

Para muestra bien vale un botón


Bueno todo llega, decía aquel,  y ya estamos justo al comienzo de la batalla final. Esta noche a las 00,01 comienza la campaña electoral propiamente dicha y los partidos políticos se dedicarán al rito de apertura de cada campaña, “la pegada de carteles”; después un vertiginoso tobogán de mítines, declaraciones, entrevistas para los medios y sobre todo el debate.

¿Qué debate? cabría preguntarse, porque al fin y a la postre la propia campaña es un debate abierto entre los partidos que explican sus intenciones, las buenas naturalmente, y las oponen a las ofertas del adversario, mientras critican las presuntas ideas de los “otros” y sacralizan las propias. Así que debate, lo que es debate llevamos desde el mes de junio pasado soportando con paciencia franciscana un debate nacional, que nos sirven amable y cotidianamente los medios de comunicación.

Pero como aquí nos da igual copiar lo del Halloween, que un debate electoral, ya lo dijo Unamuno ¡qué inventen ellos!, pues un buen día alguien, uno de los innumerables listos que acompañan a los líderes por los procelosas rutas de la mar política, se le ocurrió importar, de los USA naturalmente, lo de los debates entre los candidatos. Así que partiendo del fecundo verbo generador de tantas cosas en España, ya saben el copio, copias, copiare…, nos hemos montado una suerte de debates de segunda división que están los políticos, sus asesores, sus primos de Valladolid y Reus, un cuñado de Torrelodones, sus amas de cría y un montón de ciudadanos que es que no mingitan oiga y si lo intentan,  no echan gota.

Está la gente, están los ciudadanos, muy ilusionados con la posibilidad de ver debatir en público a Rubalcaba y Rajoy o a Rajoy y Rubalcaba, parece que dependa nuestro futuro de lo que allí se diga y sobre todo existe un profundo interés por ver quien “gana” el debate. Honradamente creo que es un tiempo perdido, que lo que veamos a través de la señal de televisión nada nos va a aclarar y que además es un espectáculo, contemplado por los ciudadanos - devenidos en espectadores - que no es lo mismo, con idéntico espíritu crítico y de respeto por el rival con el que se contempla un Barça – Madrid.

Muchos venden el suceso como un acto de profundo contenido democrático, “el pueblo tiene derecho a saber que se le ofrece”, bueno los que eso sostienen creo que no se enteran de la misa la media o que directamente nos están vendiendo gato por liebre. Claro que el pueblo tiene  que saber, naturalmente que los ciudadanos deben conocer las ofertas que se les hacen para poder opinar, votar, con suficiente conocimiento, pero para eso están los programas electorales colgados de las respectivas páginas web de los partidos políticos, el debate bien poco aporta al conocimiento de las ofertas de los candidatos.

Me parece ya escuchar el ruido producido por los demócratas de toda la vida rasgándose las vestiduras. Ya se sabe que en este país si se te ocurre disentir y apartarte de la opinión mayoritaria o por ser más preciso y veraz, de la opinión mayoritariamente “vendida” en los medios, y aceptada pazguatamente por mucha gente, lo automático es que se te acuse de facha y poco amante de la democracia.

Vamos a poner un ejemplo que constituye desde mi modesto y particular punto de vista el paradigma de los que son estas ceremonias, compuestas de confusión y mercadotecnia a partes iguales, que conocemos como debates.

¿Recuerdan ustedes el debate entre Solbes y Pizarro?, bueno pues ya saben lo que ocurrió Solbes dijo lo que le dio la gana, exhibió datos manipulados, cuando no falsos, no dijo una verdad a lo largo del programa, rebatió con sofismas a Pizarro y ganó el debate con una suficiencia insultante. ¿Quién decía la verdad? Pizarro, ¿quién tenía la razón? Pizarro, ¿quién advirtió con datos y experiencia sobrada en economía de lo que se nos venía encima? Pizarro, ¿quién perdió el debate? Pizarro;  pues no,  no lo perdió Pizarro, lo perdimos todos los españoles, los que fueron engañados por esa herramienta, esa trampa saducea, que es el debate en este formato y también los que advertíamos de que Solbes había mentido a boca llena, muy convincentemente pero mentido.

Así que ya me contarán ustedes, si es que quieren reflexionar, para qué diablos sirve a la democracia y a los ciudadanos una herramienta que permite ganar al mentiroso y perder al que dice la verdad. Si además consideran ustedes que en uno de los papeles protagonistas actúa en este espectáculo Alfredo P. Rubalcaba, del que se decía jocosamente que “es el hombre que miente más convincentemente de España”, ya me contarán ustedes lo que puede suceder ¿Qué Rajoy también puede mentir?, pues más a mi favor, aunque sí he de señalar que en cuestión de falsedades el candidato socialista tiene un currículo, muy difícil de alcanzar. Recuerden ustedes sin ir más lejos, que Rubalcaba era el portavoz del gobierno cuando el asuntillo de los Gal, sí ese de las torturas, secuestros y entierros en cal viva, ya sabemos que negó todo lo que se demostró cierto con posterioridad, por tanto Rubalcaba tiene un título de mentiroso público contrastado. Y al que no le guste que le eche azúcar.

Así que al igual que los carteles con los que empapelarán España no sirven para maldita la cosa, los mítines no son otra cosa que una reunión de convencidos que van a retroalimentarse espiritualmente y si no salen en la tele no sirven para nada, asistiremos también a este debate que podrá servir para muchas cosas, pero que resulta absolutamente inútil para que el ciudadano pueda juzgar, a través de lo que perciba, la bondad de los respectivos programas electorales.

Panem et circenses era el procedimiento de los romanos cuanto pintaban bastos para los gobernantes, aquí empleo y espectáculo y asunto concluido, aunque hay que comprender que para la izquierda el debate es su única esperanza. Están los zurdos rezando al catálogo completo de santos laicos para que el día 7 Rubalcaba consiga hacer lo mismo que Solbes y  obtenga el mismo resultado. Lo que desde luego sería terrible, si consideramos que en aquel debate, los socialistas nos engañaron como a chinos.

2 comentarios:

  1. Lo mejor es apagar el televisor y ponernos a leer un buen libro o dar un paseo si el tiempo es clemente. La expectativa no está en lo que diga Rubalcaba, al menos para mi, sino en lo que dirá Rajoy y en su comportamiento.Intuyo que ciertas palabras que queremos escuchar los españoles no saldrán por su boca porque, tiempo al tiempo, Eta seguirá en las instituciones. Ojalá me equivoque.

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  2. Yo veo bien que se debata y discuta, así al menos lo pasamos bien viendo cómo se tiran los trastos, es más lelvadero que mamarse completo el debate sobre el estado de la Nación.

    Por otro lado pues nada, creo que todo el mundo tiene el voto decidido, máxime con los nuevos datos del paro y el asunto de Petro-Pepiño el Gasolinero en el Supremo.

    Un saludazo.

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