martes, 4 de octubre de 2016

Tras el esperpento, la resaca

                                                                                                                                 Imagen:   Encuesta de Gad 3 para ABC
Anda el PSOE intentando recuperarse de la juerga sabatina que se corrieron en Ferraz, con una dieta de mucho café,  zumo de tomate y raciones triples de alka-seltzer a ver si consiguen aclarar las ideas y empiezan a decidir qué camino van a tomar. Está claro que desde que los chinos dejaron de fabricar varitas mágicas, cuestión difícil de comprender porque visto lo visto, tiene que haber una demanda de miedo, la cosa está chunga;  lo de la taumaturgia no está al alcance de casi nadie y si son políticos los aspirantes a milagreros para qué les cuento.

Los mal llamados “críticos” porque poca o muy poca crítica interna promovieron durante el "bienio negro", mientras Pedro Sánchez se dedicaba a disparatar con total libertad y con la anuencia – quién calla otorga – de toda esa caterva de oportunistas que ahora se apuntan al linchamiento de los componentes del “equipo del secretario general” con Sánchez a la cabeza, cometieron un error el sábado, permitieron que a Sánchez le quedara la escapatoria de una dimisión, forzada por las circunstancias, pero al fin y al cabo dimisión. La votación de reprobación del Comité Federal que hubiera prosperado, les hubiera garantizado que a Sánchez no le iba a quedar otra que dedicarse a la cría del calamar en los estrechos del Índico o pedirle trabajo a su suegro, que dicen tiene unos negocios harto curiosos.

Sin embargo le permitieron dimitir y que se despidiera como le dio la gana y aunque antes de salir de Ferraz afirmó que iba a devolver su acta de diputado, fue llegar a su casa e inmediatamente llamó a los más próximos para comunicarles que ocuparía su escaño y se presentaría a las primarias. Ahora él y los suyos andan llorando porque la gestora muy probablemente retrase las primarias hasta cuando mejor les parezca, como habría hecho él; pero ahí está postulándose de nuevo, entre lagrimones y quejas.

Mientras tanto los nuevos gestores de Ferraz se dedican a preparar el terreno para una abstención técnica de última hora, no creo que sea hasta el tiempo de descuento, cuando el PSOE decida facilitar la investidura de Rajoy. Eso sí pretenden que esa abstención sea sin contrapartida alguna, lo han explicado con claridad meridiana José Mª Barreda, ex presidente socialista de Castilla La Mancha que se ha apresurado a afirmar que “No soy partidario de que el PSOE acepte abstenerse con condiciones de Rajoy” y Abel Caballero, alcalde de Vigo, que afirmaba que “no le iban a llevar el desayuno a la cama a Rajoy” refiriéndose a las condiciones que pudiera exigir el PP.

Esa es la posición que van a defender, promover una abstención a última hora que permita la investidura de Rajoy, pero que no le deje gobernar. Cuestión de la que ya habló Mariano Rajoy advirtiendo que no iba a aceptar una abstención, sin que el PSOE firmara por adelantado una serie de acuerdos. Así se supone que en el PP, hasta el menos avisado sabe de la trampa saducea que se propone llevar a cabo el PSOE, que una vez más demuestra su absoluta incapacidad para el juego limpio y lo poco que le importa el interés general de los españoles.

Claro que las encuestas que empiezan a publicarse, dejan a los socialistas sin demasiado margen. Si se empeñan en no pactar con el PP los asuntos de Estado antes de la Investidura, los populares escogerán el camino que más le conviene a ellos y a España, porque a veces sorprendentemente el interés de un partido puede coincidir con el interés de todos los españoles. Lo cierto es que no nos podemos permitir, por ahorrarnos unas elecciones en diciembre, montar un paripé y tras seis meses de un gobierno inoperante en manos de la oposición, tener que hacerlas en junio de 2017.

Entiendo que el PSOE gallee, no le queda otra, por un lado debe jugar a oponerse, al menos en apariencia, a Rajoy, por evitar el cabreo de su militancia y por otra deben evitar como sea ir a terceras elecciones en las que las encuestas les otorgan otro “resultado histórico”. Los socialistas obtendrían 68 diputados, mientras que los del PP podrían alcanzar los 159 escaños, situación abrumadora, porque el PSOE ya no sabe en qué cifra pudiera encontrarse su “suelo electoral” que sigue en caída libre y que además complicaría su supervivencia,  porque UP conseguiría dar el sorpasso, alcanzando los 69 escaños. ¿Y Ciudadanos?, pues aunque parece que los naranjitos han aprendido el inmenso valor del silencio, se quedarían en 25 escaños, un mal resultado pero que permitiría alcanzar la mayoría absoluta al pacto PP-C,s.

Por eso digo que entiendo las declaraciones de los socialistas sobre su negativa a aceptar las condiciones que sin duda exigirá Rajoy, las entiendo aunque tengo más que claro, cristalino, que van de farol y que al final van a tener que tragar con lo que les pidan o aceptar ir a unas elecciones en las continuarían su camino a la irrelevancia política.

Y conste que no me alegro, soy de los que opina que España necesita un PSOE fuerte, capaz de homologarse a los partidos social demócratas europeos, que ocupe su lugar en el centro izquierda y se olvide de aventuras radicales. Los populismos son un sarampión incómodo, pero si no tocan poder desaparecerán.

Así que todavía estamos en manos socialistas o deciden abstenerse, aceptando antes las condiciones que imponga el Partido Popular o vamos a las terceras elecciones. Mal asunto, pero así es la vida.

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