miércoles, 17 de septiembre de 2014

Pablo Iglesias no se atreve con Esperanza Aguirre



Vivimos unos tiempos revueltos y sorprendentes, no me digan que hace unos meses, ustedes habrían podido suponer que se dieran las circunstancias que les permitieran pensar  que a  Pablo Iglesias le da reparo mantener el cara a cara con Esperanza Aguirre, al que se comprometió públicamente. Comprendo que puede haber muchísimo motivos para el aplazamiento sine die de ese desafío que tantas emociones prometía; pero dicen desde el entorno de  Aguirre que a principios de este mes se pusieron en contacto con ella para decirle que La Tuerka sufría una serie de “problemas técnicos” que hacían imposible fijar la fecha para llevar a cabo el reto, que tantos ciudadanos esperan.

Llámenme malpensado, pero lo de los problemas técnicos me suena irremisiblemente a excusa pura y dura, me parece que el equipo que arropa cuidadosamente a Pablo Iglesias en sus intervenciones mediáticas, está ganando tiempo. ¿Para qué? se preguntarán ustedes, les voy a dar mi versión y ya antes de continuar advierto a los seguidores del líder populista, que diría Pedro Sánchez el nuevo rey del centro político, que no les va a gustar lo que opino, así que si  deciden dejar aquí la lectura de estas líneas, será mucho mejor para su paz espiritual.

Vamos a retroceder hasta aquellos dorados días en los que los Iglesias, Monedero y Errejón irrumpían por sorpresa en el mundo de la televisión y de manera brillante se hacían con la audiencia y se convertían de manera casi automática en los reyes del mambo tertuliano. Llegaron, inesperados, lenguaraces, mordaces, rápidos, incisivos, brillantes, con conocimientos sobre la utilización del medio televisivo y muchas horas de cursos de telegenia a sus espaldas y pillaron con el pie cambiado a la mayoría de los contertulios, que acudían a las televisiones con los deberes sin hacer y hablando en la mayoría de los casos de oído. Lo recordarán ustedes perfectamente,  los de Podemos parecían invencibles y se comían crudos, eso sí ayudados por los presentadores, a sus oponentes.

Parecían mucho más brillantes de lo que eran en realidad, porque gran parte de su éxito lo debían al demérito de sus oponentes, pero poco a poco la rutina fue restando brillo, esplendor y frescura a sus intervenciones, porque a pesar de que las respuestas que daban los de Podemos eran brillantes, estaban muy bien construidas y daban en el centro de la diana de lo que esperaba oír su parroquia, el público se fue dando cuenta que todos contestaban lo mismo y como todos somos humanos, tanto Iglesias como Errejón, no resistieron la tentación de explicar urbi et orbi lo listos que son y  nos dijeron que durante muchísimo tiempo habían construido los mensajes, para que llegaran directamente a la atención popular.

También hubo aquel momento oscuro en el que se demostró que los de Podemos estaban pidiendo en Twitter que la gente les informara sobre frases y declaraciones que pudieran perjudicar a sus oponentes en las tertulias, lo que contribuyó a restar mérito a los circulares que habían demostrado, porque así lo reconocieron, que no eran tan brillantes como parecían, sino que eran unos excelentes vendedores, de un producto fabricado a la medida de las expectativas  de muchísimos españoles.

Conste que no hay crítica en lo que digo, cada uno se defiende como puede en esto de la comunicación, me limito a decir lo que pienso y por eso me parece que Pablo Iglesias está preparando muy cuidadosamente ese reto que tiene pendiente con Esperanza Aguirre y creo que debe haber reunido un grupo de trabajo para que le preste ayuda y le busquen los puntos flacos a la “lideresa” popular; de ahí esa excusa, que como ya he dicho antes, sólo busca ganar tiempo. Como el propio Pablo Iglesias dijo cuando le afearon lo de pedir a la gente que les diera munición para acabar, televisivamente hablando, con sus oponentes en las tertulias, la finalidad que se buscaba con la colaboración de los chivatos voluntarios, era mejorar la calidad de las  intervenciones “eclesiales” en las tertulias, lo que consecuentemente mejoraba la calidad del programa.

Supongo que deberé tragarme  la excusa de que el trabajo de ese equipo que me parece anda preparando el reto Aguirre-Iglesias,  busca lo mismo, pero por bien que se explique el líder populista, lo que está claro es que Iglesias prefiere ir a los duelos, aunque sean dialécticos, acompañado y con más munición que su oponente.


En el fondo de este asunto, de los problemas técnicos, de la existencia o inexistencia del grupo de trabajo, de las excusas, lo único que subyace es el temor de Pablo Iglesias, que sabe que con Aguirre se la juega, tiene memoria del mal rato que le hizo pasar Esperanza y ese es un riesgo que no puede correr, por eso necesita tiempo, para que sus expertos le creen la coraza que le defienda de esa “señora sexagenaria” tal y como se autodefine Espe  y le proporcionen armas y munición para atacarla. Vivir para ver.

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