jueves, 1 de septiembre de 2011

España y los nacionalismos

Uno de los acérrimos defensores que le salieron el martes a la Constitución


El debate en el Congreso de los Diputados del pasado martes en el que se debatía la reforma constitucional que consagrará la estabilidad presupuestaria y el control del déficit, incluyendo la medida en el texto de nuestra norma fundamental, nos ha vuelto a enfrentar a un problema que debiera preocuparnos profundamente y que tal como están las cosas habría que solucionar de una vez por todas. El problema no es otro que la obscena insolidaridad de los nacionalistas, que aprovechan cualquier ocasión por grave que ésta sea, para mercadear con sus votos aprovechando las debilidades del gobierno de turno y conseguir ventaja para sus particulares intereses.

Una política irresponsable y egoísta, además de suicida, porque esta gente de CiU, PNV, ERC, CC o el BNG, no quieren entender  que en la situación en la que nos encontramos, o nos salvamos juntos o no hay salvación. Que se nos exige desde Europa que seamos capaces de dar una imagen de estabilidad, que implementemos medidas de control del déficit y eso nos alcanza a todos sin excepción.

Ayer veíamos defender el proceso constituyente con un ardor digno de mejor causa a los que han estado desde siempre empeñados en saltarse la Constitución a la torera, los que son incapaces de aceptar el contenido del art. 2 de nuestra Carta Magna, los mismos que han atacado y desobedecido el texto y el espíritu de nuestra norma fundamental que dice: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

Pudiera parecer que sorprendentemente habían visto la luz, pero lo único que hacían era defender sus particulares intereses, pretextando la defensa de lo constitucional, cuando son sus verdaderos enemigos. Creo que estaremos todos de acuerdo, independientemente si nos gusta o nos disgusta el hecho, que esta reforma nos viene impuesta desde Europa, que Zapatero nos ocultó esa exigencia, que fue ZP quien marcó los tiempos en este asunto, de tal manera que hiciera imposible la reflexión, el debate político y mucho menos la intervención popular en el presente proceso; ha sido voluntad de Zapatero que esto sucediera como ha sucedido.

De nada sirve llorar sobre la leche derramada, existe un responsable de la decisión y de su resultado, pero eso no justifica la obscena exhibición que han llevado a cabo los distintos nacionalismos, que de inmediato pusieron condición a su voto, y que de haber sido aceptadas sus peticiones hubieran defendido el martes  la reforma con el mismo ardor y convencimiento impostado, que el portavoz del PSOE defendió el abandono al culto del “santo déficit”.

Se anunció la reforma y de inmediato se puso en marcha el automatismo político nacionalista de condicionar su sentido de voto, en función de lo que “cobraran” a cuenta de su ayuda. Los de Coalición Canaria se mostraron inclinados a votar afirmativamente, siempre y cuando se añadiera a la Constitución un texto que garantizara su especial financiación, los del PSC y CiU, se mostraban de acuerdo siempre y cuando a ellos no les alcanzara la medida que pretende fijar el límite de endeudamiento, los del PNV querían que, aprovechando que el Támesis pasa por Londres, se incluyera en la Carta Magna el derecho a la autodeterminación de los vascos. Todo un ejemplo de responsable preocupación por el interés general de España y los españoles.

Todas estas exigencias que se hubieran atendido o cuanto menos negociado en cualquier otra ocasión, se han podido ignorar ante  el acuerdo previo entre el PP y el PSOE que necesitaban de la obligada mayoría reforzada que exige cualquier reforma constitucional.

El poder insolidario de los nacionalistas nada ha podido porque por primera vez en mucho tiempo las dos fuerzas políticas más importantes con representación en el Parlamento estaban de acuerdo, eso y no otra cosa fue lo que descolocó ayer a los distintos nacionalismos que se encontraron como gallinas sin nidal, ante una realidad a la que no está acostumbrados: No tenían a nadie a quién chantajear.

Se nos ha indicado el camino; para poder gobernar España con garantías es necesario que los partidos de ámbito nacional se ocupen, lejos de partidismos estériles, de la defensa del interés general sin que la representación nacionalista pueda torcer las medidas necesarias y ya de paso "aligeren" las arcas públicas en beneficio de políticas excluyentes, profundamente insolidarias.

No podemos permitir que los que no creen en España, los que no aceptan la España que consagra nuestra Constitución, sean los que decidan con sus votos, políticas de interés nacional. No tiene sentido y habrá que apelar al patriotismo de los partidos con mayor representación para que lleven a cabo una profunda reflexión, nuestra Constitución nació del consenso y ésta es la virtud que deben aplicar, al menos, en asuntos de importancia capital para todos.

Hay que abrir una puerta a la colaboración puntual entre socialistas y populares, porque los nacionalistas que se llevarán un correctivo a lo largo del presente debate, se van a cobrar con intereses leoninos cualquier “colaboración” que necesite un futuro gobierno que no cuente con mayoría absoluta y necesite de sus votos. Que nadie olvide que todos van a cobrarse con intereses este fiasco que ayer se puso de relieve en el Congreso de los Diputados, para eso los nacionalistas tiene una memoria muy larga.

Hablo del obligado consenso que a todos nos alcanza cuando se tratan asuntos importantes para el interés general, a los que temen el presunto  bipartidismo que pudiera producirse, les animo a conseguir que el resto de partidos de implantación nacional, IU pudiera ser el ejemplo, conciten  las voluntades suficientes que les permita adquirir el peso específico suficiente como para tener influencia en la política nacional.

Hay que acabar con el poder nacionalista en el Congreso de los Diputados, hay que terminar con la presente situación, en la que nacionalistas de toda laya y condición saquean de manera reiterada y contumaz las arcas del Estado, aprovechando las debilidades del sistema, no para servir al interés general que nada les preocupa, sino para fortalecer sus posiciones insolidarias e inaceptables.

Lo pudimos ver el pasado martes, ahora el patriotismo de todos debe hacer el resto.



3 comentarios:

  1. Muy bueno su articulo sin desperdicio sinceramente es usted claro con sus opiniones saludo

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  2. Muchas gracias,eso pretendo, decir lo que pienso con la máxima claridad posible.

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  3. La futura CiU pidio cosas que recoge el Estatuto catalan. Si aceptaron la Constitución actual no es por creer en ella. Es por convenirles. Luego dicen la ley es la ley cuando les conviene. Cuando les jode. Que el pueblo decida aunque sea ilegal.

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